domingo, 9 de octubre de 2016

Consistencia de los cuerpos – el cuerpo: Diálogo con Ana Negro

En efecto, como una aparición – la voz se abre paso, serena. La auténtica demostración se encuentra en los lienzos, de modo que Ana, Ana Negro acompaña la revelación con la seguridad de quien, a un lado las herramientas, sí, reconoce el consenso de las medidas, las horas, cierta necesidad de porqués, y puede perdonar las palabras.

Trabajo sin saber. Tengo sin embargo la conciencia de detentar un saber extraño, un saber que no sabe. Por eso pinto. No puedo hacer otra cosa que pintar. Es mi manera de “estar” en el mundo. No existe otra para mí.


Estar, – yacer como condición, para hacer…

Marca la radicalidad de mi existencia y también la pérdida abisal que solo se recupera en los cuerpos dibujados, en los cuerpos que se erigen como estructuras que se convierten, al plantarlos en la tela, en una suerte de expresión bidimensional que no es tal.

Personae. Máscara, a lo simple. Pero es más que eso. A menudo se relaciona, también simplemente, con el rostro. Aquí – los cuerpos.
(Ana, también consciente de las miradas que se dirigen a ella directamente, no por refracción de los cuadros.)

Hubo un crítico, hace muchos años, que después de observar largamente muchas obras, me miró y preguntó ¿cuerpos, siempre cuerpos? En mi afirmación está a la vez el origen y el destino de la obra. En efecto, solo cuerpos. Es decir, no figuras, no siluetas, no imágenes sino cuerpos, construidos en procesos prolongados, meticulosos. Erigidos a la manera de esculturas pero por mecanismo inverso a la antigua talla. No a través de la sustracción de materia a fin de hacer surgir los cuerpos sino por adición de capas finas, numerosas, desprovistas casi por completo de materia para hacer surgir de la nada del blanco de la tela, los cuerpos.


Sin embargo, podría entenderse, del mismo modo, que añadiendo sombras a la luz, al blanco original – se resta – más bien energía, trocándola pacientemente por… sustancia. Nosotros – cuerpos, construcciones por nosotros mismos, por devastación de luz clara (que, bien sabemos, qué suele representar).
Acaso el conocimiento, ese saber que decías, lo detentas al evidenciar, tras capa y capa – eh aquí, y estuvo siempre. Una suerte de paraíso perdido.
A propósito, el tiempo es factor determinante... Y están tus fondos negros...

Trabajo con capas finas, transparentes, casi despojadas por completo de materia. Es de la suma de transparencias que surge la contundencia de los cuerpos, su opacidad.

Sin embargo, contienen la clave de cierta transparencia.
El asunto del peso va más allá de lo corpóreo.
En lugar de ciertas mujeres y hombres, modelos, más bien los seres humanos. Cuestión de esencia, veo.

Los trabajos son procesos prolongados, por ende, se torna imposible la ejecución con modelos de manera presencial. Trabajo desde hace muchos años con material fotográfico. Trabajo con modelos que son artistas corporales a quienes les transmito algunas líneas de tensión, nociones más bien abstractas, figuras espaciales. Arquitecturas humanas. Han sido siempre largas sesiones con tomas de varios cientos de imágenes con las que trabajo a posteriori, como material base. Ha sido con la colaboración de distintos fotógrafos, aunque últimamente he hecho las tomas fotográficas yo misma.

(Brindar luz, ilustrar…
Se desplaza calma entre los lienzos, pero su mirada es intensa; la mano se tiende generosa conteniendo, dominada, la tensión – eco de la labor prolongada, por evitar el ruido, la exageración.
Esa mesura se agradece. Deja brillar por sí solo el brutal afán de los cuerpos en su danza.
Enseña – le preocupan los porqués. Al cabo, está ahora de este lado – el de la duda removida.)


Los ejes centrales de los trabajos son: el espacial a través de enfoques múltiples: a ras de piso, desde altura, en círculo, cenitales absolutos, etcétera., y la iluminación (arbitraria, múltiple para un mismo enfoque, contraluz radical...).

Silencio. Más espacio a la luz.
Ha sido un largo camino.

El despojamiento de los cuerpos (de cabellos, ornamentos, vestidos) se impuso paulatinamente como necesidad, de igual manera que el despoblamiento del color. Alguien me dijo alguna vez ¿pero que es esto?, ¿pintura sin color?
Aunque rica en matices, la paleta que utilizo es eminentemente neutra y despojada. Los pigmentos con los que trabajo funcionan casi todos a la manera de la antigua laca de Garanza. Pigmentos que velan, no cubren. Después de numerosas capas, la trama de la tela aún es visible.
No hay ninguna intención, ninguna propuesta, ningún objetivo de decir algo en particular, ningún discurso. Todo objetivo, en mi criterio, obtura.


