miércoles, 29 de marzo de 2017

Voluntad – intensidad: Sobre el videoclip para Fade, de Kanye West

La intención, desde luego, era impresionar; – el resultado sobrepasa por mucho cuanto se estimaba a mano de una figura controversial, sí, pero apenas eso y no precisamente por su agudeza. Kanye West cuenta, sin embargo, con un solvente equipo de producción...
Russell Linnetz dirigió el videoclip para Fade. Juventud. Ímpetu, y poco a qué temer, de poco saber. Pero – el concepto claro.
– Realización ambiciosa en una suerte de homenaje Pop, por un lado; celebrando la fuerza salvaje en alegoría que roza de modo fácilmente apreciable, el límite de lo que es común denominar el buen gusto, por otro; sin privarse de refrescar, por puro atrevimiento, un medio abarrotado de juegos simplones y sofisticados mamotretos...
Valga la expresión, esto se ve simple, pero es otra cosa...


Son evidentes las referencias; la realización porta, no obstante, como si se tratase de material original, la pretensión honda de la época, a la que corresponde, sobretodo, el título clave (Flash Dance). De modo que dicha esencia cobra por gracia de la concepción sencilla, potente, nuevo vuelo, lejos del mero eco melancólico. Torna en ilusión de descubrimiento. Anacronía...
Energía, disciplina, el músculo, la voluntad adquieren repentinamente, contra el grado de definición de la imagen, y gracias a este, por contraste, su verdadero rol: todo, todo está en ese cuerpo y la danza y la mirada...
Energía, delicadezas aparte... Esencias de violencia – sin culpa. Más...


Ojo con el balance.
La sola posibilidad de apartar de su esencial brutalidad la letra del tema, elaborar a través de la imagen un elemento nuevo para el diálogo que al cabo transforma aquel mensaje en fuego distinto, rompe significativamente con lo habitual...
Aquí se afirma.
En lugar de explicar, matizar o negar el contenido, el ánimo de las líneas rimadas, lo enfrenta con una imagen de poder y fiereza indiscutibles. Abre de tal modo la interpretación del conjunto y nos pone de cierta forma contra las cuerdas...


Ausentes los peros, todo suma. Además de la imponente figura de Teyana Taylor, sus enérgicos movimientos, la llama de lo tribal, el gimnasio, las máquinas: metal  soportes y pesos, líneas, ángulos y cruces contra las poderosas curvas de la carne, todo en el color, el tono y los brillos.
La coreografía (mérito de Jae Blaze) corresponde tan elementalmente a la percusión, los golpes de bajo y las voces, los llamados, que la pausa, cada una, y los cambios de escena, solo pueden trasladarnos a nuevas afirmaciones, igualmente contundentes, sin transiciones que tienten acomodo a sensibilidades más gustosas de lo retórico.
La seducción surge del diálogo, – siempre, recordemos, de la inteligencia, de las imágenes, por ejemplo, que nosotros mismos completamos, sin límites, en el sentido de la insinuación. En este caso, desde el límite del desconcierto, provocando al pudor, – esa cierta resistencia que encuentra amparo en la última contención, antes apenas de la explicitud.


Russell dispone uno tras otro tres momentos. Resuena: simple, directo.
Luego del ritual, el cuerpo libre  entregado, – ritmo en sintonía: la melodía – a dos en una sola piel.
Finalmente, el reposo, la contemplación...
Son golpes, también. De una intensidad a otra, – con la carga anterior. Potencia. Hasta el cierre, con el cuadro más desconcertante, que se anticipa a cualquier expectativa y concentra directa y simplemente la idea obvia, robándonos el aire, dejándonos sin tiempo de formular por nuestra parte una fórmula propia con la cual confrontar el total: Repetir lo de fiera – vano...
Y se fueron los tres minutos, cuarenta y cinco segundos...



Voluntad. Afirmación. Lo salvaje, sí. También la transición de la consciencia básica a la fe. Más que instinto nada más...
A qué despierta esta fiereza. A qué el cuidado, la tranquilidad para los corderos en torno...


