jueves, 12 de noviembre de 2015

Del tiempo, también, un poco: Complejidades – complicaciones: Diálogo con Mario Pera

Entre palabras – por sobre el rumor claro que se escapa (de afuera hacia adentro: por ventanas, reflejado en propios tics, culpas de recuerdos – cotidianidad),
ese espacio  se va llenando: a trazos, sonidos – según la percepción.
Y aquí estamos: Mario me acompaña. Siempre es un gusto.

(Pienso, dado a esta oportunidad: manías en común – al inventario de sendas bibliotecas – ¡que no prestamos libros! – regalamos ejemplares idénticos  a los propios cuando los ojos del buen amigo brillaron, ya se sabe, de ese modo. – Pero alabamos la comunidad de las bibliotecas públicas a cual más grande – y dialogar. Como si leyéramos cuanto quisiéramos en realidad.)


Resulta siempre cómodo. Temas varios – y no (!).

– Ilustración. ¿Ilustras? ¿Voluntaria, involuntariamente…? ¿Qué?

No. Ni voluntaria ni involuntariamente. No es una de mis habilidades el ilustrar, aunque debo decir que siempre ha sido algo que me ha atraído. Cuando observo, principalmente, pinturas no puedo sino asombrarme ante lo que me gustaría hacer y para lo que no tengo arte.  Al ver los trípticos de El Bosco, las pinturas de Matta o del actual Jacek Yerka me asombro por el nivel de detalle que alcanzan los grandes pintores no sólo para la obra artística en sí, sino incluso para abstraerse y presentarnos una percepción distinta del mundo y de las cosas.

Interpretación: Que solo existeen la expresión, no tan significativamente – a través de ella.
Pero refieres – sensibilidad…

Incluso… algo de Pollock nos insta sentir otra dimensión de las cosas, que el lenguaje no logra atrapar en sí. Para mí, que trabajo con la palabra, hay cosas que pienso a veces, me resulta muy difícil, imposible expresar por este mismo medio… Cómo quisiera, entonces, ilustrarlas. Es un gran Handicap el estar negado para la ilustración.

Son varias las acepciones del término...
Cabría, además, distinguir entre trabajo y empeño  correspondientemente: sacrificio y entrega…

Para ir en sentido contrario desde el punto anterior: – Escribir – ¿para reemplazar un silencio..., para provocarlo...?

Para provocarlo.
Suelo entender el proceso de escritura, y en especial el de la poesía, como una cubeta que se va llenando a veces muy rápido, otras, muy lento, hasta que el agua desborda, incontenible. Mi cubeta personal se llena por periodos de tiempo (algunos suelen ser más prolíficos que otros); mi manera de sobrellevarlo es expresar el flujo por medio de la poesía.


¿Catarsis?

Hay quienes salen a correr, otros quizá comen en abundancia. No faltan quienes se estresan sin medida… Y están los suicidas. Yo solo escribo.
El proceso de hacer un poemario implica para mí vaciar por completo esa cubeta: que no quede absolutamente nada, ni una ínfima gota en ella. El esfuerzo para expresar líricamente TODO, debe ser total y sostenido.

(Pienso – ni una íntima gota, tampoco; que no sería lo mismo que privada.)

Una vez hecho esto, retorna el silencio a mi cabeza ―como un ruido blanco― y, tras un tiempo –por lo general, corto, la cubeta empieza a llenarse nuevamente. Es ello lo que me lleva a escribir.

Procuras silencio – para ti…

En los momentos más fáciles y más difíciles, el silencio ha sido siempre un soporte. Me preocupo por buscarlo y que me envuelva mientras hago algo que se pueda calificar como artístico.

Lo que implica también – tiempo.
Hay uno diferente al del reloj, en carrera – por dentro – y para ti.
– ¿Cómo se resuelve tal juego en tu labor?

Por una parte, debemos buscar el modo de que el día tenga 25 horas, y esa hora extra dedicarla ¡también! a escribir o a leer, que es otra manera de escribir.
Por otro, en lo que escribo no existe un tiempo. No hay un ayer, hoy ni mañana, sólo el presente. Esa persona que escribió tal o cual poemario hace años sigo siendo yo aunque de distinta manera. Tal distinción, sin embargo, no tiene que ver con el paso del tiempo, sino con mi intento por cambiar ciertas cosas en mi conducta o personalidad que pueden no gustarme, mientras que en cuanto a los temas de los que escribí: ni los he dejado atrás, ni los he superado: siguen tan o más presentes en mí, por lo que probablemente vuelva a escribir sobre ellos.
El tiempo es sólo una estúpida invención del hombre…



La estupidez y – la naturaleza del hombre
o, más bien, su tendencia contra-natura… más humana (!):
De hecho, bien sabe que va errado, pero insiste en tal o cual rumbo o, simplemente, intuyendo el desastre, lo precipita, medio presto de antemano a lamentarse…
(Aunque parezca que refiera a ciertos prolíficos retratistas con palabra de su mágico – y sufrido – mundo interior, el gran dedo apunta ciertamente en todas direcciones, y nos alcanza a todos – en variadas facetas…)
Lo contrario de la estupidez: el aprendizaje. Y conviene subrayar que siendo la vocación – entrega, que no sacrificio, pues la estupidez no corresponde a esa noble categoría…
– Vocación – Aprendizaje: ¿de la escritura?

Aprendo no de la escritura artística en sí, sino de mí mismo a través de lo que escribo. Aprendo a conocerme, soportarme, entenderme. No pretendo ni nunca he querido que lo que escribo pueda ayudar a los demás, menos que ocasione un aprendizaje a los otros. ¿Qué pueden aprender los demás de mí? La gran tarea es, primero, aprender de nosotros mismos.

