lunes, 31 de octubre de 2016

Andanzas, lejos de pieles inocentes: Diálogo con Maurizio Medo

Café, como siempre. Y humo. Cigarrillos rojos. Para andar un poco entre imágenes, preguntando de los signos... La intuición.
Sobre el cristal de la mesa, fotografías, libros.
... Por encima, dejando apenas espacio a figuración de volutas, lo pendiente: temas tan lejos… que, no obstante, lo tocan todo. Un poco, un poco…
Conversar con Maurizio. Simpático combate. Las ideas vuelan. Algunas cortan: preguntas que vuelven a su punto de partida, sin filo, nada más punzantes. Viceversa.
Mirando a la gente pasar…

Si me presentas estos dos fantasmas (imagen, signo) a la manera de figuritas disecadas en el Rorschach, diría, un poco siguiendo la línea de Husserl, que ambas son manifestaciones de aquello que, estando latente, no se encuentra presente.
La imagen y el signo si algo expresan es el deseo de convertir en algo concreto aquello que, por la razón que sea, está ausente. Si pienso en un texto agregaría, “pues está afuera”; al menos, “afuera” de ese espacio concreto – el cual se construye, decía hace poco, a través de un lenguaje que no existe–. Está el deseo de convertirlo en algo visible, es decir, expresado –que no es lo mismo que “comunicado”– aunque sea dentro, y para una pequeña comunidad. Son manifestaciones de una ausencia.

La expresión es un fenómeno que puede darse en completo aislamiento. Para pasar a diálogo, y por ende, trascender en la transmisión de las cuestiones: –comunicación. Es este último, sin embargo, un término tan poco elegante al caso: obvia mucho de la riqueza que se despliega en el artificio… – lo que ofrecemos, sin embargo, al otro.

Leer los rostros que desfilan. A contraluz. Leer las claves que ascienden del último sorbo de café – lo que no se dijo. Acaso de la cremosa claridad del cuerpo en las capturas. Fenómeno tanto más complejo; del que curiosamente ella no podría hablar ahora…
Leer… Tomo el libro que descansa al borde de la mesa…

… Un lector caótico que a veces debe renunciar a su albedrío –editar es una renuncia. Pero si algo obra para que esta no lo sea del todo, es la curiosidad. Ahí me tienen.
Hace unos días Horacio Aige publicó una foto en que aparecían tres rumanos famosos: Cioran, Ionesco y Eliade. Aquí falta alguien, me dije al verla, y no me equivoqué: faltaba Vintila Horia. ¿No merecía Horia estar en esa foto?, empecé a dudar. Ello me llevó a releer – estoy en eso –, Viaje a los centros de la tierra
Es decir, tan caótico que una foto publicada en Facebook por alguien a quien estimo debido nuestras afinidades, pero con quien nunca he conversado, termina por conminarme a una lectura. Venía de leer Diario de un duelo, de Roland Barthes (me lo recomendaron Emilio Lafferranderie, Rogelio Scott – conoces las razones de ello). Es curioso, te hablo de libros de prosa (?), que son los que menos leo, de los muy pocos se me quedan “grabados”.

Es cierto que la elocuencia de pláticas como esta va en clave de líneas sin bordes. A Maurizio le resulta mucho más familiar determinar las orillas de cada idea, y el estilo de los puentes, a veces imbricados, desde la música…, pero hay tanto también de académico, pese a que parezca de continuo a dejarlo de lado…
Recuerdo ciertas recomendaciones suyas. Recuerdo intercambiar sugerencias, y luego el pasmo pues, al cabo de menos de un día, él, con sonrisa de loco: mira, aquí otra idea. ¿De dónde, por la complejidad?

Si yo “recomendara” libros ten por seguro que desaparecerían los lectores que aún no desaparecieron. Leo por instinto, no por cultivo; ya me puedo dar ese gusto.

(Pitadas hondas...)

Ah, pero antes de releer a Horia, por la bendita foto de Aige – y el pobre Aige no tiene la culpa –, llegué de España con tres libros sobre los que quiero escribir: La curva se volvió barricada, de Ángela Segovia; Panorama, de Carlos Bueno Vera; y Cráter danza de Olga Muñoz Carrasco.
Bueno, pero antes de este viaje estaba leyendo Creación del silencio, de María Miranda, libro con el cual me convencí de que María, junto con Mónica Belevan, son, tal vez, los dos secretos de la escritura peruana que urge revelar.

Voces femeninas. Tampoco es coincidencia. La consistencia proviene de una autenticidad elocuente en su uso de silencios. Lejos de tratar de explicarlo todo…
Algo de eso hay…

En Madrid dije algo que, al menos, pareció enojar a un amigo: “no leo poesía peruana”. Es verdad, y no. Pues, si bien estoy al tanto de lo que se viene escribiendo, no leo de acuerdo a “nacionalidades”. Con esto quiero decir – ya que mencionaba la frase que dije en Madrid – es estúpido creer, por ejemplo, en la existencia de una determinada poesía española. De haber una…, pues prefiero la otra. Lo mismo en todas partes. Por Perú… tenemos esa que bordea la condición epigonal para sintonizar con el gusto de un ciento de lectores, ya domesticados. Pero está la otra. Una que en sí, tal vez constituya una ruptura ante esa domesticación, por lo que se le ignora –conviene, es mejor.

