sábado, 31 de diciembre de 2016

Aproximaciones: de andar, – ilusión y ofrecimiento: Diálogo con María José Caro

Con tono fresco, pero directo al punto. Algo así.
Es el tiempo que aprieta, pero también una forma de ver la realidad que, además, y debido a la misma perspectiva, la configura, hace esta reconocible, acaso como – íntegramente externa. Revela también un método, por lo que cabe la cuestión: a qué problema se procuró solución con su planteamiento, qué motivó su desarrollo.



María José Caro, agenda a un lado, sonriendo. Ágiles lecturas. Olfato presto. Chispa. Se nota.
La idea va de digresiones a partir – de una experiencia,
acaso, – por necesidad...

El único momento en que siento que controlo algo de lo que pasa en la vida es cuando escribo...

Control... de lo que pasa como fenómeno libre, en la reproducción y recreación. Entraña – conocimiento. Nuestro tiento instintivo  más cercano.
Nombrar y poseer. El lenguaje es fundamental. Y lleva a tentar la obra como signo, con vida propia. En ello, la pretensión por dotar de pleno sentido un texto, y que su título signifique algo nuevo.
Nos nutrimos de la propia vida, pero también, a menudo antes, de – mundos ajenos...

Lo que leo, la música que escucho. Mis propias frustraciones; lo que veo en la calle...
Creo que lo fundamental de estar vivo va por ahí... Uno se enfrenta a un mundo que no entiende. Y es que en este (el otro), conviven de la gente... a los libros y la música.

Mundos, y posibilidades de mundos, cada uno con vida propia, decía... (se trata más bien de una ilusión)...
Las obras en realidad – no contestan.
Tras el ofrecimiento, como más, – un silencio sobre el que queda raya estridente nuestra propia voz, si nuestros motivos hondos no son transparentados (caso en que por terribles que sean, armonizan con los oscuros acordes que tememos, – y hacen, entonces, luz); si en lugar de liberación, reducimos a juego y retórica la oportunidad...

Me gustan Richard Ford, Alice Munro. Lispector y Ribeyro. También algunos autores de estilos fácilmente reconocibles, como Foster Wallace. Hace poco descubrí a Ana Blandiana. También me gusta leer divulgación científica.

Apartado el azar: autores de voz sabia. Autores sensuales. Un pretendido, pero indudablemente talentoso, seguidor de sí mismo, a la sombra de un verdadero titán (Gaddis).
Y ciencia...
Aproximaciones, proposición de respuestas. Una vez más, conocimiento. Pero todo tiene un precio. Nos hace humanos esta clara intuición de sentido, la necesidad, para muchos, de determinar, acaso, la entraña de este, su espíritu, y nuestra conexión a propósito. También,  significar a la cuestión, el carácter de – provocación.
El conocimiento proporciona alivio, cuando no se alcanza a vislumbrar todavía la nueva duda a que da pie. Engañosa conquista... que seduce gradualmente...
Cuando hay oficio.
Tu trabajo...

Elijo componer pensando en una escena y luego la reescribo una y otra vez, la despliego.
Soy un poco obsesiva.


Me gustan las historias pequeñas, lo cotidiano.

Viene fácil la imagen, por el contraste que ofrece: Thomas Woolfe y Francis Scott Fitzgerald, grandes amigos... y dos caracteres bien distintos. Clases de narradores: los expansivos como el primero, y los que recortan, mas sin simplificar. El mismo Thomas ponía de ejemplos a Francis, sobre las cimas de su campo: novelas de acumulación: El Quijote, Tristam Shandy, Moby Dick...
Resulta más o menos claro, sin embargo, qué estela brilla más para ti...
Refiere al poder de la imagen. Más a la fotografía que a la pintura. Y también dice de la época...



Las imágenes..., claro que han evolucionado, y han afectado la escritura.
Pienso en las series de los noventa, por ejemplo, versus las que existen hoy. Los guiones se han vuelto mucho más complejos y humanos.

El grado de control es mayor. Producciones más exigentes, y pulidas...

(Recuerdo, de tu novela, ese fragmento:

Es paradójico, la sensibilidad sin valentía es solo egoísmo que carcome. En Madrid puedo creer que soy mejor. Allí no tengo pasado, o si lo tengo, es solo una maraña que aparecen cuando abro la boca y se define en el imaginario de la persona con quien converso. ¿Cómo serán mi casa, mi familia y mis amigos en ese lugar que no conozco?*
)

Y es que retornamos a la complejidad, que requiere claridad, lejos, pero tan cerca, de la complicación, que carga ruido...

Decía, cuando escribo siento que mi vida orbita alrededor de algo que puedo controlar. Eso me da tranquilidad. Por ejemplo, yo escribo de mañana, siempre entre las cinco y las ocho, cuando el mundo está callado. El resto del día lo enfrento de forma diferente.
No puedo escribir de noche, me siento saturada.

El tiempo que requiere el desarrollo de la propia claridad...
Control...
Formas de procesar la información.
Pienso en esa misma posición, la alusión a la contemplación, desde voces particulares: Doris Lessing, Marilynne Robinson, por ejemplo. Enfoques...

La voz femenina..., hay miles.
Más que una voz femenina, busco experiencias personales, voces que me hagan sentir menos sola.
Igual, me parece genial que ahora las narradoras tengan temas diversos. Me reía antes de eso de la literatura femenina porque me sonaba a libros de Danielle Steele.
Literatura femenina, un rótulo que no aporta...