Lejos, mas no demasiado de los orígenes: crudeza, – lo salvaje.
Esta vez, dio a luz de lo bueno...


lunes, 20 de marzo de 2017

Mucho más que representación: Notas sobre la obra de Loredano, con Douglas Rodrigo Rada

Personajes. Personalidades. Y el tema del carácter... Cuanto se proyecta desde la escritura, particularmente. Se trata de la obra de Loredano. Grande. Mucho más que representación.
La visión de Douglas Rodrigo Rada ofrece especiales luces. Agudeza. Vamos tentando entre los cuadros...
– Lectura detrás del trazo; la línea como medio que conecta  nuevamente –: el Lenguaje y (unos) distintos lenguajes.
Transtextualidad especialmente provocadora...
Surgen una tras otras las cuestiones.


La faz... El cuerpo como realidad, el cuerpo como proyección...

Me interesa especialmente la capacidad que tiene de deformar la imagen del cuerpo y del retrato hasta el borde del desdibujo, de la deformación monstruosa.
El límite entre el dibujo gestual y la figura reconocible.

Lo monstruoso,  desproporción.
Loredano elige. Cómo, es otro asunto. Acaso, la visión se desprende de su lectura, de  su memoria y percepciones menos procesadas, como ecos, también, y seguramente otros retratos. Da con el rasgo que distingue, la cualidad, y – la eleva.


La identidad en el trazo, el rasgo como firma...

Eso es lo que más sorpresa me da, la seguridad del trazo y la construcción de una forma que parecería ser de alguna manera producto de un gesto, pero que es a la vez intencional.


Gesto que proviene de la lectura, que tienta un anticipo, demostración de conocimiento. – Esa conexión... Acaso, como encarnación en nueva ficción de la auténtica voz: El personaje en la obra, con ella y por ella.
La exageración se convierte, entonces, en fórmula para sostener el espectro amplio, tantos equívocos posibles, sin solemnidades, además, – que son tan humanos (!)...


Más matices...
Imagen como grafía: La línea que dibuja el nombre.

Hay una tensión compleja entre el personaje retratado y el intento de proyectarlo en un dibujo.
¿Se podrá?
¿Es posible la conjugación?


Autores que cuestionan, esta vez como personajes de otro cuestionamiento.
La aproximación a un carácter reconocible, por su grado de efectividad, el tino, la precisión en dar con el espíritu reconocible tras su discurso, en el gesto y, de otro lado, la amplitud que permite acomodar con relativa facilidad la interpretación de cada lector, refieren el conjunto de retratos como signo de un rol, de una función y, por otra parte, en cada caso, de un modo particular de encarnar la vocación...
De esta afirmación, las preguntas...


Se dice que la caricatura es una interpretación de la identidad de una persona, ya sea una síntesis de la forma física o alguna interpretación de su identidad individual proyectada en su físico. El concepto de alma es complicado pero estoy seguro que la sensibilidad del artista puede permitirle entrever la relación que hay entre su forma física y su temperamento.

El rasgo de "un alma". Sustancia.
Los dueños, amos de las voces, discutibles, aquí, en silencio elocuente...



Leer a Loredano (!).
Desafía, como toda lectura inteligente. Sencillez, complejidad. Los difícil como fácil. La hondura y el balance tan propio, como una fórmula secreta...
La composición se completa en el diálogo. Pero está también lo que trasciende al sujeto particular.
Identidad.
Corporeidad...


Su trabajo escapa a la categoría típica...

La parte de Loredano que más me interesa no es la caricatura, ni la relación que genera con el personaje retratado, sino más bien, me interesan algunas rupturas que genera sobre el referente de identidad corporal y como esto mismo hace evidente el dibujo y la capacidad de fracturación de la realidad a través del arte.


No las veo como caricaturas. Son dibujos, son arte. Son retratos. Son esquemas corporales.


Lejos de servir apenas como proyecciones de una identidad, instrumento de cierto saber, e incluso, poderosa ilustración, la visión de Loredano vale por sí misma como obra sola, a través del juego transtextual, instando a una revisión de la perspectiva personal, de la imagen popular..., de la cultura.


