domingo, 29 de noviembre de 2015

De alternativas – Andares: Diálogo con Manuel Gómez Burns

... y podría suponerse, me deja la carga de las palabras – toma el lápiz, yo pido más café – pero sigue hablando. Luego se detiene, rostro a la torre albina desde el balcón, pero, como oteando el rastro de sus últimas palabras – catando escéptico la cuota de autenticidad aportada;
luego ajusta el enfoque – se nota en el ceño – realiza los primeros trazos...
Desconfiamos de las palabras.
Y es un asunto serio este del humor. Por otro lado, no hay que tomarse en serio lo formal: Aquí, por lo menos, no tiene cabida sino como – ironía.



Es un gusto conversar con Manuel. Salpica, al paso de un tema a otro, apreciaciones de engañosa lucidez: no hay drama, aunque a menudo, sí, brilla la tragedia, y – nos reímos...(!)
Mientras tanto, el dibujo de la torre va cobrando – realidad...

Me gusta eso de Luis Hernández: Los laureles se emplean en los poetas y en los tallarines. Un juego interesante de veras; poder usar el lenguaje... desfachatado..., para provocar. Entonces la escritura me importa mucho. Pero..., también es asunto de... encontrar otro modo, porque hay cosas que solo pueden ser expresadas a través de su propio lenguaje. Al margen de las reglas para todos... El Cómic hace eso, también... Un lenguaje alternativo.


Manuel ha viajado y viajado...

Una mudanza tras otra...

Ahora mismo dejamos el balcón, con la torre viva en tinta guinda – otra naturaleza: otra sustancia – La hoja de este cuaderno de notas no se verá igual a la luz del día. De todos modos, el dibujo no está terminado,
y él me ha advertido al percatarse de mi intención con la cámara – Este no, Juan Pablo.

Mi abuelo tenía la librería. Y estaba también su máquina de escribir. Eso determinó en gran medida mis preferencias.



Me gusta coleccionar; colecciono juguetes antiguos, libros, plumas..., de todo; y, como ves, utilizo para mis notas estos cuadernos viejos... Los rescaté de esa librería cuando volví hace unos años. Me parece que su deterioro hace juego con lo que hago...



Sabor de añejo – le digo.

Varios de esos útiles, ¿ves?... Sí, estas marcas de polilla..., las tenían ya entonces, cuando empecé a dibujar hace mucho, por primera vez...
Estaba como destinado al Vintage...

La calzada empedrada y los muros de sillar mal encajado: cercos sobre los que se tienden en rizos de barroco los extremos de tristes jardines, recias enredaderas maltratadas por el sol. Pasajes estrechos en los que hemos paseado antes cada uno de nosotros por su cuenta.

Y estas calles van a aparecer en un cómic que tengo pensado... Voy armando la idea. Pero nada de nombres.
Ahora estoy trabajando estos cuadernos. Bueno, de esta manera. Están los otros... Es que salgo un poco más. Son auténticas notas...
Pasé buen tiempo encerrado. Se trataba de dar con la propia voz.
Eso fue después de... las bofetadas de realidad... El aprendizaje en Estados Unidos. Es que, claro, yo aparecí ahí y me figuraba que dibujaba... a un nivel distinto al que en realidad me correspondía; y ahora mismo veo mis dibujos de entonces y encuentro tantos errores... Ni hablar...




El estudio es bastante ordenado. Claramente, eso sí, tiene espacios destinados a – la acumulación, un tanto caótica.

Soy un poco demasiado controlador.
Ahora, ves, los parches, correcciones; algunas son de después de haber entregado los trabajos. Y voy contra el tiempo. O mejor dicho, fuera del tiempo.
En la librería de mi abuelo tenía a la mano cosas que hoy para mí... son joyas. Pero –bien lo sabes– también se trataba de hacerse con lo que, pues era difícil de hallar. Venía con un par de décadas de retraso. Así, de entrada, estaba yo, por ejemplo, en otro tiempo respecto del que nos tocó vivir.




