domingo, 5 de marzo de 2017

El fuego, el nervio: Sobre la obra de Egon Schiele, en diálogo con Ana Negro

Represión, liberación... Discusiones a partir de Freud, también. La época...
Al margen, a través del nervio, pasta de humanidad – en una exposición apartada de pudores que, en efecto, va más allá. Cabría decir: – hunde, aún en el goce que habría de elevar, y ahí la ruptura, la provocación.
Plantear el asunto en términos de contraste: expresión, – comunicación: La obra no solo soporta el tránsito, digamos, sino que prende de veras, haciendo cenizas términos simples como "demonios personales"...


Ana Negro. Andar con ella entre las imágenes. Ojo penetrante. Su voz. Siempre, un gusto...


Hay, hubo desde la primera visualización de la obra de Schiele, una suerte de doble impresión. Digamos dos corrientes contrarias, una en superficie, la otra más profunda.
El dominio de la forma, la temática centrada en la figura humana, su estilo despojado, llegando al extremo de lo quasi descarnado, el tratamiento fragmentario tan particular de cuerpos, paños e incluso paisajes (aunque con trazos reconocibles de Klimt, lejos ya del carácter más decorativo de este último) y una paleta cálida – muy – plena de tierras sutiles, fina, fácilmente reconocible, se aúnan para provocar una impresión primera. Debe operar en ella, sin duda, el reconocimiento de la propia pasión por la representación de los cuerpos, el dominio de la forma, el desarrollo de un estilo ya separado de las fuentes. La llamo impresión de superficie por ser la primera, la que responde al goce estético de contemplar el dominio de la forma, tan caro a mis “afectos”. Y el leitmotiv de los cuerpos que opera en el mismo sentido.


Esto es particularmente admirable en Schiele tomando en cuenta además la profusa producción en una vida especialmente breve.


La segunda impresión es más compleja, pero siempre interfirió la primera y limitó la apreciación de la obra. Es posible que la falta de tiempo en su existencia impidiera sobrepasar aquello que se percibe como limitante. Simple especulación.

Interferencia... En los mejores casos por empeños de periodismo, investigación  por aproximación al carácter formal de ciencia: una historia – para forjar Historia. Pero si bien con ello se aporta al análisis transtextual, el arte va de experiencia a través de las nociones de cada época.


En el rápido desarrollo de la obra de Egon se aprecia el paso de una contemplación de las figuras – en vacío (y contra él), no obstante, sin pretensiones claras de una revelación de la psique de los modelos, a una compleja configuración – decíamos  de pasta humana, a distintos niveles, incluido el comunicativo. La comprensión de los cuestionamientos trasciende el lienzo y va de la paleta al ojo del espectador, conectando, sí, historias: conocimiento, interpretaciones e intuición, en un juego ciertamente incitante.


La visión de Schiele logra esto, acaso, desde la perspectiva de la captura furtiva, participando, sin embargo, de la emoción de la figura retratada. Balance verdaderamente innovador, con que crea acaso un – único nuevo personaje. Motiva a decir de sus cuadros, – son él. Mas en contadas ocasiones.
Con ello, también, un tormento gozoso que – atraviesa categorías de claro imperio en los tópicos clínicos.


En relación con las impresiones, se produjeron en paralelo desde el principio.
Al mismo tiempo en que admiraba su obra, algo en su obra me molestaba. Las palabras que me surge decir son anécdota, literalidad y, de alguna manera, fracaso... en el proceso de pérdida que conlleva una obra.
Creo que un artista se fragmenta y al tiempo que se “realiza” él mismo en sus imágenes, se pierde de manera progresiva. Lo que queda por fuera de la obra es su existencia otra, cotidiana. Es en ella y no en la obra donde la anécdota se aloja o debiera hacerlo.
Cuando, en cambio, la percibimos de manera literal en la obra, algo parece haber faltado o fracasado en el proceso. (Es osado decirlo cuando uno sabe que está frente a un auténtico artista, tal el caso de Schiele. Que fue atravesado por la creación, casi desarticulado por ella).



Diferenciaciones:
Dolor. Sufrimiento...
Pesares por responsabilidad. Culpa...
Esto, en el diálogo que se completa más allá de la obra...


