miércoles, 5 de abril de 2017

De ecos – y silencio: Diálogo con Mario Pera

La garúa, sin ruido. Ni siquiera un rumor sostenido, apenas seña del aliento fresco que anticipa, además, niebla de madrugada.
Adentro el ambiente es cálido; la charla, como siempre con Mario, – intercambio veloz, sin apresuramientos; – su ánimo efervescente.
Es, también, por las pausas; en ellas se percibe nítidamente cómo opera en él, el silencio. Soporta una carga superior.

El silencio es imperioso. Me estreso con facilidad, por lo que mientras más callado o silencioso esté el ambiente en que me encuentro, mejor para mí.
En el silencio comienza la poesía y en el mismo, acaba.

Recuerdo un fragmento de El hombre sin atributos: El camino de la historia no es el que recorre una bola de billar dando carambolas con una dirección única; se asemeja más bien al rumbo de las nubes, a la trayectoria descrita por un vagabundo en las calles de la ciudad, rechazado aquí por una sombra, allá por un grupo de hombres, más adelante por una esquina extraña, y que llega siempre a un lugar desconocido y nunca deseado.


Están las historias íntimas, – la escritura.  La voz, las imágenes. Las voces, la recepción - de la señal...

La voz interior es recurrente en mí. Mi consciencia, cuando escribo poesía, como un tercer ojo, me dicta cosas que o no entiendo del todo o me llevan, con cierta frecuencia, a un callejón sin salida.
Necesito el silencio para poder ser un buen receptor. Lo que se dice una vez no llegará de nuevo. La antena debe estar siempre bien dirigida y el ambiente dispuesto, si no el mensaje se perderá.
Y ese mensaje, ¿enviado por quién? No lo sé, no creo en en dioses, creo que puede ser una voz interior, muy interior, de la que de algún modo todos participamos, pero a la que no todos hacemos caso...; y nos dice grandes verdades. He ahí la poesía, la famosa musa, pero no tengo señales, datos... No sé cómo llamarla ni cómo asirla. Por esto mismo, es necesario que cuando hable, diga lo que diga, me encuentre en condiciones propicias para escucharla o al menos hacerme con parte de su mensaje… El desencriptado le corresponde al lector; al crítico, si los hay.

Decías de una voz común. Se trata quizá, más bien, de – un sentido. Afín, por cierto a el lenguaje, y no correspondiente en exclusiva a un lenguaje. Traducible. Y que descansa enormemente en el silencio, en lo que se dice, a través y a pesar de un idioma, por ejemplo, no de pleno con él – vana pretensión...
En efecto, la comprensión de dicho sentido se da por medio del diálogo.

Raisond'être

Si es la esquina
donde duerme el sauce escindido
o el ángulo herrumbroso donde sueña la Muerte
dime, entonces, quién canta allá afuera
y obra su muerte a cincel.

Proyecciónorwelliana:
un perro negro se acerca al sepulcro
un hilo desciende de su boca
y lanza una amenaza:
fulano de tal murió
por ser incapaz de vivir una vida común
(de rutina)
y porque no le impidieron vivir.

Desterrada silba una canción de cuna
en tono maternal
cadencia en que la Muerte nos cobija
como una garza dentro de sus alas
eternamente hambrienta
mientras
el perro negro balancea su sombra
sobre la tierra del sepulcro
que como última ofensa
termina por cubrir la semilla.


Pienso que los poetas funcionan como antenas de una frecuencia humana aún desconocida, que no muchos se han interesado en hallar, la misma que nos llevaría al estado del arte... más puro, eso en cualquiera de sus registros.
“Pararrayos de Dios” decía Hinostroza. Replicó el verso de Rubén Darío. Yo diría, por el contrario, receptores de los cables que nos llevan a nuestro yo más hondo.

