martes, 29 de noviembre de 2016

Condena de los verbos, – el horror: Diálogo con Ana Negro sobre cuerpos, perspectiva, y Fuga de muerte, de Paul Celan

(Fue a propósito de una muestra en particular*.
Primero pies. Cuerpos tendidos. Anonimato e indefensión.
A merced de un ojo, siempre humano, también cruel.
Nos llevó a evocar lo atroz, – sueño de la voluntad de la máquina. Y el canto del lamento hondo, en la voz del propio Celan...
Ana Negro, pupilas – brasas;
memoria, conmoción.)



Nombrar. Después, más aún, definir. En todo caso, poseer, – controlar. Limitar en el acto, por tentar un – significado, como dioses...: Determinación de la existencia por la constatación de los sentidos; y de lo abstracto, por – su sentido.
Los primeros ella y él, de pronto, dados a llamar las cosas, las criaturas y los fenómenos. Desterrados así del silencio, antes aún de haber caído en pecado. ¡Como si la palabra no fuera condena! – ¿Pero, acaso hablaban?
Luego, probado el fruto del Árbol de la ciencia, el andar, ay, evoca siempre – retorno.
El dolor,  vida; el sufrimiento, – consciencia y, tristemente, también, humanidad. El ruego, la lucha. Y acaso, fruto de ello, también, – la concepción de voluntades superiores..., una voluntad.
Dogma. Y maldición de la consciencia. Esto – o dar con el modo de convertir tal facultad en instrumento – para una auténtica conciliación de y con la compleja realidad, más allá de los conceptos.
La idea de finitud importa el conflicto de los verbos; es que se lucha con el / los tiempo(s). Ergoconjugamos: Es nuestra semántica la que revela de qué va en realidad cuanto bajo nuestro propio nombre, encarna la cultura,
y deriva en sueños. De libertad.

Negar de saberes, de academia y de técnica, para decir al cabo que sé adónde dirigirme, pero que no hay una propuesta o fundamento teórico que anticipe o sustente dicho quehacer.
Siempre utilizo las palabras necesidad imperiosa porque son las únicas que se aproximan a esa tensión que precede mi labor. En tal sentido siempre me he sentido próxima a la pura escritura de Marguerite  Duras, que construye en torno al vacío sin saber.

Ese propósito: Ir por el origen. Reconciliación. Volver al todo, que es también la nada silente, a través de la propia creación. Una y otra vez, la idea de – destierro. Luego, – la tierra prometida...
Vocación, – camino.
Pero para quien teme, arde el engaño de una condición como fin del periplo. La gracia como lugar. Un paraíso.

Nuestra vida se despliega en un tiempo histórico dado, en una geografía dada, en un contexto familiar particular para cada uno de nosotros. Todo esto es obvio. Ahora, determinar de qué manera todo ese magma exterior interactúa con nuestra naturaleza y surge el ser que somos es bastante más complejo.
Todos los tiempos del hombre, desde los inicios, han sido atravesados por la violencia sobre los cuerpos. El Siglo XX en particular, por masacres y genocidios a escala industrial. Deir-el -Zor precedería en décadas a los hornos crematorios de Auschwitz-Birkenau, e Hiroshima y Nagasaki acontecieron pocos meses después de que el horror de los campos quedara expuesto al mundo...

Pretensión de escalas, en realidad, incomprensibles: dilatación de la voluntad por sobre nociones de bien y mal, – voluntad por la voluntad; uno mismo, hombre, como signo de la historia. Vanalidad. Locura.
De la desproporción, – lo monstruoso...
Del otro extremo, negar toda violencia, – ridículo. Esta es irrupción y cambio, evolución.  Imposible concebir, por ejemplo, trastorno mayor que el que provoca la vida misma, con su estruendo y armonías, de colisiones que originan nuevas estrellas a la irrupción de un nuevo pulso en el vientre de la madre, – milagro de un nuevo tiempo.
El viaje – retorno, importa acaso la integración a un ritmo distinto, el pulso gigante de un todo vivo; o imaginar un silencio imposible en toda dimensión conocida.
Decían – revelar la perversión de los demiurgos...
                    – Vencer a Mara..., reconociendo, aceptando, superando la pasión...
                    – En la más patética de las visiones, la simple, hipócrita represión de – el cuerpo (para colmo, apelando en otros planos a "lo natural")...


Existe una pérdida en el origen de toda creación, de cualquier orden que sea. Si todos los espacios están ocupados y todos los fragmentos en su lugar solo nos restaría el juego, una repetición con mayor o menor logro técnico. Es en el vacío en que se genera la presión negativa que conduce al despliegue de nuevas formas.
Desconozco porqué el cuerpo y su representación han sido y son tan centrales y... excluyentes en mi vida y en las imágenes que genero.
Simplemente es así.



Como en la Historia, decías,  enumeración de calamidades...


