jueves, 19 de enero de 2017

Sobre falibilidad, y – fe: Diálogo con Bruno Polack

De fe, como motivo, y por el título de su más reciente libro. De procesos. De andar, y de los viajes y el contacto, que son algo distinto. Todo, sin decir abiertamente de tanto (para eso la poesía, a la posibilidad del diálogo: a que se complete el sentido trazado en el andar aquel, cada vez de un modo distinto, si fue tramado bien y al cabo hizo convocatoria, despegando del mero pronunciamiento). De tentar a través del lenguaje.
Bruno Polack, un tiempo al margen... Marcha cordial, intercambio.



Partida sin final. Pero empezamos  lugar común...  por el principio...

Ideas, reminiscencias, como puntos de partida. Tantas imágenes al día que es imposible que no influyan.

Todo suma, ciertamente.
Los estímulos, miles por minuto, son clasificados; los menos importan una reacción consciente, o tan siquiera subconsciente reconocible. Pero a la aplicación del lenguaje se compromete un nuevo proceso:  abstracción.

El escrito, siempre, como una herramienta limitada pero necesaria. Totalmente falible...

Por sí mismo, esmero fallido; un proceso permanente y un desafío. Un medio que por sí mismo provoca, desde la distancia insalvable de su propio trazo...

Universal. Universal.
Particular. Particular.
Qué oídos los tuyos tan preparados para la destrucción de la naturaleza
qué bella imagen vibra dentro de la piedra
palabras tan antiguas que se echan a la bolsa y se revuelven
(y así tenemos un poema)
y así vibran tus cuerdas vocales al compás del zumbido
de la refrigeradora
y así la noche se adueña del mobiliario como si todo lo cubriéramos
para abandonar la casa
tormenta que te anuncias sibilina por la rendija de la puerta
que alzas tus melodías de guerra reflejadas en el silbido de la cafetera
arcano poder, síntoma universal:
la claridad es una búsqueda apasionada pero infructuosa
arcano poder, síntoma particular:
aquel follaje que me cubre, mientras duermo, hasta desaparecerme
y cierto que la magia ha de prevalecer sobre el orden
y cierto que los cantos rupestres han de prevalecer sobre la lírica
sobre las imágenes que surcan signos tras los lienzos resplandecientes
sobre la estela luminosa de los peces en el estanque  
transmigración del alma de las palabras a las cosas
de la poesía a las cosas
del mar a las cosas
corazón palpitante, que de entre mis manos, caes con violencia hacia los surcos
y germina el fruto, la palabra, la sangre

Pese a los esmeros, el afán de resolver, por dar y verter de uno mismo  tinta, a juego con el silencio, en armonía imposible: un fresco que sea más bien música, un espacio que atraiga a su interior, por detrás de la forma, el color y la sombra: detrás del nombre que será título de la obra...

porque todo esto nace tercamente del silencio
(oh, prevalecer/ oh, matemáticas)
y es necesario que insistamos con rabia donde una flor aparentemente
va a alzar el vuelo
entonces la flor aletea entre otras flores mecidas por el viento
y siento en mi lengua la baba del caracol sobre tu lengua
y alzo la mano para detener el taxi que ha de guarecernos de la lluvia
y así mi paraguas es aniquilado por moléculas de oxígeno de sol de electrónica
y cierro la puerta raudamente mientras pienso que deberíamos celebrar
que pronto
estas hojas no serán más que incomprensibles ruinas del lenguaje
saber que hasta hace no mucho el mar habitaba todas estas calles y que
ninguno de nosotros dos
vería con malos ojos si esto, súbitamente,
como un milagro, volviera a suceder.

El sentido... De otro lado, las trampas de reflejos...
Cualquier intento por transparentar, por "reflejar" en términos propios del lector, compromete la consistencia misma del texto original, lo sacrifica a un fin trunco desde el principio. Explicar, sobra. Deriva siempre en ejercicio de pedagogía, estéril, revelador más bien de pedantería y/o demagogia...
Para procurar un aprendizaje  auténtica apropiación  mejor llamar la atención sobre determinados puntos, planos y ángulos, claves, además, para la propia intertextualidad. Proponer una reconfiguración del diálogo: – las luces del propio lector, cuanto sabe de antes, es capaz de percibir, deducir y al cabo cuestionar, multiplicándose – del objeto original al referente, y viceversa, pasando por todos los demás referentes posibles, citados, aludidos o libremente vinculados, por las más remotas causas...

El discurso en una obra en ciernes se va creando. Las inquietudes, las lecturas, todo lo que se aprehenda va creando un discurso, que no es cerrado, que va creciendo y mutando.



Decíamos de luces. Qué hay de las propias, conscientes, de las que, por otra parte, te has apropiado...

