domingo, 14 de febrero de 2016

Resonancia: Acerca de la propuesta de Daniel Coves.

Aproximaciones.
– Los medios – la sustancia misma a partir de la cual es posible reconocer tanto la propia distancia del objeto real (menor debido al dominio técnico) como – ojo – el puente en sí: que propone ya – una posible comunión – de sentido.
Pintura, Arte, pero, ante todo, Comunicación. Esto va de posibilidades – e imposibilidades, también; de aceptación, y algo menos noble..., según el modo en que cada quien aborde estas obras de Daniel Coves.
Cautela. Hay una invitación al silencio.
Buen comienzo.


La luz nos indica también  el modo.
Gracias a Daniel, las habitaciones se abren y nos damos con el fenómeno de una fuente reveladora ajena también a quienes yacen en sí mismos, erguidos, cuanto menos parcialmente, con la faz oculta.
Amortiguada por efecto de ausencia, por nula voluntad a colores que reflejen y multipliquen la claridad, absorbida buena cuota por las melenas (que envuelven el auténtico hoyo) – la luz
nos insta...


Contemplar.
Preguntarnos qué precisamente. Si acaso precisamente algo...
Los porqués, intuimos, hasta sabemos bien: están  Sobran palabras.
Y es que a menudo, con los años, solo adole(s)cemos en menor grado.


Cuanto pudiera quedar nada más en representación  asomo a los tópicos desde ciertas actitudes evidentes – provocaciones dirigidas siempre a la misma reacción: el posible acercamiento, pese al afán por evitar cualquier clase de molestia más allá – de la propia grisura (!); de pronto, brilla, sí, por aquel mismo fenómeno lumínico, lejos del lienzo  nuestra particular actitud...


Aquí, el silencio, desbordado de los cuatro lados.
Poco importa que la situación de pronto al descubierto, nos resulte ajena  En tal caso redundamos – otredad...

Ya ante las imágenes – oh, voluntad –, y habida cuenta que tranquilos, son solo obras plásticas, y nada más que esto, si uno quiere – oh..., cobardía (!) –, pues – he aquí:
Las voces o el silencio, espontáneos...



De la cortina viva  dos lados  dos ámbitos. Cabe una doble mirada aparte de la antes expuesta  desde el interior de los protagonistas – ojo  lejos de la ficción.
Están los adolescentes y el reflejo de nuestras posibles dolencias latentes  en la actitud para con ellos. A lo que suma el joven Coves, a resultas de una especie de acto-reflejo: el reconocimiento de un mutismo cuestionador: Manifiesta actitud provocadora, nada accidental, lejos de la mera parálisis del tiempo – Lo que obliga a revisar de inmediato si acaso conviene seguir a estas alturas, de modo tan confiado, con categorías respecto de las que ocupamos un lugar fijo, estable.


En fin...
Todos nos hemos visto alguna vez repentinamente conflictuados debido a una pregunta a quema ropa, una cómodamente calificable – a prioriirracional.

El silencio como acto positivo  deja tropezar entre sí los ecos de nuestra estructura discursante. Nos lleva a creer que nos da la razón, y revela en cambio lo desafinado... y cuánto, al cabo, de caótico – dábamos por bueno
(crueles, cuántas veces)...


Se trata de procesos... Lo inteligente, sano, es desarrollarlos a través de síes. Chispas en medio de lo oscuro. Que a veces son necesarias, nada más que para ver bien esta materia farragosa...
Callar es bien distinto de sumar silencio.

Comunicación, decíamos.


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