Cuerpos desaparecidos, desintegrados, despojados de todo resto de humanidad. A manos de la propia especie. Eso es todo, esa ha sido siempre la cuestión, esa será siempre la cuestión. No se trata de otra cosa.
Y entonces surgen las preguntas sobre la posibilidad, la legitimidad y la forma en la que esos cuerpos pueden ser hoy representados...

Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires allí nos hay estrechez
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que
                        escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margerete
lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba
                        llamando a sus perros
silba y salen sus judíos manda cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad ahora música de baile*

¿Es acaso (el cuerpo, los cuerpos) representación posible?
Y en ese barrado / borrado/ barrido masivo de los cuerpos uno intenta decir lo indecible con rastros de forma humana.
Tal vez no existan formas nuevas sino intentos de restitución de humanidad.



Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al medio día te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que
                        escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro
                        Margerete
Tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una fosa en los aires allí
                        no hay estrechez

En lo personal apuesto a la captura de lo esencial y al despojamiento progresivo de las formas. Claro que sin ellas el cuerpo ya no sería reconocible como tal. Ciertas formas, ciertos fragmentos deben ser conservados para que el todo pueda ser evocado. Es en esa dialéctica que transcurre el proceso de mi quehacer...


Retorno..., esta vez... del humo a la sustancia viva...


Fue el intento, siempre frustrado, de capturar desde la multiplicidad de miradas una única que abarcara todo, que surgió esta serie...
Escorzos parciales en los que aún se visualizan restos de troncos, brazos, cabezas...; esta obra en la que, en esencia, solo quedan los pies y parte de las extremidades inferiores de algunos cuerpos.
Aquí, sin embargo, lo que está presente no es lo que se visualiza o, al menos, no es solamente lo que se ve... Los cuerpos, la totalidad de los cuerpos ausentes / presentes están... representados.
Lejos de rendir culto a la muerte aspiro a otorgarles a las formas humanas su estatus más elevado.
No son despojos humanos aquellos que han sobrevivido, y es difícil abandonar toda esperanza.




(Me detengo en la marcha.

El rectángulo rojo, la puerta, me recuerda a los posibles hornos de Rothko... Y nuevamente Celan, inmenso..., deshaciendo en tufos grises, alabados balances rítmicos de ciertos padecimientos vallejianos..., de los que bien se hizo cargo el Maestro de Corfú, Cohen, en El libro de mi madre... – ¡Ella murió también en los campos! Alguien tenía que decir(le) que sufrir de veras lleva a clamar... o callar...)

La enorme poesía de Celan, quien sufriera el horror en primera persona, testimonia lo indecible en la lengua del verdugo.
La creación permite la transmutación aún del horror más absoluto. Es tal vez uno de los últimos, sino el último recurso de resistencia al mal. La última reserva de la especie para protegerse de sí misma.

Afirmación, propuesta. Violencia. A través de la sutileza, también, generando los más hondos cambios.
Enfrentamiento.
Transmutación por cuestionamiento del hecho y la intención misma de todo propósito teñido de razón, calando en lo irracional, las – hondas motivaciones.
Proposición de una vía a través del asombro, por desafío hondo de la forma, invitando al silencio, precisamente desde la línea, el color, volumen, movimiento, los sonidos, la palabra..., fenómeno complejo, rico, confundido a veces con la simple impresión estética; eso de lo bello...



Grita cavad más hondo en el reino de la tierra los unos y los
                        otros cantad y tocad
echa mano al hierro en el cinto lo blande tiene ojos
                        azules
hincad más hondo las palas los unos y los otros volved a tocar
                        música de baile

Es curioso, pero no creo que los pies como tales sean tan importantes...
No se trata de los pies. Podrían haber sido manos o troncos, bocas u ojos. No es el fragmento presente lo que importa. Aunque siendo en este caso la terminal del cuerpo, la raíz y base, sustentación del mismo, el efecto de despliegue imaginario de lo faltante está facilitado.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y a la mañana te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margerete tu cabello
                        de ceniza Sulamita él juega con serpientes

Como contraparte de aquellas imágenes, otra obra muestra estrictamente las cabezas en primer plano. Es curioso pero en mi registro personal considero que allí hay mucha menos sugerencia, menos interrogación. Tal vez porque en este caso, de alguna forma, uno sabe quién está, de quién se trata. La individuación es posible.

Los pies son anónimos, sus plantas no permiten diferenciarlos, sugerir su pertenencia. Solo interactúan entre sí. Y buscan por necesidad aquella continuidad de líneas...

La que, sin embargo, trasciende el asunto de los trazos...

Las formas se entrelazan y uno no sabe bien de quién... o de qué se trata, a quién pertenecen. En qué línea finaliza uno para volverse otra u otro.

(El brillo en los ojos de Ana tiembla...)

