lunes, 7 de noviembre de 2016

De ondas – y hondas distorsiones: Diálogo con David Kattán

Parte de hacer camino, volver a ciertos trabajos. Contactar con el andar paralelo. Y medir así, digamos, la temperatura de un espíritu. Sin caer en la ilusión de reflejos, con atención, siempre, a la refracción.
David Kattán, – Rock pensante; el cálculo sobre hondos pozos de espanto, también. Cuestión de juventud. Y, felizmente, más.
El cuerpo juega un rol especial. Elemento de integridad...
Se nota un cambio con el paso del tiempo (poco tiempo, además)...

Hay autores de los que me he alejado pero que, en su diversidad de propuestas, siguen confluyendo en un punto primario: una búsqueda ética-estética...
En este sentido, y por nombrar a alguno, el fotógrafo David Nebreda fue verdaderamente epifánico. La intensidad crística de alguien que juega (literalmente) con su propia carne, me llevó a una especie de ensoñación donde arte-vida resultan profundamente ligados y, sobretodo, posibles.
La vida como materia bruta y expresiva, en relación al ethos, en un sentido spinozista, me ha hecho desembocar en una especie de polivocidad acumulativa donde la variedad de registros poseen un alto contraste. No sé si para bien o para mal, puesto que podría leerse como un síntoma de una obra todavía inmadura. En todo caso, por algo hay que empezar.


El abandono de las categorías viene luego... Concentrado como vas en "producir", más bien, ir creando, resulta lógico el amparo en términos que faciliten a quienes no se encuentran todavía vinculados (!) con tu trabajo, leerte de a pocos, antes, en prosa... que en lienzo virtual...


(David (se) cuestiona. La técnica, la cultura, resultan por lo pronto un obstáculo. Lo que es un estupendo síntoma, o más precisamente, la señal clara de que la inquietud que le mueve ha encontrado un medio firme – para trastornar afuera... Dicho de otro modo, los métodos, más, los modos, y, de lleno, el estilo, va fraguando lejos de la teoría.
Decir de esta corresponde, por tanto, a quienes merodean tentando las causas de su eficacia para cuestionar...
La brutalidad ha dado paso a la alusión violenta, también por texturas. Ecos de lo que antes fuera explícito, – con mayor seguridad ahora en la provocación de quien se asoma.
Imagen... Signo...)

Vivimos en un mundo en que la imagen juega un rol profundamente privilegiado. Las imágenes publicitarias que invaden nuestra cotidianidad al ver televisión, en la parada del transporte colectivo o en redes sociales, nos muestran, en términos lacanianos productos-falos que aprisionan nuestro deseo en una actitud pasiva de insalvable angustia. Tal vez por herencia de la ilustración, los discursos políticos no hacen sino reafirmar el branding de un personaje cuya imagen tiene la única pretensión de tornarse fenómeno masmediático. Este tipo de imagen comunicativa, dispuesta para masificar sensibilidades, no ha hecho sino anular el poder individual del espectador como co-creador de la imagen. En un cartel publicitario, parte de la imagen es aquella leyenda que los publicistas llaman copy, y que solo funciona en la medida en que diga aquello que la imagen no, es decir, el texto como complemento. Todo apunta, entonces, hacia la imagen; o sea, una función únicamente ilustrativa y, por supuesto, comunicativa. No estoy seguro, pero intuyo que por eso la poesía se halla donde se halla...

(Sorbo  café fuerte...
Me atrevería a decir que estoy de acuerdo, de no ser porque me siento, ciertamente, más próximo a un pesimismo elocuente con nada más tender la mano al mar de publicaciones.)
La imagen es incapaz de relegar auténtico predicamento por sí sola... Está el aprendizaje. La creación del signo pasa siempre por la abstracción y se desarrolla, quiérase o no, a través del tiempo, en la secuencia – construcción: ritmo. De modo que la captura de cámara, la representación con pincel apenas pueden, aún hoy, sin el aparato que refieres, – nada...
De ello se desprende que las palabras, o más bien, el lenguaje (que sí que cambia), tiene un peso que, curiosamente, va ganando un peso especial, por exclusivo en su comprensión... Por excluyente a la hora de servir para la conformación de los planes..., incluidos los que pretenden estupidizar. Hablas de publicistas... Bien, ellos articulan, elaboran mucho más que un ataque visual.