Todo el mundo pretende ahora tomar partido. Condición de correr con el tiempo y no quedarse al margen; la pertenencia a una suma estadística es un pasaje fácil… Me gusta, y metrallas de adjetivos sin más razón ni la sencilla exposición siquiera de motivos simples…
Establecer un orden de ideas… O a partir de las ideas, – para todo. Si el discurso va por algo distinto a ofrecer modos para aprender con mayor facilidad a posicionarnos a la contemplación de lo complejo, andamos perdidos entre espejos… Ego.

Blanca Varela decía “hasta el caos requiere cierto orden” y es cierto. Creo que cada quien se precie de ser escritor tendría que ser consciente de los elementos de los que se vale para alterar el orden de una normativa que, en sí misma, es una dictadura. Pero esa alteración manifiesta desde organización particular del lenguaje podría encontrar, si hay orden en el caos, el equilibrio en el desequilibrio, y más si, como ya te dije, nos expresamos a través de un lenguaje que no existe. Una escritura desequilibrada puede ser armónica. Depende de aquello que se quiera poner en juego. El riesgo es familiarizarse con ciertos recursos, los mismos que nos permitieron el “éxito”. Si esos recursos nos domestican, en la medida que nos familiarizamos con ellos –y evitemos el fantasma de, por ejemplo, lo fallido– lo que hacemos, sí, es perdernos. Creo que la escritura es un ensayo perpetuo, libre del estúpido adjetivo de lo “experimental”.

Camino…
(Otro café. Y más volutas.
– El sol de alza del todo.)
Andanzas…
(Veo hacia abajo… Pasos breves –,
entre tanto, dos viejos prematuros descansan los zapatos de otras idas y vueltas…, pregonando, a veces sin querer…)

Hay dos cosas que no me creen: Uno, que no me gusta leer (en público); y dos: No me gusta –mejor dicho, no me gustaba– viajar. No hubiera escrito Dime novel de no haber estado en New York y ahora, que estoy en la edición de Las interferencias –¿un diario?– que arranca en La Cantuta, Arequipa, pasa por Córdoba, Madrid y concluye por un recorrido en tren por la costa de Liguria–evidentemente no podría existir el libro.
Creo que hay una diferencia sustancial entre viajar hacia una experiencia, la cual podrá devenir o no, en escritura, y la del nomadismo marquetero. Sí me gusta viajar, pero con mi esposa, compartir con ella nuevos ámbitos. Si, como en el último viaje, esto coincide con el conocer también a escritores afines, cosa que pasa muy pocas veces, ¡pues magnífico!, ¿no crees? Pero, finalmente, tú lo sabes, la escritura, en sí misma, es un viaje, aunque, a veces, signifique un doble esfuerzo.

Múltiple… Pienso en las voces de Homeless's Hotel y luego, a otro nivel en Dime...
Caminos por la piel del tiempo, que se desvanece…
Nos quedan ecos…

A propósito, por lo que anduvimos diciendo el otro día… Dylan, Reed, Cohen, Cave, Waits...

Es curioso pero quien menos me conmueve, y hasta me aburre a veces, es Dylan. Sí, soy consciente de su enorme trascendencia, y coincido con buena parte de los argumentos que explican el Nobel. Tal vez Dylan sea más virtuoso que los otros creadores que citas; pero, tal vez, Parra, quien dijo que Dylan merecía el Nobel por tres versos, no escuchó a los demás. Creo que Cohen y Cave son dos de los más grandes poetas líricos del siglo XX; creo que Reed es un cronista exquisito. Y también que Waits es Waits. Un desclasificado, y tal vez por eso, hoy, mañana no sé, es con quien más me identifico.

Rock progresivo instrumental, te digo, y alzas las cejas…
Cada quien, cada quien…
Aunque estará siempre Joni Mitchell…
Tenemos que seguir intercambiando discos…
Con quienes dialogar – al cabo de una pitada –, pero también de quiénes renegar, aunque queda claro, siempre representan algo, que por sí mismos, a menudo, hasta lo gracioso y no más…

¿Con quiénes dialogo más? Reynaldo Jiménez, Róger Santivañez, Rafael Espinosa, Frido Martin, Emilio Lafferranderie, Santiago y Rodrigo Vera, los SUB 25; Eduardo Milán, Raúl Zurita, Olvido García Valdés, desde hace poco, Miguel Casado, Mario Arteca, León Félix Batista, Ángel Ortuño, Benito Del Pliego, Marcos Canteli, Antonio Cordero, Olga Muñoz, Ángela Segovia, Lola Nieto, evidentemente con los entrañables Transtierros, Juan José Rodinás, Tush Villalba…; uff…, la lista es muy larga…
Pero renegar…
Uno, de cierto personaje que luego de disculparse conmigo, y cuyas disculpas acepté caballerosamente, me llenó el Facebook de trolls –creo que el tipo padece de personalidad múltiple.
Dos. De los reseñistas con alma de rocks-stars, quienes siembran gratuitas polémicas con tal de sobresalir, como si así dejaran de ser tributarios de una obra ajena.
Tres. De quienes creen ser líderes de opinión por un par de frases ingeniosas.
Cuatro… De los “alternativos” e “independientes” dedicados al comercio.
Cinco… De la muerte.
Y, finalmente, a veces, también de mí mismo.