Bordear el exceso y ser sutil a través de lo grotesco (!)...
Cuestionar mitos. Ser compasivo con el ángel intransmisible, que falla al obrar... Atender la pretensión. Hondura.
Humano, tan humano... Pues he aquí nuestras deformidades... Todo cuanto surge de nuestra actitud, y proceder... Y en estos autores, el obrar...
Vaya autor, Loredano...


viernes, 17 de marzo de 2017

Cuestión de luces, y silencio: Sobre la propuesta de Maciek Jasik

Un estallido, cada vez. Color y luz. Una vocal que se abre en asombro. Y ese momento, es el momento de Maciek Jasik.
En considerable variedad.
Sin marcas oscuras en su sentido ni extensas articulaciones en juego por la ilusión de un tiempo continuo, o al movimiento, como ecos, para insinuaciones leves. Y, sin embargo, sofisticación.
Se trata, desde luego, de efectos, mas – sin engaño.
El término fácil sería magia.


Tienta a dar con una clave...


La propuesta de Maciek, lejos de cerrarse en sí misma, ocultando su sentido, se abre a partir de la apariencia de simple arbitrariedad, de capricho estético, quizá, concentrada sobretodo en los usos de la luz de sus escenas.
Hay un motivo permanente, sí, – una misma condición, un estado, lejos de lo habitual: simples situaciones...


Imágenes como bien logrados puntos de partida. Hacen las veces de proposiciones lógicas o frases, a partir de las cuales disponer el discurso propio a vuelo, más que para lograr una conexión, para desatarse... – Flujo amplio, no obstante, sutilmente dirigido...


Digresiones...
Wislawa Szymborska, en su discurso de recepción del Premio Nobel: La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo "no lo sé''.
En otro momento: ... cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas muy pronto fenece, pierde la temperatura propicia para la vida. En casos extremos, como es bien conocido en la historia antigua y contemporánea, puede resultar mortalmente amenazador para las sociedades.
Este no lo sé es fértil por la afirmación que implica y a cuyo impulso, además, da rienda suelta  el reconocimiento de una condición que convierte cada paso a partir de dicho instante, en auténtico avance.


Wislawa refiere además a la voluntad, y a la vocación.
Esta voz, el llamado, de hecho, – nos toma...



Términos relacionados: Vaciamiento, desprendimiento, desaprendizaje. 
En la primera línea arriba: estallido, una invasión violenta; color. Con ello, la revelación. Con todo, esta solo es posible a partir de una apropiada disposición.



Clara, la referencia a un estado de la conciencia; de ello el ánimo y la impresión en común.



Vaciamiento – del ego. Cada yo como pregunta...
Desprendimiento – de lo material. Desnudez, más allá de la piel. (Ojo con las miradas...)
Desaprendizaje – como reapertura, de lado aspectos técnicos y/o inclinaciones temáticas que por sí solas, despojadas del cuerpo todo, podrían distraernos precisamente de lo esencial.



(Con el deseo, en vuelta a asombro, nuevamente...)



Lejos de tratar de lo que no está o se ansía, va de lo que sostiene completa cada composición, transversalmente: de un plano a otro, con su origen fuera de la propia imagen; teje una suerte de estructura que conecta al artista con su obra, revela la vocación de este a través del artificio: textura, geometría, balance, una y cien veces más, color, y nos cuestiona respecto de nuestra propia situación
Lugar. Posición...



Nos hallamos ante paisajes, ambientes, o enfrentados a personajes sin nada especialmente sobresaliente, o extraño. El poder, en la visión. Aunque bien puede decirse lo mismo de otros trabajos fotográficos, es pertinente destacar lo particular del encanto de esta obra: la gracia de cada imagen  por una cualidad que emana de su propia concepción: la luz que inunda el cuadro es la sustancia a través de la que se revela el milagro.