O más bien, solo en el momento que nos tocó vivir, que no va precisamente en calendario del resto del mundo; este, luego de dejarnos esas imágenes de cómics de los sesenta, con sus héroes y los ecos de las guerras, seguía rodando...

Y, pues, están esas revistas y los anuncios..., y esto, mira...: una revista traducida al español... Dibujante chino (un maestro)...; en esos tonos tan New Wave Francés...



En efecto, los cuadernos de Manuel revelan sus nuevas salidas: todavía no el estrecho pasaje empedrado, pero sí la plaza, el balcón, y cafés, los buses, microbuses  en un tiempo paralelo; distinto también del de las lejanas calles tal cual se ven en los cuadernos de/en Estados Unidos...

La época de la librería, pero también, sobre todo, otro tiempo, el de ese encierro, después... A ver hasta dónde podía llegar a partir de mis referencias, recogidas, agrupadas, disfrutadas, estudiadas varias veces. Ir por un callejón... Abrir una ventana (la viñeta) a algo nuevo, distinto.



Tomar un par de elementos y a partir de ellos intuir un resto del mundo que es más bien un mundo propio...

Interpretación, claro... Se crea, entonces, una situación. La fantasía se integra a la realidad. Se teje todo eso.
Y, mientras tanto, sigue la búsqueda, como en los sueños. Permanente movimiento... Ahí ves: mudanzas, mudanzas... Primero Ica, con la librería, luego Arequipa, Lima, USA, y luego volver... a todos los sitios...
Me parece curioso: no das con una realidad... realista..., verosímil. Y en general no me interesa mucho que la gente se identifique con una realidad de tiempo y espacio determinados..., que es lo normal. Más bien, crear espacios alternativos, ya lo dije.




Porque a través de nuestros días, Manuel lleva consigo un mundo, que curiosamente, según él mismo lo percibe, digamos, a la saga de su propia imaginación, tampoco se configura en una propiedad estática – una estación (el paraíso ya fue perdido); genera él mismo sus ámbitos y criaturas; mas se desplaza entre ellas como entre habitantes cuasi-involuntarios de un sueño prolongado
desde una – particular prehistoria...



Nada de nombres, te decía; que la imagen diga lo que tenga que decir por sí misma. Pero sin dejar la palabra de lado... Aunque..., casi, ¿no?... Borré mi acento, por ejemplo, entre los viajes. Pero ahí están mis personajes onomatopeyas... ¡en inglés!



O tu Fantasma multicultural, todo retazos...
(De solo mencionarlo, me río – y su imagen es... en fin [!])

Lucho por acceder a la información siendo... como de una perpetua... zona provincia.
También por ello las colecciones: estuches, latas... Cuestión de estética. Tanto por el diseño como por la propia impresión: ¡la textura del papel acabado!
Ahora se explora poco y se hace menos por el estilo propio.




Vas en el corazón de tus requerimientos...

Bueno, entre leer, pensar y actuar... no tengo tiempo. Es la práctica que siempre quise... No, no, la palabra no es práctica. Siempre pensé en dejar el diseño y abocarme a la ilustración. Así que esta es la situación que buscaba: vivo lo que visualizaba, varios encargos, yo ilustrando.

La torre cobra realidad, decía. Ilustrar. Manuel ilustra a partir de indicios – coordenadas de lo común o reconocible.
Coincidimos, mientras andamos entre los muros de sillar: No tiempo ni espacio – Hay, no obstante, territorios.

Prueba de ello: el término caricatura; allá cómic; en otros ámbitos, historieta. Además de las grandes diferencias, el uso... Y ahí están las fronteras. Si decimos que el cómic gana terreno –que es el caso –, es territorial.




Uno dentro de uno mismo, también – le comento.
(Humo de cigarrillo que se interpone entre nosotros y la torre...)