Grita tocad más dulcemente a la muerte la muerte es un amo de
                        Alemania
grita tocad más sombríamente los violines luego subiréis como
                        humo en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes allí no hay estrechez

Los pies son solo una excusa como cualquier otra para decir los cuerpos, para decir la necesidad imperiosa de representarlos, la imposibilidad radical de hacerlo…


Y está además el plano. La perspectiva misma. Y
el manto; – el rojo.
Arriba, – negro.
Mientras la luz al pozo, de pieles pálidas...

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte un maestro de Alemania
te bebemos al atardecer y a la mañana bebemos
y bebemos la muerte es un amo de Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margerete
azuza sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
acosa con las serpientes y sueña la muerte es un amo de
                        Alemania
tu cabello de oro Margerete
tu cabello de ceniza Sulamita.




[...]





Un momento, una época, le digo, ya atrás el paseo...



Es de hace una docena de años, un tiempo en que mi foco de atención estaba colocado en el espacio, en la relación del mismo con los cuerpos. La cuestión de los escorzos siempre me interesó sobremanera y no puedo separar ese interés de la cuestión del barroco y el repliegue al que mi producción tiende una y otra vez; el despojamiento y sustracción del color.

Pliegue y repliegue deben cruzarse seguramente en algún punto con la figura del raccourci ( único término con que los franceses se aproximan al escorzo) o al foreshortening del Inglés, que empata la denominación.
Figuras acortadas, plegadas sobre sí mismas, desaparición (en una perspectiva radical) de fragmentos de los cuerpos para lograr que todo sea visto, que todos los fragmentos estén presentes aún sin estarlo.

Nuestras sombras lamen el sendero que será; 
pasos que – son, van; y acaso ecos...
                                                                         (...)
                                                                                (...)
                                                                                       (...)



* Muestra Imágenes, escorzo y fuga, de Ana Negro.

** Traducción de Jesús Munárriz para Hiperión.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Médula de tiempo: De la Ficción, y Relojes de hueso, la novela de David Mitchell, con collages de Susan Ringler

Última novela de David Mitchell, Relojes de hueso. Setecientas páginas. Vuelan; al cabo se encuentra uno, tocho cerrado entre manos, asombrado, bien dispuesto a otra rueda. Más que eso.
(Integrar notas, antes de pasar a otro libro.)
No obstante ciertas observaciones bulléndome, reconocer: qué difícil que se lo puso el autor, y con qué gracia nos ha salido tras los agradecimientos, agitado, de seguro, pero bien consciente del mérito, presto a los aplausos.
Bien aprehendida una tradición, pulido el método. Mucha disciplina: sangre fría para biselar... o recomponer violentamente, a un claro objetivo. Apuestas enormes cada vez.

(De la trama, en la contraportada de la edición de Mondadori en Español:
Después de una pelea con su madre, Holly huye de su hogar. Cuando se adentra en la campiña inglesa, una extraña se cruza en su camino y le solicita "asilo", una petición a ala que la adolescente accede sin ser consciente de su significado. De repente, las extrañas visiones y voces que la acechaban de niña vuelven a perseguirla y alteran su mundo hasta adquirir un aura de pesadilla. A esto se añadirá la traumática desaparición de su hermano pequeño, un niño inquietante con una inteligencia inusual.
Pasarán muchos años antes de que Holly entienda qué sucedió ese fin de semana.                                                                                                                                                                                                                                                                                                En fin.)

Muchas reseñas refieren fusión de géneros en cuanto a los modos del "prestidigitador"...
La variedad de escenas y el modo en que desarrolla cada una, además, con tan aparente facilidad: el tono preciso y reconocible en cada caso (que sí, corresponden a sendos géneros clásicos), suscita en mí, más bien, la idea de un collage
 y recuerdo a Susan Ringler; sus colaboraciones.
Riqueza de recursos para – el tejido, y el ensamblado...


Suele tenerse al collage por demasiado emparentado con el reciclaje. Empleo de elementos "pasados", posiblemente desechados de no ser por el ojo que redescubre en ellos, la vida que tenían dispuesta por principio hacia adelante. Surge entonces la parodia de la visión que pretendía anticipar nuestro presente; y en los mejores casos, la puesta en entredicho de toda perspectiva de futuro, pues pese a tantas "revoluciones", los símbolos y la variedad de equívocos por clisé apenas han cambiado, de plataforma en plataforma, de formato en formato.
Completo el trabajo, el modo en que los recortes, las distintas estampas, tejidos, – y dados a la voz, las texturas , revela armonía (desde otra perspectiva, fluidez), revela la auténtica consistencia de la propuesta.
Esto dista tanto del entretenimiento.