Asombro.
Y liberación.
El carácter explosivo al que me referí también en principio, surge más de la energía revelada de cada elemento, por cada cuerpo, que de la dinámica y la cinética...
Transformación del espacio y de la forma, en apelación poderosa, sencilla, contundente a los sentidos. Dispuestos en – el silencio (!).



Intensidad. De la emoción. El modo en que se experimenta el asombro. El tono – alto, que deriva en más y distintas posibilidades...
Éxtasis. Cierta forma de plenitud, acaso...
Psicodelia, un poco, por otro ejemplo... – Los motivos hondos de una parte, y los remotos nada más, de otra, no difieren aquí demasiado y el carácter rompedor, abierto de la entrega, ampara, pese a las claras diferencias, múltiples guiños...
Pero hay – más...
Concentración.
Lejos de perdernos, es en el vacío expectante que surge la invitación – a encontramos
luz que embarga.
Bienvenido.



martes, 14 de marzo de 2017

Espacios, voces; evocación y – vocación: Diálogo con Vanna Andreini, entre obras de Sebastián Gordín

Fluyen las ideas. Alma de cada proposición... El intercambio se produce aún entre silencios, como si ecos de otro plano cargaran de sentido – este espacio, al cabo de las afirmaciones, las sugerencias... 
Cordialidad. Y el café fuerte. La mañana que se abre a nueva música. Fecundo, el afán por comprender lo más posible, y  el entendimiento que va detrás de los términos...
Vanna Andreini, el dejo de su tierra, y un aliento de más lejos todavía.



Sus textos sobre la mesa. Este grupo inédito...
Comentamos...
El lenguaje... y un lenguaje... Y el idioma como patria. La poesía como un estado...
Hay tanto...

Quizás por mi condición de hablante de dos idiomas, que ya llevan una cantidad considerable de años habitándome, siento a la lengua como un veneno. Unos líquidos que me corroen, que carcomen aquí y allá dejando al descubierto nervios, huesos, partes. En un momento particular de mi vida creí que el italiano aparecía en mis poemas como imagen intraducible, como sonido irremplazable de algo que se movía adentro mío, irrupciones que hacían que el poema se construyera con realidades sonoras diferentes, pero no disímiles. Ahora, en cambio, creo que el italiano y el español se acercan para dañarse y confundirse uno a otro. Confundirse mimetizándose, y confundirse en el sentido de no darle al otro la posibilidad de decirse. Será por eso que me siento más hermética, que evito a veces que los versos fluyan. Como si en ese hermetismo residiera el antídoto contra esos dos venenos que pujan ni bien abro la boca u oprimo la tecla.

La escritura, por otro lado, como un espacio, antoja tanto decir, personal, pero bien sabemos que nos atraviesa– La tendencia a lo universal, a trascender las circunstancias y, por tanto, superar, dejar lejos la explicación, determina en buena medida el carácter cuestionador que deriva, ya consciente, en afán artístico...
Más que por salir apenas de uno mismo, eso de expresarse, – la disposición a una conexión a través de la cual llegar ciertamente más allá.
El rumbo, transversal, si vamos de dimensiones, en efecto, nos conecta también con nosotros mismos...

Siempre me gustó lo que decía Ricardo Piglia, que uno escribe para saldar el desajuste que lo atraviesa en relación a la vida, y en ese sentido me parece que elegir la poesía hace visible un desajuste más abrupto que elegir la narrativa, que por lo menos tiene un hilo conductor. Pero en mi caso creo que escribo para que el veneno de mis lenguas no me derrita como hacen las serpientes luego de haber tragado a sus presas.

Cuánto de libre asociación...
La serpiente. El Árbol de la Ciencia...
Antes de probar del fruto prohibido, el don de nombrar entrañaba también asombro: afirmación referencial y evocadora, que se completa solo a su reconocimiento, diverso, siempre (ni Adán ni Eva podían coincidir en todo momento ni pensar siquiera lo mismo cada uno, cada vez): la palabra portaba, de tal modo, – su sentido y su misterio. Ese primer sonido era una llave... Criaturas, fenómenos...


La ciencia corresponde a la búsqueda de las causas, razones; un orden...; verbos, y su conjugación. Facultad. Y tiento... – Límites...

