domingo, 29 de enero de 2017

Distorsiones variables: Asomo al legado de Ricardo Piglia, sobre Borges, en diálogo con Victoria Viola

Llueve, arrecia y escampa sin dar paso al dorado – la luz.
Verano del sur determinado por la cordillera...

Este señor que nos enseñó a todos...
Ricardo se no fue luego de una larga enfermedad...
Tanta tristeza, porque hacía apenas unos días el enorme Andrés Rivera, también había fallecido.

(Victoria conoció a Piglia. Victoria Viola. En aulas. Siendo artista plástica.
Contemplo sus capturas. Espejos irregulares...
Como referir a una vida tentando sostener, al vaivén del viento, una suerte de reflejo. Y la consciencia que refiere a la visión directa de los fenómenos...)


En mi memoria, aparte los textos de él – especialmente sus ensayos –, las sesiones en televisión sobre Borges.
Interesante.
Muchas cuestiones, a partir de las muestras de tino; también por la ilusión de géneros fértiles donde surge palabra de la palabra...

Recuerdo la década del noventa, cuando compré La ciudad ausente. Me produjo tal angustia que tuve que abandonar el texto, para retomarlo más adelante con un nuevo coraje.
Con el tiempo supe de dónde venía esa angustia; habíamos vivido una de las más terribles dictaduras y la palabra ausencia me recordaba a los cuerpos desaparecidos. Es un texto asfixiante, difícil, que alude a lecturas previas, de Macedonio Fernández, Borges y Arlt, de una trama de conexiones ficcionales que sólo Piglia podía realizar.
Ese fue mi primer contacto. Luego vino Respiración ArtificialBlanco NocturnoPlata Quemada, su Antología Personal y el ensayo Las tres vanguardias.


Transtextualidad...
Y Piglia se ha movido entre dos corrientes, digamos, optando por una vía troncal acaso más conceptual, como él mismo diría, refiriéndose a la creación de Borges, y menos a partir de la realidad que de una serie de ideas sobre esta (a la que además pretendía invadir un tanto también con la propia ficción, en el afán de una conexión que arraigara e hiciera de la tragedia y la curiosidad – intemporales.


Ausencias, decías. Me parece que Piglia se ha servido más de dicho término para aludir a los mecanismos de su propia labor. Prudencia respecto de sus referentes...

No se puede desconocer las inscripciones de aquello que leemos. Es algo que reforzó en sus encuentros en la Facultad.
Piglia nos confronta con una literatura que, cuando se construye bajo al forma de novela es también ensayo: toda su literatura, anudada a la historia nacional, que es parte de su universo narrativo. Nos hace comprender que la matriz de la patria (otro gran relato) es lo que empuja la escritura.

Lo propio como materia capital. Pero una patria (cada cual para quien dice, así) no es – la patria, aún si esta realmente existe y su espectro no se esfuma precisamente a través de la universalidad del lenguaje, al margen de la lengua...
La suerte dictatorial, por otro lado, nos es común... Nuestro continente es pródigo en ejemplos,  adolescente...

Fue un profesor extraordinario, ha insistido hasta dejar bien claro la conformación de la red literaria con sus propias dispersiones y sus tensiones narrativas y políticas. Sus enseñanzas eran claras y apasionadas y en los encuentros siempre había gente joven, eso confirma que se podía pensar con él.


Concentrado en cuestionar, que equivale a invitar  exploración propia (medio para el aprendizaje); lejos de la pedagogía – de cátedra: pedantería de exposición. En efecto, comunicación sobre expresión.
Sin embargo, la elección del territorio propio entraña en su caso una contradicción de la que ciertamente surge mucho de lo bueno, como también, la fuerza tremenda de sus amarras...
Ilusión.

Un entendido en Borges. Nos enseñó las maneras de construcción de sus ficciones que son como cristales, de sus juegos de espejos, de lo descentrado, la multiplicación y de la invasión de la ficción sobre lo real. Piglia, como un artesano, desmonta las piezas y nos hace ver su interior, para que luego tratemos de abarcar el relato, que se nos escapa por ser semejante al infinito. ¿Acaso hay algo más parecido al infinito que las construcciones de Borges? Tal vez la red del ciber-espacio, pero sin el encanto de ser descubierta en un escalón de una casa señorial en Buenos Aires.


