jueves, 19 de noviembre de 2015

Confrontaciones: Sobre la propuesta de Brett Walker

Curt Leviant, en Diario de una mujer adúltera, va con razón sobre ese asunto de la atención a los ojos de la mujer ligeramente estrábica... Un poco lo que dice también Balzac en Eugenia Grandet respecto del tartamudeo. La asimetría – singularidad – en el primer caso; el ritmo interrumpido que obliga a prestar más atención – tender uno mismo el arco a través / entre / por sobre las palabras, encajando las oraciones en juego de silogismos (¡orden!)..., nos pierde ante quien atendemos.
– Dados así a comprender – captar – hacernos de plenos sentidos – resultamos vulnerables.
Y así aprendemos.


Brett Walker – sus retratos...
Sobre eso, también. A su estilo.


Abordar un rostro de una sola vez – a un solo vistazo – Figuración. Prejuicio... por instinto.
En realidad nos fijamos más en el eco de lo que no decimos – código intuitivo que nos lleva a reconocer rasgos propios – comúnmente males, defectos, fragilidades, en el carácter, para entonces – clasificar
y procurarnos la cercanía o distancia apropiada respecto  – el otro.

Así:
– A quien vemos, posee características pares de las nuestras que luchamos por transformar... – Bien, ya sabemos.
– A quien reúne cualidades equivalentes de las que, vencidos los reparos, decimos en plan de franqueza – oh, sí, también las tenemos... – Del mismo modo, ya sabemos.
... Juego de amplificación de los rasgos de la propia personalidad – transferencia contra-transferencia.
Es que importa tanto eso de vernos... (!)...



Sustraernos a este impulso, ergo – darse (insisto) / perderse (insisto[!]) – lo que el común  entiende, sucede por enamoramiento (?), es, en todo caso, fuera de duda – fenómeno de atracción.


Más allá, digamos, de parámetros propios de cada etnia, comunidad, cultura; de bogas o tendencias, cualquiera sea su índole – pocos rasgos nos permiten hablar de cierta preferencia general – la posibilidad de una belleza física comúnmente reconocida. La simetría del rostro es uno de ellos; para muchos, quizá el único demostrable (luciendo a figuras ante sujetos de edades varias, provenientes de ámbitos que las desconocían; oh, y la respuesta de los bebés, también de orígenes diversos, etcétera).
No obstante, resulta que los rasgos que más claramente recordamos, por los que ciertamente distinguimos a alguien que nos es familiar, suelen ser a menudo esos detalles: defectos – por asimetría – o excesos – desproporciones...
(La caricatura, por mero ejemplo, no reviste de gracia el rasgo estándar.)


En el trabajo de Brett: Ellas, ellos: ojos separados. Pozos bajo ases sencillos, tajantes... Parecen saber tanto, todos. Lo que no es precisamente una virtud.

Brett se decanta por el dolor, y también, aunque menos, por el sufrimiento a secas. No son precisamente lo mismo: Mientras lo primero nos desgasta de una parte, pero alimenta de otra – haciéndose experiencia; lo segundo – nos consume en drama.



Dispuestos así, sujetos indudablemente protagonistas de su tiempo:
Por él son,
y de él, en la captura (!) – parten: su existencia se proyecta:
Gestos perennes – manifestaciones del gen de lo auténtico – cuando se supone, nadie nos observa y, de pronto, he ahí que...



Los niños
y como aura – tantas ideas a priori. De pronto, aquí, cierta – sapiencia
que los desangela.
Precocidad.



En las damas – misterio.
(Esto, aunque lugar común – no menos cierto.)
Las sombras, en tal caso – surge de la propuesta – provienen quizá de adentro.
Otra forma bien distinta de "maquillaje" o, más bien "acabado de producción" – con pretensiones trascendentes: Énfasis en lo que no se dice – y acaso, habría que averiguar.


Las mujeres seductoras inundan los nervios de dudas – prometedoras amenazas en las circunstancias que no se han configurado aún, ni remotamente.
La clave – descargas en los brillos que resbalan de la altiva mirada – o el eco del golpe certero al ego, hundida prematuramente la daga muda – desafío en combinación con los labios.
Potencia, inclusive, de tragedia. Pasión.


En los viejos, ¡tantas certezas (demasiadas)...!
Al conjunto, la primera intención de una canción se ha perdido
– Por cada rictus: decenas, cientos de versos rumiados casi sin fe, como un eco para rogar creérselo – justificación... – Historia (!).


Al cabo – coraza de lo que perdura tierno: los ojos de una brea que todavía hierve.
Se precipitan afirmaciones tremendas: Si el negro no es de pozo vacío, y contiene acaso la amenaza – la remota posibilidad de provocar la muerte en el arrebato –, pues, ahí lo tienes, te queda lo tuyo por vivir.


La supresión del color, el hecho de destacar determinadas formas, elementos y texturas, además de la manipulación directa de líneas, puntos, tonos, en favor de la composición, representa más que un conjunto de elecciones técnicas.
Cuanto se oculta así, expresamente en el trabajo artesanal – hace nuestro turno, en el no-tiempo de la imagen;
de tal modo – nos toca.


Hay múltiples formas – de tendenciosidad.


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