La poesía, felizmente, se mantiene viva, particularmente subversiva en tanto compromete el equilibrio de cuanto se entiende a través del lenguaje que también emplea, convierte, traiciona...
Esto da para mucho más. Me refiero a la escritura por silogismos integrada a la creación de música; a lo que iban ya hace tanto, Tsvietáieva y Platónov, por ejemplo; a los riesgos de Albert Cohen, rayando en lo patético, para terminar haciendo jirones el Romanticismo francés...
En fin, volviendo más puntualmente al asunto, lamento el montón de descalabros en el afán por fusionar textos continuos (párrafos convencionales, por ejemplo) e imágenes, pero celebro los aciertos, que sí que los hay... y de los que tú has participado...

Si se toma en cuenta, por ejemplo, el enorme hecho histórico de Banksy (y en general del Street art en Europa), que reside, precisamente, en llevar el arte hacia el espacio cotidiano; la imagen artística cumple un papel diametralmente opuesto, que más allá de la democratización del arte, converge en una reivindicación del espectador como ser sensible ante un producto estético. Pero no solo es cuestión de distribución. El proceso de creación o producción de una imagen artística está obligada a volverse herramienta de resistencia en el mercado visual. Una imagen que invite a ser observada, y no que simplemente sea asimilada por el ojo de manera automática.


El Arte es libertad, no democracia..., no puede parcializarse para con esta ni otro sistema. Si de veras es Arte, cuestiona tanto este como, lo que es más necesario, por supuesto, las atrocidades demencial-convencionales con que un par de pendejos espera lograr el bien para todos los demás, determinando el precio para ello en cada ocasión: romanticismo histérico..., monarquía, etcétera...
La nobleza de lo humano va de compasión... Hacer propio el sentir del otro... De ahí, también, la intuición de – un ojo par... Y la posibilidad de provocar, despertar con la cuestión a los otros. En la misma línea del ofrecimiento desprendido: vocación...

Bacon decía que la imagen tiene que entrar por el sistema nervioso antes que por el ojo. Por supuesto, no estaba de acuerdo con otras propuestas más figurativas (ópticas-hápticas) o más abstractas (puramente ópticas), pero me parece una idea muy potente. Creo que radica en la posibilidad antes mencionada: la reivindicación del espectador sensible-activo.

Tu trabajo...

Ahora procuro priorizar las texturas. Y entonces, intento contrastes muy tensos: la viscosidad de una tripa delante de una plancha de metal oxidado (por dar un ejemplo). Sumando la luz mayormente tenebrista, el resalte de la textura se vuelve más evidente. El relieve invita al espectador a tocar la imagen...


Arte, – artificio... 

Por otro lado, mediante la sensación de fotografía trepidada, borrosa, movida o desenfocada; o figuras apenas sugeridas en una mancha... colorista, los rostros quedan liberados de su identidad, así como los cuerpos de su organismo. Cuerpos cuyo movimiento subsiste virtualmente, violentados por una especie de síntesis temporal. Es en este punto donde dejo que la mancha, la figura borroneada, haga su propio trabajo.
Me gusta pensar en una especie de ceguera implícita, y es a partir de esta ceguera que la imagen deja de ser representación para volverse modulación, a través de luces, sombras, colores y texturas, de una presencia.

Disciplina, contemplación... y el ataque...
Al parecer se anda agazapado, pero con los sentidos por completo aguzados en escudriñar cierto sentido, siempre... De modo que no se anda muy lejos de la contemplación desapasionada. El dominio del propio arte en plenitud de intención es confundida a menudo con ese arremeter que solo por casualidad resulta fructífero...

Hay una pregunta que, hoy por hoy, se me hace muy compleja. ¿Cómo acceder a ese lugar que me permite crear algo? Y empleo el término “crear” de una manera estricta, porque tomarlo a la ligera nos hace correr un riesgo muy grande. Me refiero a que cada autor tiene que arreglárselas por su cuenta para poder anular a ese tercero imaginario que nos acosa diciendo “aún no has hecho nada, esto no va bien.”, y me parece que es un fantasma común, sino a todos, a la gran mayoría. Ligo al hecho creativo como el salto a un abismo, puesto que necesita desprenderse de una enorme pared (muy confortable y, a la vez... agresiva) de datos que preexisten antes de que uno siquiera pueda hacer un trazo, dar una pincelada, o escribir palabra... Sin este salto, el acto de crear terminará envuelto... en algo que llamamos Yo... Algo que simplemente habremos heredado y reproducido (herencias familiares, culturales, estéticas, etcétera).