Diversidad. Elección sin forzamiento. Afirmación... Lo que deriva en la idea: que sí se esperaba que dijeran, y contra ello, la necesidad de decir acaso lo contrario, más que cuestionarlo, tan absurdo resultaba – y resulta aún en sus resabios...
Ciertamente, en voces como las de Marilynne y la de Cinthya Ozick veo, es posible encontrar tanto, tanto más, sin obviar, permanentemente, un cuestionamiento hondo de cada aspecto de esta historia de liberación.
Hay, además, otros rótulos...

Un rótulo que no me gusta nada: Autoficción.
De pronto, si tu personaje es muy parecido a ti, cae de inmediato.
No creo que aporte. La literatura siempre se ha nutrido también de la experiencia del autor. Imagínate si nos ponemos a etiquetar en el catálogo hacia atrás...

Roth, nuevamente Woolfe, y Lucía Berlin, y... Erica Jong (!)...

Lo interesante es darle un sentido estético a eso.
Aparte, también, sucede que a veces el lector anda más pendiente de contrastar los hechos  narrados con la realidad, que los del libro en sí mismo.

Cuando estos ciertamente alcanzan a ofrecer un mundo.
Hace rato decíamos de ilusión... y es que la experiencia se teje solo a través del diálogo, por lo que la obra, por más ricamente que desarrolle un conjunto de imágenes, aparentemente de la nada, o recree con enorme eficacia un paisaje, condición o posibilidad razonable, es y será siempre, más bien – una ventana...
La vocación va de usar elementos que sí podemos controlar, para adentrarnos en el terreno de lo que no: hacer el camino implica convertirlo todo en afirmación... ¿Qué es si no cuestionar?, ¿y cómo si no de tal modo, es posible de veras?




Adónde, ahora...


Sentarme a escribir otra cosa...
No por publicar pronto, sino por aquello del control.
Escribir me da un eje alrededor del cual ordeno mi vida.

Un método, decíamos, también.

Formas...


* De la edición de Perro de ojos negros, Mondadori.

lunes, 26 de diciembre de 2016

El frío de la piedra, el candor de la locura: Sobre la obra de Tamara de Lempicka, en diálogo con Ana Negro

Dijimos del asunto de Tamara... Fue por un comentario contundente, apenas a mención de su nombre.
Ana Negro. Pues, una visión atravesada por la experimentación, me aclaras. 
Y bien lo sé. Franqueza luminosa, a veces como destello – de fuego de arma...
Ante los personajes de los cuadros, nunca al pie de ellos, pese a su porte monumental, para dialogar. A ver qué...
Una taza de café en la mano. Expreso.
Sus pasos seguros. – Voz que se abre paso...
Ah, un gusto...

Siempre a rigor de verdad, es así, pero tratándose de este quehacer, más aún, más...



Tú lo has dicho, Tamara fue un personaje, un personaje que de una manera u otra trascendió, ergo, en algún punto cumplió con su objetivo y en ese sentido tuvo éxito. La cuestión es que ese punto no significa demasiado. Por afán de complacer supo leer en su tiempo el gusto de cierto estrato social y, acompañado de un dominio técnico que no puede negarse, responder con éxito a la época.

Asunto de gusto...,  decir acaso poco... Lo que hizo ella gustó porque representó, a través de un complejo juego de referencias plásticas, un afán de espíritu seriamente objetable, sí, pero trascendente en su carácter elemental a la propia época. Hoy mismo, sus cuadros seducen por razones casi idénticas a las del pasado.
La cuestión que importan una y otra vez: si la magnificencia atribuible a sus criaturas corresponde propiamente a humanidad...
Los cuadros nos enfrentan. (La profundidad sí que es relativa.)

La interrogación que se me plantea es: ¿Qué es lo que estuvo en juego en esa obra?
Comparto la concepción de la creación que tiene la Duras . Cuando habla de los libros y de la escritura manifiesta algo así como que hay dos categorías de escritores: unos para los cuales los libros producen como una sustracción del cuerpo, como un “ despoblamiento” progresivo del cuerpo (se incluye ella en esta categoría), la segunda es la de aquellos para quienes la escritura es un mero “ ejercicio” del cuerpo. Allí no hay pérdida, solo ejercicio del oficio.



Objetar las motivaciones del proceso... Pero el motivo de la obra es la efectiva comunicación de la cuestión. Se trata de arte. Tenemos, para empezar, el asunto de Si aquella magnificencia... Duda concreta, para la época y para los patrones de elegancia, por ejemplo, aún hoy. Alude a nobleza y a una suerte de derecho divino, patraña, algo terrible, trágico, siempre.
Los personajes de Tamara, por principio, son inmortales. Monumentos, cada uno. Como tales, lejanos a la crítica de las personas reales, criaturas complejas, que retratan o, más bien, en que se inspiran; encarnan, digamos, un ideal de esencias superiores, acaso. Mas, en virtud de qué... Qué mito...

De Lempicka evidencia un saber hacer indudable, una técnica exquisita, pero también una complacencia que siempre está asociada por definición a una anteposición del gusto del Otro que condiciona la obra. Hasta el nombre del estilo a que se dedicó evoca la complacencia: Déco. Ornamento.
Entonces, no se percibe la necesidad, la tensión del vacío donde la forma es creada .Tal vez , aventurando, simplemente porque la pintura era para la artista un ejercicio gozoso del cuerpo. Personalmente creo que la complacencia obtura el goce y lo que queda es el regodeo gozoso que es bien otra cosa.



Pocas expresiones culturales transparentan con tanta claridad los valores de una época, las pretensiones, tanto como las concepciones arraigadas de las que incluso obstruyen el desarrollo, una idiosincrasia y, sobre todo, la composición de una sociedad, como la arquitectura...