Jonas Mekas con “Reminiscencias de un viaje a Lituania”.
Hasta hace poco, cuando vivía en Barcelona, visitaba con mucha frecuencia el Museo de Tapiés; es genial.
También Ai Wei Wei, Eielson, Ezra Pound, Caravaggio, Amelia Roselli, Blanca Varela.
Se pueden decir muchos nombres la verdad; siempre queda algo de las personas que te impactan, sean artistas o no, y eso de alguna manera se ve reflejado en el propio quehacer: El día a día, o si uno decide volcarlo a un artefacto artístico...

Está, no obstante, la intención propia, o la consciencia de un rumbo quizá predeterminado, que conecta una obra con otras...

Siempre se lleva el mensaje de los antepasados a los descendientes. Es un constante diálogo. Claro, uno lleva el mensaje pero le suma lo aprendido. Me hace recordar a ese juego de teléfono malogrado, pero siempre ha parecido genial; no precisamente cuando se distorsiona el mensaje, sino cuando este se hace más rico, cuando el significado crece.

Las posibilidades...
Surgen de pronto, algunas certezas. No andamos solos...

Interesante. Hace poco pensaba en la extraña familiaridad que sentía con varios libros de poetas peruanos, por ejemplo con Álbum de familia, Habitación en Roma, Abolición de la muerte o Contra natura. Lo que sentía no era necesariamente un diálogo o una influencia poética, sino una familiaridad en el sentido genealógico. Podríamos hablar de un ADN común que te da el mismo rasgo de ojos o los mismos gestos de tu abuelo, aunque nunca hayas conocido a tu abuelo. Lo mismo pasa con los poetas peruanos. Me sonaba interesante, aunque difícil de sustentar.

Lo más particular...:
Decíamos en un principio, – fe. Trascender a través  de la aceptación, la brega de la propia lucidez, por comprender y entender. El lenguaje como recurso, materia que aproxima al silencio – que importa y constituye en sí mismo la distancia última.
Cuestionas el afán por ver en él más... La fe importa también la encarnación de uno mismo en voluntad a través del desprendimiento: del oficio resulta, en el mejor de los casos, una puerta que funcione por sí sola. Obra como sustantivo, y verbo.
La idea de un mensaje embotellado implica espera, y una comprensión simple;  añoranza del rescate de las propias ideas. Esto difiere de la entrega. Esta conlleva un natural miedo.

Nada es lo suficientemente digno para malgastar las fuerzas de la juventud.
Y deambulamos, calle abajo,
entrando a la plaza por Calle del Amparo/
cada transeúnte lleva la partitura de su vida bajo el brazo.
Pero hoy ha terminado exitosamente la noche y
ruge la señal plateada de las rejas de los establecimientos/
los baguettes y las bicicletas suplantan las espadas y los caballos.
“Porque el dios de la poesía era de cristal y ha explotado en los
cielos sobre todas las cosas”
me dices, mientras
ves caer las últimas gotas de lluvia de la cornisa del teatro.
Pequeño pájaro dormido/ luz salvaje sobre los capiteles.
Ningún hecho, ninguna labor, es lo suficientemente digna para
malgastar la impecable fuerza de la  juventud,
quizás sí el amor procaz, la vagancia desmedida,
la transmigración del lenguaje a las cosas
del mar a las cosas
porque hoy la poesía es una labor doméstica
(amas de casa leen mientras hierven las verduras)
“tomas una bolsa plástica, la oprimes entre tus manos y la lanzas sobre la mesa;
observa cómo se expande”
como se expande el universo,
como se expande la mitocondria el fuego la raíz
el vuelo de los cormoranes en nuestro cuerpo.                          
¡Oh Saint Rene Quinton, veo el mar y veo mi casa!
Porque el corazón humano es 70% agua oceánica/
porque el corazón late y se expande sobre la mesa como se expande el  Universo,
como se expande el fuego entre las nubes
como se expanden los sueños humanos que son también 70% agua que
se evapora sobre nuestras cabezas/ ¡oh Saint Rene Quinton!
¿quién no ha imaginado alguna vez el sol brillando de noche,
en su estómago, mientras duerme?
¿quién no ha imaginado alguna vez que son sus palabras
soles incandescentes que brotan de su boca y caen
en tierra fértil hasta dar hermosos brotes de fuego?
Horrendo mundo el que te obliga a esconderte para llorar.
Horrenda angustia que aleteas como un pájaro dentro del corazón humano/
y seguimos, calle abajo, el vuelo mágico del polen sobre las cosas reales,
bandadas de turistas rodean y
disparan sus cámaras de fotos contra la estatua del poeta.
El amor es un animal onírico
que no sé si alguna vez, tú y yo, con todo el viento
                                               a nuestro favor, hemos podido presenciar.