– Aprendizaje, ahora...

Aceptar, Juan Pablo, saber aceptar.

– Tu atención va de...

El mismo lugar…

… que andar…



(Fotografía: Juan Pablo Torres Muñiz)

domingo, 30 de octubre de 2016

Esa extraña danza en pos: Diálogo con Ginebra Siddal

Serenidad al encaje de sombras de una arboleda – de más allá. El tono con que dice intentaré, para, de pronto, dejar correr eso que también en silencios, le da brillo a sus ojos.
Sencilla.
El paseo abre su sendero, las sombras decoran…

Cada que recorro un museo, o recorro una biblioteca jugando a deslizar mis dedos por los cantos de los libros o escucho la melodía de un piano..., las voces de fantasmas dentro de la cabeza. En ocasiones, discuten, tan fuerte todos a la vez, que tiemblo. Pero al rato se calman y me susurran… dentro de la boca, dentro de mis ojos y hacen eco contra mis costillas.

Ginebra Siddal...

Figuración de una condición desde la que la realidad cobra, por extrañamiento (!), hondo encanto. Perfumes de sueños que revelan a veces horror. Y en él, también, vida. Apuesta por cierta armonía con que, repentinamente, la necesidad de afectos inconfesada, la moderación de los deseos y la aceptación de la propia finitud, se ven en conjunto adormecidos a un flash que detiene el tiempo.
Romanticismo, decíamos… (a la alemana)…

El Arte en cada una de sus formas me extasía, me crea cierta calidez al interior del estómago y me produce algo cercano al amor. Podría decirse que es algo parecido al Síndrome de Stendhal, o al menos la forma romántica de verlo.

En tanto va lejos de la provocación patética, del afán por un rol divino – ofrecer la supuesta virtud al vuelo y hacer de la camisa bandera…; eso de sublimes espíritus y promesas de ecos sangrientos.

Las personas de por sí no me crean emoción, a menos que sean muy cercanas, por eso a menudo las observo… como pinturas vivientes: ver su movimiento, escuchar el timbre de su voz; me pierdo entre sus detalles buscando pinceladas invisibles de luz o sintiendo su color contra mis dientes. Cuando hago esto me descubro a mí misma esperando esa chispa de adoración, que cuando encuentro hace que se apodere de mí una complejidad extraña, no tan intensa como la contemplación cromática de Monet o el simbolismo del Prerrafaelismo – en tales ocasiones tanta belleza parece darme una punzada de dolor –, no, la chispa de las personas es más afable, más dulce, me ayuda a hablar de los secretos a voces que resucitan los fantasmas en mi cabeza.

Recordar que los demás, el otro, ha sido también niño, que también morirá; lo que no es posible en masas.


En tu fotografía apelas al retrato personalísimo: un solo golpe que arrebata en vuelo ciertas formas y colores…

Por supuesto, mi fotografía siempre parecerá para el resto mucho más simple que todo esto, siempre he sentido que dejo una pasión más obvia en lo que escribo... Pero los detalles en esas personas, sus ojos, el color..., es lo relevante para mí.

Rigor por ir más allá de la mera reproducción de fenómenos, la captura de reflejos, tan siquiera a por algún aspecto profundo de aquello que de otro modo, se perdería entre lo común. Se trata de representaciones de un espíritu rebelde, cuestionador desde la obstinada manifestación de su secreto (sin claves gratuitas)…
Afirmar para preguntar, afirmar desde el conocimiento, la técnica…, a veces, alcanzada cierta sabiduría. Siempre, transmitir esa inquietud vital…

Nunca me ha agradado ver en la imagen solo una herramienta, un objeto con fines específicos que no van más más allá de la recreación. Lo asocio a la teoría del Arte de la tecné, que se resume a la producción artesanal de un objeto pero no a la producción artística, estableciendo la diferenciación entre artesanía o arte.
Sí, me obsesiona conseguir unificar el arte con un mensaje, con una huella de sensaciones y vida. Sin embargo, una imagen con un código confuso llegará mal al emisor, ¿Estamos pues condenados a la realización de una obra siempre accesible, fácil? No. Definitivamente no. ¡De la propia frustración, una úlcera!


Conocer, saber… La capacidad de referencia determina el nivel de comprensión del signo, a la evocación de su sentido.

Se habla mucho del ego del artista. Pero siempre he pensado que el artista solo busca desesperadamente, al producir su obra, convocar a otras almas afines, que comprendan las sensaciones que ha plasmado. Como una extraña danza de cortejo de un animal de diferentes plumajes que no busca exactamente la vanidad de mostrarse sino la aceptación de un amor platónico por parte de aquellos que sucumben a su danza.