El afán de monumentalidad, par a la de estos personajes glamorosos, pretende en efecto elevar el signo de los anhelos, más bien como logro, sobrepasando su época, exponerlo como obra de un designio superior a la voluntad de los hombres o como elevación, una vez más, de esta, al nivel de lo inmortal. Prosperidad. Perdurabilidad.
Importante atender como elemento de esta misma visión, cierto tedio (contrastado solo por voracidad, pasión) en las criaturas... En efecto, son diosas, dioses...



Creo que en la creación no hay complacencia posible. Se pone todo en cuestión cuando el deseo que se satisface es el del otro. Y entonces deberíamos plantearnos qué es un artista, que es lo que hace un artista cuando “hace obra”.

Siendo entrega, que no sacrificio, la materialización de un deseo, por bajo que este sea, habrá de cobrar valor  por otro motivo: en qué medida, digamos, cuán hondo cuestione tanto la realidad de que surge, como la naturaleza de los sueños a que da vida – su visión.
Recuerdo un pasaje de Conversación en La catedral en que el tirano advierte a su hueste de no meterse con los vicios de aquel a que tenía a merced. Los vicios suelen entrañar los motivos más profundos, y la clave del rumbo para dejar la banalidad con que, por otra parte, "lumpenizan".



El anecdotario de la vida de la artista es otro asunto. Ningún juicio de valor al respecto. La vida de los artistas es absolutamente secundaria y poco interesante cuando existe una obra genuina. Cuando la obra es, centralmente, la vida misma, cabe preguntarse donde se aloja la creación.
La cuestión es que en esta obra me resulta difícil percibir la herida de origen, no se la ve en los cuerpos desnudos, no se la palpa bajo los ropajes o los maquillajes perfectos de las figuras hieráticas. Es una impecable puesta en escena, pero lo que sucede o no en el anverso de la escena me resulta esquivo.

(Las posibilidades del diálogo surgen de la diferencia.
A menudo es la lente...)
Tamara encarnaba en muchos sentidos, más que un ideal, si bien solo por momentos, ante espejos, seguramente, mientras durara la embriaguez estimulante, droga, y en el brillo de los ojos de los demás, y lo halagos, el espectro de un deseo de misticismo primitivo, perverso. Y lo sabía.
Despertar de la ficción por negación, atemoriza. Romper estructuras, esas trampas intelectivas... Afirmarse desde el aparente vacío, y entregarse – en obra, compromete ir a por una plenitud... que a cambio desgarra toda garantía de confort como el hasta entonces procurado; nos arroja lejos, a ver nulo el valor mismo que le atribuimos a nuestras edificaciones (cuánto tiempo empeñado; lo hecho por sobrevivir... – ! – )
La llaga que refieres ausente corresponde en efecto al vacío de una época: vacío de esencias, colmado entonces por lo banal... Reacción por negación a las limitaciones que nos configuran como humanos: el estallido de una pretensión inhumana.
Verbigracia...: resistencia de la piedra y el metal, en las telas inflexibles..., no obstante la delicadeza de las líneas, ese notable balance entre gracia y volumen monstruoso (que siembra la duda)...



Al final allí radica toda la diferencia. ¿Existe la necesidad imperiosa de crear o se produce con lo que le sobra al artista en un despliegue de recursos técnicos puestos al servicio del gusto colectivo de la época?
La resultante de la complacencia engendró, no obstante, en este caso, una corriente artística con nombre propio en un período del arte del siglo veinte.
No se puede dejar de reconocerlo. Pero no por ello dejar de manifestar que existe una diferencia abisal entre “despoblarse” en la obra , entre el desasimiento que desconoce la resultante y el regodearse en la obra, en la ejecución de un ejercicio técnico impecable para seducir y complacer al mundo.

Lo monstruoso es desproporción. Ejemplos: una cucharilla de docientos metros de longitud sería monstruosa, como un puñetazo en reacción a una sonrisa dudosa..., o, infinitamente más, el exterminio en masa por cualquier motivo, más aún uno falso pseudo-místico-mitológico...
Los personajes de Tamara representan en la acentuación de rasgos que, sin embargo, nunca escapa la proporción llena de gracia ni peca en juego de caricatura, lo monstruoso de una pretensión por divinidad inventada...
Y entonces entra a tallar cuanto dices del gusto...



No tenía registrado ningún gesto de colaboración con el fascismo, que es lo primero que se me pasó por la mente. No participo de juicios de valor sobre la vida de los artistas, sus hábitos, estilo de vida etcétera. Sí me haría ruido un gesto de colaboración o una posición claramente fascista. Entiendo, no es el caso.



Respecto a la complacencia radical de la vida y obra de esta artista, creo que es exactamente lo que la define.
No me es posible concebir la creación asociada a esa palabra, cuestión muy de fondo porque no creo en la existencia de objetivos en la obra de arte. Complacer al público es un objetivo, una propuesta que, en manos “educadas” y dotadas de cierto talento, puede producir, como en este caso, una obra con buena factura ofrecida al disfrute del espectador. Incluido por caso el éxito económico del mercado. La cuestión es que el objetivo antepuesto al acto de creación, impide que este acontezca. Por eso te decía antes de la cuestión más compleja de saber de qué hablamos cuando nos referimos al arte, al ser artista... 


En efecto, no se trata de objetivos. Reitero: la motivación, comunicar la cuestión. Esta ojo , precisamente por autenticidad, por complejidad sin complicaciones, evade definiciones y se abre a lo profundo a través de la polisemia...
Otra cosa es que los fines personales, cualesquiera sean estos, condicionen al desarrollo de una cuestión  más allá de los propios objetivos que aquel, digamos, no-artista, se plantee concientemente (esto, a riesgo de truncar toda posibilidad de creación importante).


