viernes, 16 de diciembre de 2016

Cuán lejos, y cuánto – "ser tus ojos": Diálogo con Lucía Mazzini

Se dice de espacios; se confunde mundo, universo, con lugar. Se obvia la dinámica que determina para cada quien las condiciones de su complejidad, que a su vez, y permanentemente, pese a las apariencias, mutan.
Un encuentro, en consecuencia, remite más a la posibilidad de violento enlace de rayos en estela y proyecciones que obvian cuanto quepa de predecible (como en asomo al ámbito subatómico), enlaces y superposición de ondas, reflejos y abruptos cambios de valencia, de órbita, que al suave tiento, elegante, de dos cuerpos simples, sólidos.
Cada quien – tiempo..., de unidades diversas (el tiempo es eso, ilusión de plana secuencia): con un registro que depende de cuanto importa a cada quien, confirmación de sí mismo, aun con pesar: definición. – Sustantivos. Un nombre para cada era.
Pero qué tanto se puede con palabras, términos...
Cuán lejos, y cuánto – por medio, común...
Lucía Mazzini, luego de haberla leído, – real, tanto. Y tan cordial a propósito, incluso, del estrépito entre las horas...
Un gusto.
Vamos de disponer palabras, contrastando. En torno a eso de la formalidad...

No tengo algo así como un ritual para escribir. No sé si eso existe. Escribo porque me nace la necesidad de crear un vínculo con el lenguaje, porque al intentar abordarlo me siento limitada, encarcelada, y escribir –que no es necesariamente abordarlo, sino otra cosa– me saca un poco de ese lugar terrible de asfixia. Al escribir encuentro caminitos como de hormiga, como esos que se despliegan entre los renglones, entre palabra y palabra y renglón y renglón, caminitos que me conducen por lugares que al principio, cuando era más chica, no sabía que existían, y menos que eran posibles. Sin embargo existen y creo que son una forma de enfrentarse al lenguaje, no de manera violenta, o sí, pero más bien como parándome desde una retaguardia fantasmal, con plena conciencia de que desde allí anulo el uso meramente informativo de él. Entonces capaz que sí, capaz que tengo un ritual, uno que tiene que ver con el silencio, con algo anulado, como una intemperie que me resulta deliciosamente narcotizante, deliciosamente creativa, como la imagen de un cuaderno nuevo al inicio del año escolar. Sin embargo, no es un ritual que yo pueda armar. No es como apagar la tele y hacerme un café con leche, sino que tiene un carácter más bien intuitivo, se va gestando adentro de mí la necesidad de decir algo, de traer a primer plano lo que sea que termine escribiendo, de explicarme o dar algún tipo de excusa.



(Gracia
es gracia la posibilidad de apuntar y el ceño con rabia todavía pero por aliento anacrónico contemplación de otra índole para el paso de las horas que no restan resbalan tu frente clara los pasos ágiles es fresca la risa
decía gracia – es – invita revueltas noche y día escenas apenas para ti
y mi sombra se tiende ahora que andamos son dos las risas trepan las columnas es posible ecos más)

– Recuerdo aquel, tu texto Mirémonos...

(1)
Mirémonos en la noche, cuando todo es oscuro
cuando nadie ve las sombras o las flores
mirémonos en redondo
mostrándonos apenas el brillo de los secretos
guardando sollozos y temblando el sabor amargo de lo que hay dentro
miremos los viejos tronos donde posábamos los cuerpos
allá, en el casi olvido, en el casi muerto
en el tiempo
mirémonos rápido, fugazmente,
para curar en la soledad lo que los dos vimos
la otra parte de lo que somos
el ser etéreo
siempre solo
encendido

Sobran a menudo calificaciones sobre la violencia. Esta es cambio, vida. Su grado se determina por la diferencia de estado o ritmo del ente o proceso que afecta, y por la velocidad con que dicho cambio se suscita.
La velocidad, en cuanto depende de cronómetros,  relativa. De ello, que apreciemos por ballet la colisión de cúmulos de estrellas. Que nos extraviemos unos con otros al afán de danza, por un compás que varía según nos damos ante (a) nuevos estímulos.
La gracia, – en saber reconocer desde el principio, digamos, el aliento... 
Dichoso quien contempla, activo...
Apertura y atención, – base del modo; camino.
Están, por lectura, los signos. Tejer por consciencia, e intuición.
Y reaccionamos.

