martes, 1 de marzo de 2016

Flor del tiempo: Acerca del videoclip para Somewhere, de Sekuioa

De algún modo, el lugar no es garantía de – estar allí.
Por otro lado, un lugar puede ser también – todas partes.
Cabe agregar que si de tales posibilidades se trata, hemos de referirnos también al tiempo – a distintos momentos – Ubicuidad. Plenitud o – abstracción.
Consciencia – de dónde y cuándo – a lo que entran a tallar los sentidos.
Yoshi Sodeoka propone con – y para – Somewhere, de Sekuoia, algo notable.
Definiciones, luego de ver:


Desde luego, lo retro, los colores, sus tonos; el juego de foco, la multiplicación de las formas, como ondas...; psicodelia, también. Una proyección ante la que el espectador tiende espontáneamente a anticiparse a los nuevos ángulos y descubre, al cabo, sobrepasada su capacidad por abundancia de estímulos – en otros elementos: la riqueza de color invita, pasado este primer proceso, más bien a dejarse llevar. Entonces – nuestra marcha, con el ritmo, deslizados a la melodía...



Luz que viene; siempre – un punto fijo, y horizonte. Simple, una vez más.
La negación del tiempo y espacio llamados reales, más bien fijos por consenso: fechas y horas, y coordenadas, conque se da pauta a las agendas, determinar los hitos de las biografías; tal negación, que importa la creación de una realidad ajena a conceptos de finitud y perecimiento, refiere a dos caminos: Mera abstracción, o – penetración de la realidad.
El videoclip para el tema de Patrick Bech-Madsen, nos plantea de paso la cuestión, y la resuelve – felizmente aunque sin sobrada distancia, a su favor. Resulta en más que decoración, entretenimiento...
La clave – cierta evocación.


La apelación a la onda, a la proyección circular, aún a través de intrincada geometría (que se acomoda siempre a sí misma – ahí tenemos las místicas claves numéricas para la permanente expansión y encaje de las formas) va de la construcción de una experiencia, o, si se quiere, la adquisición de cierto conocimiento profundo más allá de la lógica – vieja apelación – en clara diferenciación a la idea de tiempo lineal.
Las secuencias, episodios, si se quiere, no implican el ordenamiento secuencial nada más en sumatoria, a través de la percepción. Bien sabemos que, por ejemplo, la tragedia, surge siempre de la enigmática arbitrariedad con que la humanidad se arroja al imposible (en postulado de Platónov).


Háblese de pulsión de muerte o de búsqueda de signos de lo trascendente por sobre el lenguaje verbal (que nos hace hombres..., para, a menudo, perdernos al cabo en la persecución de volver a lo esencial: sustantivado, en gran medida apartado de la función específica del verbo), reconocemos en la penetración de la realidad pautada por relojes, de común elemental, al menos, alivio... en una certeza que no requiere más explicación...


Contemplación – abstracción. El asunto.
Y, como ya fue dicho – dos vías: – La mera distracción en el breve espacio del confort, a cuya pasada frontera, espera siempre la resaca. Y, de otro lado, – el cuestionamiento – que arrebata.
Yoshi, prefirió dejarlo en claro:
– Acierto, el de la abrupta interrupción, gracias a la cual reconocemos la distancia entre la ilusión – sucia... por falta de definición y, pues, el error de señal (!). Dura lo mínimo suficiente, aporta la duda que podía hacer falta a quien pudo andar confundiendo la exploración (aunque ligera) con paseo banal. Y cumplida la misión con el tema, mucho menos interesante por sí mismo.
– Acierto, el final que nos arroja (!) – a la resaca...
Violenta declaración de intenciones, apenas tras habernos mostrado por última vez, provocadora, la lucecilla central – invoncando, oh, ligera, claro que sí... – Más ilusión.
Conviene recordar de El libro tibetano de los muertos – parafraseo: – que si no reconoces tus propias formas de pensamiento / las luces te deslumbrarán / los sonidos te atemorizarán... Y, más adelante, va: fúndete...


Cada quien tome los pétalos, beba el néctar, o sonría de la saudade (!); a lo mejor es invierno, o, mejor aún, una más auténtica estación, sin calendario.


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