Taisen Deshimaru dice, a propósito del Zen que, pues de lo que se trata es deshacerse del ego, desprenderse, darse; y es entonces que se forma el verdadero ego, una identidad y auténtico yo. (Solo parafraseo...)
El mensaje se lee, se oye fácil, pero implica mucha disciplina. Arte.
Contemplación. Acción. La una en la otra. Plenitud...
Las dualidades puras son más propias del pensamiento occidental...

Cada lado del mundo tiene su cosmovisión y cuando hay tránsitos entre uno y otro, pienso que el artista aprende mucho, pero que tiene que refundar su modo de ver el arte y la vida misma, lo que le tomará varios años (incluso a los más permeables).
Todo es válido en el proceso de búsqueda artística; si crees que tu camino puede pasar por Oriente, incluso no necesitas ir, puedes explorar personalmente y acercarte a ello.

Tiempo. Distancia. Toda elección implica un costo. Lo importante es afirmar. Saber andar. Recordar de qué se tratan las Ítacas...

Tiempo y distancia son necesarios para muchas cosas.
En cuanto a escribir, personalmente, no puedo hacerlo si no me encuentro separado, al menos en parte, de aquello sobre lo que escribo o veo que estoy escribiendo. Puesto a pensar en ello, miro el reflejo de lo que he escrito y me doy cuenta que comencé a hacerlo respecto a cada libro al menos unos dos años tras sucedido el hecho detonante.

historia (con minúscula) no es lo mismo que experiencia. Y ambas difieren de la Historia.

Pocos saben qué ha detonado lo que escribo, pero me basta con saberlo yo mismo, y jamás ningún amigo o crítico o lector podrá descifrarlo porque es una circunstancia muy privada. Sí, todo tiene su precio. Escribir tiene su precio. Creo como he hablado con varios amigos , que en la sociedad actual uno trabaja para recibir un sueldo y con parte de él comprarle al empleador, a la vida misma, tiempo libre para la familia, los hobbies, escribir (!), en lo que sea te haga sentir vivo...

Los caminos de la libertad. Libro simpático de Russell...
La realización de la vocación, que estrictamente respecto de su desarrollo, compromete una entrega, no un sacrificio (este podría ser referido a los medios para aquel)...
Es este un caso particular... Escribimos para retornar, a través, sí, a pesar incluso, del propio lenguaje, al silencio.
Una vez probado el fruto del Árbol de la Ciencia no hay retorno directo posible; implicaría una negación, el fin de todo orden y la mayor incongruencia... Por tanto, se identifica en camino con la fe, – afirmación.
Saber andar, decíamos. Y aceptar...

El precio de escribir se me hace más claro conforme me vuelvo más viejo, no sabio. Sé que no tendré una pensión de jubilación, que probablemente no tenga acceso a un servicio básico de salud, no pueda cenar en un restaurante cinco tenedores o comprarme un auto de lujo, una mansión, una casa de playa, pero ¿para qué los quiero?... Y los quiero; ¿a quién no le gusta una vida con lujos? Los quiero, en todo caso, para escribir con mayor sosiego, para tener más tiempo para escribir. Lo que no sé es si con aquel sosiego sentiría necesidad de escribir, y en la duda prefiero vivir como hasta ahora lo he hecho, con tranquilidad.


Perspectivas. Esto también se plasma en la escritura...

Sin experiencias, que conforman tu historia de vida no existe la posibilidad de que escribas algo de factura medianamente interesante. Por eso la necesidad de vivirlas por propia mano, o aún contadas, internalizarlas para creerte que las viviste. En mi caso, tengo mis experiencias, las de mis padres, y algunas de mis abuelos o amigos... como un bolsón de contenidos.
Escribir es el gran ejercicio de ponerte en los zapatos del otro para intentar saber qué piensa, qué siente, qué necesita, qué diría si… Es un ejercicio que exige desapego a lo propio para experimentar a través del otro, de su piel, de su sangre y su biografía ficticia o real.

