miércoles, 26 de octubre de 2016

Compases a través: Diálogo con Juan José Rodinás

Imágenes, voces, ecos – que marcan por su cuenta una métrica propia. De modo que se establece un ritmo. De fondo, además, la música… Sí, algunas coincidencias que invitan a chocar puños.
Juan José Rodinás. Un brindis.

Tengo presente la lectura de los nuevos poemas... como, del otro extremo, ciertos comentarios en redes sociales (tan lejos estos últimos de lo que muchos se encuentran de acuerdo en llamar poético).
¿Cuestión de interpretaciones? – Hay un afán de comprensión que traza rumbo en la misma dirección, hacia lo hondo, por lo menos en un primer momento. De ello que surja la técnica, y se pueda también romper reglas sin naufragar por completo sin sentido…

Parto de una cuestión que no entiendo y que me interesa resolver. Y como soy un tipo más bien sensitivo, sucede que se me ocurren imágenes mediante las cuales hago frente al hecho incomprensible.
Mi poesía trabaja sobre imágenes. Digamos que es la cualidad esencial...
Luego está el lenguaje...



Me interesan los gestos de vanguardia, de la poesía concreta y del barroco traducidos a un código de escritura que viene lejos quizá de los paisajes andinos…

Y luego los atraviesa…

Sí, el paisaje al cabo resulta definitivo.

(Tambores universales.
Varían las melodías...)

Es el grado de consciencia lo que cambia.

Vamos a propósito de eso de narrar la propia aldea para ser universal. Tan lejos y tan cerca…
A la cita de Tolstoi responde algún bloguero apresurado, según él mismo lejos de la breve sombra académica de su país, arrebatado por adolescente afán rompedor: ¡Qué difícil para un escritor, ser ruso! Pero lo cierto es que ser alguien de veras es difícil sin importar el lugar ni la época. – Ser.

Carácter es destino, decía Goethe. Es necesario el carácter para escribir algo interesante. Yo escribo desde el anticarácter, de la absoluta vulnerabilidad.

Es una provocación, ojo. Implica poder.

Pero en estos últimos años me he vuelto… más cínico. He detectado que eso me hace menos susceptible a las propias imbecilidades y, por supuesto, a las ajenas.


Sensibilidad. Susceptibilidad.
Objetividad… Cinismo…
Aceptación. Y, de otro lado, – impostación desde una visión a la que no se pretende denominar…,
para rebajar a veces el valor de ciertos calificativos. – Más provocación.)

Un niño baila en la noche del mundo

(¿para qué baila?) En la montaña,

el niño obtiene capulíes,

casa de dos pisos,

habitación, lápiz sobre el papel,

rasgando, frotando estrellas.

¿Cómo decirlo?
Un campo de estrellas es un dibujo
donde sepultamos, mamá,
a todos los soldados de goma muertos.
Un campo de estrellas es un cielo
donde los muertos son imposibles
(o cargan el peso de dibujar
a los pájaros ciegos).
Entonces, un campo de estrellas
es un tapiz con árboles caídos
junto a un tren inmóvil
en el que todos los pasajeros
dibujan un niño que los mira.
¿Qué niño? Estrellas de plástico
regadas en la cobija
para que el niño pueda despertar.
La estación inicia el día
sobre su propia imagen perdida.
¿Cómo decir niño
sin decir ojo de niño perdido?
Un cielo donde los pájaros son puntos
sobre el ojo. Sobre las preguntas,
la silla de mamá para mirar el mundo
y largos trenes
por donde toda visión ha de pasar,
al extinguirse,
al volverse lo que ya no tenemos,
ahora.*

Al caso nos configuramos por lenguaje. Hay modos. Está el juego, también.

Más que herramienta u objeto, el lenguaje es siempre problema. Uno cuya resolución me trae consigo la oportunidad de poner en perspectiva mi propia vida y levantarme de la ruina…

… de ideas dispersas. Incertidumbre. Ruido.
Mucho de rock, sin embargo, al pretender una marcha…
Anda lejos de lo trivial.

