miércoles, 7 de diciembre de 2016

(Esa) voluntad por medio: Diálogo con Mario Colán

Decíamos del afán por hacer de todo, imagen. De demostrar la vida, por escenas simples, apenas, como experiencia (!). Un reflejo, las más de las veces, por los medios a la mano.
Andamos y asentimos. Mario Colán, otra fuerza. – Pausa, y pasos en la arena...

De una parte, las prótesis..., – consecuencia, con la triste afirmación que entraña respecto de la persona que sin saberlo depende de ellas  como si fuera natural: concibe la realidad, implícita la situación de carencia. Artificialidad, como por principio...
De otro lado, en el origen, con los visionarios, – la posibilidad. Ir más allá, multiplicar las propias facultades humanas. Cultivo para la mayor destreza, – vocación. Y sí, solo se aprende por necesidad; en este caso, – la necesidad de más: ambición. Humanidad, una y otra vez... Variedad.
Lejos, y tanto, del terror a quedarse rezagado, en un rumbo cuyo sentido más bien habría que cuestionar, para  de vuelta al punto anterior  crecer.
Vocación...

... Desde muy pequeño entre imágenes y el lenguaje escrito, cuando mi abuela escondía mis juguetes y me obligaba a leer, mientras que mi padrino, hermano de mi madre, se las arreglaba para tirarme un comic entre las manos. Quizá allí comenzó todo, en los años ochenta, una década bastante desesperanzadora aquí en el Perú. Claro que siempre me sedujeron los aparatos, las cámaras, los binoculares, los proyectores. Creo que de pequeño me la pasé a menudo mirando por la ventana, intentando atrapar de lejos aquello que todavía me era prohibido.


... A cualquier distancia... – Lo cercano, inaccesible también, deshecha la ilusión.
Los términos van cambiando, como condiciones, en realidad, de una particular disposición afectiva..., hasta – la aceptación. Esta suele llegar como una suerte de... posesión accidental, apenas percibida en principio.
Y están también las circunstancias.

Las cosas se decantaron de manera curiosa, pues pretendiendo ser estudiante de antropología me sedujo el registro. Supongo que tiene que ver algo con mis infantiles rasgos de timidez y contemplación. En mis viajes me era complicado entablar contacto con las personas, por lo que la cámara siempre se estableció como un muro protector, un pedazo de aparato detrás del cual esconder la cara. En un punto, la universidad y yo nos abandonamos mutuamente. Recaí, digamos, en el Centro de la Fotografía, donde el contacto con diferentes personas me abrió la perspectiva. Ahí conocí el trabajo de Koudelka, Adams, Doisneau, Newton, y decenas más...


Escuela. Influencias. Si quedara en técnica sería poco... No sería.

Ahora no tengo claro qué o quienes me influyen; tengo una pésima memoria para los nombres y las relaciones de obra-autor, pero creo que la mayoría sale del cine, al que siempre estuve expuesto y lo que finalmente estudié en Argentina.
Quiero pensar que por ahí van mis influencias, aunque, insisto, no es algo muy claro.

Perder el hilo. Perderse... y luego tentar probables retornos... (paso de nostalgias, romanticismo – dureza por firmeza, canciones en el fondo para nadie más – apearse a la sombra de modelos enormes, tentando creer en la imposibilidad, acaso como consuelo)...
Al cabo, se sigue rodando...




Importante, – conservar lo que escapa a definición, que, sin embargo, – determinante, mueve; – lleva (a propósito de destino). Conduce.

Un mecanismo para mí es la curiosidad, que mezclada con esta especie de timidez hace que termine siendo un observador lejano, un voyeur.
Por otro lado, cuando retrato paisajes, termino poniendo en un contexto ridículo al ser humano ante la naturaleza. Todo resulta más grande e inconmensurable que nosotros mismos, que mí mismo tras la cámara. Y los paisajes que retrato no son solamente naturales, sino que algunos están intervenidos por el hombre, que ha dejado una impronta en el paso de décadas, por lo que estas fotografías pretenden, sin pensarlo mucho, convertirse en una memoria de esta relación hombre-naturaleza que se manifiesta a través de un vestigio.

Y de un vértigo...



(Resbalo en cita:
Los grandes paisajes están ahí. Su contemplación nos aparta de los ciclos que nos corresponden y nos reducen ante nuestros propios ojos, junto con la significancia que de común atribuimos a nuestra propia muerte. Un hombre en una fotografía al pie de un cañón, un risco o una cascada no es sino el grano de nuestra medida, puesto ahí para contrastar el tiempo de la mole, para que podamos medirla en respiros humanos de este lado de la realidad, de nuestra vida… Respiros. Aire limpio…, aire viciado…; ciclos breves que podemos contar sobre el rumor de los cadáveres, sobre su infinito acorde. Los fenómenos también están ahí y la presencia de un hombre registrada en video cerca del lugar de su desarrollo resulta siempre sorpresiva… No suponemos que dichos fenómenos puedan, por lo general, ser grabados. Los “intrépidos” cazadores de tornados o los exploradores en zonas de erupción de volcanes no inspiran, en ningún caso, una admiración reflexiva respecto de su –tan evidentemente falso– valor o coraje. Ni siquiera lo hacen quienes, a salvo sobre un tejado, han logrado filmar el paso de un tsunami por una ciudad costera. No cabe hablar de desafío; en ningún caso se lucha contra los elementos, apenas puede uno escabullirse de sus efectos, soportarlos siendo flexibles a su inevitable paso, y siempre con limitaciones… En fin, se trate de grandes paisajes o fenómenos naturales, su contemplación provoca vértigo, y puede hacerle a uno obviar el espanto de la propia mortalidad a costa de hacérnosla creer insignificante, como si nuestros fueran los ciclos de los astros, como si pudiéramos soportar por más de una billonésima parte del tiempo que le toma a una estrella formarse, la idea de nuestra propia extinción, valorándola en proporción a la vida del universo… Quienes reconocemos la ilusión, a menudo nos volvemos a lo inmediato, lo frágil, perecible: nuestros monumentos, y si por un instante nos hacemos sabios, al esfuerzo de vivir. Los que no, se consuelan en creer su propia visión posible y la atribuyen a un pequeño gran dios, diciendo que él sí puede verlo todo, más allá de adonde llega la propia imaginación, que se ve sobrepasada por la evidencia de nuestra finitud, de lo incomparable, el vértigo y el desmayo...*)