Regreso al concepto de teckné para decir del acto de creación. Traer a la existencia aquello que no existe, traerlo al mundo visible, proceso este, imposible sin la disposición del artista, aquel que trae formas prefiguradas que captura en su extraño saber y pone a su disposición su talento y su técnica para otorgarles una existencia física.



Los motivos, en ocasiones exceden el amparo de una razón individual...
En general, bien sabemos, es posible el alumbramiento de una obra importante por parte de alguien de menor talento y destreza que otro, estéril a ese nivel... Y viscerversa (las más de las veces).
Decía Naipaul, y vuelvo a parafraseralo: talento, trabajo... y fortuna...

El artista funciona como instrumento. El instrumento es vacío, es canal de pasaje del saber. Es un concepto que no puede dejar de asociarse con lo religioso, lo sé. Es un “religar” que exige la entrega. Y para que ello sea posible uno se vacía, uno “es vacío”. El vacío excluye la interferencia de cualquier objetivo, de una finalidad, de un hacer para…., de la complacencia personal y social.



Si un autor es plenamente consciente del íntegro de su disposición, se encuentra en gracia de plenitud (lo que me lleva a dudar de los verdaderos motivos por los que comunicaría algo a través de un medio "artístico")...
Por lo general, la labor debe rol determinante, por sobre la propia voluntad, y por sobre el dominio de toda técnica, a la voz detrás, intuición, digamos; más precisamente, vocación – guía al sendero de la duda sin nombre...
La habilidad de atenderla y brindarle, por otro lado, el mejor modo, conlleva a ser, lejos de nada más existir y más allá de concentrarse en hacer...: extremos, uno de la expresión brutal, y el otro, del vacío de los estetas...
Realizarse en la obra. Desde luego, – se cultiva. Este conocimiento es el mayor. Y lo compromete todo...
Queda, no obstante, el terreno accidental, excepcional, cuyo valor relativo, sin embargo, es en cuanto a lo básico, innegable...
De ello que en ocasiones, un decorador... logre arte.

Es sutil, muy sutil el proceso de desasimiento de uno mismo. Pero es en ese abandono que algo acontece. Que es de otro orden. Y posiblemente, casi con certeza, fracase en muchos casos en su propio tiempo histórico (a veces en todos los tiempos). No olvidemos que la historia evidencia que lo que las masas aprueban y convalidan rara vez coincide con la verdad, la justicia, la belleza…
Tamara de Lempicka construyó una obra con talento, con técnica y con objetivos claros de complacencia mundana que funcionaron inicialmente y no pudieron repetir el éxito en el giro tardío a otro estilo en el afán de recuperar la aceptación del mercado.
No puede sino reconocerse un éxito en términos sociales y la trascendencia de su nombre en la historia del arte. De alguna manera ha sido convalidada por el mundo. ¿Que si ello es importante? Para ella seguramente lo fue.
Tamara me lleva a evocar un fragmento de un texto peculiar, muy sencillo de Saint Exupery en su Carta a un rehén, escrito sobre la experiencia del autor en la Segunda Guerra como piloto de la resistencia francesa:
Salía yo de una guerra densa: mi grupo aéreo, que jamás había interrumpido, durante nueve meses, los vuelos sobre Alemania, había perdido ya las tres cuartas partes de su tripulación… Había vivido la noche espesa de nuestras ciudades. Y ahora, a dos pasos de mi casa, todas las noches, el Casino de Estoril se poblaba de aparecidos. Silenciosos Cadillacs, que simulaban dirigirse a alguna parte, los depositaban sobre la arena fina del porche. Se habían vestido para cenar como otrora. Mostraban sus plastrones o sus perlas. Se habían invitado los unos a los otros para comidas de figurantes, donde no tendrían nada que decirse… Se instalaban alrededor de las mesas... y se afanaban en experimentar la esperanza, la desesperación, el temor, el deseo y el júbilo. Igual que los vivos. Jugaban fortunas que quizá, estuvieran vacías de significaciones en ese mismo instante. Usaban monedas que tal vez estaban ya permitidas. Los valores de sus cofres estaban quizá garantizados por fábricas ya confiscadas o amenazaban por los bombardeos, ya en vías de arrasarlo todo. Al anudarse al pasado se esforzaban en creer, como si nada hubiera comenzado a crujir sobre la tierra desde hacía unos meses, en la legitimidad de su fiebre, en los fondos que respaldaban sus cheques, en la eternidad de sus convenciones. Era irreal. Era como un baile de muñecas. Pero era triste. Sin dudas no sentían nada...



Quiero decir, cada humano y los artistas no son una excepción, atraviesa la existencia según su propia elección. Esa posibilidad nos ha sido dada. Y nos hace libres.

De ello que quepa la desproporción... La monstruosidad. Tamara seduce, dije en un principio. Mas, pese a que no era su intención, revela como advertencia, el fulgor que adormece, que dopa, que cuando estimula, lleva a la ilusión de otra vida, con el desprecio de la realidad ricamente misteriosa y aunque a menudo dolorosa, plena de oportunidades. Tamara y el espejismo que lleva al espectador a creerse del lado del lienzo fragancias dulces, pese a tener ante sí, cruda, la sal de mármoles.
Destellos de atroces posibilidades...
Aquí, lo que le fue indisimulable. Porque la piedra es fría. Porque los senos no son cimas. Porque los ojos no son cristales. Porque la carne es solo carne. Y los seres humanos somos eso – pero más, mucho más...