Porque el otro es la fuente constante de uno mismo. – Comunicar.
El Arte no es un fin en sí mismo. Quien dice que todo por el Arte, en realidad apunta a su propia liberación, a trascender obviando más medios, aventando su pregunta contra el cristal de las apariencias generales. Es una posibilidad...
Nos viene bien para trazar de nuevo la diferencia entre la visión romántica de que hablamos y, digamos, esa otra, más popular, que produce lamentablemente también suicidas poco serios.


Vamos. Visiones…

¿Existe realmente un ojo femenino o un solo tipo de ojo proclive a la sensibilidad humana? Quiero pensar que la sensibilidad no es algo que se capte por medio de un género u otro, si bien es cierto que desde siglos lo que siempre se ha esperado de la mujer es la sensibilidad mientras que del hombre la fortaleza ¿Significa eso que el ojo femenino no puede captar la fiereza? ¿Puede el ojo femenino crear arte masculino? Este tipo de preguntan en este punto se me antojan irrisorias, como si hubiera pasado a través del espejo y viera el otro lado de mis pensamientos distorsionado.


Como dijo alguna vez Bellow, los peces no discuten de Ictiología, sacándose de encima a preguntones sobre si la naturaleza y el tipo de artista... Esto va por la autenticidad de la visión. Cada visión. Hablar de género, implica conjeturas a propósito del poder.

Muchas mujeres siempre me hablan de esto. Unas asumen la supremacía o la ventaja que tenemos para crear imágenes más cargadas de sentimiento, que no sentimentalismo, mientras que por el contrario los hombres suelen ser más directos y abordar ciertos temas como el desnudo de una forma sexualizada. Pero yo no creo en esto, conozco hombres con una sensibilidad hermosa en sus obras, hombres que simplemente comprenden algo que está ahí… ¿evadiendo la cuestión de si se trata de ojos femeninos? No lo sé. Pero me resulta hermosa toda captación emocional en una obra independientemente del género biológico con el cual se haya nacido. Así que yo no hablaría del ojo femenino, sino quizás de un ojo único mágico…, que nos lleva a la creación de lo nuevo...

Algo elocuente en sí mismo. Obra.
Lo que decimos respecto de las imágenes es más bien una suerte de traducción al margen, sobre motivaciones y pretensiones, condiciones y referencialidad. La vocación implica integridad.

Hay quienes elaboran un discurso interesante para defender sus trabajos…

Eso, pensar en defenderlos, exponerlo, libra de justificar a casi todo atacante…

Pero esto solo pertenece a nuestra cabeza, es la imagen la que debe dejar un mensaje u otro, dejando a las palabras sin lugar dónde colgarlas. De lo contrario, en fin, pienso en un árbol con frutos, pero sin raíces.


La crítica como fenómeno saludable. Sostiene cuanto venimos diciendo…

La crítica está ahí cada día. Muchas veces la siento más dentro de mí que en el exterior.
De varias fotos que hago con un motivo, me suelo quedar con una única pieza.

El carácter de quien la ejerce. Otra forma de contemplación. En el ciclo muta –participante. Va de facetas, en uno mismo.

Viene a mi mente el caracter japonés kanji, que equivale a persona: hito. Ah, yo no sé demasiado japonés, poco menos que nada... Pero la primera vez que vi los trazos, reconocí también la representación de dos partes, dos caminos que acaban uniéndose en un solo punto. Si lo piensas de esa manera cabe decir que las personas somos eso: caminos, uniones. Y puede que en estos caminos se revele nuestra vocación, la que nos lleva hasta un punto en determinado.

Cruces. En tantos sentidos… Confluencias.
Y está la influencia…

El Prerrafelismo, Kandiski, Sturm und drang, Teoría de la estética japonesa, arte de la Época Victoriana. Poesía del Siglo XIX. Klimt, el Art Noveau. Alkan, Chopin, Davis Terrance, Eikoh Hosoe, el lenguaje de las flores...


A la cuestión de dónde confluyen – a qué profundidad, suele ser el caso que no atisbamos en nosotros mismo el fondo. Pozos de historia cuyos gestos revelan en su lugar – la experiencia. Fenómeno más complejo, menos complicado.

Muchas veces me pregunto si trato de hablar con la niña que fui o con alguien que ya no está en este mundo. Otras, me imagino a mí misma dejando una especie de mensaje cifrado en una botella para mi yo futura, diciéndole que no me olvide, que no nos olvide ni a mí ni al pasado. Pero probablemente la mayoría de las veces solo trato de sacar de lo hondo secretos sutiles, que lleguen a alguien lo bastante interesado como para descifrarlos…
Pero esto último ha de parecer de alguna manera tan pretencioso…

Descifrar implica una complejidad invencible, el límite de la capacidad, sin obviar el del lenguaje. Lo sencillo no es lo mismo que lo simple.

Hace unos días alguien me pidió listas de criterios. Para eso, a los manuales. Una tontería. Lástima.
Quien pretende comunicar su duda procura transparentar, eso sí, su sentido… Pulir, pulir… Trabajo...