En este sentido, crear es luchar contra uno mismo. Y esta es la puerta hacia el caos, no entendido como algo opuesto al orden, sino como algo de donde puede emerger todo, incluso el orden. Es precisamente lo que busco en el acto creativo: organizar, ordenar el abismo. Involucra, entonces, un encuentro, un acontecimiento o un accidente, es decir, algo que nos permita crear evadiendo el impuesto que nos proponen nuestros propios clichés, nuestra razón y nuestras herencias, y esto último está profundamente relacionado a la ilustración, la representación y la figuración.
Para mí, el accidente es la ceguera. Hay un momento donde el plano (pictórico, fotográfico, digital o hasta una página en blanco) tiene que ser tomado por las fuerzas del caos y, entonces sí, el ataque. Ordenar el abismo, decía. Y solo en este ataque considero que alguien es capaz de poner su firma en el lienzo o su nombre (ahora tan distante de su nombre propio) en la portada de un libro.


Aunque no obste cuanto venimos diciendo, el modo en que se da por sentada la suficiencia del lenguaje verbal para establecer por completo los términos de un discurso no deja de sorprenderme...
Creo que quienes pasamos horas escribiendo o formulando cuestiones a través de este y otros medios, tratamos de convocar a través de este legado, la suma de herramientas que  aporta nuestra cultura, las voces hondas detrás de los primeros códigos... De alguna forma, silencio...
De ello que la elaboración de un discurso comprometa, siempre, integridad. Que su comprensión implique, necesariamente, la observación atenta de los procesos de creación del arte... Esa curiosidad por el como refleja mucho del instinto que bien debemos elevar...

La idea de una discursividad por medio de mecanismos creativos-técnicos... Juegos puramente significantes. Así, lo que sucede en la imagen (otra vez, en oposición a la imagen publicitaria) no puede darnos la certeza de un mensaje. Algo pasa en la imagen, por supuesto, pero no como “un decir”, sino como un demostrar.
Incluso en mi último proyecto con Adolfo Macías, María Angula -Versión Punk, tratándose de una novela gráfica, la imagen juega a salirse de una fábula que, por otra parte, está sugerida líricamente a la manera de una canción de Punk. Más allá de la historia, hay un mecanismo construido a dúo. Y esto es algo que me ha obsesionado ya durante algunos años: la relación abismal entre texto e imagen. Tal vez sea mi forma de invitar al lector a un espacio aparentemente agresivo, pero en el fondo, creo yo, mucho más amigable, puesto que el gesto es arrojarlo hacia fuera de su condición de receptor pasivo.

Me vienen a la mente, las provocaciones elegantes, tan agudas, de Sebald..., quien en Austerlitz, su último texto, y obra maestra, se presenta a sí mismo como personaje, por fin, culminando un proceso de representación que podría parecer, derivaría en forma distinta, por la línea de sus anteriores tres novelas... Austerlitz y el propio Max, de pronto, en contacto... más allá de la propia fotografía que genera "una historia"; es decir, – en ella, por ella, tramando un nuevo lenguaje... Experiencia libre que no combina o concatena, – ofrece: dispone para la elección retando el aliento del lector...
Aquí, la respiración como puente a la esencia, – ojo...

David Kattán... y las artes... Qué me dices del personaje...

De algún modo, creo que privilegiar lo afectivo me llevó a la curiosidad por las artes. Es la forma que me queda para conectarme con el mundo: a través de la ensoñación. Probablemente esto explique la necesidad de cuerpos, vísceras y fluidos en mi obra: una necesidad profundamente afectiva.
De otro lado, está el hecho de no poder definirme como pintor, fotógrafo o ilustrador digital. Creo que mi trabajo no calza perfectamente en ninguna de estas disciplinas, pero sí recurre a ellas... vitalmente. Además, la influencia de ciertos poetas, principalmente latinoamericanos, me ha permitido construir artefactos que, en su afán interdisciplinario, no llegan a ser sino cosas. Siento que es un ejercicio enriquecedor.
Ese es mi horizonte por ahora.


Has hecho ilustración. Se comparten visiones, se intercambian. Algo de eso que fácilmente se califica de malinterpretación  y tenemos algo nuevo... Refraccción, cientos de veces...
– Influencias...

He visto en Internet a un pintor inglés llamado Ian Francis. Encuentro en su obra una inmensa amalgama de registros. Por ahora, siento también su influencia. 
Nanoo-G, una fotógrafa francesa que también utiliza recursos digitales. Tiene un trabajo posthumanista muy particular. 
Emilio Seraquive, un pintor ecuatoriano más o menos de mi edad, es un expresionista que lleva su obra a un verdadero límite... con la línea septentrional.

– (!) –...

Algunos de mis amigos escritores con quienes he tenido el privilegio de relacionarme profundamente, y de quienes he aprendido mucho. 
Esto por nombrar algunos…

Ocasión para los ecos...


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