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Voces de adentro, y afuera: Sobre Todos los hombres del Rey, de Robert Penn Warren, en diálogo con Roberto Zeballos

Todos los hombres del rey. Inmensa. Nada más con este título, Robert Penn Warren se habría asegurado ya, la enorme admiración de que goza entre conocedores. Pero hizo más. Poesía, crítica... Antes y luego. Coronó, digamos, pese al anacronismo que implica tal afirmación, su rica carrera, con esta novela clásica.
Válido abordarla como punto de partida, y volver al cabo del resto, a sumar de nuevo... (Ah, – esta clase de implicancias con el autor, más de una vez.)
En fin, recomendársela a Roberto. A sabiendas que vendría luego la conversación. Con la nueva edición, restaurada, – qué mejor...

(Comentario del catálogo de Anagrama:
Willie Talos –inspirado en una figura histórica, Huey Long, el célebre y discutido gobernador populista de Louisiana – es un personaje de poderosa y compleja personalidad: orador amado por las multitudes y dictador sin escrúpulos que se mantiene en el poder mediante la corrupción y el chantaje. Robert Penn Warren ha escrito una de las grandes novelas políticas del siglo XX y una original exploración del tema inagotable del conocimiento de uno mismo, donde se entrelazan varios destinos. En el centro, Willie Talos, abogado de origen humilde que llegará a gobernador del estado, que seduce a Anne Stanton, a su hermano Adam y a Jack Burden, los insatisfechos hijos de las familias poderosas del estado. Adam Stanton es el idealista puro y Jack Burden es un desarraigado que pretende ser sólo un espectador inteligente.)


Un par de semanas, tras la rumia y el paso por una buena decena de libros para aderezar el intervalo, – café por medio...
– Qué me dices...

Esta es la historia de Willie Talos, pero también es mi historia. Comencemos por aquí. Si bien se parte de la idea que estamos ante una novela sobre la política americana y el personaje de Willie Talos (o Huey Long), me he quedado con la impresión de que se trata principalmente de Jack Burden, quien lleva todo el peso del relato. Que ha asumido la responsabilidad de este en un sentido muy particular.

– historia, – testimonio. Historia. Experiencia...
Pero, como se trata de una obra mayor, el ciclo no es tal. La afirmación, arriesgada, mucho, es otra. Por principio se desarrolla un juego con el propio tiempo, y se cuestiona el destino a partir de la voz narradora, del mismo modo en que se conviene, la versión oficial de los hechos – va por el vencedor histórico.
Pero, ¿quién gana aquí? (Más aún, en el mismo sentido: ¿cuál es el valor que determina el triunfo, y es pretendido?)

Uno de los aspectos más interesantes de esta novela es, precisamente, el de la problemática de la narración de los acontecimientos. Ello, por la postura del personaje-narrador Jack Burden, quien problematiza una y otra vez la pertinencia, la veracidad, el valor de su relato: El hecho de mi ignorancia durante el curso de los acontecimientos de cada día crea un problema peculiar.
Los sucesos son “apariencia”. Lo son debido a que el narrador carece del conocimiento de la “lógica” propia de ellos. Esta lógica se entiende como ciertos “principios” en los que subyace su “realidad”. Narrar en términos de esta Realidad, entonces, significa narrar de acuerdo con ciertos principios y de acuerdo, además, con un conocimiento de esos principios adquirido a lo largo de los mismos sucesos que se van a narrar.
(Podríamos decir también dar una forma a la materia masa in-forme  de los acontecimientos. Narrar implica siempre dotar de una forma, crear una forma para los acontecimientos que los hagan comprensibles. ¿Pero esa forma es un añadido o subyace en los acontecimientos? Aparentemente la opción de Warren es la segunda.)

Principios, y valores... Cuál, decía...
La validez, el grado de credibilidad, – a partir de las implicancias para el propio narrador, su compromiso – por fragilidad. Honestidad (!), – fácil decirlo...
(Ahora bien, ojo, todo esto, para – ficción (!!)... Warren construye un complejo aparato, sin pieza suelta, sin repetición redundante, sin guiño vano, – a completar – proponer – una verdad, al margen de la Historia, y de – su propia historia.)

Al narrar en los términos señalados, percibidos a posteriori, se percibe que algo está mal: puesto que en el arte, como en la vida, hay un “pecado” contra la Apariencia, como un “pecado” contra la Realidad. ¿Qué es lo que está mal?
Debemos en este punto considerar que la problemática que se plantea Burden no es solo la de su papel de narrador. Hay un involucramiento muy profundo de Burden en los acontecimientos narrados, al punto de que Burden cambia en el trascurso de la narración, como consecuencia de lo que le sucede. Burden declara que no conocía algo, y que la vida y la muerte de los protagonistas de la historia (sus amigos) le hacen conocer “una verdad”.

Algo que anda mal...
Warren plantea la cuestión como trampa: Ahí, el tino del poeta para la insinuación – seducción por gracia del lenguaje y la disposición de términos a través de un discurso denso precisamente por eso...; aunque apenas y se perciba dicha causa sin la atención debida...
Tomando en cuenta las hondas consecuencias del engañoso postulado de Warren, situando en estruendoso entredicho, además, posiciones universalmente asumidas como apropiadas – hasta hoy (!!!), llama la atención por la sencilla contundencia de su propuesta: modo, lenguaje, Oficio – Arte en la sutileza del juego, a través incluso de la jerga..., de hoyos en la lógica y el aparente olvido...
Bajo un rayo generoso: – Esencia del siempre tremendo afán histórico: registro para la enseñanza. Valor del testimonio, y la pretensión de objetividad a través de la encarnación supratemporal con animus historicista; la renuncia a esta última posición (la que curiosamente pinta de vía para la inmortalidad de la novela), en entrega al desarrollo de un aprendizaje.