¿Qué sigue, qué viene ahora?, pues esfuerzo…

Que cuanto menos, en vista del rigor, siembra chispa… Acaso, nueva claridad…


miércoles, 26 de octubre de 2016

Compases a través: Diálogo con Juan José Rodinás

Imágenes, voces, ecos – que marcan por su cuenta una métrica propia. De modo que se establece un ritmo. De fondo, además, la música… Sí, algunas coincidencias que invitan a chocar puños.
Juan José Rodinás. Un brindis.

Tengo presente la lectura de los nuevos poemas... como, del otro extremo, ciertos comentarios en redes sociales (tan lejos estos últimos de lo que muchos se encuentran de acuerdo en llamar poético).
¿Cuestión de interpretaciones? – Hay un afán de comprensión que traza rumbo en la misma dirección, hacia lo hondo, por lo menos en un primer momento. De ello que surja la técnica, y se pueda también romper reglas sin naufragar por completo sin sentido…

Parto de una cuestión que no entiendo y que me interesa resolver. Y como soy un tipo más bien sensitivo, sucede que se me ocurren imágenes mediante las cuales hago frente al hecho incomprensible.
Mi poesía trabaja sobre imágenes. Digamos que es la cualidad esencial...
Luego está el lenguaje...



Me interesan los gestos de vanguardia, de la poesía concreta y del barroco traducidos a un código de escritura que viene lejos quizá de los paisajes andinos…

Y luego los atraviesa…

Sí, el paisaje al cabo resulta definitivo.

(Tambores universales.
Varían las melodías...)

Es el grado de consciencia lo que cambia.

Vamos a propósito de eso de narrar la propia aldea para ser universal. Tan lejos y tan cerca…
A la cita de Tolstoi responde algún bloguero apresurado, según él mismo lejos de la breve sombra académica de su país, arrebatado por adolescente afán rompedor: ¡Qué difícil para un escritor, ser ruso! Pero lo cierto es que ser alguien de veras es difícil sin importar el lugar ni la época. – Ser.

Carácter es destino, decía Goethe. Es necesario el carácter para escribir algo interesante. Yo escribo desde el anticarácter, de la absoluta vulnerabilidad.

Es una provocación, ojo. Implica poder.

Pero en estos últimos años me he vuelto… más cínico. He detectado que eso me hace menos susceptible a las propias imbecilidades y, por supuesto, a las ajenas.


Sensibilidad. Susceptibilidad.
Objetividad… Cinismo…
Aceptación. Y, de otro lado, – impostación desde una visión a la que no se pretende denominar…,
para rebajar a veces el valor de ciertos calificativos. – Más provocación.)

Un niño baila en la noche del mundo

(¿para qué baila?) En la montaña,

el niño obtiene capulíes,

casa de dos pisos,

habitación, lápiz sobre el papel,

rasgando, frotando estrellas.

¿Cómo decirlo?
Un campo de estrellas es un dibujo
donde sepultamos, mamá,
a todos los soldados de goma muertos.
Un campo de estrellas es un cielo
donde los muertos son imposibles
(o cargan el peso de dibujar
a los pájaros ciegos).
Entonces, un campo de estrellas
es un tapiz con árboles caídos
junto a un tren inmóvil
en el que todos los pasajeros
dibujan un niño que los mira.
¿Qué niño? Estrellas de plástico
regadas en la cobija
para que el niño pueda despertar.
La estación inicia el día
sobre su propia imagen perdida.
¿Cómo decir niño
sin decir ojo de niño perdido?
Un cielo donde los pájaros son puntos
sobre el ojo. Sobre las preguntas,
la silla de mamá para mirar el mundo
y largos trenes
por donde toda visión ha de pasar,
al extinguirse,
al volverse lo que ya no tenemos,
ahora.*

Al caso nos configuramos por lenguaje. Hay modos. Está el juego, también.

Más que herramienta u objeto, el lenguaje es siempre problema. Uno cuya resolución me trae consigo la oportunidad de poner en perspectiva mi propia vida y levantarme de la ruina…

… de ideas dispersas. Incertidumbre. Ruido.
Mucho de rock, sin embargo, al pretender una marcha…
Anda lejos de lo trivial.

La Poesía es trivial, pero a la vez es lo más importante del mundo. Es insignificante y por eso mismo tan interesante su existencia. El Odradek de Kafka o el Kufludnik de Philip K. Dick.

Hablamos más que de orden, quizá de una armonía a través también de la intuición, que conserva, sin embargo, estabilidad a través de la aceptación de un código comunicativo.
Se parte, en todo caso, de cuanto se ha aprendido. Y de las dudas.
Hay agregados, elementos de los que podemos servirnos, porque estimulan: con suerte, se tiene una tradición; con mayor suerte aún, una Crítica…

La Crítica es necesaria para ampliar el perímetro de acción del poema. El poema sin lectores no existe. La música sin escuchas no existe.


