miércoles, 27 de enero de 2016

Encanto de la parcialidad: Sobre la propuesta de Sasa Gyoker

Esa luz que se escapa, que parece llevarse consigo una parte de nosotros.
Con los últimos brillos, reflejos, antes de dejar de significar un deslumbrante  – y pasar a – posibilidad apenas, y recuerdo de un deseo.
(Mejor que nadie, lo describe Proust en A la sombra de las muchachas en flor.)
Privilegio, no de la vista, sino de – la visión.
Nos proyecta.

En la fotografía, a tal efecto – elección, sesgo. Nos nace a menudo  entrecerrar los ojos:
Aquí se trata de ir a por una reducción, ganando otra vastedad...
En lo suyo, Sasa Gyoker:



Conviene preguntarse si lo que se desliza antes de – la oscuridad y la nueva ceguera (ver por ver), es la imagen o, más bien, el ojo sobre ella  apartándose, prefiriendo el hechizo – que completa la propia imaginación – el anhelo (que nunca desemboca en solaz).
Lo cierto es que Sasa alimenta tal visión romántica
– y las posibilidades siempre son preferibles a las evidencias... De modo que el efecto del enfoque se revela – precisamente – clave del tono: invitación a completar la frase, a entonar junto con ella, con Sasa, la última nota... que – da pie, por su parte, a la canción particular de cada melancolía...




Serena determinación del modo  a las circunstancias.
Deshaciendo lo típico... Extrayéndolo del tópico para ofrecerlo como, visión humana, no  colectiva. Común por  comunión.
De modo que se da la ilusión, o el asomo: Lo ordinario  como cardinal...
Bien dice ella misma: imperfectas, inpermanentes e incompletas imágenes.
En esa parcialización, en la elección: lo esencial, al límite de lo simple  Sencillo.





Sueño también de – materia inconstante... que sí que procura alivio...
Ojo: Es la sustancia traslúcida en la que la idea fija pierde consistencia. El reflejo – fluctuante entre la mera evidencia, geometría coincidente y figuración de ciertas formas de energía – intemporal.

De modo que Sasa apela a una sensibilidad común a través de un bien delimitado ámbito de posibilidades: atrapa siempre el mismo fenómeno con diferentes luces, representa siempre, digamos, la misma figura inacabada gracias al modo en que sus capturas, violentamente, contienen la posibilidad del tiempo que viene – o más bien el deseado...
(Le dicen Saudade – he señalado demasiadas veces.)






El carácter de esta elección presupone una complejidad (también) violentamente resuelta – por intuición y – una sensibilidad labrada con bastante probabilidad, desde la impotencia verbal – para experiencias directamente compuestas en – el ver.
Desemboca, felizmente, en una expresión arriesgada, desde la intimidad, a los límites del lugar común y la cotidianidad aparentemente sin gracia  por momentos así, desfachatada, ingenuamente – preñada de luz.




(Esa luz que en las estampas corresponde a pobre efecto, a desperdicio de gracia del paisaje, y que aquí, alumbra "cualquier lugar".)




Como fragmentos de fotografías mayores. Atención a los puntos en que se concentra esa – esencia luminosa. Simplifica el proceso que nos lleva a perdernos en los rincones o amplitudes de abrumadora vida propia – a que alude también Proust al poner a Bergotte a hablar sobre La vista de Delft).






Aquí, lo claro y lo oscuro, lo cálido y lo frío – en contraste elemental. Este sí, nítido, como – el trazo que define la gracia completa de un vestido en la mano maestra, y arroja no sin un poco de soberbia una idea de sus potenciales efectos...
Y así se atreve: pasa – de sencillo a simple, simplemente, también, suele provocarnos al desliz
para olvidar exuberantes promesas de profundidad, depurando sanamente la olla de pretensiones sobre nuestras orejas...
– Es otra manera...






De la necesidad de claridad, y el miedo al deslumbramiento, ergo, del permanente asomo – tan afín al modo en que ciertamente descubrimos la realidad – cuando esta nos maravilla,
inexpertos los sentidos, joven el alma. Cuando frágiles – adolescentes (!)...




Y amigos, también, por compartir fragilidad...




A lo que es propio:
– Gracias, Sasa...


domingo, 24 de enero de 2016

Donde no se yace hombre: Sobre la propuesta de Zdzislaw Bekisinski

De una parte, prismas. Patrones  la propia naturaleza... Huellas – de orden. De la estabilidad a través de los mínimos componentes. Y la onda.
De la superación de tal orden, en pos de solidez: el bloque, y la cuadratura: ese afán...
En el par artificial  necesidad de control. Que provoca – el plano  lo plano, que se impone (!).
Ahí tenemos las moles. Los peligrosos planos. Y los ángulos que amenazan con una demostración desnuda de nuestra locura por llegar a través de ellos, a algo más... a lo total...
Zdzislaw Bekisinski, de hecho, nos enfrenta a las moles del hombre – en distintos órdenes...




Así, a la presentación de las propias formas vivientes a partir del cubo, por ejemplo, respondemos de inmediato con cierta cautela. El plano entre el par de ángulos  freno  E imposición.
(Resulta peor que las fauces, con estas cabe la lucha – al control de sus límites; y uno, en el peor de los casos: de ser devorado  forma parte de un fenómeno propio del ciclo de la vida..., por tanto y en todo caso, digamos, el aplastamiento por el bloque es, en comparación, estéril (– nada más una demostración... ¿y de qué...? [!])

Lo dicho puede ser aplicado al resultado de las más tremendas ambiciones  inmensidad por mole: levantar la propia montaña al cielo... Babeles..., por ejemplo...



El auténtico encuentro con la geometría recurrente en las formas orgánicas nos lleva a reconocer automáticamente  armonía... El enfrentamiento a sus ángulos importa distinción de posibilidades  sencilla bifurcación. No despierta alerta. Poco importa la semejanza entre las sendas posibles.
– Y está también, la tendencia del impulso que nos llevó allí... Uno digamos, participa, del flujo...

El auténtico monstruo es  antinatural...
– nace y se forma de la desproporción por ambición (a su fin) – fuera de control. Hace ridícula toda medida (la reduce a grito) y deriva del afán (cualquiera sea este: conocimiento, justicia, perdurabilidad) en horror por  resultado...
Hace imposible la piedad, pues es producto par de lo que la extingue: mecanización ciega, sin solución.






Lo monstruoso – victoria bárbara, aplastante del hombre – sobre su propia especie – Cáncer de sus sistemas elementales – cuyo término lo produce nada más el fin de la materia misma de que se alimenta, implacable... o la plena devastación del ámbito en que había de reinó...
A menudo...:
– Extrema elevación de la cultura – digamos, con vida propia: maternal o paternal, absoluta de dogma, por supuesto, más allá de la voluntad de el hombre...
Se la supone infalible. Al caso, los principios, la disciplina y la mística... tornan en terror, que – hace su tiempo, la época...




O se yergue – definitivo – destino...




Las ideas, las ideas...
Zdzislaw lo expone con claridad, muy directamente. Carga el símbolo con la luz de lo invencible, lo rodea de la oscuridad y bruma de la muerte en torno.
Desolación – desde la que resalta más aún, a veces – causa para el sacrificio... (!)




– representación del espíritu implacable, dada la vuelta a todos los ciclos... imperecedera – y par, por tanto, de la muerte, al punto que pretende ocupar su lugar:






Olvidado el aliento tibio, barrido el último eco de pálpito de una criatura fértil, sin esperanza, y extraviada la fe, es que se dispara – surge – el mensaje en provocación cruda del pintor, que – no recrimina, retrata
su visión al margen del lugar común – gracias al notable cómo – por el que imaginación y técnica sirven, como si de una misión apostólica se tratara...
– Y he aquí, también, lo más siniestro.






Poner etiquetas con los nombres de las ideologías que nos han llevado tantas veces al espanto aquí retratado, podría resultar vano, pero no, nunca, reconocer la esencia común de su nacimiento en cada época, y el ánimo colectivo, la fiebre que lo alimenta...

El Sr. Beksinski pretende, concentrando sus esmeros en un tono elocuente, exponer el cadáver imperecedero de lo que fuera tentación, creciera por voluntad ciega – empeñada en abstracciones, con sagradas fórmulas, absorbida en el olvido de la mortalidad, y acabara – en monumento (!)




Si bien  todo cae, se derrumba...


– Todo, menos...

domingo, 17 de enero de 2016

Multidimensional – y abierto: Sobre el videoclip de Cold stares, de Nosaj Thing y Chance the Rapper

Lo que ves
– lo que supones, debería estar ahí
– el plan, la estructura, que es también, quizá, ficción  lo que debería ser
– lo que se juzga inapropiado: no debería estar ahí; y
– lo que es.
Todo, en el trabajo para Cold staresLa apuesta, bajo la dirección de Daito Manabe, y a cargo de un numeroso equipo, ha sido enorme:




Comprometer todos los procesos, los elementos  en un juego rico de sentido, desde la introducción de simplones versos:

Cold stares in then night, tears roll down
Another sad clown sittin' in the room
Eyes rain tears but do you really love me

El resultado va más allá del aprovechamiento de recursos. Se trata en realidad de establecer visualmente un punto de partida apropiado para encontrar las raíces comunes a un mismo enrarecimiento – un extrañamiento universal – al abandono.
Entonces la realidad toda se trastoca, no nada más – el interior:
De modo que entre los 2 minutos y 55 segundos  parte de la ilusión descubierta – valga decir – en esta arbitraria visualización – capa por capa,
con aguda sutileza.




Extraviarse es más común a la sensibilidad masculina. Ensimismarse va más al par femenino
– Al caso, entre la danza, la coreografía completa, los efectos visuales  surcamos una línea invisible de una a otra de aquellas posibilidades (!).
El ballet compromete – insisto – distintas perspectivas literal y figurativamente, pero va más allá al establecer desde el pretendido juego esquemático, una consciencia común, manifiesta precisamente en el salto que, digamos, no se ve – en la pantalla:

Doctor says we believe its a problem
Possessed by a demon, they won't live it inside him
They gon' leave him on Sunday
In a one man confessional eith a high fever
Drive heavin and hollerin'




Hogar. Cuerpo. Conciencia... Planes... Y – lo que está detrás.
Completamos el juego – por sagaz apelación a primordiales expectativas, y pretensiones previsibles por cultura.
En el aturdimiento ante la sorpresa – el esmero, también, por hallar la razón de la secuencia – y entonces, ante la dificultad  las formas cobran pleno sentido:
Geometría – control;
reducción del número de elementos – más control...
Pero la realidad – ¡nos excede!
Todo esfuerzo por explicar el padecer, si corresponde a un auténtico arrojo, resulta en una prueba más, a menudo patética, de la inexplicabilidad de la propia pena.

Bed, bed I rest in
Not my own
These cover make me itch
Hurt my head
Not my own
These covers make me sick

(Y sí, casi todo – no obstante la ya mencionada simpleza de las líneas desde las que, digamos, irradia el espíritu.)


Resulta especialmente interesante que el mismo videoclip relativice además, y bien a las claras, la supuesta soledad en que la condición de dolientes habría de encerrarnos.
La lucha por deshacernos de una y otra capa creada para protegernos, por dejar de lado cada una de nuestraslas estructuras, obedece a un instinto – más allá de todo romanticismo.


La verdadera cuestión – en el silencio, y en lo oscuro,
pese a los planes y diagramas – luminosos (!)
– En el mismo sentido de lo no literal – el rol que nos toca. Para cuya revelación la perplejidad es – factor fundamental...

Gran posibilidad de diálogo.
No sobra decir que esto sí que es llevar las cosas a un nuevo nivel...

lunes, 11 de enero de 2016

A propósito de las circunstancias: En torno a la propuesta de Tatiana Gulenkina

... A propósito de ello, decía...
Información, bien sabemos, sobra. No es lo mismo que conocimiento. Este, como todo cuanto vale la pena, requiere decisión  tiempo: disposición; más aún: Vocación. Entrega a la labor, de modo que el tiempo en ella sea el único tiempo. Su medida en minutos, días o años es relativo; Ahí tenemos las revelaciones...
Los resultados, citando una vez más a Naipaul, dependen del talento, el trabajo y la fortuna...