Me gusta pensar que estas dos lenguas que me habitan se parecen a la lengua bífida de las serpientes. Me fascina que ellas, en su mayoría ciegas, para cazar confían en que su lengua puede captar partículas que flotan en el aire, luego esas sensaciones químicas viajan hasta el órgano de Jacobson, que las traduce para el cerebro.

Resulta paradójico eso de deducir la riqueza de un idioma a partir de la abundancia de términos con que permite decir lo mismo de distintas formas o matizar muy sutilmente una misma idea, como si se tratara de un don de especificidad, ergo, de poder dejar menos fuera del control del emisor...



La comunicación es un fenómeno cuya complejidad  supera por mucho planteamiento de este tipo.

El Español y el Italiano, el Italiano y el Español retorciéndose para decir, para decir de mi mundo, pujan por traducirse. Maurizio Medo me preguntó en dos mil quince si iba a escribir otros libros como Monsterín, en que los dos idiomas se entrelazaran; le contesté que no lo sabía. Ahora sé que entre ellos la convivencia es subversiva, que ya no depende de si lo que trato de escribir busca captar imágenes de infancia (una infancia y una adolescencia vividas en Italia), o sensaciones de la maternidad (experiencia ligada profundamente al Español), o momentos cotidianos y claramente ligados al español. No. Depende de ellos mismos. Algunas veces la nostalgia del Italiano se imprime en el Español, otra vez la urgencia se inscribe en Italiano, otras veces una palabra aparece aislada por alguna razón musical en uno u otro idioma y entonces no hago más que construir para ella un refugio. Se empujan, se repelen, se atraen y fundamentalmente se traducen y se buscan en el poema aunque no aparezcan siempre los dos. 

Se encuentran...

Un día cualquiera
un berrinche cualquiera
respiro profundo
mientras
acongojada
si, esa es la palabra,
barroca y en desuso
espero el final
una y varias
personas cercanas
dictan sentencia:
 ¡que paciencia!
mi boca se curva sola
en una sonrisa
a la que no se imprimirle
expresión alguna
tanteo o saboreo
el insulto solapado
en vilo
sobre esa delgada
línea
no sé dónde apoyarme
¡que paciencia!

Un cura dominicano
infinitamente blanco
sus ropas su barba
camina entre nosotros
sus ovejitas
nos protege nos enseña
 la paciencia es la virtud
de los ricos de espíritu
los pacientes
pueden
esperan
soportan
siguen
sus pacientes
atienden en la tierra
el reino de los cielos

un berrinche cualquiera
un día cualquiera
una madre expulsada
por pobre de firmeza.



Los caminos se cruzan... por debajo, o más bien – una vez más  a través. Hacen nudos y a menudo es posible reconocer en sus trazos, aun paralelos, viva, la misma savia. – Raíces... La vocación honda, la pretensión última...
A quiénes reconoces...

Bueno, en eso soy sartriana, se escribe para los contemporáneos; y localista o, mejor, sectaria. Escribo para los amigos que me leen que son mi comunidad, mis pares, mis referentes del aquí y el ahora. Y cuando ese círculo se abre y se ensancha aparece la magia que trae la sorpresa que produce ver otros lectores. Y mis amigos más cercanos son Florencia Fragasso, Tamara Domenech, Noelia Rivero, Paz Garbaroglio, Romina Freschi, Verónica Perez Arango, Julia Sarachu, Vanina Colagiovanni, Mónica Rosemblum, Ana Claudia Díaz, Selva Di Pasquale, todas poetas de lujo. Hay más, hay pocos hombres, ya parte de un círculo más abierto, Maurizio, Pablo Queralt.

Cercanía. El valor de un vínculo...


