miércoles, 27 de abril de 2016

Rumbos – mientras suena, también, Secrets, de Holdsworth

Liberación fue antes el nombre del archivo en que desarrollaba aquel texto; así llamaba, de hecho, al proceso mismo por el que, a partir de una visión que entonces me pareció apropiada – la de un retablo , tenté el aparato para ciertas – cuestiones recurrentes.
– Catarsis.




De sus vacíos, fallos, de los apuntes que quedaron fuera – posibilidad de diálogo. Y la oportunidad, además, para un epistolario abierto  compartir ciertas "capturas" impresiones de camino. Una vieja tentación. De ahí – Anábasis.
Cuatro directrices:
 Ofrecer honestamente, concentrado en los cuestionamientos antes que en toda pretendida respuesta – afirmar para generar más posibles síes.
 Compartir de un modo más bien personal, no sin ambición de amplitud  pero lejos, bien lejos del ánimo de difundir. (Esto, como principio, al diablo.)
 Aprender en el proceso de verter las impresiones, de compartir la visión, el modo más adecuado a esta  Experimentar – apostando en cada caso todo lo posible. (Sostener el espacio como plataforma escritural.)
 Disponer un espacio / tiempo para el diálogo – a menudo en silencio – entre los signos de cada entrada y los meta-textuales. Collage, transposición – postulado de refracciones.
Para cumplir la tercera pauta, opté por concentrarme en obras específicas, si bien casi siempre en relación permanente con otras no analizadas directamente en los textos. Grata experiencia, si bien he disfrutado siempre, por encima, de conversar directamente con propios autores – vertiente más cercana a la concepción original para Anábasis.

Luego estuvo la difusión en redes sociales: especie de provocación (difícil concebir un lugar menos a apropiado para invitar a la contemplación – ah, va todo tan rápido, queda tanto apenas en asomo... y si uno escribe, además, con silencios, pues ni hablar (!)... Y sin embargo...): Que el espacio, tanto en español como en inglés, haya tenido, y tenga, el nivel de visitas que registra no deja de sorprenderme. Gracias, gracias, siempre.
– Ha llegado, no obstante, momento de cambiar.
En los pasados meses he cubierto los tópicos a que limité Anábasis para completar mi acomodo  de forma (las últimas entradas, espero, hayan servido para retocar las aristas de ciertas tentativas a propósito de percepción e interpretación, por ejemplo  ligeramente, como creo, convenía). – De manera que ahora es posible, estos textos se formen más plenamente de los asombros, impresiones y nuevos cuestionamientos a la marcha.




Árbol de la vida, Árbol de la ciencia, y Lilith,
y los ciclos de los hombres y los ciclos del vértigo que desembocan en el horror y la fe y la esperanza – doble filo (!),
– y las mujeres son y los hombres hacen; en anhelo del contrario – complemento: plenitud;
– y la vocación,
                       y la estética y el engaño.
(¡Bah!; ¡tremendo! Y por supuesto que siguen y seguirán, pero...:)

– Como antes, con Liberación – se trata en este caso de desarrollar bajo un título significativo en lo personal, un nuevo proceso – que encarne a su vez  consecuencia...
Pinturas, fotografías, filmes, lecturas y – los quienes de veras, que alimentan no solo por voz, si no claramente – en ser, y la gracia de acompañarme (!),
                                                                                        la posibilidad de una visión
                                                                                       – ello – ahora,
                                                                                       en juego.
Al cabo, cuanto puedo hacer es – ofrecerlo todo.


***

Me acompañan los ecos del canto de mi querida A. en un salón (con el perfume a flama – vitalidad del bosque)
en que exploro todavía con canciones que no hubo tiempo de atender con los ojos abiertos, abiertos;



y aprendo a confiar en lo que se elige decir  sin palabras.
¡Esa intensidad!
Ya veremos.


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