martes, 7 de febrero de 2017

Encierros, y la densidad de la culpa: En torno a los videoclips de Tool, en diálogo con David Kattán

De esos videoclips, comentamos...
Un referente inmediato del trabajo de David. Era claro, pero más allá de la estética, – asunto del enfoque de la propuesta toda y, por tanto, de lo primordial: la música de la banda. Tool.
Al poco, apenas en una segunda o tercera conversación,  caí en cuenta de la melomanía como nueva coincidencia, y aunque sin sorpresas, constatar su opinión sobre aquel conjunto trajo consigo, digamos, más ideas...
Café por medio...; humo. Los temas complejos de fondo...



Si se tratara, en efecto, de una influencia estética, apenas, nada habría que decir al respecto. Por el contrario...


Los videoclips de Tool como artefactos productores de pesadillas.
Me parece que hay tres componentes que dan cuenta de este mecanismo: la deformación onírica, la víscera y la desintegración del cuerpo organizado (en esta última, ciertas lecturas sobre Artaud y el cuerpo se suscitan... como background.)
Hay una tendencia general hacia la estética transhumanista, como si los cuerpos y el afuera (en este caso, paisaje de máquinas) estuvieran reunidos en una especie de collage.
A partir de ese punto entiendo la violencia como transformación abrupta que implica un factor exógeno que modifica a la cosa violentada (sensible).

Ante nosotros, la identificación, una y otra vez, del protagonista y, más a menudo aún, su cuerpo, – el cuerpo, sujetos a una situación monstruosa. Prisioneros, si se quiere, de una realidad de la que forman parte y, como hacen fácil deducir, inclusive, proyectan: crean para sí.

Locura.
Lo que plantea de inmediato la noción de enfermedad como padecer, más allá del dolor. Es decir, del sufrimiento como infierno, por resistencia a la deformación y la violencia que refieres. Y la victimización.
Las letras a menudo condenan...


Siempre, no obstante, lejos de simple brutalidad...

Y es que Tool es sofisticado, sobre todo en sonido..., sin dejar de sonar algo artesanal.

Balance...
La complejidad en la sintaxis musical da cuenta del virtuosismo de los integrantes. Pero simultáneamente, asistimos al derrumbamiento de estas elaboraciones. Y aquí, la cualidad de violento.



De nuevo...


Cuerpo que se organiza y sufre repentinamente una metástasis, dando lugar no a la muerte, sino al surgimiento de un nuevo cuerpo y el paisaje que lo envuelve. Como si de pronto, cuanto sugiriera una existencia de orden ideal, acaso supraterrestre, se viera violentado por... una gota de veneno que lo demoliese todo.

Largos y adensados compases, crescendos que culminan en pasajes tan agresivos. Voces melodiosas que terminan en brutales guturales.

A menudo, los temas de Tool funcionan expresamente como representaciones operísticas de situaciones opresivas; se leen mejor como crónicas de la decadencia o de la abrupta caída por cuya culpa, hacen escarnio. De ahí, la emotividad rockera.

Parte elemental en el sonido de la banda proviene de concentrar la pretensión reflexiva al desarrollo instrumental de las atmósferas.



Escenarios atroces. Un tiempo sin medida (de ahí también, buena parte de lo monstruoso, en la idea de perpetuidad) que con toda intención aluden, no obstante, a un pasado distinto, más normal. Por tránsito – fue dicho –, la enfermedad; de ello, la carga dramática.


Cuerpos sensibles, modificados oníricamente por un exterior violento, vertiginoso.

Más allá de simples asociaciones de ideas, se evidencia un cierto mecanismo de la pesadilla: una suerte de preámbulo del inconsciente que da cuenta de algo que la moral nos oculta. Distorsión de un deseo que pospone la revelación. Lo epifánico como la asistencia a los escombros de la estructura. La estética transhumana entra en este juego cuando la “yoidad” queda destituida por un territorio, digamos, existencial habitado por el paisaje que lo deforma.

Proyecciones. La ilusión de trascendencia...  de lo orgánico por voluntad rabiosa.

Recordando que lo monstruoso debe su carácter a la desproporción, basta inyectar un impulso histérico al razonamiento con que se resiste, se enfrenta al trauma o, como pasa a menudo en los mundos de estos videoclips, se lucha por prever, simplemente, el terror de la situación trágica, en procura de hacerla menos dolorosa, por puro conocimiento, para obtener una muestra significativa de – horror.



Hay más.
 Lo sagrado, lo espiritual, lo profano... y el cinismo...

Con frecuencia, ciertos umbrales hacia otra parte, aparente vacío (cajas, puertas, corredores, huecos en el suelo…), tal vez como medios a la percepción de lo espiritual. Pero la línea de imagen es implacable...: Tripas, cuerpos y rostros deformados insinúan el acercamiento al espíritu a través del error humano (pálpito de la carne sin discurso, inscrito en su tejido).



Diría del horror, a partir del errar...
Pánico.

El pecado concebido como producto antagónico a la Ley. Surge la revelación no a través de la perfección del ser como pulso de vitalidad, sino, al contrario, por medio de un ritual de muerte (tal vez una insoportable conciencia de la finitud).


Que es lo que en última instancia se niega, lo que se enfrenta o contra lo que se vierte, por orgullo, todo el saber avispado de ciertos caracteres, una y otra vez, allí...


El esquema de la representación es en realidad bastante simple. No así, la alusión al modo en que esta se desarrolla... a través de la propia técnica. Y esto, va fuerte en las melodías, los ritmos, las armonías. Como bien dices, se trata de un equipo sorprendente...

Es indudable la influencia del rock progresivo y el Art Rock de Inglaterra de los años 70, sobre todo de King Crimson. Hay una especie de necesidad de salir de la frivolidad del Glam de los 80 y un intento de hacer obras más elaboradas, recurriendo a la interdisciplinaridad, en que lo visual no es solo complemento, sino también un nuevo ámbito..., protagonista.



Lo interesante de este experimento radica en que no hacen convivir a dos disciplinas en un mismo producto, sino que las ponen en una especie de tensión que permite que la obra resulte más extensa. Se avizora en los videos una especie de expresionismo surreal con cierta tendencia hacia el Gore.

Adam Jones, el guitarrista, lleva la batuta al respecto.
Por otro lado, sin embargo,  esta extensión de su concepto tiene claros parámetros. Resulta interesante ver cómo Maynard James Keenan desarrolla a la par otros proyectos musicales, en lugar de proponer la variación en el propio sonido de Tool, y cada cual con su propia estética.
Caracteres.
Cuerpos...
Da para más.
Pero hay tanto, en esa densidad...


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