Me impresiona mirar  la sangre
que sube por la jeringa
me inmovilizo
dentro de la plaqueta de vidrio
que se colorea
mientras recupero la fuerza
por mirar

me impresiona cruzar puentes
no se mantener la vista fija
en la otra orilla
demasiado lejos
siempre demasiado lejos
y voy hipnotizada hacia
el borde
con la firme convicción
que nada ni nadie podrá
evitar mi caída

con cada puente
reaparece
recurrente y demarcada
la pesadilla aquella
el auto de mi madre
una Dyane naranja
mi hermana y yo
sentadas atrás
veíamos pasar el paisaje sin saber
cómo detener el auto que
caía hacia el río
especularmente
adentro y afuera

no se cruzar puentes
de ningún tipo
cruzar del italiano al español
fue entonces, a los  15, sentir el abismo
atraerme hacia sí
quedarse sólo con las miradas
mudas de una escena infinita

pasar hoy de uno a otro
es como nadar
y enfrentar la corriente
se puede estar entrenado
se puede conocer el río, los vientos
se puede sentir hasta cierto placer
al desvestirse para sumergirse
pero la llegada al otro lado
pone en riesgo mi cuerpo
que despacio
de vez en vez
se despoja de todo movimiento estético
para asirse a lo necesario
dar brazadas efectivas y resistir
y en la otra orilla
la confusión de un cuerpo cansado
la angustia de la recién llegada
siempre siempre recién llegada
de un lado y del otro
del curso del río.


En otros ámbitos...

Mi esposo, Sebastián Gordín, es artista plástico, por eso las artes visuales están muy presentes en mi casa. La palabra “presente” me gusta mucho porque incluye el ser un regalo. Y todas las imágenes que recorren la casa, acompañadas por las voces y las palabras de los niños, son un regalo. A veces se introducen en mis poemas, otras veces son motivo de largas derivas hasta amarrar en un poema, otras pasan de largo.


Tengo tres hijos
la primera el del medio el pequeño
los nombres se me confunden
no importa la liviandad
o la gravedad
las primeras sílabas
de sus nombres
se encadenan al azar
indefectiblemente
entonces
necesito ordenarlos
el cuarto
la tarea
los juguetes

y mientras intercepto sus fugas
aparece el puzzle
del recuerdo
de mis bebes

entonces

el tiempo
se vuelve una lengua extranjera
esa lengua extranjera
la otra
cercana a la mía niña
tan distinta de mis niños
ella
que parece fluir
luego
bloqueada
espera ser rescatada
por la que se  habló
por la que habla
esa otra lengua extranjera
la de sus pieles

entonces

no importa
cuanto jueguen entre sí
las sílabas de sus nombres
cuan confundida esté
con las preposiciones
con los objetos
porque
con mi cara entre sus cabellos
sé exactamente
que hablo su lengua.

Para la música soy un poco sorda, me gustan las letras y por eso pierdo las melodías. Quizás un detrito de la infancia, en mi casa sólo se escuchaba música en italiano. Ahora busco la música y el ritmo en las palabras y no escucho otra sonoridad.

Los ecos suman. Los que genera la obra de Sebastián, trascienden la acción, el movimiento, y repercuten como fuerza – de coros...


Me gustaría citar a Pasolini, un amor potente para mí, un artista que admiro en todas sus facetas, el hombre a quien me gustaría parecerme. “Alcune cose si vivonosoltanto, o, se si dicono, si dicono in poesía”.

La voz de Vanna invita a adivinar de otros climas, en más de un sentido, otras tierras y otros cielos; participar así... A por una comprensión mayor: El lenguaje por sobre un lenguaje. Hacer camino y dar de nuevo con el silencio – elocuente.
Tal es el rumbo, desafío, a partir del fruto aquel...


domingo, 5 de marzo de 2017

El fuego, el nervio: Sobre la obra de Egon Schiele, en diálogo con Ana Negro

Represión, liberación... Discusiones a partir de Freud, también. La época...
Al margen, a través del nervio, pasta de humanidad – en una exposición apartada de pudores que, en efecto, va más allá. Cabría decir: – hunde, aún en el goce que habría de elevar, y ahí la ruptura, la provocación.
Plantear el asunto en términos de contraste: expresión, – comunicación: La obra no solo soporta el tránsito, digamos, sino que prende de veras, haciendo cenizas términos simples como "demonios personales"...