Primero ves: tu visión...
Pero nunca he hecho nada autobiográfico, excepto mis sueños.
Sueños recurrentes en bibliotecas; no, en librerías.
Empecé con libros de cuentos ilustrados.
Esas imágenes infantiles me han acompañado desde entonces...
Me sentaba a dibujar delante del televisor; figúrate: aprovechando las apariciones de tal o cual personaje. Así era esa época: había que memorizar..., interpretar. No era todo inmediato.
Con esto vienen otros problemas...



No es tan nuevo. Como dejó dicho Susan Sontag: algo como que – ahora todo existe para acabar en una fotografía, y lo malo no es que recordemos a través de las fotos, sino que solo se recuerden estas...

La información nos llegaba décadas después... y yo me formé en ese pasado.
Eso sin duda definió mucho...
Ahora, no me quiero imaginar escenas... como si me dieran un guión para hacer un cómic. Prefiero algo...



... ¿Más amplio? ¿Sin tiempo, acaso?
(Que se alimenta de tantas referencias (!). Pese a que él mismo tiende a referir una misma clase de imágenes como preferidas – su conocimiento de obras de lo más diversas sorprende
– ¡y él mismo habla mal de su memoria...!)

Veo que muchos textos se dedican a justificar la experiencia de la que surgieron, explicar los modos en que esta quedó mejor o peor reflejada...
¿Qué tan válidos son estos textos de acuerdo a su pretensión?
Creo que hablo mucho porque no deseo transmitir solo hechos, sino una experiencia en sí misma. Con palabras, eso trato... Y creo que es lo que hago con mis dibujos: Poner ahí, en ellos, mi experiencia, la de mi interpretación e invención.
La gente se hace a sí misma caricatura cuando imita sin más los modos de hacer, sin haber comprendido el humor que admira, de que pretende hacer uso.

Se adolece: procurando nada más la forma – porque se ha intuido el fondo (que bien se nota  aunque se lo niegue – implica para conseguirlo, dolor...)
Apresuramiento...




Y te decía que ahora ando con poco tiempo. Pero sí, estuve pensando también en esto: si yo lo provoco, y... necesito una presión...

Para tomar tus apuntes, velozmente, de esta realidad, con agudeza, bien dado a la intuición y luego...



... Incorporar más detalles, más espontáneamente.
Quiero, por otro lado, volver a lo artesanal..., quizá.
Sueño el peso de la marcha que he creado.
Y me interesa ver qué efecto produce lo que hago, analizar la evolución.

Auto-crítica...





Bah, si no recuerdo ahora qué he dicho. Y tiendo a sabotearme a mí mismo... Así que, por favor: quiero ver bien eso que haces...

(Lo dice el bien antologado a nivel mundial, señor Gómez Burns,
bien fuera de toda categoría, también

– a pesar de las referencias universales.)



¿Ves? Y este ha sido un mes tremendo...
Podemos ir en dirección al taller.
Pero no importa...

Toma ahora otra pluma  andamos por sobre la torre – que ahora es azul.


(Luego:
– No recuerdo haber sonado exactamente a eso. No lo pongas.)


(Fotografías: Juan Pablo Torres Muñiz.)

domingo, 22 de noviembre de 2015

Para precipitarnos – hundirnos: Sobre el videoclip de Accelerate, de Sussane Sundorf

Desde los primeros acordes, en la vibración, los contrastes
– de la violencia que entraña todo acto de creación: Parece que es la propia imagen la que produce el sonido – un instrumento más.
– Al juego de sintetizadores – elemento percutivo
– Al ojo  Blanco y negro, en – sucesión hipnótica.
Resulta tremendo como afirmación, pero es que dista de ser simple lo que Stian Andersen ha logrado con el tema de Sussan Sundorf...