Ficción...
Lejos de ampararnos abstraídos, de establecer acaso un ámbito propio como mero refugio, dispone la mente a trazar por sí misma, luego, rumbos más allá del mundo tal cual lo conocemos y al cual, a menudo y con peligro, pudimos ir acostumbrándonos, a atravesarlo por medio de las maneras desafiantes, propias del sencillo impulso de libertad.
Cuestionamiento, siempre.
A riesgo de machacar lo obvio, me permito:
Varias veces me he cruzado con una afirmación curiosa, de la que siempre he pensado, debe tratarse de la apresurada paráfrasis de un pensamiento más complejo, seguramente justificable: que el estilo de la narración, lo determina la historia o el tipo de historia que se quiere contar...
¿Por qué referirme a ello? Por subrayar la importancia del enfoque, que condiciona por su parte, la naturaleza misma de la historia que se quiere contar, y que encarna en el estilo...
Y qué buen ejemplo el que nos da Mitchell con Relojes de hueso.


Qué tan determinantes son en realidad los hechos. Asunto curioso, casi interesante ante la pluralidad de obras posibles con la misma sucesión de eventos, digamos, fielmente retratados de la realidad o el simple precedente documental. Nada más.
El orden de los hechos, esto sí, cosa seria. Y ni qué decir de los aspectos para obtener la voz apropiada: conjugación de voluntad, consciencia, intuición, conocimiento, instinto, destreza y fortuna..., pues resulta en la mitad del diálogo por la cuestión, – garantiza su contemplación pasada la lectura, excediendo la memoria; premia con experiencia a las mentes despiertas; entusiasma y tienta con la posibilidad de hacer lo propio, también, a menudo a quienes no basta vivir una vida, incapaces de tal plenitud.
Sabemos de invención, disposición y elocución, pero creo que es posible hablar, sin pérdida de rigor, – de una apuesta, por composición, a la realización de una visión a través de la lógica de los códigos y los signos de la cultura, principalmente escriturales, – de una narración como despliegue de reflexiones con el tiempo como elemento funcional a propósito de la ilusión, con los hechos como hitos en los que sostener esta, una posible, potencial realidad: laboratorio...
La sustancia, – en el silencio a que se invita desde el lenguaje: traspasada la comprensión de la proposición lógica entera, sopesadas las cualidades de su sistema, su eficacia en la propia consciencia, habida cuenta el momento y circunstancias, en el proceso mismo por el que madura algo propio y distinto, – ciertamente en la realidad del lector , en la duda que despega de la cita y amenaza la estabilidad del entorno, el cómodo existir / sobrevivir, y nos lleva a dejar de pasar el tiempo, para llevarnos, despiertos de veras a – ser el tiempo.


Si El Atlas de las nubes tan solo se acerca en méritos a Relojes..., provoca abordarla cuanto antes.
Atentos al "entretenido" Mitchell.


jueves, 24 de noviembre de 2016

Citas, desencuentros: Sobre la propuesta de Sanja Marusic

Todo ahora tan cerca, diría aquel dado a la pantalla, por grata experiencia virtual.
– Ilusión.
La imagen se ofrece perfecta al deseo, como si todo fuera asunto de resolución, balance y demás criterios técnicos... Según la utilidad que reporte a quien provoca e invita a la abstracción, mil y mil postales, prestas ahora también a formato de 4-D, ah, películas... para soñar que se explora, sin que se dé de veras un desplazamiento... – y, ojo, esto va bien lejos de referir solo lo corpóreo...
Tal como diferenciamos entre el arte como proceso y la técnica como recurso, conviene lo propio entre hacer camino... y recorrer distancias. Y otro tanto entre percibir y hasta asombrarse siendo conducido en un tour, y – construir experiencia...
Sanja Marusic es fiel a ciertos principios, claros. Luminosos.




Toda vocación es ejercicio y, como tal, experiencia; es decir, algo que nos ocurre y algo que hacemos con lo que nos ocurre.
Ante una propuesta original, precisamente por cuanto denota dicho carácter, contemplamos, – e intervenimos: cuestionados, cuestionando.
El asombro inicial, mezclado con cierta oscura familiaridad, da paso, en mayor o menor grado, a la posibilidad de continuar el viaje en una más prolongada exploración...




La fotografía tienta a pensar en la realidad como punto de partida y, a la vez, destino último de la reflexión. En todo caso, nos hace partícipes compartiendo – una visión, dispuestos los elementos de tal modo que exceden el simple yacer, o  su tiempo.




La apuesta en este caso...
Intensidad de luz y color. Los cuerpos al viaje, pálidos; alusión a la trascedencia más allá de lo corpóreo. Énfasis en la posibilidad de desprenderse de los tramos afirmados, del propio suelo, por lo que los paisajes, tornan en escenarios a una condición del propio viajante.



Sanja procura vaciar de rumores el espacio. Nos enfrenta – en la consistencia plástica que contiene, imantada, su voz, a su vez replegada en las formas y colores de su elección; se declara de tal modo, ella misma creadora y – elección, y revela su obrar transparente. Pretensión de canto sin ecos (ni más coros)...



