domingo, 15 de enero de 2017

Los ciclos, la frontera: En torno a The Dark Hours, de Christopher Colville

Vuelta al origen*.
El vértigo importa certeza. Se trata de atender los cambios que generan nuevas eras, o ciclos.
El rumbo apropiado se intuye universalmente a la seria contemplación de todo fenómeno natural, especialmente de aquellos cuya escala obliga a desestimar la ilusión de control humano. Hasta los aparentemente más sencillos, cotidianos...
Tal aproximación importa siempre  violencia.
Christopher Colville, va de lo hondo, cuestión de sensibilidades primordiales.


The Dark Hours.
Muestra reveladora. Las cuestiones que importa la exposición a tales contrastes, o – su ilusión.



De tal suerte,  penetración en las causas y su comprensión.
Para nuestra tradición, la más cercana, digamos, – proceso de desprendimiento, a través de un sistema intelectivo lineal... El método científico, al amparo de la noción del tiempo como medida, en sucesión regular, dispone un camino bajo la misma forma, por pasos. Complejo, que se complica.
Bajo otro enfoque, el mismo retorno compromete un desprendimiento en múltiples planos, y el consecuente despertar a estos, a más y a su conexión, no precisamente a la vez, transversalmente, sino a través de múltiples dimensiones, en – elevación sucesiva. Plenitud.
En todo caso, surge de la sustancia, la esencia – que no es materia, ni verbo. Movimiento o más bien dinámica sustantiva. Pensemos, por ejemplo, en la... ilógica subatómica.


(Colville atisba desde una mezquita...)


Digresión...
Con el primer asesinato se confirma el fin de la era sin medida. Caín es condenado a marchar (atrás el aquí: lugar equivalente a tiempo), a trazar rumbo; se confirma la "necesidad" de la peregrinación – a por un bienestar que se asemeje al del Jardín y sus contornos, mundo ahora negado. El inicio de las edades del hombre.
Tormentoso.


Huellas de la sangre. La frontera como llaga viva.
Todo inicio de una civilización parte del exterminio de su precedente primitivo. Conquista. Cobrar posesión por celo de la gracia ajena. Abel.
La alusión es directa, la interpretación, lejos de la abierta arbitrariedad. Esta sucesión de fechas, el inicio de la documentación de genealogías, la determinación de una tierra como destino – y el mapa como emblema del progreso mismo, registrando las expansiones y nuevas rutas, persistiendo, no obstante, en la pertenencia del lugar de origen, entrañan buena dosis de la tragedia de los tiempos.


Pero – amanece en todos los horizontes... Aunque se trate del mismo fenómeno, un amanecer no es nunca el pasado ni el sucesivo, ni todos los amaneceres.
El Sol cae  ilusión. La flama que despliega el último halo corresponde en realidad al eje de nuestros días. Fuente de la claridad a que debemos cada descubrimiento.
La luna. La luna evoca fría la violencia. Poder que cautiva: revela la elección, el afán de posesión.
Aquí, – el viento, la neblina, el polvo, un verano que se eleva... Texturas de una frontera más allá del tiempo y del espacio, a través de tales dimensiones o – una vez más – su ilusión.


La ventana se abre, de la experiencia de Christopher, de que surge la muestra, según propio testimonio, a la experiencia que importa más allá de – la persona.
Su mensaje se proyecta, amanece
trasciende en la sombra, como el atardecer.


Acaso parezca, en general, que la mole se imponga siempre a costa de las vidas minúsculas. Que sea la oscuridad... o el resplandor. Ambos ciegan. 
Exponerse al límite, aceptar el desarrollo del fenómeno. Amparar piadosamente los afanes de medición como parte del artificio – por comprender y, consecuentemente, apenas ver elevarse la llama...
Hay un punto en que los campos se funden. Mas conviene reconocer: la oscuridad más intensa es la que resiste, y da consistencia, al primer rayo. En ningún caso  negación; de ello, la plenitud del espectáculo.


Christopher es sugestivo, y de qué forma, a través de esta reiterada frontera horizontal: evoca lo vasto y lo brutal bajo el signo de la sombra, hoyo del propio vértigo, y el rayo y los trazos con que toda fórmula se ve reducida a encaje vano, espuma volante, sin capacidad reflexiva, menos refractante, de la ola gruesa – de los verdaderos motivos de la danza de la era. Inexplicables, acaso, como más, susceptibles de descripción esmerada... Objetos de cuestión.


Con esta obra, va todavía más allá...
Pone en jaque, digamos, nuestra verticalidad... por posición en contraste, y por el trazo mismo de la línea posible – a la marcha, la misma que acaso desestima prematuramente tan siquiera de un primer paso: Adonde Christopher señala, el caos de la propia historia, en los ciclos mayores que nos devoran, paralizan.
He aquí una prueba de su éxito. Pero, ¿reduce al conquistador – a andante que será de todos modos absorbido por los ciclos? Más bien, le afirma – elemento de la violencia, y pregunta por el posible valor de su rol... al sentido trascendente de – su voluntad.


Narra tu aldea y serás universal, decía Tolstoi.
Un solo horizonte.
Qué regalo, esta muestra.
Cuántas posibilidades.
La sencillez con que el mismo Chris refiere su proceso de creación nos acerca a las maneras, pero revela tremendo el haz de su visión, a cuyo extremo, en la otra frontera, de este lado de cada cuadro, invitados – nos hallamos.


* Uno de los primeros textos de Anábasis fue dedicado a la obra de Christopher Colville, en general. Aparte la admiración por su propuesta, fue la relación, salvadas las distancias, con el enfoque para Liberación, motivo importante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario