jueves, 2 de febrero de 2017

Tajos de las eras: Sobre la obra de Svetla Radulova

Qué término..., – belleza. Relacionarlo con arte es común. Y la vía conocida: ver aquel como objetivo de este, en apariencia, vulgar y errada. Por falta de rigor, negarla de plano constituye una derrota. Pura lasitud.
Cabe la sugerencia, para completar un conjunto útil: no confundir el vínculo entre el asombro – estimulante, y el placer, como atajo a posturas cómodas, por lo meramente agradable...
El abstracto provoca a propósito de estos asuntos.
Aquí, la obra de Svetla Radulova como invitación.
Compleja.



– Tentar una fórmula, apenas eso (se verá por qué), partiendo de una transgresión...:
Belleza:  Fenómeno (no cualidad – ! por el que un sujeto / objeto / fenómeno reduce a consciente impotencia las facultades comunicativas de quien lo contempla, haciéndolo, durante esta misma contemplación, pleno en su asombro.
Siendo este, un fenómeno intransferible, se abre fértil en la invitación a experimentar por cuenta propia, el enfrentamiento con lo bello. La obra – única, lleva por título de la experiencia que provoca, el mismo título.


– Del enfrentamiento, – la cuestión, tan humana: por qué, de dónde y adónde... y nuevamente, por qué, que estimula tanto de claras, como de misteriosas maneras, la inteligencia: facultad de relacionar entre sí percepciones, sensaciones, ideas, conocimientos, discursos y referencias no del todo inteligibles, produciendo visiones, intuiciones y nuevas cuestiones, más complejas...


Sensibilidad Elemento fundamental de esta amplia inteligencia; compromete un universo entero de relaciones, buena parte de ellas inexplicables, de momento, dicen muchos  quienes tientan respuestas. Proliferan hipótesis; sin querer, incluso, hasta ficciones más o menos emocionantes.
Es con el diálogo (sea a partir de ciertos sistemas preexistentes, digamos, siguiendo un tanto a Chomsky, o a través de una suerte de mallas que se superponen, relegando, tapando, recuperando o desarrollando nuevos aspectos de la cultura cada vez), que, a por los cuestionamientos que escapan a la simple definición, surge, en lugar de una complicada interpretación, el complejo de la experiencia toda  que hace al cabo, atemporal  la obra...



De forma que si bien la técnica y el lenguaje evolucionan, como y con la ciencia, el arte – pretensión de logro de belleza, portal y medio a través del asombro, que violenta siempre la consciencia (lejos, lejísimos de ejercicios y/o esmeros sensibleros por lo agradable, bonito, o los fáciles arranques a por lo meramente impresionante y provocador, por grotesco y/o grosero), solo – cambia..., como más, sirviéndose de aquella evolución.
Usufructuo del Árbol de la ciencia, acaso, al pulimento de los nuevos prismas para cada nueva experiencia ofrecida.
Quizá, como dicen místicos de distintas culturas,  influjo de un aliento primordial, que se sirve de la integridad del hombre... – Entrega.


Radulova. Por referencia a lo primordial – a través de lo primitivo, en múltiples matices, – la provocación...

El trazo con paleta, pincel, marcador y la propia mano,  no articula. Lejos de toda acción humana, plantea una experiencia, en cada caso, de la que el cuadro es por sí mismo, única representación...
Sin evitar por principio a formas conocidas, reconocibles como ecos, lo que equivaldría a provocar apenas al ingenio, a ejercicio de forma desde la forma, en el mejor de los casos, para referir (!) un motivo auténtico, Svetla despliega formas y color, como evidencias de un movimiento con más de mineral o biológico, in extremis, básico molecular, – por la vida que a su modo revelan,  su misterio.


Ojo:
Como don de nombrar, nada más. – Conocimiento y representación directa de sustancia y de sentido. – Palabra como auténtico signo, sin conjugaciones: unidad, plenitud; por ende, – un solo escenario, en un tiempo sin medida, no obstante su dinámica.
El verbo, que implica tiempo (bien denominado, principal accidente gramatical), vendrá tras la muerte de Abel.


La sorprendente armonía, el balance – sí, natural, a partir, digamos, del trazo salvaje, – redunda en la impresión de acción por fuerzas enormes, universales, lejos de la escala de la ocurrencia y, ni qué decir, del pulso a una paleta...
Explosiones.
Rocas, y electricidad.
Sangre a la colisión.
Violencia, violencia, y un silencio denso, – como nota sostenida que corresponde al hallazgo, por vértigo, evocadora.
Svetla compromete en cada trabajo, así, la ilusión de más de una vida personal extensa. (Y ella cuenta menos de treinta y cinco, al momento...)
Burla, además, la figuración de un alcance que permita sostener, acaso, la medida real del motivo todo. Establece de tal manera, un límite al impulso por querer comprender todo, y por tanto, dominar la fuerza generadora. Y lo hace a través del contraste entre la fractura de rasgos distantes siempre de la geometría calculable..., y el marco simple.
Menuda crítica. 
La reducción como concesión...


Y
   ojo
         con la
                    profundidad
                                           (!)
como ilusión.
Acaso, cada cuadro – un tajo por era.


Conviene advertir, eso sí, respecto de esta, como toda obra que merezca atención: La belleza ha de ser tomada por objetivo, constituyéndose hondamente – en Ítaca. Ergo  más bien un proceso y una oportunidad que se renueva con cada contacto...
A menudo, el artista, apenas conmoverá por el esfuerzo...


Belleza.
Tiempo.
Vaya términos.
Y basta juntarlos apenas con una preposición por medio, cualquiera, para dar con una fórmula terrible
(lejos, la ilusión de medida que procuran los verbos)
– Violencia. Violencia. 
Puertas. Se abren así, también.
Sorprendente, Svetla.


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