Ronda la idea de la virgen.
Y Lilith...




Semejante propósito, claro, entraña gran complejidad. Y una dosis de complicación atractiva...: – el misterio que supone. Un manifiesto de autonomía, pero también, y una vez más por intensidad, de autosuficiencia, – en lucimiento...
Un elegante acto de rebeldía... Gatuno caer sobre las almohadillas. Como aplaudir de pie y marcharse interrumpiendo el discurso del pedante, acabando de una vez con la fiesta; o – dado un tanto a la provocación – la aparición tardía en el vestido magnífico que opaca definitivamente a la novia...




Soberbia...




¿Hasta dónde es posible llegar a partir de dicha... provocación, sin excesos de tinte psicoanalítico?
Sanja, felizmente, evita alusiones a fondos de otra índole, a formas de pretendida robustez de pensamiento. Prefiere la agudeza. Consistencia que constriñe, grácil. Sin ceder a guiños simples amistosos; sin acercamientos de intimidad alegre, engañosa.



Reiteración: La distancia misma, camino...; más que posibilidad, espacio para la historia,
más, para una auténtica – una relación.
Sutileza.
Con cuotas de humor, seducción.




¿Qué de la naturaleza del vínculo?
Egos...
En la falsa perfección que acarrea al vuelo por sofisticado acabado, cierto encanto también, pero superficial.
Fragilidad en el disimulo: – nos hallamos más bien ante un prisma que dora la dócil aceptación de sus pocos matices, que cubre de rubores tenues las asperezas innegables,por el debido procesamiento digital..., y devuelve una imagen burlona de convidados a este ámbito... de buen gusto... Así, reduce a estetas, a bobos, a quienes se extravían pensando en reflejos.




Refracción. Para un auténtico intercambio.
La señorita Marusic, ciertamente, un paso más lejos cada vez, tienta...


martes, 22 de noviembre de 2016

Tramas desde el laberinto: Diálogo con Beatriz Oggero y el propio Orlando Alandia, a propósito de su obra

Bea invita. La sigo, siempre con gusto. Ahora, lejos del jardín. Rumbos.
Vamos, más café...
A modo de introducción, me dice, hace unos años, en una conversación, un arquitecto italiano especializado en el quatroccento dijo algo que recuerdo siempre: "Beatriz, el arte se volvió textil, cuando dejó el muro y pasó al lienzo…"
Y, sin embargo – me permito , en la representación propia de mantos, géneros especiales, vestidos con bordados, en la textura, una evocación permanente...

Muchas veces me ha llamado la atención la pasión de algunos pintores (y no de los menores) por representar los tejidos. Recuerdo como después de haber quedado totalmente conmovida ante los Fusilamientos de Goya, en el Museo del Prado, me quedé contemplando el detallado manto de brocado de terciopelo en el retrato de la Reina Doña Isabel de Francia, a caballo, de Velázquez, en otra sala.
Y están las pinturas de Holbein; incluso sirvieron para dar nombre a un estilo de alfombras. La lista es larga, y en la época moderna son de gran interés las famosas versiones de Paul Cèzanne sobre el monte Saint Victoire, en las que el pintor deja que el lienzo también participe de la obra…

La mano se abre. Generosidad.
Andar entre las imágenes... Mi querida Beatriz Oggero da el nombre. Orlando Alandia. Arquitecto, graduado en Italia. Ante nosotros, laberintos; enigma y revelación del minotauro. Exploración que el artista repite, ahonda.


Ecos de su voz, por las lecturas a propósito (fue una entrevista que ella le hizo hace un tiempo):

... Durrenmatt, Cortázar, Borges, redibujan los espacios interiores del laberinto y lo pueblan de personajes, a veces imaginarios, a veces reales y dan vida a nuevas historias o sub-historias, colaterales a la mítica griega.
Un personaje como este del Minotauro, que comprende el mundo a través de sensaciones y no a través de conceptos, hace fascinante el desafío de representar su mundo visual/sensorial, y en definitiva su vida, en pinturas que sean, de algún modo la representación de aquello que no logramos ver y conceptualizar (como diría Paul Klee) y solo, sentir...
Si realizamos el ejercicio de definir o describir una sensación, seguramente nos quedaremos con muy pocas palabras y recurriremos a la elocuencia de las onomatopeyas…
Condenado a no ser un dios, ni humano, ni animal… más bien, solo y nada más que Minotauro, incapaz de racionalizar sus sensaciones en conceptos, y sus sentimientos en palabras, vive una vida marcada por sus percepciones y muy rudimentarios mecanismos de comprensión del mundo a su alrededor  tan monótono...