Ana Negro. Andar con ella entre las imágenes. Ojo penetrante. Su voz. Siempre, un gusto...


Hay, hubo desde la primera visualización de la obra de Schiele, una suerte de doble impresión. Digamos dos corrientes contrarias, una en superficie, la otra más profunda.
El dominio de la forma, la temática centrada en la figura humana, su estilo despojado, llegando al extremo de lo quasi descarnado, el tratamiento fragmentario tan particular de cuerpos, paños e incluso paisajes (aunque con trazos reconocibles de Klimt, lejos ya del carácter más decorativo de este último) y una paleta cálida – muy – plena de tierras sutiles, fina, fácilmente reconocible, se aúnan para provocar una impresión primera. Debe operar en ella, sin duda, el reconocimiento de la propia pasión por la representación de los cuerpos, el dominio de la forma, el desarrollo de un estilo ya separado de las fuentes. La llamo impresión de superficie por ser la primera, la que responde al goce estético de contemplar el dominio de la forma, tan caro a mis “afectos”. Y el leitmotiv de los cuerpos que opera en el mismo sentido.


Esto es particularmente admirable en Schiele tomando en cuenta además la profusa producción en una vida especialmente breve.


La segunda impresión es más compleja, pero siempre interfirió la primera y limitó la apreciación de la obra. Es posible que la falta de tiempo en su existencia impidiera sobrepasar aquello que se percibe como limitante. Simple especulación.

Interferencia... En los mejores casos por empeños de periodismo, investigación  por aproximación al carácter formal de ciencia: una historia – para forjar Historia. Pero si bien con ello se aporta al análisis transtextual, el arte va de experiencia a través de las nociones de cada época.


En el rápido desarrollo de la obra de Egon se aprecia el paso de una contemplación de las figuras – en vacío (y contra él), no obstante, sin pretensiones claras de una revelación de la psique de los modelos, a una compleja configuración – decíamos  de pasta humana, a distintos niveles, incluido el comunicativo. La comprensión de los cuestionamientos trasciende el lienzo y va de la paleta al ojo del espectador, conectando, sí, historias: conocimiento, interpretaciones e intuición, en un juego ciertamente incitante.


La visión de Schiele logra esto, acaso, desde la perspectiva de la captura furtiva, participando, sin embargo, de la emoción de la figura retratada. Balance verdaderamente innovador, con que crea acaso un – único nuevo personaje. Motiva a decir de sus cuadros, – son él. Mas en contadas ocasiones.
Con ello, también, un tormento gozoso que – atraviesa categorías de claro imperio en los tópicos clínicos.


En relación con las impresiones, se produjeron en paralelo desde el principio.
Al mismo tiempo en que admiraba su obra, algo en su obra me molestaba. Las palabras que me surge decir son anécdota, literalidad y, de alguna manera, fracaso... en el proceso de pérdida que conlleva una obra.
Creo que un artista se fragmenta y al tiempo que se “realiza” él mismo en sus imágenes, se pierde de manera progresiva. Lo que queda por fuera de la obra es su existencia otra, cotidiana. Es en ella y no en la obra donde la anécdota se aloja o debiera hacerlo.
Cuando, en cambio, la percibimos de manera literal en la obra, algo parece haber faltado o fracasado en el proceso. (Es osado decirlo cuando uno sabe que está frente a un auténtico artista, tal el caso de Schiele. Que fue atravesado por la creación, casi desarticulado por ella).



Diferenciaciones:
Dolor. Sufrimiento...
Pesares por responsabilidad. Culpa...
Esto, en el diálogo que se completa más allá de la obra...


Hablo de la representación provocadora que se percibe casi constantemente en Schiele, en lugar de su transformación en otra “cosa” (obra) que es lo que media entre el artista y lo real y que visibiliza el goce al espectador sin destruir al hacedor . Esta representación literal de la cosa es, según mi percepción, lo que limita de alguna manera su trabajo. Y de alguna manera la reduce, más allá de su virtuosismo. Ingresan en esta suerte de representación provocadora las escenas lésbicas, los desnudos infantiles, la necesidad de mostrarse plásticamente en escenas de autoerotismo o a través de la exposición extensa de desnudos genitales (esbozo precoz de las selfies y mostración virtual de genitales – ).


