domingo, 29 de enero de 2017

Distorsiones variables: Asomo al legado de Ricardo Piglia, sobre Borges, en diálogo con Victoria Viola

Llueve, arrecia y escampa sin dar paso al dorado – la luz.
Verano del sur determinado por la cordillera...

Este señor que nos enseñó a todos...
Ricardo se no fue luego de una larga enfermedad...
Tanta tristeza, porque hacía apenas unos días el enorme Andrés Rivera, también había fallecido.

(Victoria conoció a Piglia. Victoria Viola. En aulas. Siendo artista plástica.
Contemplo sus capturas. Espejos irregulares...
Como referir a una vida tentando sostener, al vaivén del viento, una suerte de reflejo. Y la consciencia que refiere a la visión directa de los fenómenos...)


En mi memoria, aparte los textos de él – especialmente sus ensayos –, las sesiones en televisión sobre Borges.
Interesante.
Muchas cuestiones, a partir de las muestras de tino; también por la ilusión de géneros fértiles donde surge palabra de la palabra...

Recuerdo la década del noventa, cuando compré La ciudad ausente. Me produjo tal angustia que tuve que abandonar el texto, para retomarlo más adelante con un nuevo coraje.
Con el tiempo supe de dónde venía esa angustia; habíamos vivido una de las más terribles dictaduras y la palabra ausencia me recordaba a los cuerpos desaparecidos. Es un texto asfixiante, difícil, que alude a lecturas previas, de Macedonio Fernández, Borges y Arlt, de una trama de conexiones ficcionales que sólo Piglia podía realizar.
Ese fue mi primer contacto. Luego vino Respiración ArtificialBlanco NocturnoPlata Quemada, su Antología Personal y el ensayo Las tres vanguardias.


Transtextualidad...
Y Piglia se ha movido entre dos corrientes, digamos, optando por una vía troncal acaso más conceptual, como él mismo diría, refiriéndose a la creación de Borges, y menos a partir de la realidad que de una serie de ideas sobre esta (a la que además pretendía invadir un tanto también con la propia ficción, en el afán de una conexión que arraigara e hiciera de la tragedia y la curiosidad – intemporales.


Ausencias, decías. Me parece que Piglia se ha servido más de dicho término para aludir a los mecanismos de su propia labor. Prudencia respecto de sus referentes...

No se puede desconocer las inscripciones de aquello que leemos. Es algo que reforzó en sus encuentros en la Facultad.
Piglia nos confronta con una literatura que, cuando se construye bajo al forma de novela es también ensayo: toda su literatura, anudada a la historia nacional, que es parte de su universo narrativo. Nos hace comprender que la matriz de la patria (otro gran relato) es lo que empuja la escritura.

Lo propio como materia capital. Pero una patria (cada cual para quien dice, así) no es – la patria, aún si esta realmente existe y su espectro no se esfuma precisamente a través de la universalidad del lenguaje, al margen de la lengua...
La suerte dictatorial, por otro lado, nos es común... Nuestro continente es pródigo en ejemplos,  adolescente...

Fue un profesor extraordinario, ha insistido hasta dejar bien claro la conformación de la red literaria con sus propias dispersiones y sus tensiones narrativas y políticas. Sus enseñanzas eran claras y apasionadas y en los encuentros siempre había gente joven, eso confirma que se podía pensar con él.


Concentrado en cuestionar, que equivale a invitar  exploración propia (medio para el aprendizaje); lejos de la pedagogía – de cátedra: pedantería de exposición. En efecto, comunicación sobre expresión.
Sin embargo, la elección del territorio propio entraña en su caso una contradicción de la que ciertamente surge mucho de lo bueno, como también, la fuerza tremenda de sus amarras...
Ilusión.

Un entendido en Borges. Nos enseñó las maneras de construcción de sus ficciones que son como cristales, de sus juegos de espejos, de lo descentrado, la multiplicación y de la invasión de la ficción sobre lo real. Piglia, como un artesano, desmonta las piezas y nos hace ver su interior, para que luego tratemos de abarcar el relato, que se nos escapa por ser semejante al infinito. ¿Acaso hay algo más parecido al infinito que las construcciones de Borges? Tal vez la red del ciber-espacio, pero sin el encanto de ser descubierta en un escalón de una casa señorial en Buenos Aires.


