domingo, 24 de enero de 2016

Donde no se yace hombre: Sobre la propuesta de Zdzislaw Bekisinski

De una parte, prismas. Patrones  la propia naturaleza... Huellas – de orden. De la estabilidad a través de los mínimos componentes. Y la onda.
De la superación de tal orden, en pos de solidez: el bloque, y la cuadratura: ese afán...
En el par artificial  necesidad de control. Que provoca – el plano  lo plano, que se impone (!).
Ahí tenemos las moles. Los peligrosos planos. Y los ángulos que amenazan con una demostración desnuda de nuestra locura por llegar a través de ellos, a algo más... a lo total...
Zdzislaw Bekisinski, de hecho, nos enfrenta a las moles del hombre – en distintos órdenes...




Así, a la presentación de las propias formas vivientes a partir del cubo, por ejemplo, respondemos de inmediato con cierta cautela. El plano entre el par de ángulos  freno  E imposición.
(Resulta peor que las fauces, con estas cabe la lucha – al control de sus límites; y uno, en el peor de los casos: de ser devorado  forma parte de un fenómeno propio del ciclo de la vida..., por tanto y en todo caso, digamos, el aplastamiento por el bloque es, en comparación, estéril (– nada más una demostración... ¿y de qué...? [!])

Lo dicho puede ser aplicado al resultado de las más tremendas ambiciones  inmensidad por mole: levantar la propia montaña al cielo... Babeles..., por ejemplo...



El auténtico encuentro con la geometría recurrente en las formas orgánicas nos lleva a reconocer automáticamente  armonía... El enfrentamiento a sus ángulos importa distinción de posibilidades  sencilla bifurcación. No despierta alerta. Poco importa la semejanza entre las sendas posibles.
– Y está también, la tendencia del impulso que nos llevó allí... Uno digamos, participa, del flujo...

El auténtico monstruo es  antinatural...
– nace y se forma de la desproporción por ambición (a su fin) – fuera de control. Hace ridícula toda medida (la reduce a grito) y deriva del afán (cualquiera sea este: conocimiento, justicia, perdurabilidad) en horror por  resultado...
Hace imposible la piedad, pues es producto par de lo que la extingue: mecanización ciega, sin solución.






Lo monstruoso – victoria bárbara, aplastante del hombre – sobre su propia especie – Cáncer de sus sistemas elementales – cuyo término lo produce nada más el fin de la materia misma de que se alimenta, implacable... o la plena devastación del ámbito en que había de reinó...
A menudo...:
– Extrema elevación de la cultura – digamos, con vida propia: maternal o paternal, absoluta de dogma, por supuesto, más allá de la voluntad de el hombre...
Se la supone infalible. Al caso, los principios, la disciplina y la mística... tornan en terror, que – hace su tiempo, la época...




O se yergue – definitivo – destino...




Las ideas, las ideas...
Zdzislaw lo expone con claridad, muy directamente. Carga el símbolo con la luz de lo invencible, lo rodea de la oscuridad y bruma de la muerte en torno.
Desolación – desde la que resalta más aún, a veces – causa para el sacrificio... (!)




– representación del espíritu implacable, dada la vuelta a todos los ciclos... imperecedera – y par, por tanto, de la muerte, al punto que pretende ocupar su lugar:






Olvidado el aliento tibio, barrido el último eco de pálpito de una criatura fértil, sin esperanza, y extraviada la fe, es que se dispara – surge – el mensaje en provocación cruda del pintor, que – no recrimina, retrata
su visión al margen del lugar común – gracias al notable cómo – por el que imaginación y técnica sirven, como si de una misión apostólica se tratara...
– Y he aquí, también, lo más siniestro.






Poner etiquetas con los nombres de las ideologías que nos han llevado tantas veces al espanto aquí retratado, podría resultar vano, pero no, nunca, reconocer la esencia común de su nacimiento en cada época, y el ánimo colectivo, la fiebre que lo alimenta...

El Sr. Beksinski pretende, concentrando sus esmeros en un tono elocuente, exponer el cadáver imperecedero de lo que fuera tentación, creciera por voluntad ciega – empeñada en abstracciones, con sagradas fórmulas, absorbida en el olvido de la mortalidad, y acabara – en monumento (!)




Si bien  todo cae, se derrumba...


– Todo, menos...

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