En juego el asunto de la perspectiva. Las figuraciones corresponden a una trágica simplificación, expresión dolorosa de una limitación más allá de lo visual; y que, por eso mismo, paradójicamente, ilumina de sentido otros planos.


Como en la antigua pintura de perspectiva negada, con personajes cuyas dimensiones estaban condicionadas más bien por su importancia respecto del dios que se suponía regir y contemplarlo todo, así, en este caso, el limitado mundo  se abre, rico por la importancia par de cada trazo y forma como elemento / medio del cosmos todo al ojo humilde de la criatura presa. Mucho más que un mundo interior, por refracción a nuestros referentes, ciertamente todo un universo.

Una obra arquitectónica encargada por el Rey Minos, y concebida por Dédalo para mantener al Minotauro alejado de los demás seres humanos, e impedir a estos el contacto con él…
Exclusión...

Sí, lo que lleva a un intento de reflexión sobre el marginal. El diferente y en consecuencia marginado. Recurro al color, para hacer una lectura personal acerca de este fascinante personaje y su historia, que en último análisis reduzco a pocos elementos: Lo racional (lo convencional, lo público, lo social, representado por el mundo de afuera del laberinto) y lo instintivo (lo emocional, lo marginal, lo oscuro, lo intimo, representado por el mismo Minotauro encerrado al interior del laberinto).


Reflexionar en definitiva sobre la condición humana a través de estos elementos y personajes: construcciones arquitectónicas y construcciones mentales que hacen que lo instintivo venga marginado de nuestras vidas sociales, donde más bien se desarrollan toda serie de intrigas y trampas dándonos una ilusión de pertenencia, con el único fin de sepultar nuestro instinto en el fondo de aquel laberinto que vamos construyendo a lo largo de nuestra existencia.


Resuena – sofisticación.
Gran acierto, los autores referentes... Borges, sobre todo, – tan lejos del instinto; tan lejos de la realidad.
(La postura de Sabato a propósito, cobra más nítido sentido. Las sendas oscuras en Abaddón, el exterminador, ese otro mundo, engañan, para devolvernos a la brutalidad de la negación de lo vasto vivo, complejo, y la propia muerte, a través de un crudo y potente simbolismo. Por ello, creo, forzados a valorar esta novela y Sobre héroes y tumbas bajo determinadas etiquetas, conviene reconocerlas antes góticas..., que filosóficas. Interesantes tentativas, a través del lenguaje, a por la realidad que se deforma en civilización..., en el proceso de ilusoria fragua de una Historia...)
Engaño, engaño.

Recordemos además, que no solo fue gracias al hilo de Ariadna que Teseo logra asesinar al Minotauro y salir indemne del laberinto, sino también gracias a una trampa, una argucia muy racionalmente concebida: disfrazarse de Minotauro para poder acercarse tanto a Asterion como para poder asestarle el golpe de puñal a traición, justo en el momento en que la criatura probaba una felicidad sin par –sensación que tampoco lograba comprender  al ver que no era el “único” Minotauro en el laberinto (su mundo), que no estaba solo y que existía una posibilidad de compartir con sus similares.

Lo que no se aprecia "literalmente" en tus cuadros es una descripción del laberinto… y tampoco aparece el Minotauro…


Mi pintura tiende cada vez más a una reducción de elementos compositivos en el espacio bi-dimensional del lienzo. El proceso se desarrolla en el tiempo y el espacio sobreponiendo capas de color con diferentes recursos técnicos (veladuras, opacidades, texturas) en un plano de color, llegando a determinar lo que denomino: “la construcción del color”. Recurriendo a una imagen arquitectónica, se puede decir que hay pisos de color sobrepuestos y sostenidos por una estructura dada por la composición y el manejo de ese espacio.

De esta manera, el color resultante es de por sí rico en cromatismos, texturas y transparencias, dejando entrever parcialmente los estratos inferiores y de diferentes maneras, así como en un tapiz a veces aflora la trama y a veces la urdimbre.

Con la anulación de la perspectiva, – la anulación, también, del tiempo, – y sus capas. Más que unificación.
La integración impide la medida y el tiempo es ilusión de segmentos; tentación para hablar de estados en lugar de condiciones, como a propósito de la felicidad... Tentación de definir a cada paso, conjugando verbos (complicación, agregada, a menudo de sobra, a la auténtica complejidad de los fenómenos).
De lado el tiempo, – sustativos. Y elocuencia en la propia penetración de la conciencia...
Firmeza en la proposición, que permite dejar libres ciertos trazos, crear espacios indefinidos...
Ahí, una respuesta a la vana suposición de que no queda mucho más que poner dentro de un cuadro, ese triste y confuso rollo que ciegamente pone la técnica por objeto: eso de palabra por la palabra, floritura de estetas, (como cuando tiembla John Banville, cada que se atreve a salir de la descripción...)

