martes, 14 de marzo de 2017

Espacios, voces; evocación y – vocación: Diálogo con Vanna Andreini, entre obras de Sebastián Gordín

Fluyen las ideas. Alma de cada proposición... El intercambio se produce aún entre silencios, como si ecos de otro plano cargaran de sentido – este espacio, al cabo de las afirmaciones, las sugerencias... 
Cordialidad. Y el café fuerte. La mañana que se abre a nueva música. Fecundo, el afán por comprender lo más posible, y  el entendimiento que va detrás de los términos...
Vanna Andreini, el dejo de su tierra, y un aliento de más lejos todavía.



Sus textos sobre la mesa. Este grupo inédito...
Comentamos...
El lenguaje... y un lenguaje... Y el idioma como patria. La poesía como un estado...
Hay tanto...

Quizás por mi condición de hablante de dos idiomas, que ya llevan una cantidad considerable de años habitándome, siento a la lengua como un veneno. Unos líquidos que me corroen, que carcomen aquí y allá dejando al descubierto nervios, huesos, partes. En un momento particular de mi vida creí que el italiano aparecía en mis poemas como imagen intraducible, como sonido irremplazable de algo que se movía adentro mío, irrupciones que hacían que el poema se construyera con realidades sonoras diferentes, pero no disímiles. Ahora, en cambio, creo que el italiano y el español se acercan para dañarse y confundirse uno a otro. Confundirse mimetizándose, y confundirse en el sentido de no darle al otro la posibilidad de decirse. Será por eso que me siento más hermética, que evito a veces que los versos fluyan. Como si en ese hermetismo residiera el antídoto contra esos dos venenos que pujan ni bien abro la boca u oprimo la tecla.

La escritura, por otro lado, como un espacio, antoja tanto decir, personal, pero bien sabemos que nos atraviesa– La tendencia a lo universal, a trascender las circunstancias y, por tanto, superar, dejar lejos la explicación, determina en buena medida el carácter cuestionador que deriva, ya consciente, en afán artístico...
Más que por salir apenas de uno mismo, eso de expresarse, – la disposición a una conexión a través de la cual llegar ciertamente más allá.
El rumbo, transversal, si vamos de dimensiones, en efecto, nos conecta también con nosotros mismos...

Siempre me gustó lo que decía Ricardo Piglia, que uno escribe para saldar el desajuste que lo atraviesa en relación a la vida, y en ese sentido me parece que elegir la poesía hace visible un desajuste más abrupto que elegir la narrativa, que por lo menos tiene un hilo conductor. Pero en mi caso creo que escribo para que el veneno de mis lenguas no me derrita como hacen las serpientes luego de haber tragado a sus presas.

Cuánto de libre asociación...
La serpiente. El Árbol de la Ciencia...
Antes de probar del fruto prohibido, el don de nombrar entrañaba también asombro: afirmación referencial y evocadora, que se completa solo a su reconocimiento, diverso, siempre (ni Adán ni Eva podían coincidir en todo momento ni pensar siquiera lo mismo cada uno, cada vez): la palabra portaba, de tal modo, – su sentido y su misterio. Ese primer sonido era una llave... Criaturas, fenómenos...


La ciencia corresponde a la búsqueda de las causas, razones; un orden...; verbos, y su conjugación. Facultad. Y tiento... – Límites...

Me gusta pensar que estas dos lenguas que me habitan se parecen a la lengua bífida de las serpientes. Me fascina que ellas, en su mayoría ciegas, para cazar confían en que su lengua puede captar partículas que flotan en el aire, luego esas sensaciones químicas viajan hasta el órgano de Jacobson, que las traduce para el cerebro.

Resulta paradójico eso de deducir la riqueza de un idioma a partir de la abundancia de términos con que permite decir lo mismo de distintas formas o matizar muy sutilmente una misma idea, como si se tratara de un don de especificidad, ergo, de poder dejar menos fuera del control del emisor...



La comunicación es un fenómeno cuya complejidad  supera por mucho planteamiento de este tipo.

El Español y el Italiano, el Italiano y el Español retorciéndose para decir, para decir de mi mundo, pujan por traducirse. Maurizio Medo me preguntó en dos mil quince si iba a escribir otros libros como Monsterín, en que los dos idiomas se entrelazaran; le contesté que no lo sabía. Ahora sé que entre ellos la convivencia es subversiva, que ya no depende de si lo que trato de escribir busca captar imágenes de infancia (una infancia y una adolescencia vividas en Italia), o sensaciones de la maternidad (experiencia ligada profundamente al Español), o momentos cotidianos y claramente ligados al español. No. Depende de ellos mismos. Algunas veces la nostalgia del Italiano se imprime en el Español, otra vez la urgencia se inscribe en Italiano, otras veces una palabra aparece aislada por alguna razón musical en uno u otro idioma y entonces no hago más que construir para ella un refugio. Se empujan, se repelen, se atraen y fundamentalmente se traducen y se buscan en el poema aunque no aparezcan siempre los dos. 

Se encuentran...

Un día cualquiera
un berrinche cualquiera
respiro profundo
mientras
acongojada
si, esa es la palabra,
barroca y en desuso
espero el final
una y varias
personas cercanas
dictan sentencia:
 ¡que paciencia!
mi boca se curva sola
en una sonrisa
a la que no se imprimirle
expresión alguna
tanteo o saboreo
el insulto solapado
en vilo
sobre esa delgada
línea
no sé dónde apoyarme
¡que paciencia!

