domingo, 22 de enero de 2017

A través de la bruma, el camino: Diálogo con Arim Almuelle

Kilómetros, millas; estaciones, años. Una suerte de silencio. Violenta, la lucha, por dentro.
Viajes por medio, y recorridos distintos también, de preguntas y preguntas. Los ojos devoraban lo suyo, y una visión distinta, lejos de la simple representación, cobraba cuerpo. Digamos, colgándonos de la ambigüedad de términos técnicos,  en efecto, se revelaba..., se producía...
Al cabo, coincidencias a propósito: cuestiones para compartir...
Arim Almuelle. Andar de zancadas largas; llamas en los ojos.
La voz grave y las maneras amables, son parte. Clave.
Aquí y allá vitrales, artesanía de la que sabe... Por medio, mucho humo de cigarrillo... (Que evoca otras brumas, por cierto...)


A través, la insinuación; más que eso...

Son características, digamos. Lo que uno pretende con la imagen.
Lo subjetivo del proceso del que surge, tal como la ves. La polisemia; las posibilidades: la libertad de interpretación, abierta a tantas maneras. Y también está lo trascendente. Más bien, la transformación de la conciencia.
Muy fuerte todo esto. Pero creo que de eso se trata. Uno lo reconoce cuando lo ve. Sabe.
Se impone.


En tal sentido, vuelvo a la muestra del Valle del Colca y me digo ¡bien, pero para mí la fotografía, el arte, es además otra cosa...!




De cómo es que la luz, la misma que revela el objeto y el fenómeno que podrían estar mirando otros simplemente, genera a través del autor (en este acaso, tú), por la percepción que le es propia y las condiciones que determinan su momento (físicas, biológicas, neuronales); por su entendimiento, también, su conocimiento e intuición, una imagen distinta.
Al cabo, se ofrece de vuelta un nuevo objeto que es a la vez instrumento. Obra.


En la distorsión de la realidad, que cómodamente consideramos única y presente, y que acaso asumimos igualmente clara para el otro, – la posibilidad del diálogo...

Es que se trata también de una realidad abierta, según uno aprenda a ver de otros modos.
Sabemos que hay caminos, hay formas que nos ayudan en estos procesos... Encontrarse... Se trata de eso. Despertar.
El contacto con el otro, con el otro que ha aprendido y sabe. Cuando de pronto uno se aproxima de veras a una nueva perspectiva, sale un tanto de sí mismo y entonces ve de nuevo... Es todo un mundo.
¿Cuánto hay que no vemos, que no podemos ver así simplemente?




(Aprender...)
Rumbos...

Era pequeño todavía. Ocho años... En un viaje me enamoré de una cámara. Entonces no pude tenerla. Y creo que esta imposibilidad fue de lo mejor que me pudo ocurrir. El tiempo que siguió me lo pasé imaginando qué fotografías haría cuando tuviera la máquina conmigo...
Alucinaba...
De modo que para cuando pude comprármela  porque sí, regresé por esa misma cámara con lo que gané de un trabajo , tenía en mente un conjunto de imágenes propias.
El estilo propio. La visión, surgió así, al margen. Y de un modo bien específico.





Elocuente.
Visión de aquel que libre, toma, aún en el marco de una misión específica, lo que de veras le importa. La cantidad, como medida sometida a las cualidades de la elección...
De ello,  calidad. Otro asunto interesante...
(De todos modos, no faltará el idiota que reclame que no ve andenes ni más de los cerros en este Colca, plegándose al límite de sus entendederas...)


Valor de la diferencia...

Ya con veinte años, una vez, experimentando – entonces me pasaba noche tras noche en vela, probando, experimentado, logré una fotografía para mí, importante. Cuando la vi impresa, la única palabra que se me asomó para describir de cierta forma qué había logrado con ella, eso a lo que me aproximé, fue el misterio...


Tentar un lenguaje para la cuestión...

La oportunidad de dar otro paso... Hay artistas que lo hacen.
¿Recuerdas, cuando vimos las fotografías de Musuk Nolte? ¡Qué cosa tremenda! Uno sale... transformado...
Ventanas, puertas. Son eso. Esos cuadros..., de los grandes.
A través de la mirada del otro, que te cuestiona, que te enfrenta a asuntos hondos, de los que a menudo obviamos, uno pasa a otro plano, se abre. Por ejemplo, si de un lienzo se trata, penetramos en él, y nos sacude, nos rompe – hablamos de la consciencia –, y salimos de él, volvemos a la realidad, afuera del lienzo, transformados. De eso se trata.

(Arim mueve las manos, traza pentagramas, conmovido  dedos como ramas de un árbol elástico que de tal forma desgarra el espacio y ofrece su recuerdo de cada imagen, cercano, vivo a través de la voz, como invitando también a verter en esa llaga delante de su pecho, las propias preguntas, las de uno mismo ante los cuadros que, pareciera, es capaz de ver allí mismo...)




El tormento, decías... Interesante...
Sí, quien se encuentra deja de preguntar. Es él mismo, se eleva.
El proceso, paso a paso... Y la posibilidad de abrirse de pronto a otro plano.

La muestra va de eso también... Conocimiento...

Considero, de hecho, que el arte viene de otra parte. Que es como de otro mundo, uno amplio en que es posible ver íntegramente, y a través. Revela.
Esas puertas, ventanas que son capaces de abrir ciertos artistas, se abren en realidad a otro ámbito, uno al que tenemos acceso por sensibilidad, más allá de la lógica.
El hombre siempre lo ha sabido.



Propones una mirada al margen del tiempo, recordando cuanto alcanzaron a vislumbrar otras culturas hace ya siglos. Saber vigente hoy, confirmado cada vez por la ciencia, más formal para establecer fechas, hallazgo por hallazgo...

No deja de sorprenderme. Es lo mismo... Y uno lo ve: plantea una vez tras otra, que en efecto, hay más. Lo que da gran valor a nuestras preguntas.
Ofrecemos esa mirada propia que concentra enigmas duros, ásperos, dolorosos, cada quien...
Las imágenes más íntimas todavía no he podido realizarlas...
Lo siento como algo pendiente. No es sencillo.
Y debo seguir viajando...



Están quienes piensan que la fotografía consiste por excelencia en la captura del momento, que en esa especie de atención está todo...
Pero cómo es posible que se dé en cualquiera otro arte la fabulación y no en la fotografía... Si los símbolos que creamos surgen de la realidad, pero van más allá de esta. Si la visión a través de la que se interpreta y el ámbito de las propias preguntas, en efecto, proviene por intuición quizá, de otra parte...

Y se realiza en el límite... Se completa en el diálogo.

Transformación de la consciencia...




El arco se tiende a ambos lados del límite (en este se encuentra propiamente la sustancia con la que, por oficio, se tiende, provoca, la comunicación: forma, color, volumen, vibración, dinámica, signo, palabra...). Dentro y fuera de la obra, tales medidas se convierten en nuevas referencias, absorbidas como elementos para la interpretación. En el fondo, bien sabemos, los temas apenas varían.
La visión del autor, – a lo largo del arco completo. – Entrega de su visión, cada vez, de sí mismo. Vocación... Todo él...
Como dice Svetlana Alexiévich, respecto de qué importa: El espacio que ocupa un solo ser humano, uno solo... Porque, en verdad, es ahí donde ocurre todo.


Cada quien, una puerta.
Un universo.


Adónde...
– Y seguimos cuestionando.
Valle fértil...


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