Veamos:




Al arrebato simple de la letra:
Iluminación elemental (en apariencia); ases – siembra de arcos  al compás de los movimientos de Susanne
– y visceversa: de la luz al sonido 
bien asentada ella  caderas, brazos tendidos, y nuevos giros: baile, que no Danza (!) – y pose... (+
acento simple de los flecos...)

Many people will get hurt
Take your time and I'll finish your dessert
Don't look people right in the eyes
If you can, you can




Una provocación (!).
Entendámonos: es una arrebato: pretende hundirnos, sin profundidades (!)

Wars erupting like volcanoes
Blood streaming dawn the walls
It's out of aour hands, so baby let go
Let go, and

Al compás-marcha – de ansia – desplazamientos de la cámara al acecho: tensión por aproximación; de un lado al otro, en torno, midiendo el riesgo...
– Ojo: El llamado / grito / canto, la señal, sabemos, ha de venir de ella(s), de su coro...

(Hemos caído...)




De pronto, la levitación  sueño de vuelta al punto de inicio  ese caos; al caso  puro beat
– de los cuerpos (!)
que entonces – vuelan  sumergidos
– Se baten:

Take it off, hit me hard like a drum
This must be paradise, cause I am numb
Let's have fun...

He aquí que a tal invitación, corresponde en lo visual  otro impacto: llamado de lo hondo primitivo, mas a juego – con un ballet particular:
(Es la fotografía que seduce, y la edición de Erik Treimann...
Coreografía excepcional.)


No hay estilización de la ofrenda, elevación de la carne. No. El asunto está en la esencia del propio llamado. El arrebato es expuesto como tal, pero
– cuando una secuencia se aproxima a lo simple – como para perderse, fragmento de algún otro videoclip tristemente erótico; irrumpen imágenes potentes, de absorbente juego torvo
– gracia de aceleración y desaceleración: contrastes... y pieles (!).
Sin más decoro – insisto – esto va de hundirnos:

Bear the cross, die for love
Crucify them, kill for love
Pray the gods will turn the tides if you can
To death


Las miradas se extravían, roto el reloj y la brújula
(– y
es humo lo que sale de las bocas...[!])

Que la rima simple, machacante, vaya de lo mismo, se debe a más que una mera condición:

Stop the clock,
whatever turns you on
This must be paradise, cause I can't count
What's the time, what's the cost?
What's your price, face it out

El videoclip lo dice por sí mismo, en el vértigo...
Bajo el agua, son esas almas  que bullen...,
que en la pausa, se encuentran más suavemente – pero apenas (pues por primitividad – ves – solo cuerpos [!])
– para volver a golpes del coro – a lo brutal...


Referir al automóvil para la fuga, del lado de los toscos versos, a la bola de luces en las manos de Suzanne, como matriz de los goces prometidos, en su actuación  todo contribuye en el mismo sentido:
En efecto  hemos perdido la barca...

Start the car, don't look back, accelerate
This must be paradise, cause we can fake
It's too late, it's too strong
It's only blood, it's the siren song

(Mil veces, algo de Lilith...)


sábado, 21 de noviembre de 2015

Todos y – uno mismo: Diálogo con Jhonathan Quezada

Grato silencio, también – a condición de – qué contemplar: buena hondura en qué extraviarse y, pues – confianza. Saber que de proponer una cuestión, la respuesta, mucho más que eco – auténtica voz
del pleno proceso de formación, que no se detiene y marca el rumbo – con propiedad.
Doscientos un retratos, esa es la idea; sin sucesión – individualidades – un mundo breve: una gran ventana que, dividida en celdas como de panal, ofrece por cada uno de sus componentes una especial interpretación de – nosotros: hombres y mujeres. Y a la vez, pues nada más que del mismo Jhonathan…


Ha empezado con la serie hace no mucho.
Me detengo en la pretensión…:
Me acababas de decir que para ti, ilustración es una imagen que adorna un libro, texto, palabra… ¿Ilustras?