Hablo de la representación provocadora que se percibe casi constantemente en Schiele, en lugar de su transformación en otra “cosa” (obra) que es lo que media entre el artista y lo real y que visibiliza el goce al espectador sin destruir al hacedor . Esta representación literal de la cosa es, según mi percepción, lo que limita de alguna manera su trabajo. Y de alguna manera la reduce, más allá de su virtuosismo. Ingresan en esta suerte de representación provocadora las escenas lésbicas, los desnudos infantiles, la necesidad de mostrarse plásticamente en escenas de autoerotismo o a través de la exposición extensa de desnudos genitales (esbozo precoz de las selfies y mostración virtual de genitales – ).


Lo auto-referencial es una constante en su obra  algo similar a lo que sucede con Kahlo. Agitando de manera subversiva (al punto de sufrir breve detención en 1912 por ofensas a la moral) una sociedad y un tiempo histórico dados en la Europa de principios de siglo, previa a la Primera Gran Guerra y a los mayores desastres del siglo XX. Tiempo de crisis profunda, donde se gesta el expresionismo de Schiele. Vida y obra en paralelo: vida representada, obra que se explica desde la historia personal. Esta última, no obstante, siento que solo en ciertas piezas toca lo universal. 


Tal vez, reitero, la vida tan corta, no le alcanzó...

Me parece, lo evidencia el proceso... Hay un punto. El trazo cambia, la forma y el volumen cobran consistencia distinta. Se configura robusta, carne nueva, plural. – Vínculos obviamente menos tormentosos. Apertura, un nuevo inicio en aceptación. Pero, conviene, subrayar, – en ciernes.
Se trata al cabo, de una proyección distinta del deseo. Comprensión, tiento de amparo a posibilidades al margen de la intervención directa en y a través de sus figuras. Pero siempre, proyecciones... Pues no hay interacción, pese a la cercanía. La suma recién fraguaba, si bien desde un principio, por universal,  como dices, más rica...


Cuando observo su producción y separo las obras que más me impactan, prácticamente todas ellas pertenecen a los últimos cuatro o cinco años. A punto de partida de su propia historia se percibe el comienzo del desprendimiento, la distancia, el pasaje del uno al todo: La familia, La muerte y la doncella, El abrazo, La madre muerta….
Es llamativo, a diferencia de la figuración humana, todos los paisajes casi sin excepción me resultan particularmente bellos. Aquí no hay tiempos. Hay ese dibujo magnífico, la paleta tan peculiar, densa, cálida y refinada a la vez y esa manera tan personal y única de fragmentar conservando la unidad… Es extraño, en ellos se percibe lo universal con mucha nitidez. Como dos carriles en velocidades diferentes.


En suma y más allá de las personales y arbitrarias apreciaciones que uno se atreve a hacer, Egon Schiele es un artista genuino, potente y atravesado por la desesperación de hacer: única e inconfundible carta de identidad de un creador.
Pienso en unas líneas escritas en prisión por el artista:

Prisión de Neulengbach 16 de abril de 1912.
“… Alguien más débil interiormente se hubiese vuelto loco aquí, y –a la larga – también yo, a fuerza de permanecer anonadado día tras día; por eso, cuando fui arrancado con violencia de mi ámbito creativo, para tratar de no caer en la verdadera locura , me puse a pintar con mi dedo tembloroso mojado en mi amarga saliva , paisajes y rostros en las paredes de la celda, sirviéndome de las manchas de argamasa; después observaba como secaban poco a poco, se difuminaban y desaparecían en el fondo de las paredes, como borrados por una mano invisible, poderosa y mágica” ….

19 de abril de 1912.
“Acabo de pintar el sitio donde duermo. En medio del gris mugroso de las mantas, una naranja radiante que me trajo V., la única emanación de luz en este espacio. Esa pequeña mancha de color me procura una indecible sensación de bienestar.”

22 de abril de 1912.
“Dios es eterno, y poco importa que el hombre le llame Buda, Zoroastro ,Osiris, Zeus o Cristo; e intemporal como Dios es lo que hay de más divino después de él, el Arte. El Arte no puede ser moderno; el Arte es para toda la eternidad”.


Idas y vueltas. Ciclos, y una carrera, – el ímpetu del propio Egon, apresurado. Ya en su retorno a los modos de composición a Klimt, al tiento de una carne viva, aún con los ojos de las criaturas, perdidos fuera, ya en las anteriores confrontaciones... Una firma...
Andar, seguir. Elegir, coincidir. O no.
Dialogar...


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