Como el velo del lenguaje sobre la realidad – para hacer Historia. La pretensión de declarar desde nuestra comprensión, afirmando la existencia de lo que, sin más – es (porque seguimos y seguimos dudando…: Árbol de la ciencia).
Los códigos nos apartan del fenómeno; no obstante, revelan con mayor claridad la clase de fenómeno que encarnamos nosotros mismos, en el propio proceso de cuestionamiento.
De modo que volvemos a esa condición de crearnos, humanos, a través del obrar, desde la percepción…
(Y está lo que se nos va…: Árbol de la vida.)

Es en el vacío, en lo perdido donde la creación es posible. La teckné de los griegos. La creación como un proceso en el que aquello que no tenía existencia previa, es traído a la vista. Y ello a través del instrumento: el propio artista, quien pone a disposición su técnica y su saber incierto para que lo que estaba oculto se torne visible.

A través de quien contempla y reconoce en la afirmación del artista… lo que no está, pero también persigue…

En el caso de esta obra en particular, los cuerpos hablan y dicen lo suyo. Que es lo suyo, no lo mío. Porque en algún punto ya están separados (de mí). Han cobrado vida propia, se han desprendido. Así, el vacío vuelve a surgir y entonces otros cuerpos son necesarios y el proceso recomienza… ¿Ad infinitum? Sí, mientras que exista vida y necesidad de que aparezcan. En ese sentido los cuerpos son aparecidos, surgidos a través del instrumento que intento ser.


Canta Marina para Borís, en Indicios:

Como un monte cargado en la bies de la falda
¡El dolor en el cuerpo!
Reconozco el amor por el dolor
A lo largo del cuerpo*

Encarnación.
La distinción entre – existir, yacer, y – hacer, y obrar, para, como fenómeno: – ser.

En el proceso de creación no hay prácticamente distancia con lo creado. Ni física (trabajo a escasos centímetros de la tela) ni de otro orden. No hay distancia, pero no hay fusión. Hay un estar en el lugar del otro. El otro es la mano, el rostro etcétera. Es decir estar en el lugar de la mano o del ojo etcétera; no es estar fusionada, sino ser ese fragmento en ese preciso momento. Sin nada racional que interfiera en el momento del hacer. Sí antes o después del trabajo, pero no durante la ejecución.

La creación en la que uno mismo, como fenómeno, como medio, constituye transitoriamente – el límite. He aquí, el fin, además: – extinguirse a sí mismo para dar plenamente vida a la obra. Procurar contaminar lo menos posible la ofrenda con lo que tan difícilmente podemos evitar: preservar al recuerdo de la muerte, – lo vivo de uno mismo, haciendo sacrificio en lugar de la entrega. La memoria.

Diría que el trabajo es una combinación delicada de olvido controlado. Pérdida de control… controlada. Sin abandono no hay vacío a ocupar y la falta de control absoluta por su parte nos dejaría sin límites, en el puro desborde de una gestualidad brutal.

Tenemos cuerpos – haciendo de cuerpos…

No ha habido otro objeto estético que produzca en mí una conmoción similar. Podría hacer lecturas varias e intentar encontrar en el anecdotario personal, o más aún, en el colectivo de un siglo recién terminado y otro que se inicia, marcados ambos por las más descomunales operaciones de desaparición de millones de seres a manos de la propia especie, las razones de este fenómeno. Creo que es imposible sustraerse al tiempo histórico y a la experiencia personal.


Impronta involuntaria. También auténtica. Un sello, pero universal.

Cuerpos que han sido borrados, borrados de manera masiva, industrial y que sin embargo buscan nuevas formas de permanecer en la existencia. Y aparecen. Reaparecen. A través de distintas miradas. Resisten y testimonian. Testimonian porque han visto, porque saben y aunque callados, atestiguan implacables.
Pero en todo caso y por sobre todo, queda al final simplemente el fenómeno estético. El producto que es la obra en este tiempo y lugar.
Lo cierto es que me es imposible trabajar desde un lugar otro que el de la necesidad. Que se impone y no es negociable, distinto de aquello que se designa como vocación. La necesidad es de un orden absoluto. Que no puede no ser puesta en acto, sino bajo riesgo de desaparición del propio ser. No es el proceso en todas las ocasiones necesariamente grato, bello o placentero. Es. Y en ello está embarcado todo el ser.


Designio de vocación… Suena tremendo.
En realidad, tratándose de entrega, debemos recordar, no va simplemente de ofrenda… por los demás. Carga de instinto; persigue hurgar por uno mismo, como único ejemplar de todos los seres, por una consciencia – necesaria. De ahí que sea válido calificar la vocación, sobre todo por cuestionamiento (en las ciencias y el Arte) de egoísta.
Esto ha llevado a muchos a destacar como categoría aparte la tal vocación de servicio… La cuestión sería más bien ver la vocación como medio de desarrollo del ser humano en cuanto dicha condición constituye en sí misma.

En la falta de intención u objetivo también se incluye la comunicación o el diálogo con el Otro. Ninguna intención en tal sentido. Cuando la obra genera conmoción en otro, esta es una consecuencia aleatoria. Bella por azarosa, no buscada. Casi utilizaría un término religioso y diría… una gracia. Y allí estarán puestas en juego la mirada y la historia personal del observador.