El problema radica en si es artísticamente correcto contar todo desde la comprensión de esta, la verdad adquirida al cabo. ¿Por qué no sería correcto? “En el arte, como en la vida”, contar las cosas únicamente desde una comprensión final implica una traición, una traición a las apariencias.
Pienso aquí que la narración literaria no puede omitir las apariencias, porque se convertiría en un relato didáctico, apologético. El reto del narrador es el de no olvidar la perspectiva de las apariencias, para seguir siendo fiel al arte (y a la vida).

Aprendizaje, lejos de la pedagogía – y la demagogia y la pedantería. Como experiencia...  del cuestionamiento, por comunicación...
(Cosa de recordar: la experiencia artística importa penetración en la cuestión, a través del medio elaborado – por oficio. Se ve más allá, – se aprende.)
Warren desarrolla a través de su juego (con el que interpela indirectamente, también, y justamente por deshonestidad, a Talos), la posibilidad de un nuevo mito para el trazo del destino...

La forma de la narración debería estar, entonces, determinada tanto por la compresión posterior de su lógica, como por el efecto que tiene el no-poder-comprender esta lógica mientras suceden los hechos. La apariencia significa la ausencia de una lógica, y así, de un vacío de sentido, y –siguiendo a Burden– de una ausencia de responsabilidad, y por ende –finalmente– la supremacía de una condena preestablecida.
Esta condena adopta forma de dicotomía: no es posible reconciliar dos extremos, el ámbito de las ideas y el ámbito de la acción. Otra forma en que esto se manifiesta es la afirmación de que, en el ámbito de la acción, cualquier cosa que pueda considerarse como buena necesariamente se crea a partir de lo malo. Asimismo, conduce a la desesperación de Burden –nadie tiene responsabilidad por nada, llega a afirmar – cuando descubre la relación de Anne Stanton.

Es Robert Coover en La hoguera pública quien subraya eso de que en política la gente no vota a favor de una propuesta, si no contra una amenaza..., ánimo que conviene azuzar. – El mal radica en esta forma de decisión, no en la supuesta amenaza: esta puede ser, suele ser ficción.



Hondo...
La auténtica Tentación: – ultrajar las posibilidades de la vida por la negación de lo que supuestamente la amenaza. Cuán distinta la afirmación quiero vivir, del clamor no quiero morir. En este último caso, cabrá, no, más, se recurrirá al sacrificio por impulso ciego, ya que se marcha de espaldas, a la nada (por elección de nuca)...
Las normas, conviene tener siempre presente, se conciben también de dos modos: como medios o como límites. En el primer caso, contemplan la posibilidad de excepción desde el principio en tanto y cuanto aportan a la obra sin desmedro de otros . En el segundo, son en sí mismas negaciones. No cabe el perdón. No amparan por sobre la negación primaria...
Qué de extraño puede haber en que Lucifer encontrara injusta la plena gracia de los seres humanos... si humanidad es tragedia por duda, falibilidad, fragilidad, proceso en sí misma y ampara por ende, error...
Qué de extraño en el planteamiento de el Árbol de la Vida y el Árbol de la Ciencia...

Lo más importante, sin embargo, es que al final se arriba a una forma de conciliación en la que se conjugan dos movimientos: aquel por el que Burden alcanza a comprender que “la manera en que vivieron” sus amigos manifiesta una negación de la imposibilidad de resolver aquellas dicotomías –y por ende Burden renuncia a su propio escepticismo ; y aquel por el cual Burden resuelve cómo hacer la narración de los acontecimientos, y en cierta forma justifica su propia decisión de narrar resolviendo aquella inicial imposibilidad.
Quizá la mejor expresión de ello está en el diálogo final de Burden con su madre: no debía hacer esto y lo otro; pero lo hice; y ahora sé. Esta posibilidad de “saber” es lo que resuelve el dilema.

Afirmación por doble negación. – Humanidad, decía...

Según esta perspectiva hay una cierta inevitabilidad de las “apariencias”, en el sucederse de los acontecimientos, pero ello no impide alcanzar un conocimiento acerca de cómo debieron darse las cosas “en realidad”; en esa reflexión se basa la idea de “responder” por las cosas que han pasado... It might have been all different, Jack.
Así también en la narración (“en el arte al igual que en la vida”): el relato no debe omitir el peso de las apariencias –dejar de expresar esa condición del sujeto ante el sucederse de lo inmediato–, pero tampoco evitar la idea de un sentido, de una comprensión a posteriori, que consigne una forma racional, o una interpretación de lo narrado más allá del mero recuento de eventos.

Compasión...
Aunque pueda parecer descabellado, buena parte de los seres humanos, inevitablemente, contra el reflejo de evitar ver en lo hondo de la propia finitud, vislumbramos esa tremenda cuestión de escalas... El asunto, luego, es no evadirse.
El narrador nos acerca a través de su propio yerro, sin justificaciones, – como con una simple secuencia de hechos, con una voz acaso cínica. La del periodismo. La de la investigación de bajos fondos. La de muchos historiadores. La de la política. Se guarda de revelar al cabo su propio aprendizaje, para no estropear el nuestro.