¿Hay disparadores? Seguramente sí. Hace poco me pasó algo que lo explica: voy en el ómnibus por Bulevar Artigas y siento una palpitación, como una epifanía, de que la vida sucede. Voy sentada, mirando por la ventana y veo que en la vereda una niña va del brazo de su madre, un viejo borracho habla con un cuida-coches sentado en el escalón de un complejo de edificios, un hombre entra a la tintorería y una señora gorda está sentada en el balcón de su apartamento. En la medida en que me doy cuenta de que esa secuencia es real, me entran unas ganas terribles de llorar, de llorar como si no hubiera mañana ni pasado mañana, pero no lloro, me aguanto, sé que al llegar a casa voy a escribir y que escribir es como llorar, pero de otra forma.

[  Tienden sus dedos los arbustos
encendidos – del sendero de espinas
Flamean entre ellos, jirones
de prendas prétercoloridas,
hasta que la nueva niebla, vieja
amante – vampira, los deja locos
exhaustos, apenas asentir.

El viento  tributando amargo son
de víctimas, pretende, sin
embargo, a través de
insinuaciones (señas en la tierra
en las nubes), libertar...
(Era este un jardín de niñas 
soñaron demasiado tiempo
despiertas
– soñar.)  ]



(Recuerdo nuevamente...)

(2)
mirémonos sin retorno, cuando aún hay tiempo
cuando todos ven que estamos al acecho
mirémonos de cerca
mostrando el deseo oculto bajo el pellejo
sacando besos al aire y bailando sobre los suelos del universo
miremos los ataúdes donde dormíamos al sueño
allá, en el aljibe fresco del recuerdo
en el viento
mirémonos lento, como la lava,
para que ardan las soledades que nos hirieron
la otra parte de lo que somos
el ser presente
conscientemente
apagado.

La vocación es elección. – Paradoja: en la que se configura recién el sujeto. Uno, su nombre, fragua en acción, sin contemplaciones relativas a condición alguna. Sin reflejo al que hacer guiños, ni bienes que lo proyecten. Es por ello que no implica sacrificio; constituye entrega.
La obra compromete dolor, pero no pena, padecimiento. Todo suma, se vuelca... Aún, sin embargo, no hablamos de Arte.
– Comunicación. Cuestionamiento. Hondo a través de la inteligencia, a menudo también, del intelecto. Oficio. – Desde la realidad, adonde esta se aprecia relativa. Por ataque a las esencias (sin nombre). Crear en realidad, un nuevo término, acaso, una clave para la puerta abierta y el camino. De ahí, los títulos...
Requiere mucho... Instinto. Conocimiento. Pulso... 

No puedo decir que tengo disciplina cuando escribo, porque no funciono así. En el fondo admiro a quienes pueden levantarse a las siete de la mañana para escribir, para pintar, para hacer pulseritas… Yo no puedo, ni quiero, porque mis formas son otras. Mi forma es la anti-disciplina. Me nacen ganas de escribir en los momentos más insólitos y menos apropiados: cuando tengo una prueba al día siguiente, cuando tomé un poco de vino en un cumpleaños o en una cena, cuando voy con alguien al cine. Por lo general espero a llegar a mi casa, pero en el momento mi mente se ausenta y me pongo a profundizar en la idea de la que quiero escribir, entonces se van sucediendo imágenes, palabras, motivos. Al final nada de lo que escribo es ni muy grandioso ni muy nada, pero así es más o menos como llego. O eso creo. Y cuando termino de escribir y releo, la sensación es la de un espejo. Un espejo negro, como una piscina esquiva.



[  Tiento a por reflejo – de encontrarse;
pero adviertes: esta boca se lleva la luz
– adonde toda voz  las voces
serían ruido, si cupieran
... Y si  hubiera quien venciera
lo sacro, al pasmo
y con nuevo nombre – clamor, diera paso
de veras, arrancara del sueño hondo
uno (solo) (tal vez azul)
otro sí   ]

(... de noviembre)
Hoy quisiera ser una gota de agua
que se llena sobre sí misma
siempre a punto de extinguirse
una gota en un desierto helado
hoy, un gesto, una mueca
que me traiga tu llanto de escuela
hoy quisiera ser un pájaro
en el deseo antiguo de volar
una lágrima encendida
olvidada
en la cara de nadie
el vidrio que va a romperse
en pedazos chicos de hielo
un bolero
cantado por ninguno, para todos
hoy quisiera ser tus ojos
para mirarte las manos
si tuviera tu boca vendría
a buscar la mía, la roja, la olvidada
si yo fuera un segundo en el tiempo
desearía antecederte, llegar antes
como un fiel espectador
como un amante.

Bueno, el café, además. Todo...
Mil gracias...
Dialogar.


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