Piglia, precisamente a partir de sus lecciones. Una invitación...
Dijo Guilemonet, Borges nos ha ofrecido selectas manzanas del Árbol de la ciencia: la puerta estrecha que seduce, pero aparta, rumbo nada más para él, en la ilusión de una vía que no es tal, es punto (valioso, sí), que depende casi por completo de ese artificio...: la estética.
Borges fundó una abstracción. No como Canetti que, antes, en 1936, sí que se adelantó a la incomunicación en un mundo íntegramente comunicado. Auto de fe es ciertamente atemporal, y consistente como base por los argumentos que invita a elaborar – propios. La amplitud no implica profundidad: el infinito se abre también de este lado, digamos, simplemente, concreto.
Piglia pretendió una suerte de puente... hacia el lado del crítico Sábato...
Es que en Las vidas imaginarias de Schwob se aborda la naturaleza humana, además de las motivaciones más humanas de la cultura. Yoknapatawpha no estaba hecha de palabras y alusiones. Y Sobre héroes y tumbas y Abbadón, el exterminador, son novelas góticas más que filosóficas, que... muerden bien de realidad...
Piglia se arriesgó aún en el matiz del modo borgiano. Supo identificar el impulso entusiasta de sus contemporáneos, incluso como asomo de tentación...

Hay un capítulo dedicado a Saer en Las tres vanguardias. Personalmente admiro la escritura de Juan José Saer y siempre vuelvo a él. Pero me sucedió algo muy curioso, porque Piglia, al deconstruir sus relatos "señaló" mi lectura a medio camino. Llegué a sospechar que hacía referencia a otros libros y no a los que tengo en mi biblioteca, pero no, eran los mismos, pero el texto que yo había leído era otro. Así de lúcido era Piglia.

Con la ilusión. Valor de su provocación en el ensayo...


Piglia es Emilio Renzi su segundo nombre y el apellido de su madre , como es también, de alguna manera, Croce, el inspector policial de pueblo, empobrecido, cansado, que vive en un rancho prestado..., cuya agudeza le permite dilucidar y comprender las tramas apretadas de las historias policiales.
Ricardo Piglia / Emilio Renzi, al igual que su inspector, entendió el íntimo complot y los sutiles engarces de la literatura argentina a la cual pertenece...

Y que contribuyó a alimentar...


Hay espejos llanos, y quien busca reflejos se revela cobarde, siempre; – nada más de sí mismo y la realidad tal cual cree carente de novedades para sí. Es la cuna del arte por el arte, como si cada cual fuera fuente y referencia... , incluso a través de las citas... Banalidad.
Por otro lado, lejos de aquel divertimento, los prismas complejos de cuerpos de variadas densidades, que requieren tanto oficio. Refracción. Y quien advierte en la distorsión inconsciente y consciente a través del otro, como en la de uno mismo, la posibilidad de aprender; quien al afán de dar con "lo que no es posible decir", entrega cada afirmación suya como invitación al cuestionamiento, – hace obra. Ofrece en la comunicación – experiencia.
¿Y las lentes telescópicas? – Borges. – A medio camino entre ninguna parte: situaciones intelectuales magnificadas como campos de imaginación cultivada, y el conflicto privado jamás revelado: sensación y razonabilidad.


(La testa inclinada al frente, un aura que es otra cosa: ideas que hacen rizo cada una desde las lecturas, por ellas; breve melena de quien provoca la caza; el tono, interpelación, pero con tanto humor... Pasión, ¡que las ideas, desde la alusión y el eco no se nos vayan, sino cómo, si son nuestros los de los rastros y la escuela..., si pueden serlo; una tradición que se haría costumbre nada más sino se indaga!
Jóvenes, jóvenes, para esa energía; un propósito que compromete a ver, a los artistas, diversos: seguir, y a la vez, salir de la fuente...)

Llueve aún. Agua que varía – el efecto a la luz, del complejo vivo –, el cielo y los árboles...
Mundo  que dice a cada quien, de su propia tierra...
Piglia provocaba.


jueves, 26 de enero de 2017

Aventurar de rumbos, y el instinto: Sobre la obra de Carlos Musso, en diálogo con Beatriz Oggero y él mismo

El rol de la voluntad...
Está también la aceptación, la reducción del margen consciente, la contención del afán de control que obvia signos convencionales y definiciones. El pulso al servicio de lo que uno es capaz de reconocer, eso sí, como voz que no ha cuajado aún en lenguaje, y no obstante, apenas asoma, cuestiona siempre.
(Fue Beatriz quien me mostró la pintura de Carlos Musso.
Agradecerle entre estas mismas imágenes, explorando de nuevo...)