Diálogo...

Que no sea un propósito conmover no significa que, en caso de darse, no produzca una suerte de suspensión temporal de la soledad radical de nuestra existencia. Una ilusión fugaz, pero grandiosa por haber salido de nosotros mismos y ser de pronto uno con otros. Pero esto nunca está garantizado. Por eso crear es una operación de un riesgo radical.

Riesgo, dices; implica posibilidad de pérdida. Temor…
(Pero ambos sabemos de qué naturaleza es cuanto se apuesta. Y el cómo es asunto aparte: la mayor parte de sustantivos nos los enseñan. – Cuenta en realidad cuanto se aprende…, a menudo en silencio.)


En relación con las personas que han contemplado la obra, creo que es más interesante el silencio que las preguntas. Entonces uno puede permitirse pensar que algo del orden de lo esencial ha sido capturado y que la obra ha logrado inquietar, interrogar al contemplador. En la mirada ciertamente antigua que porto, una obra plástica no requiere ser explicada apelando a la palabra que es parte de otro lenguaje.

Curiosamente, también, el de la propia formación…
Están los nombres – para las experiencias.

En el recuerdo personal de los grandes hacedores queda grabado para siempre el impacto descomunal de las esculturas de Miguel Ángel, el registro de lo supra-humano al contemplar personalmente algunas de sus obras.
Y luego, en las antípodas, la síntesis y sutileza de Brancusi…

Y de entonces ahora, la cuestión nunca llega al fondo… Ese fondo, como posibilidad – arder de vocación. Inquietud, que sí que se comunica.
– En tus cuadros, de pronto – ya no uno, si no varios cuerpos; se trenza acaso, por fuerza, una misma intensión. Pero, como decías, sin garantías de una voluntad única y sencilla, más aún, de comprensión.
Representas claramente el conflicto…

Al principio y durante varios años fue solo un cuerpo. Y luego ese leitmotiv que marcó y marca toda la producción: continuidad. Continuidad de formas, líneas de cuerpos que se continúan en otros cuerpos o en otras formas surgidas de la iluminación. Cuerpos nuevos definidos, no ya por su anatomía sino por la iluminación arbitraria, azarosa que los redefine e integra. Genera formas nuevas que poco importa si son o no cuerpos o fragmentos de cuerpos reconocibles.
Entonces se impusieron los cuerpos, en plural. Cuerpos estrechamente entrelazados, fundando nuevas estructuras. La lectura habitual es la sexualizada o la asociada a la ternura del abrazo. Pero mi inquietud no es narrar la anécdota de ningún orden, es esencialmente formal. La forma me interesa mucho más allá del color. Respeto las lecturas que apelan a los afectos. Pero mi inquietud es el pliegue y repliegue infinito de la forma. Que no se pierda, que se continúe siempre.


La esencia del impulso más allá del gesto y su variedad de expresiones…

Tal vez en el plano estético, el intento, si bien frustrado por salir del “uno mismo”.
Un crítico francés, Jean Paul Gavard-Perret, me llamó Sísifo para subrayar esa voluntad irrenunciable sobre el trasfondo escéptico. Sinceramente creo que el encuentro, la comunicación real es siempre imposible, pero no se puede dejar de intentar.

Varían, no obstante, los modos… Revolver acaso el sistema propio...

Ahora, en este tiempo he regresado, estoy regresando a la figura única. Un tanto distinta. La continuidad en la obsesión persiste, pero replegada in extremis. En un cuerpo habitan todos los cuerpos, todas las formas posibles.

Cerramos el círculo, nuevamente. (Y decíamos de vocación…)


Tal vez en la aceptación última de nuestra condición de esteparios, aun cuando la comunicación siempre parece posible a través de la obra.

Verse a uno mismo…, esperando que la obra refleje también a los demás. Reconocer las posibilidades, quizá de la figura como única, por todos…
(Criaturas tan contradictorias...)
¿Horizonte, Ana…?

Lo por venir de mi quehacer se irá dando como parte del mismo proceso. La necesidad marcará el camino, imagino, como hasta ahora. En la búsqueda de refinar y perfeccionar el instrumento y tornar más noble la representación.

Tú lo has dicho: noble.



* Traducción de Selma Ancira, para Galaxia Gutemberg.

4 comentarios:

  1. Ana reconoce poseer “un saber extraño… un saber que no sabe”, y buscándolo, pinta.
    Su hacer es “una combinación delicada de olvido controlado, una pérdida de control… controlada”
    Juan Pablo descubre en ella el tiempo, “una labor prolongada para evitar el ruido, la exageración”… Y también el silencio,” que ofrece más espacio a la luz.”
    Para Ana, crear, “es una necesidad que se impone, una operación de un riesgo radical”
    Gracias amigos, por este fecundo diálogo que ilumina una obra poderosa.

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    1. Querida Beatriz, gracias a ti... El diálogo se abre.

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