viernes, 8 de enero de 2016

El rumor detrás: Sobre la propuesta de Thomas Dodd

Idealizar... a partir del atisbo a algo – de valor auténtico; en el caso de estos trabajos, pues gracia de facciones.
Crear una imagen – y envolverla de mayores gracias. Tiene mucho que ver con los riesgos del amor a la francesa.
Lo cierto es que el misterio atrae; completamos cuanto no sabemos con – ideas. Preferimos dar con el brillo, cerrar de inmediato los ojos (!) y entonces, oh, pensar... (Conviene recordar que el deseo no tiene mucho propiamente de idea...)

El misterio atrae, mas no siempre cuestiona...
Vamos con las damas de Thomas Dodd.




Un espíritu salvaje, y sofisticado.
Bosque, tierra; marañas de papel y de basura – contemporánea. Letras muertas, y las raíces y el humus mezclados con el plástico...




Un enorme poder contenido en el gesto sin tiempo de las soñadoras, perplejas, acechantes. Niñas, jóvenes, mujeres maduras.
Un saber por intuición, que no conocimiento  en los ojos abiertos y los cerrados, que anticipa, siempre, una confrontación, la revelación de cierta verdad – dramática. Una pretendida verdad de ellas – universal (!).




Se trata de una propuesta que invita, seduce, a su modo, al ánimo expectante. Tienta a la curiosidad por la posible revelación...
(Entre los cuatro lados, apenas ficción de peligro, si es que a través del estilo las preguntas no lo llevan a uno lejos de la autocomplacencia.)






Se repiten:
– El juego de reinas, destinadas al drama; cercanas, mucho más: parte misma de una naturaleza poderosa, peligrosa – por  permanentemente cambiante.
– También, como ya fue dicho, la terrible maraña en las cabezas  Como corona un lío (!).
– Y los colores cálidos, encendidos, de hogar e incendio  así como los tonos fríos de la helada; y siempre, siempre, oscuridad.




Presente, el elemento mágico, y siniestro.
Mas no se configura una real Tragedia.




Tal concentración en el drama, en determinada configuración visualmente atractiva, resulta en un lamentable sesgo; resta al conjunto el encanto de mito que sí que le brindan ciertos cuadros:




– Se reduce la complejidad de las figuras como lo hace el hombre que, por ejemplo, racionaliza de más en una relación de pareja y, tratando de hacer que esta florezca, la envenena de lógica, esquematizando...




Bueno... Felizmente, la vida que brota de las modelos, aquel elemento real inicial, a menudo basta. Thomas consigue preservar la belleza misteriosa libre de sofisticación, de la mueca conque el estereotipo, en otros casos, digamos, más populares, marcaría los labios de sus musas. Y he aquí un punto clave: estos permanecen – sellados: No altera el silencio que – de veras cuestiona...






¿En qué medida nos lleva a volver, desde una tradición poderosa, al lugar común? ¿Y en qué medida Thomas establece, más bien, un claro punto de partida para explorar de nuevo las raíces de la mitología popular, cuestionando su vigencia su regeneración[!]?




¿En qué medida se reflejan aquí elementos endebles de nuestra habitual percepción del carácter de la mujer, y su indudable magia?
¿En qué sentido se revela nuestra brutalidad?
¿De qué modo decir hadas, ninfas, etcétera, no significa llamar a nadie?




(Se anunciaba una confrontación.)

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