viernes, 6 de enero de 2017

Delirio – la marea negra: Sobre el videoclip de XXVI Crimes of love, de Huoratron

Enormidad. La energía que mantiene los ciclos en marcha..., y la idea de una voluntad, detrás.
La provocación – respuesta – de encontrar a nuestra escala la misma gama de fenómenos..., nada más por empatar voluntades... A propósito de esto se dice mucho en Teología: pecado. Pero abunda también la prédica de otras ciencias, si no en el caso de todas, con términos más claros. Evolución. – Declaraciones, advertencias de lo que afecta en calma, sin alardes, a nuestro sentido común...
Huoratron apuesta por el impacto... Mundo – cuerpo – Voluntad – deseo – Fertilidad – enfermedad por desboque... – cáncer, como signo, uno de tantos...
Es más complejo...
– Vamos...

(Nota mínima: Escasean introducciones así, de título, tan eficaces como... amenaza.)




Los cambios hondos: – por cataclismo, o – por acción continua. Se antoja al ojo adolescente: persistente (?). Siempre, esa fuerza que adolece porque pretende negar, lucha y se desangra.
Empatar, nuevamente, eras con las llamadas etapas de la vida, lo breve. – Pretensión por envidia (!). Sí. Y es que este impulso difiere del de ambición sola, porque implica sufrimiento debido a que el otro posee lo que uno quiere solo para sí, o, peor aún, porque le hace desear lo ajeno, simplemente porque el otro lo tiene. Todo ello lleva a buscar arrebatar o a hacer remedo.
Menudo cuadro del ímpetu que niega su mortalidad porque la sabe invencible...:
– Confusión de amor con posesión, – de amar por retener el reflejo deseado eterno de uno mismo...
(Ahogo...)



A la mano, o mejor dicho, al alcance de la visión concentrada en dar remedio al padecimiento aquel, – la posibilidad: a través de plan, organización, ejecución y control. Gestar... La meta, hacerlo simple; así es el ímpetu: querer apropiarse del tiempo equivale a acortarlo, a extenderlo; pero qué adolescente posterga el placer (!)... – Abstracción en el paso que acerca...
Es tan acertado eso de quedar cegado...
Surge así la desproporción, lo monstruoso... (– Al cabo vamos de crímenes de amor...)



Es de notar: el cambio que por industriosidad somos capaces de producir se debe al cálculo: empeño de previsión. Adquirida esta habilidad, hecha la fórmula, resulta fácil caer en el engaño: como si la marca del reloj fuera de veras el tiempo y la fracción medida del ciclo, nuestro ritmo natural, semejante al de las olas, al del desplazamiento de las placas tectónicas , una órbita de asteroide.
Delirio...




Ese afán de adelantarse, no para sobrevivir (superada para esto, la necesidad básica, surgida la posibilidad del aburrimiento), por dominio, por poder acabar con lo que de otro modo, sabemos, podría acabarnos no a nosotros mismos, si no a la memoria que queremos dejar, da pie, primero a la reproducción...:
Aquí, por ejemplo,  no un bramido, una nota honda o un acorde pausado (¡mar, aún en tormenta,  arrebato sinfónico de lo siempre fértil!), sino siempre, rechinar, crujir y golpear de piezas ásperas: señal de haber quebrado el flujo indescifrable aún, sin horas ni años...
– Y va el compás, machacante...




Bajo la dirección de Perttu Saksa, con la colaboración de Aku Raski en la concepción, se pretende elevar el conjunto audiovisual a pesadilla luminosa. A través del compás, del ritmo y melodía que recuerda, y mucho, a los juegos de Gessafelstein*, se nos arrastra pronto al horror que aquel supuesto orden de sonidos – y la coreografía, generan: alta definición al servicio de tomas de apariencia sencilla: más bien, sofisticada brutalidad.
(A propósito del modo en que provoca la canción en sí: Engaña – presas al servicio, quienes ven en esta manifestación matemática simple de la continuidad, tal remedo de pulso, la fertilidad propia de los hombres, desde su mente... Proyección robótica...
Vieja pesadilla esta, por otra parte... De la leyenda de los gólem, pasando por la creación del Doctor Frank E., a la supuesta realidad del futuro en la sofisticada e infantil Matrix...)
Todo conjuga. Aquí, – ataduras, – símbolo elocuente.




Mecanismos del arte...
Vértigo de la consciencia – en un giro... Rotación en una toma para romper con la secuencia. Contundente. A través, además, de los elementos enfocados.
Curioso. El agua...,  mineral. Es probable que este elemento, como bien sabemos ahora, haya venido incluso de otro sistema solar; no hubo robot que pensara en procurarnos caricias sensuales con la colisión de su arribo.
(!)
Completa su sentido carnal, la atadura. Revela en sino la amenaza: cuando una fuerza de ciclos invencible, es liberada  sobre nosotros, cuando su fuerza desborda nuestros ingenios: capaz de lavarnos, también nos desolla, nos degarra.
Sangre para enfrentarla: No hay término de comparación, y sin embargo,  la misma esencia...
Pero, ojo: Primero. La sangre sería también sacrificio; y segundo .– Esta no es sangre...
Un verso tan distante, asoma (– exceso, seguramente...):

Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y en la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos...




Inundación... bloqueo de las vías, colapsan los órganos, lo vivo que sí gesta...
Nada de esto altera los estallidos contra las rocas, los lapsos así marcados; nada – esa cuenta de los crímenes de amor;
– al sueño que no es sueño.. o (en este sentido también) – sí, el verdadero...



* Refiere a entrada anterior: De brillante relojería – y terror: Sobre el videoclip de Pursuit, de Gesaffelstein
** Fuga de muerte, de Paul Celan. Traducción de Jesús Munárriz, para Hiperión

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