La joven Tatiana Gulenkina, al parecer, tienta al azar: no extrae de él, si no que produce con él – guiños de mundos más amplios...
Veamos:



De lado el cálculo de probabilidades, el acontecer es parte misma del acto único de creación. Como sueño dentro de otro sueño, el objetivo no cobra forma definitiva por anticipado: la visualización obsta de la mirada sola. La imagen, compleja, rica, más que cualquiera previsible, asoma de a pocos – bajo sus propias manos, se revela en su acierto, en la fidelidad al impulso creador.
Su atención, va por íntegro a atender a la materia. Su razonamiento nada más como herramienta. Su inteligencia (mucho más que mera capacidad de  razonar) – entregada a un acto que por sí mismo le define – sin categorías
 lo hace Ser.



Se trata de un ideal. Quizá. Mas ilumina el camino – a la obra.
En el desarrollo de esta operan fuerzas más universales que la propia voluntad, está claro.



En este caso, tenemos un conjunto de imágenes, producto de la Física, de la Química. Juegos de luz. No cámaras.
De lo que surge, pues, pese a lo dicho: Tatiana y el asunto ese del rol  del artista.




Anacronismos...:
Entregado a la obra, quien la produce, ha de saber, representa un elemento más de esta misma – en el no-tiempo que provocará su contemplación. La canción, el cuadro, el poema, encierran cada cual claves de antes, cómos y porqués, puntos de partida para los después, hasta dónde y de qué maneras. Toda buena creación anula el tiempo para quien la contempla, le lleva y trae, sin transiciones, de preguntarse por cómo fue hecha, a sorprenderse por cómo fue posible que antes viera lo mismo, el tema abordado por el artista, o enfocara las referencias de este, de – otra manera...




Aquí, balance, pulso, tono resultan en gracia – de / en cada instante, por arbitrariedad. Por esta misma, brotan como a una sola visión: lo vivo, orgánico, que intuimos todos, y que, a la ocasión, supo bien hallar Tatiana...




Respecto de su propio trabajo, la talla del artista, digamos, queda determinada por su capacidad de:
a) hacer innecesaria cualquier aparición suya para explicar las motivaciones y pretensiones de trascendencia – elocuentes ya en el lienzo, grabación, impresión entre páginas, etcétera; y
b) asombrar – por profundidad (a través de una enorme complejidad, extraordinaria sencillez o apropiado balance entre ambas), de modo que su nombre sea identificado con el discurso propuesto, en "respuesta" a un constante ¿cómo fue que lo hizo?... y ¿qué más dirá, o de qué nuevo modo?




Aquí vienen a la mente con facilidad: células, órganos, galaxias, fotografías de la propia Tierra...
Por ello – diálogo.



El discurso se configura en la propia obra como construcción intelectual consciente  en la medida en que el autor se sirve de medios y códigos preexistentes para comunicarlo: lenguajes, idiomas, formas, signos, notas y tonos; pero implica algo más trascendente aún  en la medida en que se configura plenamente a partir también de elementos impropios de una ejecución automática: desproporciones, puntos y puentes ilógicos, entre otros, que, curiosamente, completan la obra, elevándola a un ámbito en que la interpretación racional no alcanza a abordar todos los sentidos de su cuestionamiento, como sí lo hacen la intuición y otras formas de sensibilidad.
Ahí, el punto en que se separan de golpe, por ejemplo, las Matemáticas del Arte. No tanto así la Física Cuántica y la Nueva Biología de él...
Asunto de interrogantes compartidas.




Mucha exposición, poca crítica... A nadie sorprende. Tampoco es válido colgarse de la elocuencia de la obra para dejarla pasar – como un producto más, a la cola de novedades pasajeras; o atribuirle al tiempo facultades más bien humanas...
La abundancia de recursos, accesibilidad a la información y posibilidad de conocer cada vez más técnicas no otorgan el estilo.
La materia de trabajo de la señorita Gulenkina bien pudo terminar en una muestra bien distinta en otras manos... (y llegado a este punto prefiero suponer que no hay quien se lance de buenas a primeras con algo como que entonces "a cada mano, un artista", ni hablar...)




