martes, 22 de noviembre de 2016

Tramas desde el laberinto: Diálogo con Beatriz Oggero y el propio Orlando Alandia, a propósito de su obra

Bea invita. La sigo, siempre con gusto. Ahora, lejos del jardín. Rumbos.
Vamos, más café...
A modo de introducción, me dice, hace unos años, en una conversación, un arquitecto italiano especializado en el quatroccento dijo algo que recuerdo siempre: "Beatriz, el arte se volvió textil, cuando dejó el muro y pasó al lienzo…"
Y, sin embargo – me permito , en la representación propia de mantos, géneros especiales, vestidos con bordados, en la textura, una evocación permanente...

Muchas veces me ha llamado la atención la pasión de algunos pintores (y no de los menores) por representar los tejidos. Recuerdo como después de haber quedado totalmente conmovida ante los Fusilamientos de Goya, en el Museo del Prado, me quedé contemplando el detallado manto de brocado de terciopelo en el retrato de la Reina Doña Isabel de Francia, a caballo, de Velázquez, en otra sala.
Y están las pinturas de Holbein; incluso sirvieron para dar nombre a un estilo de alfombras. La lista es larga, y en la época moderna son de gran interés las famosas versiones de Paul Cèzanne sobre el monte Saint Victoire, en las que el pintor deja que el lienzo también participe de la obra…

La mano se abre. Generosidad.
Andar entre las imágenes... Mi querida Beatriz Oggero da el nombre. Orlando Alandia. Arquitecto, graduado en Italia. Ante nosotros, laberintos; enigma y revelación del minotauro. Exploración que el artista repite, ahonda.


Ecos de su voz, por las lecturas a propósito (fue una entrevista que ella le hizo hace un tiempo):

... Durrenmatt, Cortázar, Borges, redibujan los espacios interiores del laberinto y lo pueblan de personajes, a veces imaginarios, a veces reales y dan vida a nuevas historias o sub-historias, colaterales a la mítica griega.
Un personaje como este del Minotauro, que comprende el mundo a través de sensaciones y no a través de conceptos, hace fascinante el desafío de representar su mundo visual/sensorial, y en definitiva su vida, en pinturas que sean, de algún modo la representación de aquello que no logramos ver y conceptualizar (como diría Paul Klee) y solo, sentir...
Si realizamos el ejercicio de definir o describir una sensación, seguramente nos quedaremos con muy pocas palabras y recurriremos a la elocuencia de las onomatopeyas…
Condenado a no ser un dios, ni humano, ni animal… más bien, solo y nada más que Minotauro, incapaz de racionalizar sus sensaciones en conceptos, y sus sentimientos en palabras, vive una vida marcada por sus percepciones y muy rudimentarios mecanismos de comprensión del mundo a su alrededor  tan monótono...

En juego el asunto de la perspectiva. Las figuraciones corresponden a una trágica simplificación, expresión dolorosa de una limitación más allá de lo visual; y que, por eso mismo, paradójicamente, ilumina de sentido otros planos.


Como en la antigua pintura de perspectiva negada, con personajes cuyas dimensiones estaban condicionadas más bien por su importancia respecto del dios que se suponía regir y contemplarlo todo, así, en este caso, el limitado mundo  se abre, rico por la importancia par de cada trazo y forma como elemento / medio del cosmos todo al ojo humilde de la criatura presa. Mucho más que un mundo interior, por refracción a nuestros referentes, ciertamente todo un universo.

Una obra arquitectónica encargada por el Rey Minos, y concebida por Dédalo para mantener al Minotauro alejado de los demás seres humanos, e impedir a estos el contacto con él…
Exclusión...

Sí, lo que lleva a un intento de reflexión sobre el marginal. El diferente y en consecuencia marginado. Recurro al color, para hacer una lectura personal acerca de este fascinante personaje y su historia, que en último análisis reduzco a pocos elementos: Lo racional (lo convencional, lo público, lo social, representado por el mundo de afuera del laberinto) y lo instintivo (lo emocional, lo marginal, lo oscuro, lo intimo, representado por el mismo Minotauro encerrado al interior del laberinto).


Reflexionar en definitiva sobre la condición humana a través de estos elementos y personajes: construcciones arquitectónicas y construcciones mentales que hacen que lo instintivo venga marginado de nuestras vidas sociales, donde más bien se desarrollan toda serie de intrigas y trampas dándonos una ilusión de pertenencia, con el único fin de sepultar nuestro instinto en el fondo de aquel laberinto que vamos construyendo a lo largo de nuestra existencia.


Resuena – sofisticación.
Gran acierto, los autores referentes... Borges, sobre todo, – tan lejos del instinto; tan lejos de la realidad.
(La postura de Sabato a propósito, cobra más nítido sentido. Las sendas oscuras en Abaddón, el exterminador, ese otro mundo, engañan, para devolvernos a la brutalidad de la negación de lo vasto vivo, complejo, y la propia muerte, a través de un crudo y potente simbolismo. Por ello, creo, forzados a valorar esta novela y Sobre héroes y tumbas bajo determinadas etiquetas, conviene reconocerlas antes góticas..., que filosóficas. Interesantes tentativas, a través del lenguaje, a por la realidad que se deforma en civilización..., en el proceso de ilusoria fragua de una Historia...)
Engaño, engaño.

Recordemos además, que no solo fue gracias al hilo de Ariadna que Teseo logra asesinar al Minotauro y salir indemne del laberinto, sino también gracias a una trampa, una argucia muy racionalmente concebida: disfrazarse de Minotauro para poder acercarse tanto a Asterion como para poder asestarle el golpe de puñal a traición, justo en el momento en que la criatura probaba una felicidad sin par –sensación que tampoco lograba comprender  al ver que no era el “único” Minotauro en el laberinto (su mundo), que no estaba solo y que existía una posibilidad de compartir con sus similares.