Pensar. Rol de la voluntad, y la consciencia. Por ejemplo, escribir y con ello terminar de pensar: componer las ideas de modo transmisible, bajo una forma que pueda separarse del proceso mismo que le dio a luz, dispuesto a recuerdo, evaluación y mejoramiento, o reemplazo.
Con la pintura, lo propio, pero a través de un código más particular, a pesar de que un cuadro, digamos, disponga de formas, figuras o directamente, imágenes completas harto conocidas de antes, como elementos de la composición...

No en balde, Carlos se interesó de joven también por la antropología.
Dice que su búsqueda va por dentro de la figura humana, y no por lo exterior.
Un lenguaje. Lo enmarañado así como todo ese repertorio de texturas. Salpicaduras, accidentes y fondos, aparentemente en estado crudo... Grumos, empastes, a veces logrados con la pintura volcada desde el pomo sobre la tela.
Diría que hay improvisación y espontaneidad..., pero...


Afirma en el lienzo; incluso... interpela.
El vacío, antes de la intervención de Carlos equivale a silencio. Su lenguaje – trazo. Funciona como buen ejemplo del abstracto significativo, en general: invita a pensar en la configuración de algo más allá, atacando, digamos un punto sensible, y como tal, cercano. Penetra.
Con la anulación de la razón bajo los códigos convencionales, en apelación a un saber acaso no equiparable a cultura, en cambio sí, calificable de clave primordial, por instinto, logra, a través del balance, armonía y singular uso de contrastes de color, textura y forma, seducir.

Pienso en esas series suyas estupendas, en las que la sexualidad es tan importante (razón por la cual le negaron el Premio Paul Cézanne en su primera edición, hace muchos años)...

Lo que recuerda un tanto eso de Vargas Llosa a propósito de las obras de Fernando de Szyslo: como que todos los cuadros abstractos son un tanto obscenos...
Un destino del lenguaje – punto de partida.

Creo estar cerca de lograr estos propósitos cuando, dejando fluir la pintura sobre el lienzo y sin tema a priori, me invade un presentimiento, intuyo uno posible y a partir de ese momento comienza un diálogo silencioso que solo prospera si no le impongo ideas prefabricadas...

Sin represión. Se atreve.

Y es que no es de lo más común poder usar ese término así de bien, para la contemplación de la obra: una aventura.
Una aventura que comenzó hace más de 35 años... Y no alcanzo a ver repeticiones...




Su pintura me resulta muy intensa. Tiene mucho que ver la libertad con que echa mano de todo tipo de materiales...: óleo, barniz, novopren, elementos quemados, aguarrás, grafito, marcadores, rotuladores, pinceles de diversos tamaños. Emplea pintura directa del pomo, recurre a colores transparentes y a otros densos e impenetrables, como las áreas negras. Y algo más: echa mano de sus dedos, sus manos, y la fuerza de su físico para aplastar la materia, aunque se rasgue el papel o la tela... Libertad pura, aunque controlada por años de experiencia.

Pulso. Y un tanto, como hacer de medium – para liberar la cuestión, pero esta, a través de la propia brutalidad de su lenguaje...

He tenido acceso a algunos de sus reportajes, y me emociona aquel momento en que, al cabo, habiendo seguido su intuición, ve el resultado y exclama quedo asombrado... Como un partícipe más del asombro ante esa, su pintura...
Intensa, real, fantasmagórica, espiritual, en lo que tiene que ver con el interior del hombre.


Recuerdo que me dijiste hace poco, nadie pleno hace arte...

El arte de veras surge de la duda. Es aquel que cuestiona a través de la afirmación sobre el silencio, o el vacío si se quiere, – voz / trazo, no contra, sino a juego con él, porque lejos de ser nada, este ámbito provoca: entraña una hondura que también nos corresponde, pues todos tenemos, digamos, partes mudas y silentes, pero determinantes..., con su propia fuerza gravitatoria; como, de hecho, ejerce gravedad la denominada antimateria respecto de la materia.
El arte de veras nos recuerda, así, dimensiones distintas e incluso, mayores,... y comunes, por eso conmueve, mientras hace camino...

Se lo pregunté a él...
                                         ... porque desde que te conozco siempre te veo en búsqueda... y tu trabajo me conmueve.

Bueno, al primero que cuestiona es a mí cuando trabajo, cuando pinto. O yo busco cuestionarme, acaso por ser muy existencialista, y el lenguaje oral o escrito no alcanza, claro que no...

En el caso de la pintura, se capta con el ojo, pero se pueden encontrar muchas cosas detrás..., en un permanente devenir...

Eso es lo que creo: un permanente devenir. No me gusta verme haciendo siempre lo mismo...

Bolaño habla del arte peregrino. Y a pesar de que te podemos reconocer, – un Musso –, no se trata de una cuestión de estilo, sino de alma...