La Poesía es trivial, pero a la vez es lo más importante del mundo. Es insignificante y por eso mismo tan interesante su existencia. El Odradek de Kafka o el Kufludnik de Philip K. Dick.

Hablamos más que de orden, quizá de una armonía a través también de la intuición, que conserva, sin embargo, estabilidad a través de la aceptación de un código comunicativo.
Se parte, en todo caso, de cuanto se ha aprendido. Y de las dudas.
Hay agregados, elementos de los que podemos servirnos, porque estimulan: con suerte, se tiene una tradición; con mayor suerte aún, una Crítica…

La Crítica es necesaria para ampliar el perímetro de acción del poema. El poema sin lectores no existe. La música sin escuchas no existe.


En tu lectura existen, sobre todo…

Francisco Pino, Cernuda, Neruda, Vallejo, Gil de Biedma, Gimferrer, Ullán, Olvido García, Lhin, Perlongher, Eduardo Milán, Héctor Viel Temperley, María Auxiliadora Álvarez, Susana Thenon, Marosa Di Giorgio, Parra… y un largo etcétera…

... De todo abierto. Que felizmente – los medios facultan…

Están el cine y la pintura… Y la música. El jazz, la salsa y algunos géneros del metal en que hay mucha percusión. La percusión me da la sensación de vínculo, de que ese instante me corresponde. Las sinfonías barrocas, románticas y clásicas y la música académica del siglo XX también me gustan. Y el rock británico, particularmente el Progresivo, el llamado Brit-Pop, el Postpunk y algunas cosas inclasificables como Radiohead. La ópera me gusta poco, casi nada. Tampoco me identifico mucho con el Rap, aunque sí hay algunos temas que me gustan, cuando hay un claro gesto político detrás...

El pulso, más universal que las melodías condicionadas por tantos quiebres, vibratos y, sobre todo, tonos y acentos…
Pienso en cierta fuerza consonante…

Me gusta, por ejemplo, en Milán o Batista, esa fuerza percutiva de las consonantes... en Milán es una cosa más roquera... en Batista tiene algo de salsa y de música caribeña...

Por tu parte, hasta en lo sustancial, algo de otra parte, traído e implantado, digamos, también para provocar…

Me interesa introducir esos códigos de que hablaba en un principio, en los páramos de Papallacta y a ver qué pasa…

Ciencia ficción…

Me apasiona desde niño…


Hay más…

Sí, Estereozen parece ser el libro mío que más posibilidades tiene de perdurar, en un contexto donde nada parece perdurar. Me arriesgué mucho porque en Ecuador no se había hecho poesía de ciencia ficción de una manera tan concreta como en ese libro. Desde luego, no es solo Sci-Fi, hay otras coordenadas más filosóficas.

(Compases más universales...
– 2/2, lo elemental..., que nos mueve...
          4/4, rock simple...
                 Y empiezan las variaciones – 5/4 , llevadas acaso por una necesidad de cadencias para lo íntimo, de complejidad redoblada – 11/16 – en la ilusión por soluciones..., algo que explique bien – 17/16 – de qué va esta locura entre el ruido...
– y da con verdades sencillas, robustas.)

Conexiones con…

Ah, mis interlocutores más apreciados: Luis Eduardo García, Daniel Bencomo, Maurizio Medo, León Félix Batista, Ángel Ortuño, Carla Badillo, Jorge Humberto Chávez, Lusi Carlos Mussó, Andrés Villalba Becdach, Fernando Escobar Páez, Daniela Alcívar, Enrique Winter, Giancarlo Huapaya, Adolfo Macías, Rafael Espinoza, Sandra Araya, Mario Arteca, Felipe García Quintero, César Eduardo y María Auxiliadora Balladares. Aunque quizá mis interlocutores poéticos más cercanos en estos días son tres más jóvenes que yo. Talentosos y buenos tipos: David Kattán, Lucas Andino y Patricio Aguirre…

Hacen camino...

Adónde, quién sabe...

Pero van...


* Dollboy filmado por Giorgio De Chirico (III).


No hay comentarios:

Publicar un comentario