Piglia, precisamente a partir de sus lecciones. Una invitación...
Dijo Guilemonet, Borges nos ha ofrecido selectas manzanas del Árbol de la ciencia: la puerta estrecha que seduce, pero aparta, rumbo nada más para él, en la ilusión de una vía que no es tal, es punto (valioso, sí), que depende casi por completo de ese artificio...: la estética.
Borges fundó una abstracción. No como Canetti que, antes, en 1936, sí que se adelantó a la incomunicación en un mundo íntegramente comunicado. Auto de fe es ciertamente atemporal, y consistente como base por los argumentos que invita a elaborar – propios. La amplitud no implica profundidad: el infinito se abre también de este lado, digamos, simplemente, concreto.
Piglia pretendió una suerte de puente... hacia el lado del crítico Sábato...
Es que en Las vidas imaginarias de Schwob se aborda la naturaleza humana, además de las motivaciones más humanas de la cultura. Yoknapatawpha no estaba hecha de palabras y alusiones. Y Sobre héroes y tumbas y Abbadón, el exterminador, son novelas góticas más que filosóficas, que... muerden bien de realidad...
Piglia se arriesgó aún en el matiz del modo borgiano. Supo identificar el impulso entusiasta de sus contemporáneos, incluso como asomo de tentación...

Hay un capítulo dedicado a Saer en Las tres vanguardias. Personalmente admiro la escritura de Juan José Saer y siempre vuelvo a él. Pero me sucedió algo muy curioso, porque Piglia, al deconstruir sus relatos "señaló" mi lectura a medio camino. Llegué a sospechar que hacía referencia a otros libros y no a los que tengo en mi biblioteca, pero no, eran los mismos, pero el texto que yo había leído era otro. Así de lúcido era Piglia.

Con la ilusión. Valor de su provocación en el ensayo...


Piglia es Emilio Renzi su segundo nombre y el apellido de su madre , como es también, de alguna manera, Croce, el inspector policial de pueblo, empobrecido, cansado, que vive en un rancho prestado..., cuya agudeza le permite dilucidar y comprender las tramas apretadas de las historias policiales.
Ricardo Piglia / Emilio Renzi, al igual que su inspector, entendió el íntimo complot y los sutiles engarces de la literatura argentina a la cual pertenece...

Y que contribuyó a alimentar...


Hay espejos llanos, y quien busca reflejos se revela cobarde, siempre; – nada más de sí mismo y la realidad tal cual cree carente de novedades para sí. Es la cuna del arte por el arte, como si cada cual fuera fuente y referencia... , incluso a través de las citas... Banalidad.
Por otro lado, lejos de aquel divertimento, los prismas complejos de cuerpos de variadas densidades, que requieren tanto oficio. Refracción. Y quien advierte en la distorsión inconsciente y consciente a través del otro, como en la de uno mismo, la posibilidad de aprender; quien al afán de dar con "lo que no es posible decir", entrega cada afirmación suya como invitación al cuestionamiento, – hace obra. Ofrece en la comunicación – experiencia.
¿Y las lentes telescópicas? – Borges. – A medio camino entre ninguna parte: situaciones intelectuales magnificadas como campos de imaginación cultivada, y el conflicto privado jamás revelado: sensación y razonabilidad.


(La testa inclinada al frente, un aura que es otra cosa: ideas que hacen rizo cada una desde las lecturas, por ellas; breve melena de quien provoca la caza; el tono, interpelación, pero con tanto humor... Pasión, ¡que las ideas, desde la alusión y el eco no se nos vayan, sino cómo, si son nuestros los de los rastros y la escuela..., si pueden serlo; una tradición que se haría costumbre nada más sino se indaga!
Jóvenes, jóvenes, para esa energía; un propósito que compromete a ver, a los artistas, diversos: seguir, y a la vez, salir de la fuente...)

Llueve aún. Agua que varía – el efecto a la luz, del complejo vivo –, el cielo y los árboles...
Mundo  que dice a cada quien, de su propia tierra...
Piglia provocaba.


2 comentarios:

  1. Muy agradecida por esta oportunidad, Juan Pablo. Interesantísimo el dialogo aportando una mirada y reflexión mas sutil sobre la escritura de Piglia.

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    1. Un gusto grande, contar contigo, Victoria. Gracias.

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