sábado, 10 de diciembre de 2016

Señal de los espejos vacíos: En torno a la propuesta de Alex Kanevsky

De la triste seducción de la negación, y del acomodo a yacer en esta vida, – por otra.
Con el fin de generar una reacción: posibilidad a partir de la parálisis. Se revela esta – entre los rápidos de una voluntad encrespada (que agota calendarios y envejece) por la intuición acallada una y otra vez, todavía resistente... – o al desbarro en abandono: todo cuanto dilata, vibrante, el ámbito de la cuestión: Los replegados al sueño...
La intención, digamos, sorprende poco... Pero en su apuesta, Alex Kanevsky, corre riesgos atroces.
Invita a una contemplación bajo dos formas: la del placer, por encanto de la técnica (libre en este caso de toda contaminación por pedagogía) y, para los atentos, el impacto por provocación  desatinada...
Revela, no obstante, con enorme talento, una suerte de – agonía insomne, volátil para el cambio, aún a sensibilidades de lo más adormecidas.



Soledad, y sacrificio. Pasión. Levantamiento a la tragedia, que no obstante, – la alimenta. Drama...
Sería un error ver su origen en el tedio, incluso en la resignación. Ambas, la sensación y la resolución, requieren tiempo. Provocan luego, el paso a otro nivel de desgracia, pero no el inicio de esta.
Nos hallamos ante la complejidad y, luego, sobre todo, las complicaciones, de una vida que tiende a extraviarse entre los reflejos de tiempos otros, – abundantes hubieras y acasos.
De modo que – ojo con las sutilezas de Alex (luego de la tremenda determinación de tener a mujeres por protagonistas)...: La variación de los tonos al resbalar de la forma, revelan, tanto más en la ilusión de ecos fuera, a plena luz  ojo  el calor de una oscuridad íntima, una noche añorada...



Abundancia – de deseo.
En la escena mínima, Kanevsky,  vértigo intrigante.




La oscuridad, decía; – más cerca del sueño que del desencanto – a los detalles por plena lucidez.
La noche que se persigue, corre con cada nueva mañana. Quien es infeliz pretende implantarla por extravío de la voluntad aturdida, intencionalmente. Son los perfumes de otras épocas, como explicación. (– Emma Bovary...)
Alex acierta denunciando la contención como negación, en vez de búsqueda – camino  de la justa medida: sana afirmación en que no cabe siquiera concepción de exceso, – autenticidad, pureza. Lo mismo, con eso de llamar prudencia a lo que en realidad no es si no orgullo y cobardía. Miedo, una y otra vez. – Esperanza. Proposiciones ambas, desde el no... La imagen de un Cielo – donde, transparentando: no quepa temer a la dicha...: – una farsa.
– Pero... ¿ellas por sujeto exclusivo?




A propósito de tópicos más cercanos:
Melancolía  erotización de la pena...
(Todo)... vicio surge de la erotización de la rabia, la que luego se regenera en mil formas; algunas de ellas, por culpa...*
La disconformidad con el presente, las más de las veces, deriva en masturbación... Romanticismo que pervierte la posibilidad de una esperanza apenas dañina, fácil de apartar – por la fe que determina a la marcha, su propio tiempo...



Sin ensoñaciones de un naufragio para rescate alguno...




Alex, de ese modo, da vida a la ilusión de encierro  abandono, por la espera de supuestas oportunidades que demuestren, – ah, la esperanza, la esperanza... que nos libre de ahondar renunciando a saber y a dominar racionalmente la incertidumbre.
Se lo achaca a las mujeres...
De modo que somos testigos, tiende la mano y nada más se abren las trampas de una conciencia adolescente: Proyecciones, todas por reflejos...
Acusa del modo más violento, la implicación directa de un precio por prueba...: el reclamo de sacrificios.
Este es un mal humano, así que reitero: ¿por qué ellas?




Escenas complejas.
En sus elementos: proyecciones del estado que le supone a la protagonista, – única siempre, en realidad (y siguiendo esa línea, diría ella de sí misma, sola).
La clave,  en los rostros; más puntualmente, en los ojos: cerrados, cegados...
La distancia y el enfoque sugeridos a la composición justifican el efecto, desde luego. Pero es a través de este que se refuerza la propuesta en contundente cuestionamiento... Una y otra vez, por las causas de tal indefinición..., ya que la ceguera, está claro, no es culpa – de nadie... Y se apremia a la identificación de un responsable.
La persona que representa, ha desesperado por afecto y se ha rendido, por lo tanto duda sea posible, reciba lo que sueña y, más aún, que dicha condición perdure. Quizá así la conoció.
El señalamiento es obvio: – Incapaz, así, de reconocer cuanto de hecho se le ofrece, este ser usualmente se precipita a destruir cuanto pueda tener valor y se le aproxima, anticipándose a su pérdida... Confirma su miseria, bajo el supuesto: Lo sabía; lo séno es posible.



Ser uno mismo, el noExtinguir la virtud. Es cierto, ese mal, terrible.
Pero, ¿se supone, entonces, el autor, víctima de cuanto describe, se apropia de esta condición para advertir del peligro?
Ha sido su todo, quizá nada – para alguien. Y este alguien no lo sabe o no lo supo, marcándole, inocente...


Cobra sentido una piadosa advertencia...
En la fragilidad de las figuras, en la torpeza de sus gestos,  a las claras, también – cuánto de daño, si no se es compasivo y atiende en lo posible a que ese alguien aprenda.
Pese a la distancia y frialdad que entraña su propia formulación de otredad, queda claro que Alex procura despertar el calor necesario en quien reconoce la referencia a un acompañamiento firme, lejos de la menor intrusión y/o a un posible derroche de atenciones por afán de cura... complaciente...
Válido como consejo. Pero inadmisible como generalización por criterios de género...




En el afán de predicar, enfrenta a la fórmula de estas criaturas, una aceptación que aparta violentamente toda turbulencia. Del modo más directo. Encarnación ante ellas del propio ejemplo. Procura, digamos, una voz serena. Está en el pulso y la capacidad de amplitud.
Desafía la obviedad de la espera como engaño, la ilusión de poder encasillar los afectos, todos y cada cual en su sitio. Pues ciertamente son cegueras, ambas. – Recela de la camaradería piadosa: – la compasión va por otro lado, e importa aquí – decisión.
Entonces ofrece su saber. A marchar.
¿Pero..., para él – quiénes marchan? (!)



Las buenas intenciones no determinan lo que sí, el rumbo de la voluntad – que no condiciona...
Atreverse.
Concebir – conceder, finalmente... rendirse.
Entrega.
La posibilidad de un encuentro  en único silencio... Con uno mismo, con todos: – Eideal.

estas alturas, resulta clara la contradicción: Kanevsky hace su planteamiento desde una elección abiertamente polémica, inapropiada por simplona en esquemático primitivismo... Acusa el mal que por otra parte, y tal vez por eso mismo, refiere con tanta intensidad...



Las razones no son necesariamente motivos. Para estos, por tanto, suelen sobrar las explicaciones.
Nadie habla de verdades ni demostraciones a tiempo ausente... La aceptación obvia el hilo, la secuencia, el desarrollo del drama...
Me atrevo: Acaso el autor espera a su modo, también, algún perdón, todavía...



La provocación de esta obra resulta al cabo enormemente aprovechable...
Sí.


* Cita de Liberación.

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