Creo que, a diferencia de los demás artistas, los fotógrafos andamos atados a la cámara.
Tengo una muy buena amiga que eligió la cámara como podría haber elegido un pincel, un pedazo de carbón o un pedazo de arcilla para expresar algo que en su interior pugna por salir. Pero en mi caso ocurre todo lo contrario: no me puedo despegar de mi cámara porque no dibujo, no pinto, no me interesa y no me sale. Me percibo más bien como un francotirador que sale al mundo a disparar sobre cosas, personas o situaciones que de pronto adquieren una cualidad especial ante mis ojos: “belleza”. En este punto ya todo se torna subjetivo, pero a partir de la técnica y la experiencia que llevo conmigo, las fotos se van generando… con líneas, con altos contrastes, con movimiento, con 2 ó 3 colores predominantes, con poca profundidad de campo, y así... Mis gatos, mis niños, mi mujer, un borracho en una banca, una niña mirándome con recelo en medio de una fiesta, unos pescadores, un árbol, un auto viejo… todos pueden caber en tal subjetividad...

Y surgir de ella como posible signo. Personal. Curiosamente, despersonalizando al sujeto u objeto...
Hay, en todo caso, más medios...

Mi labor es audiovisual. No se restringe solamente a la fotografía. Lo que hago existe porque se materializa también desde el vídeo. Pero sí, es un modus operandi andar escondido tras algún tipo de cámara. Es mi forma de acercarme a la realidad o de inventar una que me resulte segura para expulsar alguna idea que no me deja en paz.



Procesamiento. Según claves específicas. Decíamos en un principio: condiciones de una disposición...

Modos de enfrentar, luego, la realidad. Sin dejarse llevar por la alucinada idea de su control...

La fotografía es infinita porque infinitas e irrepetibles son las cosas que se te ponen delante en la vida, sobre todo si te gusta trabajar con personas. Hay una fuente inacabable, un inventario infinito, de acciones, sensaciones y manifestaciones en el ser humano mientras transcurre en el mundo, en la vida.




Una visión. Pese a lo sencillo que parece en principio (por el resultado inmediato), constituye en un medio  lejos de lo simple, a partir, primero, de la elección, el encuentro – que (se) suscita...




Lo que hace variada a la Fotografía es la cantidad de combinaciones posibles que pueden resultar en una elocuente manifestación – de una visión particular, aun solo en determinado tiempo y circunstancias, al margen de quien pretenda ir más allá de la captura.


La palabra “autor” me resulta muy manida, sobre todo cuando la gente quiere discriminar entre un “arte elevado” y otro menos elevado. Todos los creadores tenemos autoría intelectual sobre lo que producimos. ¿La fotografía es arte? No lo sé. Yo me siento más un técnico entrenado en mirar que un artista.
Detesto las poses y los amaneramientos, así como las camarillas endogámicas alrededor de cada especialidad que se pueda erigir en el mundo. Yo tomo fotos, no curo el cáncer.



Ofrecer una visión, en la mejor forma que te ha sido posible al caso: una aproximación de sentido, con valor por sí misma – en el diálogo, a partir de las diferencias que se revelan tras la transmisión.

Hay entre los demás ojos, lenguas...

No tengo ninguna relación con la crítica, quizá sí con los criticones, pero con ese sujeto abstracto y elevado que te mira desde su imponente parnaso, no. Nadie me conoce, no conozco a nadie y en un mundo inundado de imágenes me siento perfecto en el anonimato.

Me siento contento produciendo lo que quiero, en el momento que quiero y de la forma que me place. No tengo ninguna presión externa, quizá solo la económica, que soluciono con la docencia en universidades, colegios y escuelas de arte. Libertad.



Para ti y tu cámara...



Sí, ahora un viaje por París y, espero, otras ciudades de Europa. ¿Qué tengo planeado? Pues ni idea. Las ciudades siempre me han seducido y en mi última vuelta por Buenos Aires y Montevideo todas las fotos las hice con un iPhone 5s. Quizá pruebe lo mismo en Francia… Quizá haga algo más Street Photography. Quizá solo me dedique a jugar con los niños –como un niño más–, a caminar de la mano con mi compañera, hacerlo solo, mirar y punto. A ver si la cámara tiene ganas de salir de su estuche. Eso...




Eso...



* Fragmento de Liberación.

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