En tu lectura existen, sobre todo…

Francisco Pino, Cernuda, Neruda, Vallejo, Gil de Biedma, Gimferrer, Ullán, Olvido García, Lhin, Perlongher, Eduardo Milán, Héctor Viel Temperley, María Auxiliadora Álvarez, Susana Thenon, Marosa Di Giorgio, Parra… y un largo etcétera…

... De todo abierto. Que felizmente – los medios facultan…

Están el cine y la pintura… Y la música. El jazz, la salsa y algunos géneros del metal en que hay mucha percusión. La percusión me da la sensación de vínculo, de que ese instante me corresponde. Las sinfonías barrocas, románticas y clásicas y la música académica del siglo XX también me gustan. Y el rock británico, particularmente el Progresivo, el llamado Brit-Pop, el Postpunk y algunas cosas inclasificables como Radiohead. La ópera me gusta poco, casi nada. Tampoco me identifico mucho con el Rap, aunque sí hay algunos temas que me gustan, cuando hay un claro gesto político detrás...

El pulso, más universal que las melodías condicionadas por tantos quiebres, vibratos y, sobre todo, tonos y acentos…
Pienso en cierta fuerza consonante…

Me gusta, por ejemplo, en Milán o Batista, esa fuerza percutiva de las consonantes... en Milán es una cosa más roquera... en Batista tiene algo de salsa y de música caribeña...

Por tu parte, hasta en lo sustancial, algo de otra parte, traído e implantado, digamos, también para provocar…

Me interesa introducir esos códigos de que hablaba en un principio, en los páramos de Papallacta y a ver qué pasa…

Ciencia ficción…

Me apasiona desde niño…


Hay más…

Sí, Estereozen parece ser el libro mío que más posibilidades tiene de perdurar, en un contexto donde nada parece perdurar. Me arriesgué mucho porque en Ecuador no se había hecho poesía de ciencia ficción de una manera tan concreta como en ese libro. Desde luego, no es solo Sci-Fi, hay otras coordenadas más filosóficas.

(Compases más universales...
– 2/2, lo elemental..., que nos mueve...
          4/4, rock simple...
                 Y empiezan las variaciones – 5/4 , llevadas acaso por una necesidad de cadencias para lo íntimo, de complejidad redoblada – 11/16 – en la ilusión por soluciones..., algo que explique bien – 17/16 – de qué va esta locura entre el ruido...
– y da con verdades sencillas, robustas.)

Conexiones con…

Ah, mis interlocutores más apreciados: Luis Eduardo García, Daniel Bencomo, Maurizio Medo, León Félix Batista, Ángel Ortuño, Carla Badillo, Jorge Humberto Chávez, Lusi Carlos Mussó, Andrés Villalba Becdach, Fernando Escobar Páez, Daniela Alcívar, Enrique Winter, Giancarlo Huapaya, Adolfo Macías, Rafael Espinoza, Sandra Araya, Mario Arteca, Felipe García Quintero, César Eduardo y María Auxiliadora Balladares. Aunque quizá mis interlocutores poéticos más cercanos en estos días son tres más jóvenes que yo. Talentosos y buenos tipos: David Kattán, Lucas Andino y Patricio Aguirre…

Hacen camino...

Adónde, quién sabe...

Pero van...


* Dollboy filmado por Giorgio De Chirico (III).


lunes, 24 de octubre de 2016

Contrastes al frío carbón: A propósito de la obra de Johan Barrios

De silencios comunes, acaso a las mismas preguntas. En todo caso, tentar la posibilidad de auténtica compañía al rumbo, a por la entraña en ese vacío que se sigue abriendo conforme uno lleva más y más allá su poder de figuración – y los mecanismos de justificación que al cabo traicionan.
De perderse juntos, para los románticos; de consolarse al paso con la supuesta belleza de las formas..., para más necios.

Celebran muchos las ráfagas, el vuelo geométrico de notas disparado por un ordenador a una velocidad de cálculo que busca empatar la de una premonición en sueño; le atribuyen el valor de lo propiamente humano, lejos de lo primitivo (que digerido para la ocasión en código binario, revela también un sentido programable)...
Pero nada hay más atronador que el silencio. Y es con silencio que, postulada la duda (por afirmación), se abre de veras el diálogo; de modo que nuestra cuota de obscuridad, la sombra por la que damos a reconocer las formas y atisbar la evidencia de los fenómenos, el trazo por el que los místicos claman del aliento y la voluntad revelada, ha de ser siempre, la justa apenas.


(Tampoco podemos más. No por Arte.
En al acumulación y toda otra forma de exceso apostada, la gracia se da solo en tanto y cuanto, el trazo que brinda el conjunto entero permita ver, sin estorbos, el rasgo fundamental de la cuestión.
El resto, hiede – penoso vicio del fracaso mal disimulado.)


La propuesta de Johan Barrios...
Ocupar con sombras de carbón la claridad previa: – doble dilema.
– De una parte, la desaparición como solución, imposible si no desde esa previa manifestación de la mano artista..., que encarna la "cultura".
– De otra, la imitación de la naturaleza, para invitar, una vez más, a ver detrás de ella, en el carácter mismo que motiva la vana, inútil repetición de lo que no necesita reflejos... Y es que estos son para nuestras referencias. En lecturas, por ejemplo...
(También sobre blancos hoyos que devoran el oscuro sonido...)