Amparo. Miedo. Soledad.
En tus textos,  cuestionamiento... de la esperanza.

La fe recobrada en la palabra. La fe recobrada en la poesía escrita. Aceptando sus limitaciones. No le tengo fe a la palabra en sí, pero le tengo fe a un conjunto de palabras que hagan desaparecer el lenguaje y nos lleve a una secuencia infinita de sensaciones. A un estadio perfecto. Eso solo lo logra la poesía o la oración.

[
Trazos
paladar de la caverna
Bajo el sol, en la joroba
de la roca oriente
Y tanto después – de la figuración
por abstracción, al vacío silente
de la fibra que
llevó consigo el clan, que ora
y ahora –
el espíritu mismo
del pueblo, más:
humanidad

Es la herencia, un alma Una
– y el lenguaje cambia
como un mellado cuero de culebra
como la concha de lenguas del mar
por muda necesidad
La llama, entretanto, una y todas
tributa renaciendo a los muertos
primas voces
– afirma

Hoy la cueva es otra, y la misma
sus ecos
se escurren al diván, y la lengua
los dientes vierten del nervio
Uno
sangre tinta

Son los bárbaros, no cesan
Huellas de manos la tierra
del crimen la sangre y el vino
de Historia y el mito de aquel
que la encarne y acaso
se apiade del que escriba

Trazos
              la vida
– trazos, prisma de voces
el coro, la melodía
– el bramido
de uno solo Vientre cielo
a que responden de la fibra, la roca
paladar cada signo
Pues el rayo tinta de la musa
no desciende
Hace contacto
e ilumina
                     ]



Diversidad en la comunicación. Uno se nutre de varias fuentes.

En mi caso, quisiera creer que del cine o la idea de las instalaciones efímeras. También tengo en mente a menudo el arte de la insatisfacción o el arte de los prestidigitadores. No se cuánto se puede luego trasvasar, porque como dije la palabra no es un instrumento tan maleable. Pero en la mente persisten estas ideas.

Acaso, devenir...

No lo sé, porque no estoy para nada seguro de lo que hago.

Aproximación...

Una constante y creciente decepción.

Dicho eso, Bruno...

El pez fue puesto sobre la mesa    robusto y contundente/
la madera, bajo el mantel, tiene aún el ímpetu de seguir creciendo.
Añoranza de la lluvia y el fango. Añoranza de las veredas levantadas
de las calles de Lima.
Pero del pez y de su vida sabemos poco.
Es su futuro el que nos interesa.
Es el cardumen que rememora        (su último sueño)
saliendo de su branquia derecha como una pompa de jabón de agua salada/
que al soplarla    explota sobre nuestros rostros
y nos trae la imagen vívida
de una antigua tormenta y de un antiguo naufragio.
Esperanza es echar el cordel por las rendijas de la alcantarilla
(y tener suerte de que nadie se estacione en esta plaza para discapacitados)
esperanza es lanzar el cordel desde el muelle norte y confiar
en que picarán las gaviotas   
que reflejan su vuelo    sobre este mar dormido.
Porque también si nosotros morimos tenemos el derecho de
conservar,
por un tiempo prudente,
nuestro último pensamiento.
Quisiera ponerles un ejemplo: si a Uds. al cruzar la pista los embiste
un auto rojo y venían pensando en una flor amarilla:
días después,
quizá ya bajo tierra, aparecerá entre sus manos una flor amarilla/
o si Uds. caen desplomados a la arena   
bajo un sol incesante y
en su cabeza cabalgaba un caballo sobre una verde pradera,
junto a Uds. aparecerá no solo el alma indómita del caballo
sino el alma y el perfume de la verde pradera.
Recuerdo haber visto a E. A. Westphalen con una merluza en la mano
en el mercado de San Bartolo.
Mi madre compró una docena de pejerreyes
que yo llevé, cruzando el parque de tierra, con el mayor
de los respetos.
Pero hoy te sientas a la mesa con un enorme cuchillo y cantas.
Los ojos del pez
son dos monedas acuosas que siempre caen en
contra nuestra,
y este amor tan sublime, continúo, y este amor tan sublime me turba,
luz del alma de los peces que secretamente nace desde
el cardumen
y se eleva para comunicarse con los pájaros/
luz del lecho marino que hace brillar el cuerpo volátil de los amantes.
Este amor tan sublime
que se desplaza entre el cuchillo que tomas
con una mano
y la cola plateada que levantas fuertemente con la otra.
Porque toda palabra, como todo pez, es un conjuro mágico
(solo representa la idea de la palabra)

si la repetimos con fe/ nace la plegaria/ o la poesía/

Va.


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