Bajo esta acepción, no.
El proceso pictórico es lo que importa en mi trabajo, la obra existe en la ejecución, una vez terminada se convierte en un producto, es el acto mismo de pintar lo que me interesa, el resultado es un nombre. Encasillamiento.


La labor, tuya… ¿Qué preguntas te importan sobre ella?

Las que tratan del proceso... Pero eso nos llevaría obligatoriamente a hablar de color, textura, forma…, del gesto en la aplicación del pigmento, la influencia exterior, etcétera.
Hablar y hablar.

(La mano va a la copa – es todo:
Las frases, oraciones, comprendido el asunto de la experiencia – del mismo proceso, en efecto, pueden resultar… – estela…, pobres notas, si no portan un alma propia
– Cabe, por ello:)
Tus pinturas, como producto, digamos, dicen lo suyo con suficiencia – transparentan esa historia, que, como todo proceso de formación – implica violencia.
Pero hay algo antes – como antes de la gran poesía, bien dice Auden – grandes silencios… Eso, quizá detrás…; y tú mismo lo has dicho…:
¿Qué fuentes que no corresponden a la pintura nutren tu labor?

Definitivamente la música es parte esencial en el momento de creación, en el caso de los rostros, todos sin excepción los pinté escuchando a Vic Chesnutt; si oyen sus temas y contemplan mis rostros verán que andan, digamos, afinados. A veces me gusta pensar que soy un músico que aprendió a tocar con colores…


Lo contrario de nuestra amada Joni Mitchell, que decía de sí misma – una pintora desviada por las circunstancias

Otra fuente externa: el cine y la televisión y, por supuesto, todas las imágenes con que doy… y me tropiezo en Internet.


Sobra decir – la accesibilidad hoy, las posibilidades de encuentro; pero si atendemos a la proporción de auténticos diálogos que se generan, por la indispensable disposición – tan netamente humana – el asunto es otro…
¿De qué manera dialoga tu trabajo con sus fuentes, por ejemplo?

Ves mi pintura y las intuyes. Pero no se hacen concretas; son acercamientos. Son ideas desvaneciéndose…

Al concretarse al óleo…

… sí, como humo de cigarro. Dejan, me imagino, un tufo a condena, a herida por curar…; una sensación abstracta…

(Ojo – Los hombres compartimos ¿solo – dolor…?
Patético si se tratara de tender apenas – sufrimiento.
¿No cuentan acaso emociones – si las hay tan variadas y las comunicamos?
A lo mejor el problema radica en qué entendemos de común por dolor...
– Correr en busca de un amigo para mostrarle – ¡mira: esto es hermoso! – ¿no ve de dolor? – sin decirlo: ¡mira, terriblemente vivos! – y hay bellezas insoportables… [!])


¿Por qué rostros y no otra parte del cuerpo?

La decisión surgió espontáneamente.
Es la parte del cuerpo que tiene más expresión; cambia radicalmente con un leve movimiento. En el rostro puedes reconocer estados de ánimo y traducirlos de infinidad de modos a través del color.
En el rostro… el reconocimiento es casi inmediato.

(Cada cambio: pauta también – del propio tiempo: su medida – Una sensación: un momento; y así puede construirse – una historia… en simple sucesión, a modo de retablo, quizá, laberínticamente, si se quiere
– capricho de gusano
– punto en que queda claro, han de coincidir concepciones de la propia vida, de la memoria y hasta del propio universo [en supuesto, claro] – para lograr congruencia en una narración, por ejemplo…, pero lo mismo al caso de cualquier otra Arte.)


Del desplazamiento – y el tiempo en tu pintura…

Cuando el proceso es lo más importante, el movimiento cobra especial interés a través del gesto: Automático, expresivo, descontrolado. Hasta que gesto pictórico y gesto de rostro se confunden… cuerpo y tiempo luchan por no apagarse...

