lunes, 2 de enero de 2017

Conflicto, obstinación – y ofrenda: (Impertinentes digresiones, quizá) sobre la obra de Nicolas de Stäel

Objetividad, subjetividad. Una y otra, – propuestas de visión; en el primero caso, más de paso por la plena consciencia en aplicación de la técnica, enlazada con la mayor fidelidad posible a la percepción comparable, afín al otro, pretendidamente más universal; en el segundo, de un control relativo del impulso sub e inconsciente, a por una revelación consistente – en lo desconocido, digamos, por influjo a toma de rasgos esenciales del objeto.
Ponemos en cuestión los modos en que de la natural percepción, individual, se llega a la aproximación de un significado – de misterio transmisible.
Está por otro lado, la categorización entre objetividad y no-objetividad, aberrante.
La vocación, consiste en hace camino por – una voz, vocatio...
Nicolas de Staël, fue  Ejemplo...


Complejidad, en vez de complicación. Sencillez, en lugar de simpleza. Cada primera categoría arriesga perderse en su par. La clave del balance se produce a través de una aceptación dificultosa, salvo contadas excepciones – de percepciones iluminadas, luego luminosas. Implica aceptación del propio talento, que compromete a su vez, reconocimiento de los modos de la visión con que se abre, liberadora (!), la disposición a inquietar, perturbar, desde la habitual identificación de los entes, la comprensión de los fenómenos, así como desde la interpretación que estas acarrean.
Ante la escasa la ductibilidad de los argumentos, de sensibilidad a sensibilidad, para lo que de veras importa (motivo por el que a menudo resulta indispensable tropezar y llagar las propias rodillas para evitar después el mismo paso), – la robustez del talento, que empuja, a veces por la vía del accidente a las cuestiones hondas, y requiere adiestramiento.



Aquí, el Barón Nicolaï Vladimirovitch Staël Von Holstein. Exiliado. Meses antes de que cumpliera los cuatro años, – la revolución rusa, y el fin de tanto...
Aquí, su espeso impasto. Con el que se obstina en lienzos y, a la falta de medios, sábanas; con el que continúa al margen de la memoria de su pareja, muerta en dicha escasez. Con la que asombra y en consecuencia conecta a la vida violentamente, él, tras su paso, también, por la Légion Étrangère.
Ataque al plano y evocación en él, de una suerte de juicio fundamental: – Frágil, mil veces, la realidad (compleja, multidimensional) – si confundimos la majestuosa indiferencia de los grandes ciclos, si obviamos las diferencias con nuestra escala, y caemos en afectación de una presunta propiedad de minutos, de horas, – y artesanías, trofeos y más, heredades... como derecho...


Más de mil quinientos cuadros en catorce años. Por supuesto, hay de lo que más suma por cuestionar hondo, y de lo que menos, por menos.
Mas en todos los casos, – espeso impasto. Intensidad. Una marca clara. Como si se tratara también de aferrarse a la materia a que daba origen desde sí mismo, o mejor dicho – si bien apartando un poco el tormento , a través de sí.
Hacer una patria...
Ámbito, gente. – Espíritu. Vida...


Bien, pero he dicho tormento; esto equivale, por supuesto, a sufrimiento por negación...
Fijémonos en eso de objetividad y no-objetividad; luego en figuración y abstracción:
– En la primera relación, – afán por revelar el sentido de la cuestión que entraña la propia realidad representada, versus negación alucinada, juego estético como vía que, ciertamente, abre la posibilidad a dar quizá con alguna cuestión interesante.
Y en estos cuadros – tenaz uso de la brocha y la paleta – por afirmar, enfrentando la duda, multiplicándola (!): por cuanto comprender y cuanto representar...
– En la segunda, – cuestionar a partir de la esencia o la alusión del objeto representado, versus prescindir de toda figuración, acaso en una suerte de vuelo libre, obviando, evadiendo y tomando rumbo contrario a las referencias que aproximan o evocan la realidad preconcebida.
Y en estos cuadros, tenaz uso de la brocha y la paleta – por afirmar de algo – propio, imposible sino a través de la consciencia de su carencia.
Emerge una potencia nueva: la del conflicto por todo o nada...



En la configuración de la imagen, que tanto debe a la influencia de los maestros holandeses, a varios contemporáneos, a la poesía de Char, su amigo, Nicolas tienta la lucha en una afirmación de afecto, posesión, de elementos que, sin embargo, delatan siempre, precisamente por lo último, por la violencia inocente del trazo, temor a la pérdida.
Candor que vence, sí, aunque en otro plano, por consistencia de la forma y carga del color, al potencial, inevitable desgarramiento...
A lo suyo, al modo, le llamaron tachismo... Término simple.
Vemos llama en el color, al que sigue un silencio que abruma de ecos. Pintura también – como un disparo.



Hay más. Una emotividad que se desplaza una y otra vez de adentro afuera del lienzo... Todo o nada: entre los rasgos que entraña el conocimiento afectuoso, pleno, y la prisa, el desespero del amante que, no obstante, ha sabido besar de inmediato, el alma de su objeto; entre la persistencia y la resignación, la lucha por aceptar, así como los dones con que cuestionan los cuadros, la imposibilidad de lograr más... y nada más, – sí... (!)
De Stäel logra una conciliación a través del diálogo con la tradición, nutriéndose de lo contemporáneo, moviéndose de lo programático al jazz, por ejemplo, con todas las artes a su disposición, tentando la esencia misma, entre pasado y presente, en pos de  perduración; es decir, no-tiempo, quizá. Felizmente, logró eternidad...



Apuntalar una patria que ni de allá ni aquí, sino de anhelo – universal. Le fue imposible evitar, no obstante, la vía dolorosa emprendida tras la conciencia – ruptura de la concepción del tiempo en ciclos, amparador, por la concepción lineal, propia de occidente, derivada – machaco – de la entrega al fruto del Árbol de la ciencia...


Entrega por sacrificio...
De modo que en determinado momento fue demasiado para Nicolas y la ecuación, con un cambio de signo, se deshizo y le deshizo...
Lejos ya de la pobreza, con un estudio amplio, el autor multiplicó su "producción", se elevó, además, a través, seguramente, de la plenitud, – equilibrio entre pretensión tornada en propósito y obtención de un goce pacificador, a partir del desprendimiento... pero cabe suponer que con el mejoramiento de las condiciones que le acercaban cada vez más a símiles de sus reales deseos, se suscitara por fuerza, en su interior, el agrio padecer del desengaño...


Tragedia, – humanidad...: Solo se desea lo que no se posee... Y se pretende despreciar lo que no da la talla a la visión del propio amor...: La caída, por mezquindad...: medir implica sacrificio, no entrega.
– Fue el suicidio, y una obra incompleta... Un concierto...
En su lugar, con la tentación de imaginar la posibilidad, tristes ecos...
Un ejemplo... Sin reducir nunca, – va de aprendizaje.


2 comentarios:

  1. Maravilloso texto, sobre la personalidad y la obra de un artista que admiro. Gracias, Juan Pablo Torres Muñiz.

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