A no ser que aprendan por sí mismos de tus preguntas… (!)… y de tus errores…

La escritura artística no necesita, capitalmente, dejar ningún aprendizaje. Las mejores, novelas o poemarios que he leído no me han dejado aprendizajes, sino sensaciones, emociones, olores, hasta visiones. Incluso, he somatizado algunas lecturas de las que me ha costado salir bien librado. Hay libros que me han llevado, a veces, a la alegría, otras, al espanto. No he podido dormir por un poemario, un libro me ha dejado pensando por más de una semana en lo mismo, sin otra idea en mente. Pero no aprendí nada de ellos que mi propia humanidad no me haya enseñado ya.

Habiendo producido, sin embargo, todo ese influjo que describes…
Diferir – también diálogo… Se aprende mucho así…
Vamos: – Ética en la escritura (?).

En la vida, siempre. En la escritura nunca. Quizá esto suene duro, sin embargo, creo que la mejor característica que puede tener un buen escrito literario, es la honestidad. El escritor DEBE, de manera más que obligatoria, ser honesto consigo mismo y sólo así lo será con lo que escribe. Es evidente cuando un escritor se guarda algo, lo reprime, voluntaria o involuntariamente. Un escritor nunca debe esconderse nada, debe darlo todo, la piel, la sangre, el orín y la bilis en lo que escribe, pues es en lo que cree: incluso en el relato de ficción o en la poesía. Muchas veces la supuesta ética sirve para que el escritor se reserve adjetivos, ideas que podrían alimentar el texto de otra perspectiva, o de otro espíritu. Ello me parece mezquino, inútil. Si no eres honesto contigo mismo, no puedes ser escritor.

Hablas de diplomacia, quizá.
La ética no se sujeta precisamente – a protocolos… Un modo de proceder no es lo mismo que un mero procedimiento
Cosa de términos: pero nosotros vamos – con el lenguaje y – aún errando – en el lenguaje (!).
Pero hay – felizmente – otras artes:
¿Cuáles de estas alimentan tu trabajo?

Lo comentado. La pintura en buena cuenta, además del cine. Aunque, realmente, el Arte que más alimenta lo que escribo, es el arte de vivir medianamente ecuánime y sosegado en un mundo catastróficamente lleno de buenas intenciones.

No hay peor daño que el que uno produce de buena fe: importa tanto por la ceguera del sentimiento precipitado  en quien lo “sufre”,
y resulta siempre tan fértil – entrópicamente (!)  además, si no se le sabe afrontar.


Vamos por otro rumbo…
– Imágenes recurrentes: preferencias – de las que no puedas deshacerte...

Cementerios. Acudo constantemente a los cementerios a visitar a parientes difuntos pero, también, a disfrutar de la tranquilidad y del arte mortuorio. Otra imagen recurrente, pero que nunca ha ocupado espacio en lo que escribo, es el mar enfrentado al desierto. La costa peruana es, para quienes nacimos ahí, la imagen absoluta de la vida. De la tristeza empero, también, de la alegría.

Postulado tajante… (!)
¿Crees acaso en el Arte para dar respuestas?

Creo en el Arte para generar más preguntas pues, casi siempre, lo errado no son las respuestas, sino las preguntas mal formuladas. Los seres humanos suelen prescindir del Arte para absolver las grandes preguntas. Le dan a la ciencia todo el peso de la verdad, o de descubrir la verdad.

– Accesibilidad, movilidad, regeneración, volubilidad – en nuestro tiempo…

Hoy casi todo es accesible con una PC y un click. Hace que las personas valoremos menos el lograr conocer a alguien, o lograr tener algo, o llegar a hacer algo… Antes, para conocer a tu músico, pintor o escritor favorito tenías que hacer el viaje de tu vida. Hoy, incluso puedes hablar face to face o en tiempo real con ellos a miles de kilómetros de distancia. Cosa de clicks.
Cosas… como escribir una carta se han perdido. Hoy escribes algo y llega al receptor en cuestión de 3 segundos vía e-mail. Todo es efímero, precipitado, por casi instantáneo. Hemos sido llevados al punto en que casi no se disfruta de nada, primero, por la gran cantidad de estímulos que recibimos a diario y, segundo, por la inmediatez a la que el medio nos obliga. Lo inmediato hace que nuestra vida sea más voluble. Por ello, tal vez, esa búsqueda constante de nuestra sociedad por conseguir vivir más tiempo, porque en el mundo actual “no hay tiempo para disfrutar”. Pocas décadas atrás, 60 años bastaban para una vida plena; hoy, con 90 no es suficiente.

Eso suele decirse…
También están los que experimentan a toda intensidad… y piden más años – hay que decirlo.
Por otro lado, el tiempo suplementario no garantiza plenitud alguna si no se ha aprendido antes a experimentarla. Y hacerlo se convierte, siendo complicado el medio, en – una disciplina. Ya con los años resulta más difícil: Está la tendencia ciega al abandono – bajo etiqueta de descanso. Por otro lado, las presas del tedio caen en él desde mucho antes.
Curioso…: las redes sociales, en tal sentido, lo acercan todo  positivamente, pero conviene, quizá, que se mantengan nada más como ventanas a otros medios en que el tiempo sí, pueda quedar suspendido con la lectura, la contemplación…
Y las cartas (de las que en lo personal, gusto mucho) – pues implican tiempo, también: conviene elaborarlas abstraídos del trajín, al margen de la red: en su propia complejidad, sin las complicaciones que trae el ritmo del resto.

¿Qué te gustaría que te pregunten sobre tu trabajo?

¿Necesitas un mecenas? El Estado X o el Sr. X desea ser tu mecenas, ¿lo aceptas?

(!)...


1 comentario:

  1. Hermoso dialogo, que he disfrutado intensamente. Gracias a los dos.

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