Geometría como ilusión endeble de espacio – posibilidad, o la sombra de un orden...; acaso, la referencia al punto de partida...
Presencias, más que sombras o espejismos, propiamente, caracteres que fraguan a través de formas, ya no circundantes, sino determinantes de un nuevo rostro, que corresponde al cuadro entero. El mismo, reconocible en los rasgos primeros, menores, y – un clima, general...
En consecuencia: un dentro y un afuera, y el cuadro mismo  pasaje...
Dentro y afuera que reflejan también entrañas y flujos, impulsos, ideas – alientos, que se desplazan y dejan ecos, como haces de neones en una carretera, entre las texturas de – el cuerpo. Porque esa faz, es boca, y es cuerpo – abierto.
Camino. Acaso el ojo / boca que invita al paso, no es nunca espejo – de ahí su valor – sino, entrega de una perspectiva distinta, del prisma – consciencia del propio Musso  a un sendero que, resulta lógico asuste, por resultarnos conocido...
– Más allá...


Y Carlos dice, además, diálogo, y todo diálogo, como intercambio, implica diferencia y confrontación. Violencia, que es cambio...


Me emociona.

Recordando a Arim*transforma...



* Referencia a la entrada A través de la bruma, el camino: Diálogo con Arim Almuelle

domingo, 22 de enero de 2017

A través de la bruma, el camino: Diálogo con Arim Almuelle

Kilómetros, millas; estaciones, años. Una suerte de silencio. Violenta, la lucha, por dentro.
Viajes por medio, y recorridos distintos también, de preguntas y preguntas. Los ojos devoraban lo suyo, y una visión distinta, lejos de la simple representación, cobraba cuerpo. Digamos, colgándonos de la ambigüedad de términos técnicos,  en efecto, se revelaba..., se producía...
Al cabo, coincidencias a propósito: cuestiones para compartir...
Arim Almuelle. Andar de zancadas largas; llamas en los ojos.
La voz grave y las maneras amables, son parte. Clave.
Aquí y allá vitrales, artesanía de la que sabe... Por medio, mucho humo de cigarrillo... (Que evoca otras brumas, por cierto...)


A través, la insinuación; más que eso...

Son características, digamos. Lo que uno pretende con la imagen.
Lo subjetivo del proceso del que surge, tal como la ves. La polisemia; las posibilidades: la libertad de interpretación, abierta a tantas maneras. Y también está lo trascendente. Más bien, la transformación de la conciencia.
Muy fuerte todo esto. Pero creo que de eso se trata. Uno lo reconoce cuando lo ve. Sabe.
Se impone.


En tal sentido, vuelvo a la muestra del Valle del Colca y me digo ¡bien, pero para mí la fotografía, el arte, es además otra cosa...!




De cómo es que la luz, la misma que revela el objeto y el fenómeno que podrían estar mirando otros simplemente, genera a través del autor (en este acaso, tú), por la percepción que le es propia y las condiciones que determinan su momento (físicas, biológicas, neuronales); por su entendimiento, también, su conocimiento e intuición, una imagen distinta.
Al cabo, se ofrece de vuelta un nuevo objeto que es a la vez instrumento. Obra.


En la distorsión de la realidad, que cómodamente consideramos única y presente, y que acaso asumimos igualmente clara para el otro, – la posibilidad del diálogo...

Es que se trata también de una realidad abierta, según uno aprenda a ver de otros modos.
Sabemos que hay caminos, hay formas que nos ayudan en estos procesos... Encontrarse... Se trata de eso. Despertar.
El contacto con el otro, con el otro que ha aprendido y sabe. Cuando de pronto uno se aproxima de veras a una nueva perspectiva, sale un tanto de sí mismo y entonces ve de nuevo... Es todo un mundo.
¿Cuánto hay que no vemos, que no podemos ver así simplemente?




(Aprender...)
Rumbos...

Era pequeño todavía. Ocho años... En un viaje me enamoré de una cámara. Entonces no pude tenerla. Y creo que esta imposibilidad fue de lo mejor que me pudo ocurrir. El tiempo que siguió me lo pasé imaginando qué fotografías haría cuando tuviera la máquina conmigo...
Alucinaba...
De modo que para cuando pude comprármela  porque sí, regresé por esa misma cámara con lo que gané de un trabajo , tenía en mente un conjunto de imágenes propias.
El estilo propio. La visión, surgió así, al margen. Y de un modo bien específico.