Siendo que así todo – muta: ¿Cómo al caso de – personaepersonaidentidad… en tus rostros?

Una palabra para estos…

Como una clave – sin inflamadas pretensiones…

… Humanidad.


¿Y qué me dices de la nuca?

No, nunca.

Es una retirada…

No recuerdo la fuente, pero una vez leí que el rostro de los valientes es cada uno particular, la cobardía tiene uno solo…

(El héroe es: él mismo, su – proceder: enfrentamiento al problema. De tal modo, se erige en protagonista de – su tragedia particular…
Las coincidencias con las familias desdichadas cada cual a su manera (Tolstoi), el mundo es lo que es, y los hombres que se permiten no ser nada… (Naipaul), y estos múltiples rostros, que – humanidad…
En fin [!])


Enfrentamientos. Solo es posible darse a ellos con un discurso propio…

No encuentro contradicciones en la serie de rostros; probablemente sea lo más honesto que he pintado hasta ahora.


Concisión con la palabra… ¿Por más… o menos seguridad que con la pintura?
¿Qué hay de la libertad en este sentido?

Siento que la palabra no me basta para explicar sensaciones, sentimientos, estados; asumo, porque no es el medio en que mejor me desenvuelvo. Simplemente. En definitiva, la libertad que me da la pintura es superior: en mis cuadros alcanzo a crear sensaciones por medio del color que se acerquen más a esos estados de otro modo, para mí, indescriptibles, intraducibles.


Reconocimiento de la sensación – pintar a través de esta, para que luego…– mirando el cuadro – sentir… la sensación reconocida.
Como preparar una bomba-ventana...

El tamaño varía según el estilo, serie o tendencia. Por ejemplo, en los abstractos prefiero una dimensión grande, en los “paisajes” una mediana, en el caso de los dibujos a tinta, prefiero dimensiones pequeñas y en el caso de los rostros… a las circunstancias, condiciones, por ejemplo, al material existente, concretamente al óleo que se tenga en el momento. Se produce una lucha constante entre querer pintar un cuadro de dimensiones medianas o grandes o pintar tres de dimensiones pequeñas… Todo pintor que a veces carece de materiales sabe que esta sensación concreta sí que atormenta: Cada pincelada es menos (material) cada rastro que se deja con la espátula es un acercamiento a un nuevo vacío.
He dejado de pintar series por semanas para que no se acaben los colores, he preferido comprar material en vez de hacer  gastos básicos como comida, transporte, vestido, etcétera.


Pero, como bien has dicho, una circunstancia – condición para la expresión. El asunto se configura a partir del rostro retratado, también de ti mismo al momento de atacar, por supuesto, pero además – la figuración de otro no-tiempo con sus propias condiciones – en que se afecta al cuadro
– que, se pretende, deba prevalecer permanecer… trascender…
Puesto así – una condición negativa de peso importante mucho más allá de lo material…, una frontera que curiosamente – veo – suma
Precisamente por los rostros, me resulta claro: no – romanticismo. Más bien, si me permites, otra clase de matices – a lente de soledad…

¿Y la comunicación con otros artistas?

Hasta hace poco: no…, hasta que di con los retratos de Cyril Caine, fotógrafo y cineasta francés, y se me ocurrió contactarme con él para ver si podía pintar algunos retratos a partir de sus imágenes; ahora estoy en ese ejercicio y me resulta sorprendente la diferencia para mi proceso…


Antes de esto la comunicación era nula, imagino, porque no encontraba afinidades suficientes con otro artista que, digamos, me llevaran a acercármele.
Pero, claro, desde antes (hablábamos de fuentes), sostengo un diálogo con Willem de Kooning, Francis Bacon, Vincent Van Gogh, Servulo Gutierrez, Jean Dubuffet, Edvard Munch… por el mismo idioma, visión: del mundo, las personas y… la belleza…
Ellos…

Y cientos de aquí en torno nuestro…