jueves, 11 de febrero de 2016

Gracia joven sobre cielo hondo: Sobre la propuesta de Phillips Ringler

A partir de los ángulos, en los contrastes y el propio balance – equilibrio (reglas [!]). Justo y sin dejar de provocar; sutil con el objeto de llevarnos, a canto de sirenas – por solaz entre tonos mates... más bien a completar por nuestra cuenta – la explosión (!).
Phillips Ringler – geometría que rige la disposición para paños, siluetas, las y los habituales modelos de lozanía, sin ahorrarle a cada quien – primero la sospecha, y luego...
Ojo:


Collage – como medio para reflejar a través del gran amparo: más tiempos, estilos y referencias para una sola realidad (artificial, al cabo, lejos del vértigo más allá de nuestras escalas, enclavada en la época de la imprenta y el diseño moderno, apenas); con la superposición como pretendida clave de la complejidad de nuestro época. Afán de multiplicidad...
La técnica se alimenta así del afán por comprender desde la sensibilidad común a los referentes comunes, de modo particular, cada vez. No se limita a figuras reconocibles o íconos famosos, ni siquiera a sentar base desde figuras atractivas o provocativas: ataca, cuando de veras pretende calar (este es el caso): climas, temperaturas, referencias a ideales y hasta a cánones que, de tal modo, tienden a despertar, hoy, potente curiosidad, y – nostalgia.



Cuestión de preguntarse por qué tanto recurrir a las mismas fuentes: las mismas revistas; o más bien – ejemplares variados de la misma época. Y dar pronto con lo obvio – de tantos otros pretendientes a comunicar... a lo mejor, inclusive, la misma nostalgia.
Para tratarse de simple moda, esta orientación lleva demasiado tiempo entre nosotros (empieza, por cierto, casi tal cual la reconocemos hoy en múltiples manifestaciones, apenas pasada la Guerra Mundial I – cuando soñando con el futuro se atisbó la pérdida de una pretendida eternidad ideal: una armonía de gusto común... o uniforme.)
En fin, sueños..., romanticismo y locura (!), en cadena y círculo.



Se identifican entre sí: moda – ambición y – deseo.
Entra a tallar la sensualidad.
Insinuación a los deseos bajo forma y color, que dispara su formulación desde – los fondos de eternidad.



De modo que bajo el nombre Trash Riot, para nosotros – una especie de tour (una vez enganchados por las jóvenes figuras: salud – apetito y – curiosidad edénica)
– por un vasto cementerio – al margen del tiempo.

Mitos de tierra que se elevan, conservados en apariencia de terso papel cuché, entre los lados (vano asombrarse por la precisión) de medición digital.


Desde casa, entre nuestros prados y albercas, entre discos que nos llevan a soñar con riscos y olas, pero al seguro aroma de cosméticos de marcas de colores – el suspiro – la burbuja – pretendido monumento a la pasión y...


... lo mundano.
(Recordar que mundo era aquel espacio circular en que arrojaban los trozos de cerámica con su voto, los sufragantes – El aporte de cada quien: su elección a carta del sistema, por civilidad – cultura.)


Para hundir bien la daga, cortesía de Ringler: Devoción, mil veces, por el cuerpo y el ímpetu de gozo y abandono a la elemental plenitud – en olvido de la muerte: como si nuestros fueran todos los ciclos – y, al cabo, no hubiera más que uno solo: el de la vuelta que ha de cerrarse al cabo del éxtasis y en el que, bueno o malo su gozo – no nos solemos detenernos a pensar (del mismo modo en que obviamos la propia muerte, quizá especialmente en los museos).


Aquí, el espacio es mucho más que noche (!)
– inmensidad – ámbito para el pulso íntimo, al compás de la marcha titánica, si uno tienta el sueño, pero, lejos, salvo en el delirio, del tic-tac de cualquier reloj.
He aquí, parametrados sueños de belleza a la luz de las estrellas...: un largo jirón de nuestra cultura, ondeando al viento solar...


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