Cuestionar el plano mismo del lienzo como espacio finito, delimitado. La indefinición del borde o más bien el planteamiento de un margen aleatorio, indefinido: espacio en el cual el color se disuelve, se deshilacha y esfuma para revelar el fondo, el cimiento, que viene a ser el lienzo mismo.

He podido observar durante estos años, esta evolución de tu pintura. Si bien se trata de la repetición de un tema, el resultado tiene una cualidad diferente.

Se trata de un largo proceso. Al ir descubriendo a través del tiempo nuevas posibilidades técnicas, he podido crear un cierto lenguaje codificado o codificable que me devuelve en su materialidad una síntesis, reconocible, de las infinitas combinaciones posibles y aun inexploradas.

El lienzo se presta, lejos de la ilusión óptica de profundidad, a una contemplación penetrante a través y entre los límites mismos de cada paño, – ventanas e intersticios, burlando el sentido racional de la geometría, revelando un motivo más elocuente en el color, en la licuación de este, como si resistiera a formar parte de un solo momento, presente. Descubre así, la treta para dar muerte a la criatura, hace su sentido, innegable, – afirma. De modo que su propuesta se da a tejer también con postulados de otras fuentes...

La pintura, la arquitectura, el grabado, el arte textil, la arqueología, la novela, la poesía, están presentes de diferentes maneras, en diferentes tiempos, con diferentes intensidades en mi trabajo, aunque éste sea esencialmente pictórico.


Los hilos, al caso, entre otras obras / paños, se da de silencios. Las hebras surgen de cada uno(a) a por la sintonía en la abstracción.
Estos cuadros sí, brindan una oportunidad singular.

La abstracción, el pensamiento abstracto están presentes en el arte desde sus orígenes. Desde el arte rupestre en adelante, hasta nuestros días, nos da esa posibilidad de observar las cosas desde un punto de vista impropio (por decirlo en el lenguaje de la geometría) y atemporal. Nos muestra aquello que no es visible y que tiene que ver más con la condición humana que a través de la historia repite incesantemente gestos, actos, actitudes… es en ese campo que indago a través del ejercicio del arte.

La equilibrada composición de los cálidos y los fríos distribuidos en múltiples planos adquiere aquí el valor de lenguaje; no se contentan con sugerir, dicen. Sustituirlos por otros tonos equivaldría para el artista a introducir lo vago donde se pretende lo definido. Una forma no nace al azar. Una estructura viva, es decir, que se modifica, imagina, sueña, no es una invención pasajera, resultado de una elección estética. Puede ser la revelación de un pensamiento, de una situación. El artista nos remite a recuerdos de infancia, de adolescencia, como el de aquella formidable alineación del sol, la luna y los planetas que unió en su imaginación con un hilo de Ariadna, una fría madrugada de Minessotta.

Vocación. Entrega, – aceptación de cuanto conforma y excede también la consciencia racional; fijo el rumbo, adelante, a salvo por el pulso.

Umbrales a traspasar para encontrar una nueva realidad.
Cruzar el dintel es arriesgarse, dijo Orlando.
Cruzar el vano, traspasar al otro lado del espejo.


"La finalidad del pintor ya no consiste en proporcionar un doble del universo, sino en informar sobre los posibles", dice Francastel.

Vamos.


viernes, 11 de noviembre de 2016

Atrevida lente – misterios de música, acaso nueva: Sobre el trabajo de Hollie Fernando

Hollie Fernando..., – ímpetu.
Un vistazo apresurado podría llevar quizá a confusión: destacar su trabajo como parte de una corriente de luces tenues por la que hoy tantos se ven seducidos, delicada psicalipsis de moda. Se trata en realidad de algo... más – contundente.
Brilla suave – afirmación, luce lo mejor como potencia, en clave de sutil – voracidad...
Concentración. La música que inspira puede ser ligera; pero
la hondura – en los ojos, – los brillos del son de la oración, aquí –
en las escamas del arroyo,
en el instinto... van de otra cosa.




Más que tentar a libre asociación, Hollie nos enfrenta a través del impacto de la reflexión implícita de sus personajes, a encontrar un equivalente, la referencia clara de nuestro encuentro en esa misma suspensión del tiempo. Debido a que encierra un asombro de ocasión excepcional que, no obstante, todos, salvo por grave aletargamiento o algún tópico serio, hemos experimentado.



Encuentro de un anhelo en la condición precisa – del tiempo que captura. Nos lleva a reconocernos, sin complicaciones, susceptibles  a ciertas formas de belleza convencional, no por ello, en este caso, menos evocadoras. Ni ajenas al dolor.
De modo que nos vemos de lleno en – adolescencia.