Elocuente.
Visión de aquel que libre, toma, aún en el marco de una misión específica, lo que de veras le importa. La cantidad, como medida sometida a las cualidades de la elección...
De ello,  calidad. Otro asunto interesante...
(De todos modos, no faltará el idiota que reclame que no ve andenes ni más de los cerros en este Colca, plegándose al límite de sus entendederas...)


Valor de la diferencia...

Ya con veinte años, una vez, experimentando – entonces me pasaba noche tras noche en vela, probando, experimentado, logré una fotografía para mí, importante. Cuando la vi impresa, la única palabra que se me asomó para describir de cierta forma qué había logrado con ella, eso a lo que me aproximé, fue el misterio...


Tentar un lenguaje para la cuestión...

La oportunidad de dar otro paso... Hay artistas que lo hacen.
¿Recuerdas, cuando vimos las fotografías de Musuk Nolte? ¡Qué cosa tremenda! Uno sale... transformado...
Ventanas, puertas. Son eso. Esos cuadros..., de los grandes.
A través de la mirada del otro, que te cuestiona, que te enfrenta a asuntos hondos, de los que a menudo obviamos, uno pasa a otro plano, se abre. Por ejemplo, si de un lienzo se trata, penetramos en él, y nos sacude, nos rompe – hablamos de la consciencia –, y salimos de él, volvemos a la realidad, afuera del lienzo, transformados. De eso se trata.

(Arim mueve las manos, traza pentagramas, conmovido  dedos como ramas de un árbol elástico que de tal forma desgarra el espacio y ofrece su recuerdo de cada imagen, cercano, vivo a través de la voz, como invitando también a verter en esa llaga delante de su pecho, las propias preguntas, las de uno mismo ante los cuadros que, pareciera, es capaz de ver allí mismo...)




El tormento, decías... Interesante...
Sí, quien se encuentra deja de preguntar. Es él mismo, se eleva.
El proceso, paso a paso... Y la posibilidad de abrirse de pronto a otro plano.

La muestra va de eso también... Conocimiento...

Considero, de hecho, que el arte viene de otra parte. Que es como de otro mundo, uno amplio en que es posible ver íntegramente, y a través. Revela.
Esas puertas, ventanas que son capaces de abrir ciertos artistas, se abren en realidad a otro ámbito, uno al que tenemos acceso por sensibilidad, más allá de la lógica.
El hombre siempre lo ha sabido.



Propones una mirada al margen del tiempo, recordando cuanto alcanzaron a vislumbrar otras culturas hace ya siglos. Saber vigente hoy, confirmado cada vez por la ciencia, más formal para establecer fechas, hallazgo por hallazgo...

No deja de sorprenderme. Es lo mismo... Y uno lo ve: plantea una vez tras otra, que en efecto, hay más. Lo que da gran valor a nuestras preguntas.
Ofrecemos esa mirada propia que concentra enigmas duros, ásperos, dolorosos, cada quien...
Las imágenes más íntimas todavía no he podido realizarlas...
Lo siento como algo pendiente. No es sencillo.
Y debo seguir viajando...



Están quienes piensan que la fotografía consiste por excelencia en la captura del momento, que en esa especie de atención está todo...
Pero cómo es posible que se dé en cualquiera otro arte la fabulación y no en la fotografía... Si los símbolos que creamos surgen de la realidad, pero van más allá de esta. Si la visión a través de la que se interpreta y el ámbito de las propias preguntas, en efecto, proviene por intuición quizá, de otra parte...

Y se realiza en el límite... Se completa en el diálogo.

Transformación de la consciencia...




El arco se tiende a ambos lados del límite (en este se encuentra propiamente la sustancia con la que, por oficio, se tiende, provoca, la comunicación: forma, color, volumen, vibración, dinámica, signo, palabra...). Dentro y fuera de la obra, tales medidas se convierten en nuevas referencias, absorbidas como elementos para la interpretación. En el fondo, bien sabemos, los temas apenas varían.
La visión del autor, – a lo largo del arco completo. – Entrega de su visión, cada vez, de sí mismo. Vocación... Todo él...
Como dice Svetlana Alexiévich, respecto de qué importa: El espacio que ocupa un solo ser humano, uno solo... Porque, en verdad, es ahí donde ocurre todo.


Cada quien, una puerta.
Un universo.


Adónde...
– Y seguimos cuestionando.
Valle fértil...


jueves, 19 de enero de 2017

Sobre falibilidad, y – fe: Diálogo con Bruno Polack

De fe, como motivo, y por el título de su más reciente libro. De procesos. De andar, y de los viajes y el contacto, que son algo distinto. Todo, sin decir abiertamente de tanto (para eso la poesía, a la posibilidad del diálogo: a que se complete el sentido trazado en el andar aquel, cada vez de un modo distinto, si fue tramado bien y al cabo hizo convocatoria, despegando del mero pronunciamiento). De tentar a través del lenguaje.
Bruno Polack, un tiempo al margen... Marcha cordial, intercambio.