Esto se traduce, por ejemplo, en el reconocimiento de la existencia de una división, una “agonía de la voluntad” en los protagonistas. Se podría traducir en el reconocimiento de la posibilidad de “obrar de otra manera”. Esta especie de vacío –la constatación de este vacío – a través del que se tensa la voluntad – en el aire, por así decirlo , y en el cual ya es posible negar la condena o la arbitrariedad (The Great Twitch) es lo que, asimismo, posibilita dar forma a una narración por la cual, finalmente, se comprende que al poder haber sido las cosas de otra manera, es inevitable hablar de una responsabilidad, y reafirmar, en consecuencia, la capacidad creadora del ser humano: la capacidad de dar forma a ese vacío en el que se tensa la voluntad, y en el que agoniza la voluntad.
El contraste, así, dota de lógica, de una explicación a los eventos, pero a su vez recordemos  se produce como consecuencia de haber vivido los acontecimientos, de haberse sometido a ellos, de haber experimentado la agonía de la voluntad, de haber alcanzado un conocimiento a posteriori... No sabía, ahora ya sé.

(Pedimos más café...)

Recuerdo de otras conversaciones a propósito de este mismo tema, eso de ciertas nuevas tendencias...
Pienso en Limónov...

Todo esto difiere enormemente de lo propuesto a través del personaje-narrador Carrère, el cual omite toda idea de un involucramiento que implique experimentar la narración –los sucesos– desde la propia agonía de la voluntad, del vacío que implica “la posibilidad de obrar de otra manera”, ya que hay un desinterés fundamental por la verdad en el sentido de esta posibilidad de contraste.



Carrère pretende una experiencia diferente. Y cuestiona a través de la ficcionalización por método de una realidad controversial. Su visión cala a partir de las dudas que acercan al propio Emmanuel al increíble Limónov, y, paradójicamente, de la distancia que deja por medio para que nosotros caigamos en la cuenta: ¿qué tan válido es esto?, ¿de qué forma me convence?; como en efecto te has preguntado tú y todo buen lector...
Cinismo, sí, pero expuesto, en efecto, para la cuestión con la que desafía: cuestionando quizá – la irrealidad, tan atractiva...

La vigencia de All the King’s Men es la vigencia de la ficción narrativa tradicional, en la que se asume la “irrealidad” de lo narrado a fin de elaborar una forma que explique una “realidad” subyacente a los acontecimientos ficticios; en contraste con la negación de la irrealidad en las “no-ficciones” de Carrère, en las que a su vez subyace una ausencia de compromiso con la tarea de explicar la realidad que se narra, y a veces de la misma tarea de confirmar la veracidad de los acontecimientos. Así por ejemplo, en su recensión sobre Limónov, afirma Julian Barnes que Carrère declaró que no podía calificar a su libro como biografía porque no se había molestado en chequear la veracidad de los hechos y dichos del protagonista.
Concluye Barnes: Whenever his mother comes into the story, occasionally offering her professional opinion about the history or current state of Russia, she sounds cogent, accurate, unswayed by romantic admirations, and well able to make up her mind. Perhaps she would have written a better book than her son.

La potencia de Carrère radica en que la realidad, inaprensible, lejísimos del realismo como corriente, implica interpretación... y la posibilidad de creer lo que uno quiere creer, engañándose..., errando, dando pie así a otra posible realidad..., ello,  implicando desde su propia voz, solo en apariencia distante, y por tanto, tendenciosa, provocadora...

El autor aclara siempre que escribe sobre hechos reales, a partir de ellos. Pienso en sus notas sobre Werner Herzog en ese mismo libro y cómo, tan sutilmente, traza un arco similar al que refieres de Todos los hombres del Rey...
Su compromiso se nota más bien inevitable, ineludible para él mismo, sometido por la realidad que invoca y hasta lucha por deformar, interesado en otros fines menos nobles...
La tentación de esta nueva forma difiere, desde luego, del anzuelo de la novela clásica en general (aunque, bueno, el mismo Carrère subraya, no hace novela), y de la del magistral Warren en particular; no obstante, considero importante atender que también toma distancia – y mucha  de ese nuevo movimiento de vacuos testimonios que apenas y suman reflexión diferente a la de las noticias más o menos bien contadas por la tele... sobre Noruega o periodistas de por estos lares...

(La ciudad levanta el manto sobre sus más densos rumores.

Nosotros acabamos una taza más, cada uno.)

El loro de Flaubert sigue siendo quizá el mejor libro de Barnes. No es novela. Tampoco ensayo. Sí, refiere hechos reales, y suma con humor tanto de ficción y sola probabilidad, dejando abierto el espacio a tantos vínculos posibles entre personajes, a partir de la pasión del investigador...

Quizá él mismo pudo haber escrito un mejor libro sobre Flaubert de haberse limitado a hacer Historia e involucrarse más – explícitamente; pero a quién le importa luego de haber leído ese breve "experimento"...


***

Todos los hombres del Rey. Provocación. 

Lejos, lejísimos de acabarse, de ceder el paso a nuevos textos en el mismo archivo..., hace más fértil, a través de los cambios que provoca en la propia visión, lo demás...
Y aprendemos...
Hermano, siempre es un gusto.


lunes, 19 de diciembre de 2016

Ilusión de elección – y la posibilidad: Diálogo con Frank Diamond

Andar y dar en el camino con alguien que ve, digamos, el revés del medio, que procura revestir de gracia la decadencia para hacerla traje, armadura, buen abrigo a la marcha. Pues así la ve y  la teme dolorosa; se resigna a ella, y tienta por consuelo – belleza.
En lugar de ir por luz, dar con los brillos en la oscura capa que se cierne sobre sus párpados, perfumada. Al cabo, es una elección.
Provoca curiosidad.
Frank Diamond, amablemente, dado a simple dejar ver al tajo – que carcome de canciones a la lluvia, como quien saborea uvas una por una, envenenadas.
Esto, por el gusto de un silencio, esta vez cómplice... – que romper...