La propuesta de Tatiana invita a observaciones elementales, y profundas. La sofisticación se queda en la composición, y de nuestro lado  la oportunidad. Ese es su balance.
Las formas, volúmenes, efectos de vibración, reflexión y refracción, todo el caos del cual, de pronto, brota en brillos la armonía, plantean apenas las – primeras interrogantes.
El tiempo ido nos invita a recomponer una imagen que no está; cuestiona así nuestra imaginación; nos desafía a pensar en si es posible logro similar nada más pensando...
Nos hace olvidar, abstraídos en un azar que hasta reconforta...
Depende...




Hay, además, suficiente espacio para el sueño, la explosión, repentina multiplicación y abrupto reposo de alusiones a / en / desde esas mismas figuras en que nos encontramos, entre lo primitivo y muy elaborado, con la artista...
Como una – cita accidental...


viernes, 8 de enero de 2016

El rumor detrás: Sobre la propuesta de Thomas Dodd

Idealizar... a partir del atisbo a algo – de valor auténtico; en el caso de estos trabajos, pues gracia de facciones.
Crear una imagen – y envolverla de mayores gracias. Tiene mucho que ver con los riesgos del amor a la francesa.
Lo cierto es que el misterio atrae; completamos cuanto no sabemos con – ideas. Preferimos dar con el brillo, cerrar de inmediato los ojos (!) y entonces, oh, pensar... (Conviene recordar que el deseo no tiene mucho propiamente de idea...)

El misterio atrae, mas no siempre cuestiona...
Vamos con las damas de Thomas Dodd.




Un espíritu salvaje, y sofisticado.
Bosque, tierra; marañas de papel y de basura – contemporánea. Letras muertas, y las raíces y el humus mezclados con el plástico...




Un enorme poder contenido en el gesto sin tiempo de las soñadoras, perplejas, acechantes. Niñas, jóvenes, mujeres maduras.
Un saber por intuición, que no conocimiento  en los ojos abiertos y los cerrados, que anticipa, siempre, una confrontación, la revelación de cierta verdad – dramática. Una pretendida verdad de ellas – universal (!).




Se trata de una propuesta que invita, seduce, a su modo, al ánimo expectante. Tienta a la curiosidad por la posible revelación...
(Entre los cuatro lados, apenas ficción de peligro, si es que a través del estilo las preguntas no lo llevan a uno lejos de la autocomplacencia.)






Se repiten:
– El juego de reinas, destinadas al drama; cercanas, mucho más: parte misma de una naturaleza poderosa, peligrosa – por  permanentemente cambiante.
– También, como ya fue dicho, la terrible maraña en las cabezas  Como corona un lío (!).
– Y los colores cálidos, encendidos, de hogar e incendio  así como los tonos fríos de la helada; y siempre, siempre, oscuridad.




Presente, el elemento mágico, y siniestro.
Mas no se configura una real Tragedia.




Tal concentración en el drama, en determinada configuración visualmente atractiva, resulta en un lamentable sesgo; resta al conjunto el encanto de mito que sí que le brindan ciertos cuadros:




– Se reduce la complejidad de las figuras como lo hace el hombre que, por ejemplo, racionaliza de más en una relación de pareja y, tratando de hacer que esta florezca, la envenena de lógica, esquematizando...




Bueno... Felizmente, la vida que brota de las modelos, aquel elemento real inicial, a menudo basta. Thomas consigue preservar la belleza misteriosa libre de sofisticación, de la mueca conque el estereotipo, en otros casos, digamos, más populares, marcaría los labios de sus musas. Y he aquí un punto clave: estos permanecen – sellados: No altera el silencio que – de veras cuestiona...






¿En qué medida nos lleva a volver, desde una tradición poderosa, al lugar común? ¿Y en qué medida Thomas establece, más bien, un claro punto de partida para explorar de nuevo las raíces de la mitología popular, cuestionando su vigencia su regeneración[!]?




¿En qué medida se reflejan aquí elementos endebles de nuestra habitual percepción del carácter de la mujer, y su indudable magia?
¿En qué sentido se revela nuestra brutalidad?
¿De qué modo decir hadas, ninfas, etcétera, no significa llamar a nadie?




(Se anunciaba una confrontación.)