Partida sin final. Pero empezamos  lugar común...  por el principio...

Ideas, reminiscencias, como puntos de partida. Tantas imágenes al día que es imposible que no influyan.

Todo suma, ciertamente.
Los estímulos, miles por minuto, son clasificados; los menos importan una reacción consciente, o tan siquiera subconsciente reconocible. Pero a la aplicación del lenguaje se compromete un nuevo proceso:  abstracción.

El escrito, siempre, como una herramienta limitada pero necesaria. Totalmente falible...

Por sí mismo, esmero fallido; un proceso permanente y un desafío. Un medio que por sí mismo provoca, desde la distancia insalvable de su propio trazo...

Universal. Universal.
Particular. Particular.
Qué oídos los tuyos tan preparados para la destrucción de la naturaleza
qué bella imagen vibra dentro de la piedra
palabras tan antiguas que se echan a la bolsa y se revuelven
(y así tenemos un poema)
y así vibran tus cuerdas vocales al compás del zumbido
de la refrigeradora
y así la noche se adueña del mobiliario como si todo lo cubriéramos
para abandonar la casa
tormenta que te anuncias sibilina por la rendija de la puerta
que alzas tus melodías de guerra reflejadas en el silbido de la cafetera
arcano poder, síntoma universal:
la claridad es una búsqueda apasionada pero infructuosa
arcano poder, síntoma particular:
aquel follaje que me cubre, mientras duermo, hasta desaparecerme
y cierto que la magia ha de prevalecer sobre el orden
y cierto que los cantos rupestres han de prevalecer sobre la lírica
sobre las imágenes que surcan signos tras los lienzos resplandecientes
sobre la estela luminosa de los peces en el estanque  
transmigración del alma de las palabras a las cosas
de la poesía a las cosas
del mar a las cosas
corazón palpitante, que de entre mis manos, caes con violencia hacia los surcos
y germina el fruto, la palabra, la sangre

Pese a los esmeros, el afán de resolver, por dar y verter de uno mismo  tinta, a juego con el silencio, en armonía imposible: un fresco que sea más bien música, un espacio que atraiga a su interior, por detrás de la forma, el color y la sombra: detrás del nombre que será título de la obra...

porque todo esto nace tercamente del silencio
(oh, prevalecer/ oh, matemáticas)
y es necesario que insistamos con rabia donde una flor aparentemente
va a alzar el vuelo
entonces la flor aletea entre otras flores mecidas por el viento
y siento en mi lengua la baba del caracol sobre tu lengua
y alzo la mano para detener el taxi que ha de guarecernos de la lluvia
y así mi paraguas es aniquilado por moléculas de oxígeno de sol de electrónica
y cierro la puerta raudamente mientras pienso que deberíamos celebrar
que pronto
estas hojas no serán más que incomprensibles ruinas del lenguaje
saber que hasta hace no mucho el mar habitaba todas estas calles y que
ninguno de nosotros dos
vería con malos ojos si esto, súbitamente,
como un milagro, volviera a suceder.

El sentido... De otro lado, las trampas de reflejos...
Cualquier intento por transparentar, por "reflejar" en términos propios del lector, compromete la consistencia misma del texto original, lo sacrifica a un fin trunco desde el principio. Explicar, sobra. Deriva siempre en ejercicio de pedagogía, estéril, revelador más bien de pedantería y/o demagogia...
Para procurar un aprendizaje  auténtica apropiación  mejor llamar la atención sobre determinados puntos, planos y ángulos, claves, además, para la propia intertextualidad. Proponer una reconfiguración del diálogo: – las luces del propio lector, cuanto sabe de antes, es capaz de percibir, deducir y al cabo cuestionar, multiplicándose – del objeto original al referente, y viceversa, pasando por todos los demás referentes posibles, citados, aludidos o libremente vinculados, por las más remotas causas...

El discurso en una obra en ciernes se va creando. Las inquietudes, las lecturas, todo lo que se aprehenda va creando un discurso, que no es cerrado, que va creciendo y mutando.



Decíamos de luces. Qué hay de las propias, conscientes, de las que, por otra parte, te has apropiado...