Va lejos de una simple evocación. Las historias, aún en la narrativa, se desarrollan en torno a un tema: eso que uno quiere decir, la cuestión que se desea compartir, y a cuya comunicación el autor se entrega... con todo cuanto lleva consigo, de hecho, para ir más allá de sí mismo.
Cuestionar apenas a partir de la propia vida, más aún, acomodarla al común de la comunidad a que uno se acerca, empobrece el oficio: pretende una identificación directa del lector;  un engaño: complace y, por tanto, cuestiona poco o nada.
El artificio de valor, emplea todos los recursos posibles para penetrar en la cuestión, a toda costa...
(Esto dista tanto del entretenimiento...)

En la actual escritura de la autoficción ese ejercicio es llevado, en mi opinión, hasta su límite más básico y llega a comportar sólo una biografía aunada a actitudes, palabras o cosas que te hubiera gustado hacer o decir en dicho momento y que te callaste o dejaste de hacer por mil y un motivos. Prefiero la ficción bien narrada antes que una realidad  que puede ser más sugerente y rica –, pero que solo sirve para la especulación facilista o alimento para la chismografía en torno a un personaje. A la par, no entiendo cómo existiendo tantos caminos para la creación de personajes, situaciones, relaciones, etcétera, se terminan basando en sí mismos como autores y personajes.

Una vez Borges le dijo a alguien que le atendía y que le confesó admirarlo, pese a no ser un buen lector de su obra: Debe ser que todavía no he aprendido a escribir para ti, con ese tono tuyo tan especial...
Es un asunto complejo. Hay ejemplos emblemáticos de sus matices, sin revolver mucho calendarios...
Comparar el éxito de Karl Ove Knausgard con el de Fritz Zorn es un asunto que dista bastante de lo propio respecto a sus auténticos méritos de escritura. La obra del noruego es eficaz, invita, provoca, y cuestiona, sí, – en clave simple. Mi lucha representa, en tal sentido, un interesante artefacto, de factura aparentemente fácil: acerca y conduce, aunque sin rigor... Por su parte, Bajo el signo de Marte es un testimonio desgarrador, penetrante, agudo, nada concesivo y, no obstante, de una claridad estremecedora..., una obra maestra.
Demás decir de Philip Roth, – gigante.

Felizmente en la poesía las características del registro hacen que la línea divisoria entre el personaje y el autor sea tan tenue que no se llegue a saber si es personal o ficción, si hablas de ti o de quién, ese punto va a favor de los poetas.

 Escribir. – Publicar...

Yo escribo para publicar. Por ello pienso, repienso, corrijo, corrijo, corrijo... y pido comentarios de mis amigos antes de sacar nada al público (ese público de veinte que leerán, porque en poesía, agotar tirajes de trescientos cincuenta ejemplares en una ciudad de ocho millones de habitantes es una utopía).
Quien diga que no piensa en publicar, entonces que siga haciendo su ejercicio de auto-ayuda enviado por su psiquiatra o psicoanalista.

(Me pregunto por Kafka...
Un sorbo más de café...)

Publicar viene a ser, ahora, el correlato final para lo que escribo. Eso sí, nunca publicar por publicar. Me sorprendo de jóvenes que tienen más de ocho o diez poemarios publicados antes de cumplir treinta y cinco años. Tan prolíficos... Yo no puedo serlo, me cuesta mucho cada libro. Y desconfío  para qué mentir  de la calidad de lo publicado por quienes suman tal cantidad de textos, tan pronto; o se trata de tocados por el dedo mágico de la Poesía o de autores que tienen bajos estándares de calidad y/o pocos filtros.

La publicidad representa en muchos casos, hoy, una condición, incluso, un estatus.
Todo se vierte...