El vacío a través del lenguaje.
Relecturas de Ciorán, en su apuesta por la negación. Y Beckett, que es Beckett, un sí es no, y visceversa.
Por colar a contraste, se me ocurre: reseñas de Rodrigo Fresán. Piropos, nada más – cabriolas y guiños "refrescantes" para llamar la atención sobre el entusiasmo del lector sabido, insinuando, eso sí, que se trata de permisividad de... sabedor "fresco", – nada consistente respecto de los atributos que pudieran merecer especial atención en ninguna obra. Como si todo escritor debiera parecer un postulante a nuevo beatle...

(Quizá me haya excedido en el descenso, pero es que a continuación diré algo de liviandad, no superficialidad.)


Encadenar de Cioran y Becket... a la posibilidad de poner en blanco y negro (carbón al papel), también a Kundera – salvando las distancias, desde luego –  en: La insoportable levedad del ser.
El checo tenía algo que decir, pero como era sobre vacío y llenó las páginas de historia y hasta de Historia, pues ha visto extraviada buena parte de su discurso en una especie de memoria para notas pedagógicas. De todos modos, una lástima que actualmente no se lea más la novela; expone una fibra resistente al paso de mano en mano, bajo las lupas, gracias a un lenguaje recatado al calor de la tensión que entonces refracta apropiadamente, y pese, a menudo, a las maneras ejemplificantes y el afán del autor por anotar(se) conclusiones en plan de piadoso entomólogo... (¡que no es Canetti, Musil, ni Broch!).


Grises.
Está eso de La conciencia de la infelicidad, en el Breviario de podredumbre, y lo que dice Fernando Savater en el prólogo general de la edición que reabordé... Es que en los grandes autores uno vuelve al texto y en su entraña se revela – por refracción, un silencio sin dueño particular: vacío común que acaso nos puede unir más que variedad de realidades ricas de aconteceres... Es también una experiencia.


Somos dudas, dudas. Cuestionamos.
Cuando atisbamos el vacío, proyectamos sombras, a veces olvidando la gracia del sol que lo permite.
Cioran, Beckett y Kundera pasaron a cuestionar en idiomas extranjeros. El dolor..., la consciencia del dolor requiere siempre nuevas traducciones. A veces, como con el arte de Johan, también difuminar, borrar...

(De perderse juntos, para los románticos;
encontrarnos en el camino, sea quizá la cuestión.)


viernes, 21 de octubre de 2016

Sobre categorías y rupturas: Diálogo con Adolfo Macías

(... Por violencia, el cambio repentino de una condición, situación o estado. A mayor su velocidad y dimensión de la transformación, mayor el grado de violencia.
Adolfo Macías, todo cordialidad.
– Ah, sonreímos... Hablar de creación va de mitología. En la mayoría de los casos alcanzamos a transformar elementos preexistentes, mas siempre para provocar un cambio – cuanto más violento, mejor. Cuestionar es alterar el orden, inocular el germen que abrirá quizá un nuevo sentido, y arrebatará eso que comúnmente denominamos paz,
por algo más hondo.)

– A partir de voces. A partir de imágenes…
(Adolfo, un momento, hasta que alza la vista nuevamente...)

Irónicos, drogados, los amigos que van juntos en un auto, sin plan fijo; el hombre envejecido, a punto de quebrarse, pero resistente como un perro; la mujer escénica, dispuesta a arruinarlo todo si no consigue lo que quiere; el joven caminante que ve a su amada convertida en montaña; la mujer sensitiva que percibe los vacíos que los otros no ven en sí mismos; el loco aterrorizado por sus sombras; el fanático rabioso; el abandonado..., un río de seres, fluyendo, con los escombros del pasado como vacas muertas en la corriente.


Parto de las soledades diversas, de las distintas maneras de sentir el mundo, un calidoscopio de interioridades que se multiplica, generando relaciones y procesos incesantes, que solo terminan con la muerte. El punto de partida es la mitad. El camino se pierde hacia atrás y hacia delante.

El lenguaje, el propio signo como marca, límite. Y, para citar a Pániker, tenemos – la escritura desde el límite.
Curioso eso de procurar acercar a través de él... Dos manos, cada una de un lado del espejo, para tocarse. No hay reflejo, se trata más bien de refracción…
El signo es más que herramienta…

Se pasa del lenguaje como herramienta a lenguaje como objeto, y viceversa, como quien no quiere la cosa.
Uso el lenguaje como herramienta, sobre todo para describir la realidad, pero una realidad reinventada por las necesidades de la ensoñación artística. Si la Literatura, como decía Chesterton, es un sueño dirigido, entonces soñamos mundos que emergen del lenguaje, pero que dan cuenta – en la novela  de los procesos subjetivos del ser humano, de sus pasiones esenciales: miedo, deseo, tristeza, esperanza, alegría y dolor. Una vez que lo usamos como herramienta para inventar un mundo, el lenguaje pasa sutilmente al mando, y el ritmo, las imágenes y la prosa nos llevan en su propia musicalidad. Entonces el autor es el instrumento del lenguaje.