Jonas Mekas con “Reminiscencias de un viaje a Lituania”.
Hasta hace poco, cuando vivía en Barcelona, visitaba con mucha frecuencia el Museo de Tapiés; es genial.
También Ai Wei Wei, Eielson, Ezra Pound, Caravaggio, Amelia Roselli, Blanca Varela.
Se pueden decir muchos nombres la verdad; siempre queda algo de las personas que te impactan, sean artistas o no, y eso de alguna manera se ve reflejado en el propio quehacer: El día a día, o si uno decide volcarlo a un artefacto artístico...

Está, no obstante, la intención propia, o la consciencia de un rumbo quizá predeterminado, que conecta una obra con otras...

Siempre se lleva el mensaje de los antepasados a los descendientes. Es un constante diálogo. Claro, uno lleva el mensaje pero le suma lo aprendido. Me hace recordar a ese juego de teléfono malogrado, pero siempre ha parecido genial; no precisamente cuando se distorsiona el mensaje, sino cuando este se hace más rico, cuando el significado crece.

Las posibilidades...
Surgen de pronto, algunas certezas. No andamos solos...

Interesante. Hace poco pensaba en la extraña familiaridad que sentía con varios libros de poetas peruanos, por ejemplo con Álbum de familia, Habitación en Roma, Abolición de la muerte o Contra natura. Lo que sentía no era necesariamente un diálogo o una influencia poética, sino una familiaridad en el sentido genealógico. Podríamos hablar de un ADN común que te da el mismo rasgo de ojos o los mismos gestos de tu abuelo, aunque nunca hayas conocido a tu abuelo. Lo mismo pasa con los poetas peruanos. Me sonaba interesante, aunque difícil de sustentar.

Lo más particular...:
Decíamos en un principio, – fe. Trascender a través  de la aceptación, la brega de la propia lucidez, por comprender y entender. El lenguaje como recurso, materia que aproxima al silencio – que importa y constituye en sí mismo la distancia última.
Cuestionas el afán por ver en él más... La fe importa también la encarnación de uno mismo en voluntad a través del desprendimiento: del oficio resulta, en el mejor de los casos, una puerta que funcione por sí sola. Obra como sustantivo, y verbo.
La idea de un mensaje embotellado implica espera, y una comprensión simple;  añoranza del rescate de las propias ideas. Esto difiere de la entrega. Esta conlleva un natural miedo.

Nada es lo suficientemente digno para malgastar las fuerzas de la juventud.
Y deambulamos, calle abajo,
entrando a la plaza por Calle del Amparo/
cada transeúnte lleva la partitura de su vida bajo el brazo.
Pero hoy ha terminado exitosamente la noche y
ruge la señal plateada de las rejas de los establecimientos/
los baguettes y las bicicletas suplantan las espadas y los caballos.
“Porque el dios de la poesía era de cristal y ha explotado en los
cielos sobre todas las cosas”
me dices, mientras
ves caer las últimas gotas de lluvia de la cornisa del teatro.
Pequeño pájaro dormido/ luz salvaje sobre los capiteles.
Ningún hecho, ninguna labor, es lo suficientemente digna para
malgastar la impecable fuerza de la  juventud,
quizás sí el amor procaz, la vagancia desmedida,
la transmigración del lenguaje a las cosas
del mar a las cosas
porque hoy la poesía es una labor doméstica
(amas de casa leen mientras hierven las verduras)
“tomas una bolsa plástica, la oprimes entre tus manos y la lanzas sobre la mesa;
observa cómo se expande”
como se expande el universo,
como se expande la mitocondria el fuego la raíz
el vuelo de los cormoranes en nuestro cuerpo.                          
¡Oh Saint Rene Quinton, veo el mar y veo mi casa!
Porque el corazón humano es 70% agua oceánica/
porque el corazón late y se expande sobre la mesa como se expande el  Universo,
como se expande el fuego entre las nubes
como se expanden los sueños humanos que son también 70% agua que
se evapora sobre nuestras cabezas/ ¡oh Saint Rene Quinton!
¿quién no ha imaginado alguna vez el sol brillando de noche,
en su estómago, mientras duerme?
¿quién no ha imaginado alguna vez que son sus palabras
soles incandescentes que brotan de su boca y caen
en tierra fértil hasta dar hermosos brotes de fuego?
Horrendo mundo el que te obliga a esconderte para llorar.
Horrenda angustia que aleteas como un pájaro dentro del corazón humano/
y seguimos, calle abajo, el vuelo mágico del polen sobre las cosas reales,
bandadas de turistas rodean y
disparan sus cámaras de fotos contra la estatua del poeta.
El amor es un animal onírico
que no sé si alguna vez, tú y yo, con todo el viento
                                               a nuestro favor, hemos podido presenciar.

