lunes, 11 de enero de 2016

A propósito de las circunstancias: En torno a la propuesta de Tatiana Gulenkina

... A propósito de ello, decía...
Información, bien sabemos, sobra. No es lo mismo que conocimiento. Este, como todo cuanto vale la pena, requiere decisión  tiempo: disposición; más aún: Vocación. Entrega a la labor, de modo que el tiempo en ella sea el único tiempo. Su medida en minutos, días o años es relativo; Ahí tenemos las revelaciones...
Los resultados, citando una vez más a Naipaul, dependen del talento, el trabajo y la fortuna...

La joven Tatiana Gulenkina, al parecer, tienta al azar: no extrae de él, si no que produce con él – guiños de mundos más amplios...
Veamos:



De lado el cálculo de probabilidades, el acontecer es parte misma del acto único de creación. Como sueño dentro de otro sueño, el objetivo no cobra forma definitiva por anticipado: la visualización obsta de la mirada sola. La imagen, compleja, rica, más que cualquiera previsible, asoma de a pocos – bajo sus propias manos, se revela en su acierto, en la fidelidad al impulso creador.
Su atención, va por íntegro a atender a la materia. Su razonamiento nada más como herramienta. Su inteligencia (mucho más que mera capacidad de  razonar) – entregada a un acto que por sí mismo le define – sin categorías
 lo hace Ser.



Se trata de un ideal. Quizá. Mas ilumina el camino – a la obra.
En el desarrollo de esta operan fuerzas más universales que la propia voluntad, está claro.



En este caso, tenemos un conjunto de imágenes, producto de la Física, de la Química. Juegos de luz. No cámaras.
De lo que surge, pues, pese a lo dicho: Tatiana y el asunto ese del rol  del artista.




Anacronismos...:
Entregado a la obra, quien la produce, ha de saber, representa un elemento más de esta misma – en el no-tiempo que provocará su contemplación. La canción, el cuadro, el poema, encierran cada cual claves de antes, cómos y porqués, puntos de partida para los después, hasta dónde y de qué maneras. Toda buena creación anula el tiempo para quien la contempla, le lleva y trae, sin transiciones, de preguntarse por cómo fue hecha, a sorprenderse por cómo fue posible que antes viera lo mismo, el tema abordado por el artista, o enfocara las referencias de este, de – otra manera...




Aquí, balance, pulso, tono resultan en gracia – de / en cada instante, por arbitrariedad. Por esta misma, brotan como a una sola visión: lo vivo, orgánico, que intuimos todos, y que, a la ocasión, supo bien hallar Tatiana...




Respecto de su propio trabajo, la talla del artista, digamos, queda determinada por su capacidad de:
a) hacer innecesaria cualquier aparición suya para explicar las motivaciones y pretensiones de trascendencia – elocuentes ya en el lienzo, grabación, impresión entre páginas, etcétera; y
b) asombrar – por profundidad (a través de una enorme complejidad, extraordinaria sencillez o apropiado balance entre ambas), de modo que su nombre sea identificado con el discurso propuesto, en "respuesta" a un constante ¿cómo fue que lo hizo?... y ¿qué más dirá, o de qué nuevo modo?




Aquí vienen a la mente con facilidad: células, órganos, galaxias, fotografías de la propia Tierra...
Por ello – diálogo.



El discurso se configura en la propia obra como construcción intelectual consciente  en la medida en que el autor se sirve de medios y códigos preexistentes para comunicarlo: lenguajes, idiomas, formas, signos, notas y tonos; pero implica algo más trascendente aún  en la medida en que se configura plenamente a partir también de elementos impropios de una ejecución automática: desproporciones, puntos y puentes ilógicos, entre otros, que, curiosamente, completan la obra, elevándola a un ámbito en que la interpretación racional no alcanza a abordar todos los sentidos de su cuestionamiento, como sí lo hacen la intuición y otras formas de sensibilidad.
Ahí, el punto en que se separan de golpe, por ejemplo, las Matemáticas del Arte. No tanto así la Física Cuántica y la Nueva Biología de él...
Asunto de interrogantes compartidas.




Mucha exposición, poca crítica... A nadie sorprende. Tampoco es válido colgarse de la elocuencia de la obra para dejarla pasar – como un producto más, a la cola de novedades pasajeras; o atribuirle al tiempo facultades más bien humanas...
La abundancia de recursos, accesibilidad a la información y posibilidad de conocer cada vez más técnicas no otorgan el estilo.
La materia de trabajo de la señorita Gulenkina bien pudo terminar en una muestra bien distinta en otras manos... (y llegado a este punto prefiero suponer que no hay quien se lance de buenas a primeras con algo como que entonces "a cada mano, un artista", ni hablar...)




La propuesta de Tatiana invita a observaciones elementales, y profundas. La sofisticación se queda en la composición, y de nuestro lado  la oportunidad. Ese es su balance.
Las formas, volúmenes, efectos de vibración, reflexión y refracción, todo el caos del cual, de pronto, brota en brillos la armonía, plantean apenas las – primeras interrogantes.
El tiempo ido nos invita a recomponer una imagen que no está; cuestiona así nuestra imaginación; nos desafía a pensar en si es posible logro similar nada más pensando...
Nos hace olvidar, abstraídos en un azar que hasta reconforta...
Depende...




Hay, además, suficiente espacio para el sueño, la explosión, repentina multiplicación y abrupto reposo de alusiones a / en / desde esas mismas figuras en que nos encontramos, entre lo primitivo y muy elaborado, con la artista...
Como una – cita accidental...


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