viernes, 17 de febrero de 2017

Aliento (grande) de color y forma: Por la vida y obra de Sonia Delaunay, siguiendo a Beatriz Oggero

Café, como fondo; la luz en él, blanca Luego, el color. Formas,  garabatos eléctricos.
Memoria encendida, siempre, por una suerte de aprecio felizmente comprometido, personal: Luz sobre los motivos propios o, mejor dicho, universales  sobre los que se pretende intimidad. Y la manifestación de una fuerza propia, renovadora...
Beatriz me cuenta de Sonia Delaunay... Teje la historia...

Nació en el seno de una humilde familia de Ucrania, pero luego fue adoptada por sus tíos, quienes le proporcionaron todas las comodidades; era una familia acaudalada amante del arte y la literatura, en aquella ciudad que Brodsky calificó, como "la capital de las letras rusas”, San Petersburgo...
Así vivió Sonia Terk. Sus vacaciones familiares en Finlandia, Italia, y Alemania, donde luego daría comienzo a sus estudios de arte.
A principios del Siglo Veinte, en mil novecientos cuatro recaló en París; se matriculó en una academia destinada a los extranjeros. Entonces conoció obras decisivas para su formación: la de Gauguin y la de Van Gogh; y los fuertes contrastes, también, de colores complementarios... (Pienso en la Joven Finlandesa, de mil novecientos siete.)

La fortuna. Al talento. Y una visión, que se desarrolla – trabajando...



A través del agente alemán Wilhelm Uhde, conoció la obra de los fauvistas: Braque, Derain, Vlaminck y Dufy, gran fuente de inspiración; aunque rechazó a Matisse, por considerarlo “demasiado burgués”.



Los ideales... Son lazos. Determinantes – más allá...

Se casó con Uhde. Significó una alianza “por amor al arte”... y para escapar a las presiones de la familia que la reclamaba en San Petersburgo.
Pero el ambiente parisino del arte, digamos, era entonces, todavía, pequeño, y fue en él que conoció a Robert Delaunay.

El matrimonio...

En mil novecientos diez...
Tres años después, Guillaume Apollinaire bautizaba la obra de Robert por cierto, difícilmente separable de la de Sonia, ya que ambos se inspiraban en los estudios e investigaciones sobre los colores simultáneos de Chevreul como Orfismo. Nombre hermoso, pero... desgraciado; dio origen a tantas confusiones.

Dices de él. El rol de ella, el que la historia, antes de cuajar su mayúscula, le daba, dependía mucho de apreciaciones claves...


En todos los documentos de la época, Sonia Delaunay fue, si no completamente olvidada, cuanto menos desplazada a un segundo plano, y no expuso en el Armory Show neoyorkino de mil novecientos trece.
El mismo Apollinaire no reconocía en ella, que ya había expuesto Le Bal Bullier en el Salón de Otoño de Berlin de mil novecientos trece, si no un don en el dominio de las artes aplicadas.



(Beatriz mueve los dedos, orquesta ecos de lecturas, contemplaciones y viajes, al son de su pasión por la obra que refiere...; ladea la cabeza, aguza la vista sobre el tejido; – se trata de los nudos...
– Y qué memoria [!])

En sus Chroniques d’art, Apollinaire dice: La exposición de Madame Sonia Delaunay Terk no es menos interesante. Es el primer afiche simultáneo, las primeras encuadernaciones simultáneas, los primeros objetos de uso que surgen a la decoración simultánea
Para esta época, Sonia había realizado su famosa colcha de retazos de colores simultáneos, a la que seguirían las Ventanas de Robert, mientras, gracias a su relación con los amigos poetas, llevaría a cabo la ilustración del largo poema de dos metros, La prose du transiberien de Blaise Cendrars: un monólogo interior del poeta en el Expreso Transiberiano. De esta obra se hizo una pequeña edición que causó sensación en los círculos vanguardistas de París...

Diálogos...



Se podría hablar de Sonia y Robert como pioneros del Arte Abstracto.
Después de seis años de ausencia debido a la guerra, de una estadía fructífera en Portugal y España (donde Sonia trabaría contacto con su coterráneo Diaghilev, empresario de los ballets rusos), los Delaunay regresaron a París. Allí, entre mil novecientos veinte y mil novecientos treinta, ella creó algunos de los más originales y excitantes tejidos estampados de los tiempos modernos.



Bien, Sonia fue la creadora del tejido abstracto y gracias a ella este arte, el Abstracto, salió a la calle.
Sus exploraciones con nuevos materiales, de colores simultáneos y geométricos, fueron de gran influencia en la época de surgimiento del Art Deco y, después, más todavía.

Se eleva ya esa hache  de la versión oficial; el registro.
Como todo fruto de la ciencia, manifestación de la comunicación racional, la Historia resulta de la deformación de una impresión original, de una percepción violenta, al paso – a través de cada una de las consciencias y sus respectivos mecanismo de defensa, del nivel inconsciente de cada participante en la interpretación de los hechos; y finalmente, también, del trastorno por afán de verterlo como conocimiento a través de la técnica...
Cuando el asunto va de cuestionar a través de la afirmación del asombro, la sustancia inspiradora, no solo sobrevive: resulta más propio decir que cobra vida nueva – en y a través de la experiencia, erigida en obra...
Este fenómeno poco tiene que ver con las categorías... pedagógicas...