Uno mismo, su consciencia, – el propio límite. Ya no la escritura, la posibilidad de un discurso...
De la necesidad de dominar también este plano, la teoría. Los géneros…

Al igual que la Música, la Literatura trabaja por géneros y estilos; el mío se relaciona con el asombro. El asombro desplegado en el lenguaje, como territorio de lo maravilloso. Proceso de hacer verosímil o inverosímil; naturalizar lo onírico, desprendiéndolo de su matriz inconsciente para dotarlo de una pulcra superficie, tal como hacía el señor K. frente a los absurdos procedimentales en El Castillo. La oruga fuma sobre el hongo y puedes hablar con ella. Una oruga es una dama elegante. Tomar por lógico lo irracional y hacerlo funcionar como una maquinita bien aceitada.


Propuesta de un pacto. Más bien confiar en gatillar con cierta sutileza la traición inocente: El signo como punto de partida para lo que de algún modo el lector reconoce – de golpe; al fin y al cabo, algo espera, – ha llegado al libro…
La representación personal, la interpretación, dependen en buena medida de las referencias de cada quien. De ahí que leer, nutra una visión, que vaya mucho más allá de permitir la recolección de datos.
Interpretación a través de las relaciones…

Relaciono la voz con el carácter, eso es lo más potente.
Un personaje se apropia del mundo con su voz, una voz que lo determina y particulariza, haciéndolo hablar de una manera personal en cierta circunstancia. Cada quien reacciona y se expresa como le es propio. No puedes hacerlo de otra manera. Un niño corre hacia el agua y otro se retrae pensando en el frío; este último será el que medite sobre la muerte. Uno devuelve un golpe y el otro trata de calmar las cosas. Uno se burla y el otro se compadece.
También relaciono el carácter con la mirada, que se ausenta o se apropia ferozmente del mundo. Relaciono lo fuerte con lo débil, lo que emerge con lo que se hunde, lo que anhela con lo que se resigna, lo que se impulsa con lo que tropieza. Así se teje la trama de la novela.

Hay una diferencia entre el enunciado y la materia del acto – que tientas…
Por otro lado, sí, parafraseando a Eliot: cada quien es su sintaxis.
Construcciones, construcciones.
Podemos seguir el rastro también a la influencia… Transformamos voces. Porque una o varias de estas nos han transformado antes…

Borges, Hesse, Houellebecq…
El balazo que me lanzó de lleno a la escritura fue la lectura de Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sabato. Desde entonces me dije que este era mi oficio. Creo que el personaje principal, Martín, se parecía mucho a mí.

Refracción, decíamos…
Por ello el diálogo, intercambio, más que eco, o celebración de coro... A por una misma esencia. Algo como un alma común...
Me recuerda el paradigma por el que la distancia entre dos puntos se acorta cada vez en la mitad…, haciendo del proceso, en teoría, una sucesión sin fin… Pero a través del Arte, ciertamente, establecemos contacto… en un plano más allá de nosotros mismos…


Al escribir, la experiencia...

... Con uno mismo. No lo veo como un diálogo, sino una relación autor-lector, en la que el lector que soy de lo que escribo me dirige. Escribo y me aventuro en la escritura. En el proceso de crear una novela, aunque suene a tontería, nada está escrito. Yo mismo me leo como si fuera otro y le digo al creador, que sigue trabajando en la sombra, casi a un lado de la conciencia: “¡Asómbrame! ¡Dame un buen hueso!” Finalmente, termino por escribir la obra que me gustaría leer. Es como hacerse un traje a la medida. Por suerte hay otros lectores que tienen gustos parecidos a los míos.

Ese espacio más allá…
Personae – del Lector. Más allá de lo individual…
Podemos hablar de caracteres…

Mi trabajo dialoga con el Rock & Roll y la psicodelia, con el onirismo de los simbolistas, con los griegos, con Schopenhauer y con Nietzsche, con Kerouak y Bolaño. Dialoga con las diferentes edades de mi vida: el niño solitario frente al mar y el adolescente atormentado, el joven enamorado de su fiebre y el adulto al filo de la navaja, dialoga con mis viejas pasiones literarias y vuelve a los mismo una y otra vez: al viaje del desarraigado.

Camino. (– Anábasis…)
Categorías… que luego toca cuestionar


Preguntas..., si cupiera elegir del lector...

Me gustaría que me pregunten si el arte es en verdad una cura para la existencia. Y mis respuesta sería una especie de parálisis, no sabría para dónde irme, me quedaría entre el sí y el no, porque el arte le dio sentido a mi vida, canalizó mi energía y me dio deleite, pero nunca satisfizo, nunca es suficiente, siempre queda algo del viejo vacío.

Categorías. Para andar otro poco, libres, y verse felizmente defraudado por esos términos que entonces sobran…

La Literatura nos recuerda lo asombrosa que es la vida.

Nos deja mudos, luego nos lleva a c(o)antar…