Lo que no se aprecia "literalmente" en tus cuadros es una descripción del laberinto… y tampoco aparece el Minotauro…


Mi pintura tiende cada vez más a una reducción de elementos compositivos en el espacio bi-dimensional del lienzo. El proceso se desarrolla en el tiempo y el espacio sobreponiendo capas de color con diferentes recursos técnicos (veladuras, opacidades, texturas) en un plano de color, llegando a determinar lo que denomino: “la construcción del color”. Recurriendo a una imagen arquitectónica, se puede decir que hay pisos de color sobrepuestos y sostenidos por una estructura dada por la composición y el manejo de ese espacio.

De esta manera, el color resultante es de por sí rico en cromatismos, texturas y transparencias, dejando entrever parcialmente los estratos inferiores y de diferentes maneras, así como en un tapiz a veces aflora la trama y a veces la urdimbre.

Con la anulación de la perspectiva, – la anulación, también, del tiempo, – y sus capas. Más que unificación.
La integración impide la medida y el tiempo es ilusión de segmentos; tentación para hablar de estados en lugar de condiciones, como a propósito de la felicidad... Tentación de definir a cada paso, conjugando verbos (complicación, agregada, a menudo de sobra, a la auténtica complejidad de los fenómenos).
De lado el tiempo, – sustativos. Y elocuencia en la propia penetración de la conciencia...
Firmeza en la proposición, que permite dejar libres ciertos trazos, crear espacios indefinidos...
Ahí, una respuesta a la vana suposición de que no queda mucho más que poner dentro de un cuadro, ese triste y confuso rollo que ciegamente pone la técnica por objeto: eso de palabra por la palabra, floritura de estetas, (como cuando tiembla John Banville, cada que se atreve a salir de la descripción...)

Cuestionar el plano mismo del lienzo como espacio finito, delimitado. La indefinición del borde o más bien el planteamiento de un margen aleatorio, indefinido: espacio en el cual el color se disuelve, se deshilacha y esfuma para revelar el fondo, el cimiento, que viene a ser el lienzo mismo.

He podido observar durante estos años, esta evolución de tu pintura. Si bien se trata de la repetición de un tema, el resultado tiene una cualidad diferente.

Se trata de un largo proceso. Al ir descubriendo a través del tiempo nuevas posibilidades técnicas, he podido crear un cierto lenguaje codificado o codificable que me devuelve en su materialidad una síntesis, reconocible, de las infinitas combinaciones posibles y aun inexploradas.

El lienzo se presta, lejos de la ilusión óptica de profundidad, a una contemplación penetrante a través y entre los límites mismos de cada paño, – ventanas e intersticios, burlando el sentido racional de la geometría, revelando un motivo más elocuente en el color, en la licuación de este, como si resistiera a formar parte de un solo momento, presente. Descubre así, la treta para dar muerte a la criatura, hace su sentido, innegable, – afirma. De modo que su propuesta se da a tejer también con postulados de otras fuentes...

La pintura, la arquitectura, el grabado, el arte textil, la arqueología, la novela, la poesía, están presentes de diferentes maneras, en diferentes tiempos, con diferentes intensidades en mi trabajo, aunque éste sea esencialmente pictórico.


Los hilos, al caso, entre otras obras / paños, se da de silencios. Las hebras surgen de cada uno(a) a por la sintonía en la abstracción.
Estos cuadros sí, brindan una oportunidad singular.

La abstracción, el pensamiento abstracto están presentes en el arte desde sus orígenes. Desde el arte rupestre en adelante, hasta nuestros días, nos da esa posibilidad de observar las cosas desde un punto de vista impropio (por decirlo en el lenguaje de la geometría) y atemporal. Nos muestra aquello que no es visible y que tiene que ver más con la condición humana que a través de la historia repite incesantemente gestos, actos, actitudes… es en ese campo que indago a través del ejercicio del arte.

La equilibrada composición de los cálidos y los fríos distribuidos en múltiples planos adquiere aquí el valor de lenguaje; no se contentan con sugerir, dicen. Sustituirlos por otros tonos equivaldría para el artista a introducir lo vago donde se pretende lo definido. Una forma no nace al azar. Una estructura viva, es decir, que se modifica, imagina, sueña, no es una invención pasajera, resultado de una elección estética. Puede ser la revelación de un pensamiento, de una situación. El artista nos remite a recuerdos de infancia, de adolescencia, como el de aquella formidable alineación del sol, la luna y los planetas que unió en su imaginación con un hilo de Ariadna, una fría madrugada de Minessotta.

Vocación. Entrega, – aceptación de cuanto conforma y excede también la consciencia racional; fijo el rumbo, adelante, a salvo por el pulso.

Umbrales a traspasar para encontrar una nueva realidad.
Cruzar el dintel es arriesgarse, dijo Orlando.
Cruzar el vano, traspasar al otro lado del espejo.


"La finalidad del pintor ya no consiste en proporcionar un doble del universo, sino en informar sobre los posibles", dice Francastel.

Vamos.


5 comentarios:

  1. Hermoso artículo. La trama derramada en la arquitectura, la pintura, la literatura. Es que es eso justamente, trama. Y Bea siempre invita!

    ResponderEliminar
  2. Qué bueno que te haya gustado, Raquel.
    Y, ciertamente, Bea, siempre...

    ResponderEliminar