martes, 29 de noviembre de 2016

Condena de los verbos, – el horror: Diálogo con Ana Negro sobre cuerpos, perspectiva, y Fuga de muerte, de Paul Celan

(Fue a propósito de una muestra en particular*.
Primero pies. Cuerpos tendidos. Anonimato e indefensión.
A merced de un ojo, siempre humano, también cruel.
Nos llevó a evocar lo atroz, – sueño de la voluntad de la máquina. Y el canto del lamento hondo, en la voz del propio Celan...
Ana Negro, pupilas – brasas;
memoria, conmoción.)



Nombrar. Después, más aún, definir. En todo caso, poseer, – controlar. Limitar en el acto, por tentar un – significado, como dioses...: Determinación de la existencia por la constatación de los sentidos; y de lo abstracto, por – su sentido.
Los primeros ella y él, de pronto, dados a llamar las cosas, las criaturas y los fenómenos. Desterrados así del silencio, antes aún de haber caído en pecado. ¡Como si la palabra no fuera condena! – ¿Pero, acaso hablaban?
Luego, probado el fruto del Árbol de la ciencia, el andar, ay, evoca siempre – retorno.
El dolor,  vida; el sufrimiento, – consciencia y, tristemente, también, humanidad. El ruego, la lucha. Y acaso, fruto de ello, también, – la concepción de voluntades superiores..., una voluntad.
Dogma. Y maldición de la consciencia. Esto – o dar con el modo de convertir tal facultad en instrumento – para una auténtica conciliación de y con la compleja realidad, más allá de los conceptos.
La idea de finitud importa el conflicto de los verbos; es que se lucha con el / los tiempo(s). Ergoconjugamos: Es nuestra semántica la que revela de qué va en realidad cuanto bajo nuestro propio nombre, encarna la cultura,
y deriva en sueños. De libertad.

Negar de saberes, de academia y de técnica, para decir al cabo que sé adónde dirigirme, pero que no hay una propuesta o fundamento teórico que anticipe o sustente dicho quehacer.
Siempre utilizo las palabras necesidad imperiosa porque son las únicas que se aproximan a esa tensión que precede mi labor. En tal sentido siempre me he sentido próxima a la pura escritura de Marguerite  Duras, que construye en torno al vacío sin saber.

Ese propósito: Ir por el origen. Reconciliación. Volver al todo, que es también la nada silente, a través de la propia creación. Una y otra vez, la idea de – destierro. Luego, – la tierra prometida...
Vocación, – camino.
Pero para quien teme, arde el engaño de una condición como fin del periplo. La gracia como lugar. Un paraíso.

Nuestra vida se despliega en un tiempo histórico dado, en una geografía dada, en un contexto familiar particular para cada uno de nosotros. Todo esto es obvio. Ahora, determinar de qué manera todo ese magma exterior interactúa con nuestra naturaleza y surge el ser que somos es bastante más complejo.
Todos los tiempos del hombre, desde los inicios, han sido atravesados por la violencia sobre los cuerpos. El Siglo XX en particular, por masacres y genocidios a escala industrial. Deir-el -Zor precedería en décadas a los hornos crematorios de Auschwitz-Birkenau, e Hiroshima y Nagasaki acontecieron pocos meses después de que el horror de los campos quedara expuesto al mundo...

Pretensión de escalas, en realidad, incomprensibles: dilatación de la voluntad por sobre nociones de bien y mal, – voluntad por la voluntad; uno mismo, hombre, como signo de la historia. Vanalidad. Locura.
De la desproporción, – lo monstruoso...
Del otro extremo, negar toda violencia, – ridículo. Esta es irrupción y cambio, evolución.  Imposible concebir, por ejemplo, trastorno mayor que el que provoca la vida misma, con su estruendo y armonías, de colisiones que originan nuevas estrellas a la irrupción de un nuevo pulso en el vientre de la madre, – milagro de un nuevo tiempo.
El viaje – retorno, importa acaso la integración a un ritmo distinto, el pulso gigante de un todo vivo; o imaginar un silencio imposible en toda dimensión conocida.
Decían – revelar la perversión de los demiurgos...
                    – Vencer a Mara..., reconociendo, aceptando, superando la pasión...
                    – En la más patética de las visiones, la simple, hipócrita represión de – el cuerpo (para colmo, apelando en otros planos a "lo natural")...


Existe una pérdida en el origen de toda creación, de cualquier orden que sea. Si todos los espacios están ocupados y todos los fragmentos en su lugar solo nos restaría el juego, una repetición con mayor o menor logro técnico. Es en el vacío en que se genera la presión negativa que conduce al despliegue de nuevas formas.
Desconozco porqué el cuerpo y su representación han sido y son tan centrales y... excluyentes en mi vida y en las imágenes que genero.
Simplemente es así.



Como en la Historia, decías,  enumeración de calamidades...


Cuerpos desaparecidos, desintegrados, despojados de todo resto de humanidad. A manos de la propia especie. Eso es todo, esa ha sido siempre la cuestión, esa será siempre la cuestión. No se trata de otra cosa.
Y entonces surgen las preguntas sobre la posibilidad, la legitimidad y la forma en la que esos cuerpos pueden ser hoy representados...

Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires allí nos hay estrechez
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que
                        escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margerete
lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba
                        llamando a sus perros
silba y salen sus judíos manda cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad ahora música de baile*

¿Es acaso (el cuerpo, los cuerpos) representación posible?
Y en ese barrado / borrado/ barrido masivo de los cuerpos uno intenta decir lo indecible con rastros de forma humana.
Tal vez no existan formas nuevas sino intentos de restitución de humanidad.



Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al medio día te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que
                        escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro
                        Margerete
Tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una fosa en los aires allí
                        no hay estrechez

En lo personal apuesto a la captura de lo esencial y al despojamiento progresivo de las formas. Claro que sin ellas el cuerpo ya no sería reconocible como tal. Ciertas formas, ciertos fragmentos deben ser conservados para que el todo pueda ser evocado. Es en esa dialéctica que transcurre el proceso de mi quehacer...


Retorno..., esta vez... del humo a la sustancia viva...


Fue el intento, siempre frustrado, de capturar desde la multiplicidad de miradas una única que abarcara todo, que surgió esta serie...
Escorzos parciales en los que aún se visualizan restos de troncos, brazos, cabezas...; esta obra en la que, en esencia, solo quedan los pies y parte de las extremidades inferiores de algunos cuerpos.
Aquí, sin embargo, lo que está presente no es lo que se visualiza o, al menos, no es solamente lo que se ve... Los cuerpos, la totalidad de los cuerpos ausentes / presentes están... representados.
Lejos de rendir culto a la muerte aspiro a otorgarles a las formas humanas su estatus más elevado.
No son despojos humanos aquellos que han sobrevivido, y es difícil abandonar toda esperanza.




(Me detengo en la marcha.

El rectángulo rojo, la puerta, me recuerda a los posibles hornos de Rothko... Y nuevamente Celan, inmenso..., deshaciendo en tufos grises, alabados balances rítmicos de ciertos padecimientos vallejianos..., de los que bien se hizo cargo el Maestro de Corfú, Cohen, en El libro de mi madre... – ¡Ella murió también en los campos! Alguien tenía que decir(le) que sufrir de veras lleva a clamar... o callar...)

La enorme poesía de Celan, quien sufriera el horror en primera persona, testimonia lo indecible en la lengua del verdugo.
La creación permite la transmutación aún del horror más absoluto. Es tal vez uno de los últimos, sino el último recurso de resistencia al mal. La última reserva de la especie para protegerse de sí misma.

Afirmación, propuesta. Violencia. A través de la sutileza, también, generando los más hondos cambios.
Enfrentamiento.
Transmutación por cuestionamiento del hecho y la intención misma de todo propósito teñido de razón, calando en lo irracional, las – hondas motivaciones.
Proposición de una vía a través del asombro, por desafío hondo de la forma, invitando al silencio, precisamente desde la línea, el color, volumen, movimiento, los sonidos, la palabra..., fenómeno complejo, rico, confundido a veces con la simple impresión estética; eso de lo bello...



Grita cavad más hondo en el reino de la tierra los unos y los
                        otros cantad y tocad
echa mano al hierro en el cinto lo blande tiene ojos
                        azules
hincad más hondo las palas los unos y los otros volved a tocar
                        música de baile

Es curioso, pero no creo que los pies como tales sean tan importantes...
No se trata de los pies. Podrían haber sido manos o troncos, bocas u ojos. No es el fragmento presente lo que importa. Aunque siendo en este caso la terminal del cuerpo, la raíz y base, sustentación del mismo, el efecto de despliegue imaginario de lo faltante está facilitado.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y a la mañana te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margerete tu cabello
                        de ceniza Sulamita él juega con serpientes

Como contraparte de aquellas imágenes, otra obra muestra estrictamente las cabezas en primer plano. Es curioso pero en mi registro personal considero que allí hay mucha menos sugerencia, menos interrogación. Tal vez porque en este caso, de alguna forma, uno sabe quién está, de quién se trata. La individuación es posible.

Los pies son anónimos, sus plantas no permiten diferenciarlos, sugerir su pertenencia. Solo interactúan entre sí. Y buscan por necesidad aquella continuidad de líneas...

La que, sin embargo, trasciende el asunto de los trazos...

Las formas se entrelazan y uno no sabe bien de quién... o de qué se trata, a quién pertenecen. En qué línea finaliza uno para volverse otra u otro.

(El brillo en los ojos de Ana tiembla...)

Grita tocad más dulcemente a la muerte la muerte es un amo de
                        Alemania
grita tocad más sombríamente los violines luego subiréis como
                        humo en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes allí no hay estrechez

Los pies son solo una excusa como cualquier otra para decir los cuerpos, para decir la necesidad imperiosa de representarlos, la imposibilidad radical de hacerlo…


Y está además el plano. La perspectiva misma. Y
el manto; – el rojo.
Arriba, – negro.
Mientras la luz al pozo, de pieles pálidas...

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte un maestro de Alemania
te bebemos al atardecer y a la mañana bebemos
y bebemos la muerte es un amo de Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margerete
azuza sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
acosa con las serpientes y sueña la muerte es un amo de
                        Alemania
tu cabello de oro Margerete
tu cabello de ceniza Sulamita.




[...]





Un momento, una época, le digo, ya atrás el paseo...



Es de hace una docena de años, un tiempo en que mi foco de atención estaba colocado en el espacio, en la relación del mismo con los cuerpos. La cuestión de los escorzos siempre me interesó sobremanera y no puedo separar ese interés de la cuestión del barroco y el repliegue al que mi producción tiende una y otra vez; el despojamiento y sustracción del color.

Pliegue y repliegue deben cruzarse seguramente en algún punto con la figura del raccourci ( único término con que los franceses se aproximan al escorzo) o al foreshortening del Inglés, que empata la denominación.
Figuras acortadas, plegadas sobre sí mismas, desaparición (en una perspectiva radical) de fragmentos de los cuerpos para lograr que todo sea visto, que todos los fragmentos estén presentes aún sin estarlo.

Nuestras sombras lamen el sendero que será; 
pasos que – son, van; y acaso ecos...
                                                                         (...)
                                                                                (...)
                                                                                       (...)



* Muestra Imágenes, escorzo y fuga, de Ana Negro.

** Traducción de Jesús Munárriz para Hiperión.

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