Decía Proust – parafraseo – que es en esta etapa la única en que nos vemos entregados por completo a aprender: quienes admiramos son dioses, quienes tememos, monstruos.
Me atrevo a agregar que, por ceguera a los matices, por la fiebre que incapacita a aceptar una variedad vasta de destinos, pues todo – es.
(De ello, que asome en lo más dulce de su perfume la tersa condición de trampa ineludible...)
Una idea más o menos común: Perderse en el paraíso...




Surge al cuestión de si este asombro es posible de manejar con semejante pulso, a rastras del mismo candor que tan difícilmente permite encontrar matices.
La respuesta es obvia: No.
Y la edad no es un factor tan determinante como a menudo se precia para el diestro control sobre los elementos... La cuestión es cuáles de estos – elegir.
(Aquí, los retratos asombran de sencillez...; la complejidad yace en el gesto – que no se explica. Y de pronto, reconocida, abruma.)




Acuden, respecto de predicamento, si bien salvando las distancias, ciertos ejemplos probablemente útiles en el campo de labor de la novela...
– La seguridad de intuición y la agudeza perceptiva, prudente también para frenar ante lo complejo y más trascendente; la concentración empeñada en un elegante descripción, de manifiesto Los Buddenbroock.
Thomas Mann tenía veintiséis años.




– El genio a través de líneas similares a las antes descritas, pero con un oído más aguzado, y decisión de lejos superior por adentrarse, a través de salvaje intuición y una sensibilidad mejor templada por la experiencia de los áspero real, en la esencia del aprendizaje y la formación de un carácter (lejos, lejos de las cunas doradas). Lo hizo Henry Roth, en la magistral Llámalo sueño, que también terminó de escribir a los veintiséis.
– Y está también cuanto escapa a todo cálculo, y arrasa cualquier escepticismo. Apenas uno asoma: el propio ímpetu de juventud pudo motivar a la enorme magnitud del cometido: William Gaddis terminó de escribir Los reconocimientos a los veintiséis años, tras diez años de trabajo...

Está, por otro lado, la
poesía...



... pero, más cerca quizá del mundo de la artista (apenas excede en meses los veinte años), la que es posible encontrar en algunas canciones populares. (De todas formas, perdóneseme el prejuicio.)
Algo de frío metal, en las piezas que completan la estructura de plástico, entre los ecos de cavidades distantes de todo bosque, amortiguan la pegada, siempre, en otros trabajos; lo que se revela a menudo en la manipulación digital...; Hollie evade todo esto. Insisto: golpea de frente. Sutileza en el artificio.



Cabe preguntarse si sus fotografías representan en verdad alguna "contemporaneidad"...
Resulta tan claro que escapa del ritmo y el ruido que hacen posible su contemplación; sin embargo no hay desbordes de nostalgia...
Al interior de sus composiciones, nada, nada que no se pueda perder de vuelta en la maleza, pudrir o convertir en polvo al abandono...
Y en este punto, quizá, la clave: finitud de lo concreto, y otra trascendencia...



Entonces,  el encuentro.
Posibilidades de un fuego para siempre, tras los chubascos, – atentos a las señas de esta muchacha, que parece haber comprendido prematuramente que la lluvia significa fertilidad porque también estrella en su velo, el tiempo de otras carreras entusiastas. La lluvia, como el mar, es un sí.
Se acepta y se vive.

En todo caso, por ganar en la apertura, vulnerable, invita a obsequiar canciones, compartirlas,
con pie en alusiones – delicadas, poderosas...



Del bosque vivo, a lomo de río
– para el oeste, rumbo al mar.
(Cantaba y soñaba que
cantabas...)

Gitanas mano – son de las hojas;
a los cantos del canto y ecos de
pasos, también – por el lodazal.
Mientras flama – melena, prendes
mis manos, que tientan soñarte
– soñarte.

Y era el vapor – también – sobre 
el cazo; aromas de hierbas y
frutas, primavera (siempre): vino,
leña, miel, – un poco de sal.
Celebrar también el tiz-taz de
tus pasos en aras del remedio
a aquel caos que sembraba,
loco de ir, volver, soñándote
– soñándote.

Náufrago encallado al calor
de tu melena – en mis labios,
mi mano a tu pecho, y
mis ansias adentro: pulso
– epílogos de mil plenos siempres
– y vuelta a comenzar, hasta
fundir al sueño... esta – nuestra
realidad:
del bosque vivo, a lomo del río
– para el oeste, rumbo al mar.

Decirte vuelve – y vamos:
hacer de la ilusión – canto – un sí.
Cantar del-y-al-bosque – río – sol
esperando a que respondan – tus
ojos a la imagen – Ítacas,
nuestra canción...:
del bosque vivo, a lomo del río
– para el oeste, rumbo al mar.

Luego, también revela, –  adolescencia cruel, su burla
tanto a las leyendas jóvenes..., como de los viejos cantos...



Hasta que los comprende...




Con todo, – estar vivo.
Tanto camino, aún, Hollie.
Dar.