martes, 3 de enero de 2017

Realidad, ficción y testimonio – Líneas, ciclos: Diálogo con Juan José Rodinás

– Violencia. Vacíos, y frecuencias. Las calles  ecos, cien historias; unas cuantas nada más tientan – quizá sea posible: comprender las demás, si bien repartidas, a lo mejor...
Oído.
Rodinás, Juan José, marcha con energía..., tranquilo. Pasos como pauta de metrónomo, y no...
(mientras, es una melodía, provocadora, a la que me lleva la charla:

Pertenezco a varios universos,
pero claramente no a este.
Señorita realidad, le pido incluirme en su historia de límites
donde hay personas que me atacan a la hora precisa,
donde los árboles me atacan o me sobreprotegen
como a ese perro negro que cuenta las estrellas.
                                                                                             )


(Se me ocurre...:
Contemplación – que exige la poesía... – Ha de llevarnos, acaso, a la comprensión del aparente caos,  a asimilarnos a su pulso. A amparar cada cambio sin motivo evidente: los radicales y veloces, tanto como los aparentemente más lentos, todo a un solo aliento. También procurar sintonizar con el pulso cuya estela apenas percibe de tan lejos la ciencia, – y dialogar, sí, bien de cerca, con la propia consciencia que lucha por obviar el tiempo, y la que se proyecta a su modo, prediciendo, "profetizando", a veces, a través de eso que resulta fácil denominar Sci-Fi.)

Hay quienes – más sensibles. Y quienes, – susceptibles.
La prosa se enriquece, pero a menudo también, se ahoga al flujo... Lo tuyo va por otro lado..., pero...

No se puede escribir poesía sin violentar ciertas ideas sobre la poesía. Eliges un camino y rechazas los otros. Desde luego, ese camino más bien te elige a ti a través de tu propia biografía, de tus particularidades emocionales.

Música, y ruido. Discernimiento. El límite acaso importa una suerte de materia (o anti-materia) sin unidad: – silencio...

El silencio funciona cuando no es absoluto, igual que el sonido (o el ruido, según el caso). El silencio, como los blancos de la página, permite que las palabras puedan ser leídas. En lo que sí no creo es en la ponderación del silencio como algo numénico. Me parece que tanto el verbalismo como el silencio pueden expresar modulaciones y complejidades del ser humano.

Se puede – a través de ellos. Concordamos...
Eso de que puedan por sí mismos, verbalismo y silencio (léase entre líneas: desde la técnica que pretende comprender su natural funcionamiento y reproducirlo), en suerte de flujo, decir lo suyo..., me parece errado, – lamentable.
Escritura por la escritura, arte por el arte... Han sido tantos..., y siguen apareciendo... (!) – Más como explotar recursos en favor del ego, y apenas por posibilidades (oportunamente doradas de riesgo), como si hubieran podido dar con lo genial, agazapado al momento, en el inconsciente... Para luego, no obstante, atreverse incluso, mediumsvidentes, a explicar...
Vano... – Vanidad.

(¿No será que estoy muerto y que esto es un monólogo
desde una urna cineraria sueño?
Quizás en algún lado me espera mi silencio,
se propaga,
se presenta en flores, girasol, amarillísimas.

He sido este cuerpo que, lejos de defenderse,
me ataca. Enfermedad de tantas personalidades
donde las células se comen todo proyecto y destino.
Y canta un tango sideral, mi sueño,
un tango infinitesimal en ángulos de luz chorreada
que lentamente caen en una botella transparente.

Pertenezco a varios universos,
pero claramente no a este.
Señorita realidad...)

Dialogar...
Inevitable diferencia entre una voz y otra, aún cuando cada cual pretenda fidelidad, próxima en lo posible a lo más elemental, tentando esencias, y por ende, lo más universal. La luz de la realidad, el sueño – la experiencia, se deforma, paso a través de ese cúmulo, fenómeno bullente del individuo– abre al cabo, con mayor o menor efectividad, una vía distinta para penetrar de nuevo en cada cuestión, cambiado el ángulo. Así enriquece.

No estoy seguro de creer en esa especie de sujeto unitario que se identifica con los avatares de su biografía. Sin embargo, sí creo en una especie de biografía emocional y simbólica susceptible de atravesar el lenguaje. De la singularidad de ese atravesamiento creo que surge la singularidad de la obra artística.