Temas que no se tratan en sus biografías...
Tomemos por ejemplo, el hecho de haber nacido en Ucrania y haber pasado parte de su primera infancia allí, absorbiendo los colores del Folklore Ruso...
El hecho de haber vivido en San Petersburgo, la cuna de la Literatura Rusa, debió haber influido en su posterior relación con los poetas en París, y otra cosa que para mí resulta fundamental es que, por haber estudiado Arte en Alemania, debió aprender el alemán, lo mismo que algo de finlandés y de italiano, por sus vacaciones familiares. Pudo así acceder mejor aún al arte del Renacimiento, y... a la luz.
Todos los pintores de esta época viajaban al Sur, para encontrarse con la luz... Klee, Macke y Mark y, antes, Van Gogh.



Los Delaunay se encontraron con la luz en España y en Portugal, y con el azul del Mediterráneo. Podemos imaginarlo... Sonia, como Tati (Tatiana Rivero), por ejemplo, conocedora de varios idiomas, transformándose en ciudadana del mundo.
Es algo que me fascina de los artistas que vivieron en los albores del siglo XX: podían enviar sus cuadros a diferentes lugares de Europa a través del ferrocarril, y así exponer en las diferentes Secesiones vanguardistas de Berlín, Dresde, Viena, mientras que también producían portadas de revista y afiches, en un momento en que se daba especial desarrollo en la gráfica…



En los años veinte, el domicilio de los Delaunay se había convertido en punto de reunión de la nueva vanguardia literaria de los dadaístas y surrealistas que comenzaba a formarse en París.
Tzara escribía poemas para Sonia; ella los traducía en ritmos de color. Esta labor de transformación simultánea dio pie al estampado de los versos de sus amigos, los poetas, en esos tejidos para vestidos, de rico colorido (los Vestido-poema).
Todo podía complementarse, el color hacía referencia a la música y a la poesía.



Impulsada por su éxito como diseñadora, Sonia abrió en mil novecientos veinticuatro una casa de modas con la colaboración del Modisto JacquesHeim. Simultané del Ponte Alexandre III presentó creaciones vertiginosas con ocasión de la Gran Exposición de Artes Decorativas de mil novecientos veinticinco. Ese mismo año, la artista diseñó un Citroen Be-doce, y vestuario para varios filmes.



Por entonces comenzaba a aparecer en París la reconciliación de las artes bajo el predominio de la arquitectura. Evolución similar a la del Bauhaus, en que Vassily Kandinsky creaba los decorados abstractos para la composición de Modesto Mussorsky: Cuadros para una exposición, de mil novecientos veintiocho...
Al año siguiente, se funda en París la Union des Artistes Modernes, de la que participaba Sonia, entre arquitectos, diseñadores y pintores progresistas. Con la crisis mundial, ese mismo año, la artista se vio obligada a cerrar su negocio de modas; tomó, sin embargo, la ocasión para volver a la pintura pura. Su pasión por la experimentación se contagió a Robert, y juntos se dedicaron al mural.


En mil novecientos treinta y cinco, les encargan trabajos de Decoración para la próxima Exposición Universal de París. Debían trabajar una superficie total de dos mil quinientos metros cuadrados para dos grandes pabellones en los que se demostraba el triunfo de la técnica: El pabellón de la Aviación y el del Ferrocarril. Para este trabajo gigantesco, el matrimonio seleccionó cincuenta pintores, entre ellos, muchos amigos como Gleizes, Jacques Villon, y Jean Crotti. Se les ofrecía la oportunidad de llevar a la práctica los sueños y utopías de la relación entre arquitectura y pintura, y de la síntesis de las artes.
La contribución de Sonia a la decoración del Pabellón de la Aviación consistió en tres grandes tablas sobre el tema Hélice, motor, y panel de mando. Los tres bocetos que se han conservado dan testimonio de su nueva imaginación plástica, donde abordaba el tema de la técnica, desacostumbrado para ella.
Para un vano de escaleras en el Pabellón del Ferrocarril, diseñó una gran composición que tituló Viajes Lejanos. La pintura mural midió doscientos veinticinco metros de longitud. Por estas decoraciones y un gran mural con el título Portugal, Sonia obtuvo la Medalla de Oro.
Mientras la sombra de la guerra paralizaba su aceptación en lo internacional, en París su domicilio se convirtió en un centro de reunión de artistas jóvenes que llegaban para escuchar ávidamente a personas autorizadas, refiriéndose a la evolución del arte. 



En mil novecientos cuarenta y uno, Robert murió de cáncer, huyendo de las tropas alemanas. Sonia halló refugio cerca de sus amigos Sophie Tauber y Jean Arp, a quienes había conocido a principios de los años treinta, en el grupo Abastraction-Creation.
Pasada la guerra, ella se dedicó a promocionar la obra de su marido y a organizar una gran retrospectiva. Fue recién a principios de la década de los cincuenta que decidió retomar la pintura en grandes formatos.


En el sesenta y dos, presentó nuevas cubiertas a color para libros de Rimbaud, Mallarmé, Cendrars, Delteil, Soupault y Tzara. Seis años después volvía a diseñar decoraciones y vestuarios, e ideó un alfabeto simultáneo, estableciendo con ello un enlace con los estudios de los años veinte sobre las correspondencias entre vocales y colores. Extendía sus diseños a cristalerías, carrocerías, vestuario, foulards, y series de papeles pintados.



A una edad en la que otros se encierran en sí mismos para vivir de sus recuerdos, Sonia Delaunay se convirtió en una embajadora del color, con exposiciones y reconocimientos en todo el mundo. Sobre la base de un nuevo lenguaje del color, desarrollado en su momento con Robert, creó una impresionante obra tardía con características muy personales: se aprecia en la gran riqueza de sus experiencias con la pintura abstracta y las leyes cromáticas, que empleaba intuitivamente, todo al servicio de una visión siempre sorprendente.



Experiencia rica, y fértil.
Que se aprovecha. – Se agradece.


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