domingo, 30 de octubre de 2016

Esa extraña danza en pos: Diálogo con Ginebra Siddal

Serenidad al encaje de sombras de una arboleda – de más allá. El tono con que dice intentaré, para, de pronto, dejar correr eso que también en silencios, le da brillo a sus ojos.
Sencilla.
El paseo abre su sendero, las sombras decoran…

Cada que recorro un museo, o recorro una biblioteca jugando a deslizar mis dedos por los cantos de los libros o escucho la melodía de un piano..., las voces de fantasmas dentro de la cabeza. En ocasiones, discuten, tan fuerte todos a la vez, que tiemblo. Pero al rato se calman y me susurran… dentro de la boca, dentro de mis ojos y hacen eco contra mis costillas.

Ginebra Siddal...

Figuración de una condición desde la que la realidad cobra, por extrañamiento (!), hondo encanto. Perfumes de sueños que revelan a veces horror. Y en él, también, vida. Apuesta por cierta armonía con que, repentinamente, la necesidad de afectos inconfesada, la moderación de los deseos y la aceptación de la propia finitud, se ven en conjunto adormecidos a un flash que detiene el tiempo.
Romanticismo, decíamos… (a la alemana)…

El Arte en cada una de sus formas me extasía, me crea cierta calidez al interior del estómago y me produce algo cercano al amor. Podría decirse que es algo parecido al Síndrome de Stendhal, o al menos la forma romántica de verlo.

En tanto va lejos de la provocación patética, del afán por un rol divino – ofrecer la supuesta virtud al vuelo y hacer de la camisa bandera…; eso de sublimes espíritus y promesas de ecos sangrientos.

Las personas de por sí no me crean emoción, a menos que sean muy cercanas, por eso a menudo las observo… como pinturas vivientes: ver su movimiento, escuchar el timbre de su voz; me pierdo entre sus detalles buscando pinceladas invisibles de luz o sintiendo su color contra mis dientes. Cuando hago esto me descubro a mí misma esperando esa chispa de adoración, que cuando encuentro hace que se apodere de mí una complejidad extraña, no tan intensa como la contemplación cromática de Monet o el simbolismo del Prerrafaelismo – en tales ocasiones tanta belleza parece darme una punzada de dolor –, no, la chispa de las personas es más afable, más dulce, me ayuda a hablar de los secretos a voces que resucitan los fantasmas en mi cabeza.

Recordar que los demás, el otro, ha sido también niño, que también morirá; lo que no es posible en masas.


En tu fotografía apelas al retrato personalísimo: un solo golpe que arrebata en vuelo ciertas formas y colores…

Por supuesto, mi fotografía siempre parecerá para el resto mucho más simple que todo esto, siempre he sentido que dejo una pasión más obvia en lo que escribo... Pero los detalles en esas personas, sus ojos, el color..., es lo relevante para mí.

Rigor por ir más allá de la mera reproducción de fenómenos, la captura de reflejos, tan siquiera a por algún aspecto profundo de aquello que de otro modo, se perdería entre lo común. Se trata de representaciones de un espíritu rebelde, cuestionador desde la obstinada manifestación de su secreto (sin claves gratuitas)…
Afirmar para preguntar, afirmar desde el conocimiento, la técnica…, a veces, alcanzada cierta sabiduría. Siempre, transmitir esa inquietud vital…

Nunca me ha agradado ver en la imagen solo una herramienta, un objeto con fines específicos que no van más más allá de la recreación. Lo asocio a la teoría del Arte de la tecné, que se resume a la producción artesanal de un objeto pero no a la producción artística, estableciendo la diferenciación entre artesanía o arte.
Sí, me obsesiona conseguir unificar el arte con un mensaje, con una huella de sensaciones y vida. Sin embargo, una imagen con un código confuso llegará mal al emisor, ¿Estamos pues condenados a la realización de una obra siempre accesible, fácil? No. Definitivamente no. ¡De la propia frustración, una úlcera!


Conocer, saber… La capacidad de referencia determina el nivel de comprensión del signo, a la evocación de su sentido.

Se habla mucho del ego del artista. Pero siempre he pensado que el artista solo busca desesperadamente, al producir su obra, convocar a otras almas afines, que comprendan las sensaciones que ha plasmado. Como una extraña danza de cortejo de un animal de diferentes plumajes que no busca exactamente la vanidad de mostrarse sino la aceptación de un amor platónico por parte de aquellos que sucumben a su danza.

Porque el otro es la fuente constante de uno mismo. – Comunicar.
El Arte no es un fin en sí mismo. Quien dice que todo por el Arte, en realidad apunta a su propia liberación, a trascender obviando más medios, aventando su pregunta contra el cristal de las apariencias generales. Es una posibilidad...
Nos viene bien para trazar de nuevo la diferencia entre la visión romántica de que hablamos y, digamos, esa otra, más popular, que produce lamentablemente también suicidas poco serios.