Un cura dominicano
infinitamente blanco
sus ropas su barba
camina entre nosotros
sus ovejitas
nos protege nos enseña
 la paciencia es la virtud
de los ricos de espíritu
los pacientes
pueden
esperan
soportan
siguen
sus pacientes
atienden en la tierra
el reino de los cielos

un berrinche cualquiera
un día cualquiera
una madre expulsada
por pobre de firmeza.



Los caminos se cruzan... por debajo, o más bien – una vez más  a través. Hacen nudos y a menudo es posible reconocer en sus trazos, aun paralelos, viva, la misma savia. – Raíces... La vocación honda, la pretensión última...
A quiénes reconoces...

Bueno, en eso soy sartriana, se escribe para los contemporáneos; y localista o, mejor, sectaria. Escribo para los amigos que me leen que son mi comunidad, mis pares, mis referentes del aquí y el ahora. Y cuando ese círculo se abre y se ensancha aparece la magia que trae la sorpresa que produce ver otros lectores. Y mis amigos más cercanos son Florencia Fragasso, Tamara Domenech, Noelia Rivero, Paz Garbaroglio, Romina Freschi, Verónica Perez Arango, Julia Sarachu, Vanina Colagiovanni, Mónica Rosemblum, Ana Claudia Díaz, Selva Di Pasquale, todas poetas de lujo. Hay más, hay pocos hombres, ya parte de un círculo más abierto, Maurizio, Pablo Queralt.

Cercanía. El valor de un vínculo...


Me impresiona mirar  la sangre
que sube por la jeringa
me inmovilizo
dentro de la plaqueta de vidrio
que se colorea
mientras recupero la fuerza
por mirar

me impresiona cruzar puentes
no se mantener la vista fija
en la otra orilla
demasiado lejos
siempre demasiado lejos
y voy hipnotizada hacia
el borde
con la firme convicción
que nada ni nadie podrá
evitar mi caída

con cada puente
reaparece
recurrente y demarcada
la pesadilla aquella
el auto de mi madre
una Dyane naranja
mi hermana y yo
sentadas atrás
veíamos pasar el paisaje sin saber
cómo detener el auto que
caía hacia el río
especularmente
adentro y afuera

no se cruzar puentes
de ningún tipo
cruzar del italiano al español
fue entonces, a los  15, sentir el abismo
atraerme hacia sí
quedarse sólo con las miradas
mudas de una escena infinita

pasar hoy de uno a otro
es como nadar
y enfrentar la corriente
se puede estar entrenado
se puede conocer el río, los vientos
se puede sentir hasta cierto placer
al desvestirse para sumergirse
pero la llegada al otro lado
pone en riesgo mi cuerpo
que despacio
de vez en vez
se despoja de todo movimiento estético
para asirse a lo necesario
dar brazadas efectivas y resistir
y en la otra orilla
la confusión de un cuerpo cansado
la angustia de la recién llegada
siempre siempre recién llegada
de un lado y del otro
del curso del río.


En otros ámbitos...

Mi esposo, Sebastián Gordín, es artista plástico, por eso las artes visuales están muy presentes en mi casa. La palabra “presente” me gusta mucho porque incluye el ser un regalo. Y todas las imágenes que recorren la casa, acompañadas por las voces y las palabras de los niños, son un regalo. A veces se introducen en mis poemas, otras veces son motivo de largas derivas hasta amarrar en un poema, otras pasan de largo.


Tengo tres hijos
la primera el del medio el pequeño
los nombres se me confunden
no importa la liviandad
o la gravedad
las primeras sílabas
de sus nombres
se encadenan al azar
indefectiblemente
entonces
necesito ordenarlos
el cuarto
la tarea
los juguetes

y mientras intercepto sus fugas
aparece el puzzle
del recuerdo
de mis bebes

entonces

el tiempo
se vuelve una lengua extranjera
esa lengua extranjera
la otra
cercana a la mía niña
tan distinta de mis niños
ella
que parece fluir
luego
bloqueada
espera ser rescatada
por la que se  habló
por la que habla
esa otra lengua extranjera
la de sus pieles

entonces

no importa
cuanto jueguen entre sí
las sílabas de sus nombres
cuan confundida esté
con las preposiciones
con los objetos
porque
con mi cara entre sus cabellos
sé exactamente
que hablo su lengua.

Para la música soy un poco sorda, me gustan las letras y por eso pierdo las melodías. Quizás un detrito de la infancia, en mi casa sólo se escuchaba música en italiano. Ahora busco la música y el ritmo en las palabras y no escucho otra sonoridad.

Los ecos suman. Los que genera la obra de Sebastián, trascienden la acción, el movimiento, y repercuten como fuerza – de coros...


Me gustaría citar a Pasolini, un amor potente para mí, un artista que admiro en todas sus facetas, el hombre a quien me gustaría parecerme. “Alcune cose si vivonosoltanto, o, se si dicono, si dicono in poesía”.

La voz de Vanna invita a adivinar de otros climas, en más de un sentido, otras tierras y otros cielos; participar así... A por una comprensión mayor: El lenguaje por sobre un lenguaje. Hacer camino y dar de nuevo con el silencio – elocuente.
Tal es el rumbo, desafío, a partir del fruto aquel...


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