Amparo. Miedo. Soledad.
En tus textos,  cuestionamiento... de la esperanza.

La fe recobrada en la palabra. La fe recobrada en la poesía escrita. Aceptando sus limitaciones. No le tengo fe a la palabra en sí, pero le tengo fe a un conjunto de palabras que hagan desaparecer el lenguaje y nos lleve a una secuencia infinita de sensaciones. A un estadio perfecto. Eso solo lo logra la poesía o la oración.

[
Trazos
paladar de la caverna
Bajo el sol, en la joroba
de la roca oriente
Y tanto después – de la figuración
por abstracción, al vacío silente
de la fibra que
llevó consigo el clan, que ora
y ahora –
el espíritu mismo
del pueblo, más:
humanidad

Es la herencia, un alma Una
– y el lenguaje cambia
como un mellado cuero de culebra
como la concha de lenguas del mar
por muda necesidad
La llama, entretanto, una y todas
tributa renaciendo a los muertos
primas voces
– afirma

Hoy la cueva es otra, y la misma
sus ecos
se escurren al diván, y la lengua
los dientes vierten del nervio
Uno
sangre tinta

Son los bárbaros, no cesan
Huellas de manos la tierra
del crimen la sangre y el vino
de Historia y el mito de aquel
que la encarne y acaso
se apiade del que escriba

Trazos
              la vida
– trazos, prisma de voces
el coro, la melodía
– el bramido
de uno solo Vientre cielo
a que responden de la fibra, la roca
paladar cada signo
Pues el rayo tinta de la musa
no desciende
Hace contacto
e ilumina
                     ]



Diversidad en la comunicación. Uno se nutre de varias fuentes.

En mi caso, quisiera creer que del cine o la idea de las instalaciones efímeras. También tengo en mente a menudo el arte de la insatisfacción o el arte de los prestidigitadores. No se cuánto se puede luego trasvasar, porque como dije la palabra no es un instrumento tan maleable. Pero en la mente persisten estas ideas.

Acaso, devenir...

No lo sé, porque no estoy para nada seguro de lo que hago.

Aproximación...

Una constante y creciente decepción.

Dicho eso, Bruno...

El pez fue puesto sobre la mesa    robusto y contundente/
la madera, bajo el mantel, tiene aún el ímpetu de seguir creciendo.
Añoranza de la lluvia y el fango. Añoranza de las veredas levantadas
de las calles de Lima.
Pero del pez y de su vida sabemos poco.
Es su futuro el que nos interesa.
Es el cardumen que rememora        (su último sueño)
saliendo de su branquia derecha como una pompa de jabón de agua salada/
que al soplarla    explota sobre nuestros rostros
y nos trae la imagen vívida
de una antigua tormenta y de un antiguo naufragio.
Esperanza es echar el cordel por las rendijas de la alcantarilla
(y tener suerte de que nadie se estacione en esta plaza para discapacitados)
esperanza es lanzar el cordel desde el muelle norte y confiar
en que picarán las gaviotas   
que reflejan su vuelo    sobre este mar dormido.
Porque también si nosotros morimos tenemos el derecho de
conservar,
por un tiempo prudente,
nuestro último pensamiento.
Quisiera ponerles un ejemplo: si a Uds. al cruzar la pista los embiste
un auto rojo y venían pensando en una flor amarilla:
días después,
quizá ya bajo tierra, aparecerá entre sus manos una flor amarilla/
o si Uds. caen desplomados a la arena   
bajo un sol incesante y
en su cabeza cabalgaba un caballo sobre una verde pradera,
junto a Uds. aparecerá no solo el alma indómita del caballo
sino el alma y el perfume de la verde pradera.
Recuerdo haber visto a E. A. Westphalen con una merluza en la mano
en el mercado de San Bartolo.
Mi madre compró una docena de pejerreyes
que yo llevé, cruzando el parque de tierra, con el mayor
de los respetos.
Pero hoy te sientas a la mesa con un enorme cuchillo y cantas.
Los ojos del pez
son dos monedas acuosas que siempre caen en
contra nuestra,
y este amor tan sublime, continúo, y este amor tan sublime me turba,
luz del alma de los peces que secretamente nace desde
el cardumen
y se eleva para comunicarse con los pájaros/
luz del lecho marino que hace brillar el cuerpo volátil de los amantes.
Este amor tan sublime
que se desplaza entre el cuchillo que tomas
con una mano
y la cola plateada que levantas fuertemente con la otra.
Porque toda palabra, como todo pez, es un conjuro mágico
(solo representa la idea de la palabra)

si la repetimos con fe/ nace la plegaria/ o la poesía/

Va.