Me siento extraño, muchas veces… Es como si en el mayor momento de sufrimiento, sintiera algo positivo. Cuanto mas decaído o triste estoy, siento que mis fotografías tienen más vida y hablan mejor por sí solas. 

La oscuridad me inspira. Lágrimas, aquellas cosas que normalmente llevan a la tristeza y la melancolía. Siento que incluso en el dolor se puede dar con lo romántico. En la pérdida, en la desesperación.

Elaborar representaciones.
Se trata, en apariencia, de un enfrentamiento. En realidad, – coquetear con la muerte. Reemplazar la necesidad por ilusión de elección...
Drama...


Pero está la entrega que lleva a olvidarse de uno mismo. En esta traición al impulso primitivo, – lo que vale.



Ahora mismo no sería capaz de vivir sin la fotografía. Las imágenes me ayudan a expresar todo aquello que no sé decir con palabras, me ayudan a superar cosas que de otro modo no podría.
Cuando hago fotos puedo ser quien yo quiero ser.
Mi trabajo compone una especie de diario visual, una extensión de mi persona... contada en imágenes. Durante el proceso, sin necesidad de mirar al futuro, el tiempo se detiene y solo existimos yo y mi cámara.


Ser. Y partir en la labor desde la realidad... Oficio de convertir (in extremis, reescritura)...
Por otro lado, pervertir. El doro de la auténtica experiencia es otro mecanismo de defensa. Tejer el traje aquel, que decía... (Lo que dista de la deformación inevitable a pesar, o a través, incluso, de la destreza, en la lucha, no obstante, por cuestionar acerca de lo real, que todos reconocemos. – Ser íntegramente medio... Lo que determina la calidad de la obra... como objeto.)



Defensa. Defensa de qué.

Asumir la marcha con cuidado del entorno, concebir la marcha como condena al camino de espinas – todo, vía dolorosa – atribuir a la vida toda, un carácter simple...
Ciertamente, dar con el sentido de los cambios implica seguir uno mismo el dolor, aceptarlo; no enfrentarlo y padecerlo... De manera que en lugar de modificar nuestra percepción, se procura el cambio en aspectos esenciales que nos constituyen y determinan dicha percepción.
Asumir ser uno mismo – la propia visión.



El primer indicador,  en nuestras relaciones.

Veo a tus modelos...

Ellas son arte.
La figura, la delicadeza de una mujer es la clave para la inspiración, me costaría trabajo prescindir de los perfiles femeninos ya que me ayudan a representar algo que de otra forma no sabría como. Esta claro que en algún momento utilizaré algún perfil masculino, pero eso significará que lo que quiera expresar en ese momento sera distinto a lo que hago actualmente.


Comentar, explicar, justificar...

Apoyo más la explicación de una obra que su crítica.
Si hablamos de técnica entiendo que exista una crítica negativa o positiva, pero cuando se habla del significado de la obra, ahí no puede haber crítica posible. 
No puedes criticar un sentimiento o una vivencia, sería como criticar el color de una flor… eso no está en las manos de nadie.

Aunque pinta de folclor del gremio en su ala romántica... – comprensible.
En realidad se critica el verbo, el humano proceder, en la técnica y más allá de ella, conforme compromete a alguien más (de ello, – ética).
Los seres, su significado, el sentido de los fenómenos, sencillamente, sonBuscamos comprender, entender y, luego, por inteligencia, cuestionamos; de modo que obramos, comunicamos nuestros cuestionamientos, y el modo en que lo hacemos revela aciertos y desaciertos. La huella, en la propia obra.
Eso de las flores y los sentimientos, como expresión, por ejemplo, se presta a calificación, sin comprometer para nada los objetos que refiere. (Me guardaré adjetivo, en este caso.)



Me encantan las fotografías a gente inexperta. Nos ayudan a entender que la vida no es artificial. Para fotografía de moda usaría una modelo profesional, pero para expresar un sentimiento, digamos, prefiero a una persona cercana que esté dispuesta a escuchar mi historia y contarla a su vez frente a mi cámara.



Comunicación.

Realmente mi intención es crear fotografías como medio de vida. Fotografiar es como una terapia para mí; aunque de forma secundaria existen además otros intereses..., como el trato con el público en las exposiciones.
La gente se acaba interesando por tu forma de expresar los sentimientos y cual es tu forma, en general, de ver la vida. Es muy gratificante. Te acerca mucho a los demás. Y acabas conociendo gente muy interesante.

Intercambio, también, de dudas..., si de hecho nos damos con algo fértil...
Refieres, no obstante, mucho de reflejos...

Una persona de alma triste, una persona que anhela fragmentos de su vida, una vida que ni él mismo entiende…, porque no sabe si algún día existió; y a pesar de ello intenta pisar fuerte y perseguir sus sueños. Una persona que, aunque parezca contradictorio, es muy alegre y gusta de el tiempo haciendo bromas... El reflejo de sus sentimientos son sus fotografías. Muchas de sus preguntas se respondieron, pero siempre quedarán preguntas por responder y mientras así sea, seguirá creando mundos paralelos.


Pero:
En la traición al impulso primitivo, – lo que vale: En lugar de modificar la percepción, procurar el cambio en aspectos esenciales que constituyen y determinan dicha percepción: Elaborar representaciones... A riesgo de pervertir.


Ojo, el doro de la auténtica experiencia es otro mecanismo de defensa. – Ilusión de elección...

La ficción visual existe, aunque solo es una vía de comunicación para llegar a su representación verídica. En pocas palabras, usa la ficción para representar la verdad y su grado de intensidad emocional.

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