Las redes informáticas representan en la actualidad, la mejor vía para difundir el trabajo de los escritores. Sabemos los reparos que muchos le ponen, pero, en esencia, lo ideal es difundir poesía, narrativa, dramaturgia, música, arte en general, y será el tiempo que se encargará de separar la paja del trigo y que un texto perdure o no en la memoria de los lectores, en la Literatura. Pocas de las grandes obras del Siglo Veinte, por ejemplo, fueron ovacionadas desde su publicación. Buena cantidad de obras literarias que hoy consideramos consagratorias para sus autores, fueron en su momento vilipendiadas, rechazadas para su publicación; al cabo, autopublicadas…; fue el tiempo el encargado de ponerlas en su correcto lugar, de darles el exacto prestigio que les corresponde. Las otras, aplaudidas de inmediato, por lo general, quedaron en el olvido al ser más de lo mismo, de no romper con nada.
Sin embargo, creo que la bandera debe ser la de la difusión de lo más posible, para que sea el lector el que gane. Todos tenemos derecho a informarnos y a discernir entre lo que nos parece interesante o no, destacable o no. Lo que tengo claro es que nadie puede prohibir, ni restringir la difusión de una publicación, eso sería caer en las antiguas prácticas de censura y eso, en lo personal, me aterra. La policía del lenguaje, de la literatura, de la poesía.“No quiero ser feliz con permiso de la policía”, escribió Adán.


Nadie es autoridad en la poesía y eso, parece que a muchos les cuesta recordarlo y asumirlo. Lo que le guste a cada uno es otro tema, pero creo que todos deben poder acceder a difundir lo que consideran interesante. Tengo claro lo que me gusta leer, por ello lo busco y eso no menoscaba que se publiquen escritos que no son de mi interés y que jamás compraría.
Las redes informáticas nos ayudan en la difusión simple y llana. Si a alguien no le gusta lo difundido, es libre de opinar (siempre con respeto) y si no lo soporta, pues de no leerlo e ingresar a otro espacio más afín con sus gustos.

Libres de compartir, de difundir.
Se trata de comunicación. Y hay niveles de calidad, de éxito, incluso, para ella, en sus diversas formas.
El rol de la crítica es más puntual. A estas alturas sorprende la necesidad de aclararlo, pero he aquí que el abandono a la mera difusión y la escasez de propuestas consistentes para un discernimiento congruente, nuevas formas de análisis que ayuden a ir más hondo, y más allá, lejos aunque sin perderse, a partir de cada obra, a través de la mayor variedad posible de ellas, la falta de discursos contrastables, para fomentar el diálogo, insta a ello.
En lugar de poner cotos, los espacios críticos habrían de señalar, cada cual a su modo, nuevas honduras, nuevos horizontes. Constituirse en referencias para el intercambio. El reconocimiento de los fallos en las obras, la exigencia a ellas, resulta especialmente importante en este sentido: De los errores se aprende.
Pero todo el mundo teme al rechazo. El rechazo a priori de los críticos, por la pobreza generalizada se convierte en excusa, y acusa una pobreza mayor...

Oración del clochard moribundo

Tres manchas de mierda
develan mi rostro mejor que cualquier fotografía
al menos ese soy yo, digo
un adorador egocéntrico
la lepra en el culo de mi familia
el rosario de mi madre
que arde bajo mi almohada

y todas las cruces
resbalan de mi cogote desorientadas
mientras oigo caer sus oraciones en saco roto
y en mi sueño más calmo
veo que Lima arde, mi familia arde
este poema entre tus manos
arde
mis huesos se ampollan
y mi sangre adelgaza hasta convertirse
en cuerdas muy delgadas que me ahorcan.

Siempre fui un mal hijo
soy agnóstico y me masturbo, pero
mi sangre jamás nutrió
el ideal de otro cuerpo.

Un buitre viejo me observa
y canta un estribillo alegre
donde se yergue el árbol de Judas
yo también soy un traidor, respondo
vendí mi nombre y mi voz
la enclaustré eternamente
en el llanto de mi madre.

Por primera vez
suda frente a la Cruz
un hombre que ya ha muerto.

Entendiendo las diferencias, se trabaja más que con espejos, con prismas, y la materia artística es de por sí un límite deformante, es a través de de él que se tienta – el sentido... Las posibilidades se multiplican, lejos del relativismo y la complacencia por afinidades. Quien busca nada más verse reflejado, resta.
Sumemos.



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