Lo auto-referencial es una constante en su obra  algo similar a lo que sucede con Kahlo. Agitando de manera subversiva (al punto de sufrir breve detención en 1912 por ofensas a la moral) una sociedad y un tiempo histórico dados en la Europa de principios de siglo, previa a la Primera Gran Guerra y a los mayores desastres del siglo XX. Tiempo de crisis profunda, donde se gesta el expresionismo de Schiele. Vida y obra en paralelo: vida representada, obra que se explica desde la historia personal. Esta última, no obstante, siento que solo en ciertas piezas toca lo universal. 


Tal vez, reitero, la vida tan corta, no le alcanzó...

Me parece, lo evidencia el proceso... Hay un punto. El trazo cambia, la forma y el volumen cobran consistencia distinta. Se configura robusta, carne nueva, plural. – Vínculos obviamente menos tormentosos. Apertura, un nuevo inicio en aceptación. Pero, conviene, subrayar, – en ciernes.
Se trata al cabo, de una proyección distinta del deseo. Comprensión, tiento de amparo a posibilidades al margen de la intervención directa en y a través de sus figuras. Pero siempre, proyecciones... Pues no hay interacción, pese a la cercanía. La suma recién fraguaba, si bien desde un principio, por universal,  como dices, más rica...


Cuando observo su producción y separo las obras que más me impactan, prácticamente todas ellas pertenecen a los últimos cuatro o cinco años. A punto de partida de su propia historia se percibe el comienzo del desprendimiento, la distancia, el pasaje del uno al todo: La familia, La muerte y la doncella, El abrazo, La madre muerta….
Es llamativo, a diferencia de la figuración humana, todos los paisajes casi sin excepción me resultan particularmente bellos. Aquí no hay tiempos. Hay ese dibujo magnífico, la paleta tan peculiar, densa, cálida y refinada a la vez y esa manera tan personal y única de fragmentar conservando la unidad… Es extraño, en ellos se percibe lo universal con mucha nitidez. Como dos carriles en velocidades diferentes.


En suma y más allá de las personales y arbitrarias apreciaciones que uno se atreve a hacer, Egon Schiele es un artista genuino, potente y atravesado por la desesperación de hacer: única e inconfundible carta de identidad de un creador.
Pienso en unas líneas escritas en prisión por el artista:

Prisión de Neulengbach 16 de abril de 1912.
“… Alguien más débil interiormente se hubiese vuelto loco aquí, y –a la larga – también yo, a fuerza de permanecer anonadado día tras día; por eso, cuando fui arrancado con violencia de mi ámbito creativo, para tratar de no caer en la verdadera locura , me puse a pintar con mi dedo tembloroso mojado en mi amarga saliva , paisajes y rostros en las paredes de la celda, sirviéndome de las manchas de argamasa; después observaba como secaban poco a poco, se difuminaban y desaparecían en el fondo de las paredes, como borrados por una mano invisible, poderosa y mágica” ….

19 de abril de 1912.
“Acabo de pintar el sitio donde duermo. En medio del gris mugroso de las mantas, una naranja radiante que me trajo V., la única emanación de luz en este espacio. Esa pequeña mancha de color me procura una indecible sensación de bienestar.”

22 de abril de 1912.
“Dios es eterno, y poco importa que el hombre le llame Buda, Zoroastro ,Osiris, Zeus o Cristo; e intemporal como Dios es lo que hay de más divino después de él, el Arte. El Arte no puede ser moderno; el Arte es para toda la eternidad”.


Idas y vueltas. Ciclos, y una carrera, – el ímpetu del propio Egon, apresurado. Ya en su retorno a los modos de composición a Klimt, al tiento de una carne viva, aún con los ojos de las criaturas, perdidos fuera, ya en las anteriores confrontaciones... Una firma...
Andar, seguir. Elegir, coincidir. O no.
Dialogar...