Vamos. Visiones…

¿Existe realmente un ojo femenino o un solo tipo de ojo proclive a la sensibilidad humana? Quiero pensar que la sensibilidad no es algo que se capte por medio de un género u otro, si bien es cierto que desde siglos lo que siempre se ha esperado de la mujer es la sensibilidad mientras que del hombre la fortaleza ¿Significa eso que el ojo femenino no puede captar la fiereza? ¿Puede el ojo femenino crear arte masculino? Este tipo de preguntan en este punto se me antojan irrisorias, como si hubiera pasado a través del espejo y viera el otro lado de mis pensamientos distorsionado.


Como dijo alguna vez Bellow, los peces no discuten de Ictiología, sacándose de encima a preguntones sobre si la naturaleza y el tipo de artista... Esto va por la autenticidad de la visión. Cada visión. Hablar de género, implica conjeturas a propósito del poder.

Muchas mujeres siempre me hablan de esto. Unas asumen la supremacía o la ventaja que tenemos para crear imágenes más cargadas de sentimiento, que no sentimentalismo, mientras que por el contrario los hombres suelen ser más directos y abordar ciertos temas como el desnudo de una forma sexualizada. Pero yo no creo en esto, conozco hombres con una sensibilidad hermosa en sus obras, hombres que simplemente comprenden algo que está ahí… ¿evadiendo la cuestión de si se trata de ojos femeninos? No lo sé. Pero me resulta hermosa toda captación emocional en una obra independientemente del género biológico con el cual se haya nacido. Así que yo no hablaría del ojo femenino, sino quizás de un ojo único mágico…, que nos lleva a la creación de lo nuevo...

Algo elocuente en sí mismo. Obra.
Lo que decimos respecto de las imágenes es más bien una suerte de traducción al margen, sobre motivaciones y pretensiones, condiciones y referencialidad. La vocación implica integridad.

Hay quienes elaboran un discurso interesante para defender sus trabajos…

Eso, pensar en defenderlos, exponerlo, libra de justificar a casi todo atacante…

Pero esto solo pertenece a nuestra cabeza, es la imagen la que debe dejar un mensaje u otro, dejando a las palabras sin lugar dónde colgarlas. De lo contrario, en fin, pienso en un árbol con frutos, pero sin raíces.


La crítica como fenómeno saludable. Sostiene cuanto venimos diciendo…

La crítica está ahí cada día. Muchas veces la siento más dentro de mí que en el exterior.
De varias fotos que hago con un motivo, me suelo quedar con una única pieza.

El carácter de quien la ejerce. Otra forma de contemplación. En el ciclo muta –participante. Va de facetas, en uno mismo.

Viene a mi mente el caracter japonés kanji, que equivale a persona: hito. Ah, yo no sé demasiado japonés, poco menos que nada... Pero la primera vez que vi los trazos, reconocí también la representación de dos partes, dos caminos que acaban uniéndose en un solo punto. Si lo piensas de esa manera cabe decir que las personas somos eso: caminos, uniones. Y puede que en estos caminos se revele nuestra vocación, la que nos lleva hasta un punto en determinado.

Cruces. En tantos sentidos… Confluencias.
Y está la influencia…

El Prerrafelismo, Kandiski, Sturm und drang, Teoría de la estética japonesa, arte de la Época Victoriana. Poesía del Siglo XIX. Klimt, el Art Noveau. Alkan, Chopin, Davis Terrance, Eikoh Hosoe, el lenguaje de las flores...


A la cuestión de dónde confluyen – a qué profundidad, suele ser el caso que no atisbamos en nosotros mismo el fondo. Pozos de historia cuyos gestos revelan en su lugar – la experiencia. Fenómeno más complejo, menos complicado.

Muchas veces me pregunto si trato de hablar con la niña que fui o con alguien que ya no está en este mundo. Otras, me imagino a mí misma dejando una especie de mensaje cifrado en una botella para mi yo futura, diciéndole que no me olvide, que no nos olvide ni a mí ni al pasado. Pero probablemente la mayoría de las veces solo trato de sacar de lo hondo secretos sutiles, que lleguen a alguien lo bastante interesado como para descifrarlos…
Pero esto último ha de parecer de alguna manera tan pretencioso…

Descifrar implica una complejidad invencible, el límite de la capacidad, sin obviar el del lenguaje. Lo sencillo no es lo mismo que lo simple.

Hace unos días alguien me pidió listas de criterios. Para eso, a los manuales. Una tontería. Lástima.
Quien pretende comunicar su duda procura transparentar, eso sí, su sentido… Pulir, pulir… Trabajo...

¿Qué sigue, qué viene ahora?, pues esfuerzo…

Que cuanto menos, en vista del rigor, siembra chispa… Acaso, nueva claridad…


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