(Recuerdo Happiness Final:

¿Quién soy? Este aburrimiento paranoide escribe
como la casa de un hombre escribe que falló en construir lo hermoso.
Una casa enroscada sobre un centro de alambre
donde una hormiga tiene pesadillas con transformarse en la mano
que la destruye & que ahora la destruye (y así la entiende).
Esto de soñar en destruirse, como una cometa
en un verano que las nubes árticas propagan,
es semejante al perro canceroso que sueña habitar un hospital de flores
donde toda la hierba ejerce resistencia contra el cielo abierto.
Imagen a considerar para los que, fracasando
en todo con igual precisión, sabemos que el lápiz, al sacarle punta,
gira en los dos sentidos al mismo tiempo.
En la mesa, los hombres cavilan & piensan:
todo está bien, recicla, esto va a aguantar. Aguanta, recicla,
la apocalipsis de una taza de té sobre la mesa
revela nuestra posición como objeto en la escena.
Pongo mi noche en la cabeza y un sueño despierta en la aguja
que usan los niños para pincharse y sentir la ondulación del mundo,
una estaca en la planicie & los cactos girando
lejos del lenguaje del dinero y la muerte,
como un computadora portátil encendida en el desierto.
Las reglas del mundo son que el tiempo pase
hasta que la muerte ocurra y podamos dialogar
con nuestros sueños que, en realidad, nunca fueron
ni realidad, ni asunto que valga la pena resumir con estilo.
Mejor no tener nada en el rostro, nada que nos haga reconocibles
ante la marcha del soldado nazi sobre las avenidas del páramo.
Sin embargo, no hay nada que tenga el color de los batallones errantes
que ahora cierran la puerta y empiezan su verdadera vida.
El final es apenas el comienzo de lo que no existe.
                                                                                                )



[   Es que anoche tuve un sueño; estábamos a la mesa
– lejos: todos sin nombre, tan notable afecto

(tejedores de frases, acordes
Acariciaban algunos su frágil género...)

Alzó las cejas – Madre:

Te complicas, alma chica
Acaso sí, esto sea mucho para ti, y convengas
por las buenas en hacer(te) margen
Ojos y nariz, apenas, – sordo
No más, – ni coros...

Diría, me conmueves, pero
es que de esto ya hemos platicado
Pásame la sal de tu lado de la mesa, y
deja de una vez de hacer bolas de miga
– esas arañas de extremidades bulbosas
no dan de comer a nadie, figurillas
Ni de juego No hay circo para ellas
No somos circo
– Nada   ]

Refractar  transformar, qué...

La poesía es realidad, ficción y testimonio. Depende en realidad de qué busque un posible lector en un poema. Un poema puede ser una completa invención, pero debe partir de algo que el autor haya sentido como verdadero. Es imposible –creo yo  hacer interesante para los demás algo que a uno mismo no le interesa. En ese mismo sentido, las cosas que más le interesan a uno son las más susceptibles de ser transfiguradas por uno mismo a través de la sensibilidad. Incluso aquellas que uno no ha vivido, pero ha soñado, sentido o creído fervorosamente.

Balance entre dejarse ir, la propia referencia involuntaria, y el desliz... va de reescritura, edición... – Ciclos, más que línea, quizá.

He pasado por períodos de cortar mucho, a otros de no cortar absolutamente nada. Hoy para mí lo ideal es cortar poco, lo suficiente.

Y queda...

Nada. Pero algunas cosas se tardarán más en desaparecer, eso sí.

Pensar en información, difusión... – Poesía (!)...

(La impresión de darme en la red –
Antenirvana joy. Segundo sueño. ¿Final?:

Ella corre por el pasillo y no mira.
Ella huye del asesino serial, del poeta serial, huye.
La muchacha sube a la terraza y dice:
ves esa casa, juanjo, allá está el cielo
y allá también estamos muertos.
Yo no veo la casa y estoy muerto, pero son palabras para elevar una casa y están muertas, pero
solo dije que ella podía volar ese día sin morir.
Las campanas del amanecer crujen como papel quemado.
Todo el papel quemado no alcanza
para trazar un círculo sobre el amanecer.
                                                                                   )

Rol de los nuevos espacios...
Qué ves...

La existencia de un poeta en la vida social solo puede corroborarse en los libros que ha publicado y en la incidencia que sus libros han tenido en la evolución de una cierta tradición lírica. Desde luego, hay grandes poetas escasamente difundidos, pero incluso estos tendrán al menos unas pocas decenas de lectores apasionados. No existe un poema sin un lector que lo atesore. Internet ha creado una especie de disponibilidad perpetua para muchos poemas, pero eso no significa que estos sean leídos, aunque quizás sí tengan más oportunidades de serlo.


La calzada brilla helada, tatuados sus lados de encajes – sombras de los árboles. Se abre, y ciega.
Han sido noches de fiesta y ahora quizá siente mejor decir del oficio, a barrigas llenas, ánimos perezosos. Tienta, mientras andamos – como resaca... El humor.
Sigue el metrónomo, y siguen los ciclos...

2 comentarios:

  1. Hermoso diálogo. Decía Joseph Brodsky, ese autor que me invitaste a leer, Juan Pablo, “Después del último verso de un poema no hay nada, salvo la crítica literaria. Así pues, cuando leemos a un poeta, participamos en su muerte o en la muerte de sus obras.
    Una obra de arte está destinada siempre a sobrevivir a su creador. Parafraseando al filósofo, se podría decir que escribir poesía es también ejercitarse en morir."

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