domingo, 25 de octubre de 2015

Ferocidad, en tres dimensiones de lo grotesco – y el tiempo: Sobre la propuesta de Enrico Robusti

Decir de lo grotesco...
Bien, dos dimensiones: de una parte, la imagen misma, las criaturas de Enrico Robusti; de otra, pues – nosotros, en ocasiones / a veces / hasta – a menudo...
Depende, por supuesto. Y el artista lo sabe.
De modo que en este caso, la generalización también podría resultar grotesca, pero, pues esto no queda allí... – tampoco en cuanto a dimensiones físicas...


Aburrimiento  una enfermedad propia de nuestra civilización.
Cubiertas nuestras necesidades básicas  pereza, gula... etcétera...
De lado las culpas: Resulta, por otra parte, lógico, que los esmeros, el impulso menos culturoso (aunque – ojo – a veces este mismo, sin más)  deriven en la necesidad (por instinto) menos fácil de complacer:
Mujeres y hombres, hombres y mujeres – en un montaje de – lo innecesario; necesitando, no obstante, satisfacción que – llene... más que sus cuerpos (!).
Romanticismo...


Ergo– distintas actitudes ante nuestra condición.
Villanos, héroes...
La valoración de los primeros, por la firmeza de su voto... en la misma lucha (?) – contra el tedio (?!)
En todo caso, contamos con una rica tradición.
Y se perdona todo, menos – el mal gusto...



Va del cinismo, queda claro... Y de tomar posición.
El valor de un personaje depende de su integridad, para uno u otro bando  Hay malos formidables (!); basta revisar entre Shakespeare y Cormac McCarthy, pasando por Guimaraes Rosa...



Están también  mediocres.
En Herzog, Saul Bellow dice algo como que es inevitable sentir desprecio por una zorra... (Al caso, conviene aclarar que la zorra a que se refiere es tal por lo tremendo de sus actos con respecto a – lo ridículo de sus motivaciones, a lo barato que resulta, en consecuencia, el valor que se confiere – a sí misma...)




Así que vamos de los malos con principios – al poder. De cínicos,
es decir, nada más – estetas...
Y de nosotros mismos, una vez más...
Enrico se burla de nuestras pretensiones, por pasajeras que hayan sido – del confort, de lo fino...

Nos lleva a la arcada a través de
                                                         el enfoque
                                                                            la perspectiva




Y atruena – a todo color.
El ruido de nuestro juego de múltiples estímulos
a por la abstracción

¡Oh/Ay, divinos, inmortales – sacos de hueso, carne y sangre!


¡Los placeres...





..., que la vida es una fiesta!


(En que el exceso – critica, Enrico, fácilmente, es cierto –: podría no apartarnos, nada más, de los demás:

– ¡Oh, podría acercarnos a los grandes dueños del extremo,
en exclusividad!)


(Y, mientras tanto, siguen sonando: risas, gritos, – una música que no encarna nada: lame, salpica de babas los delirios...

                                                      Ah quedado rebajada
                                                                                            – Se ha perdido
                                                                                                                          Zorra...)




Felizmente, reza al vértigo, Robusti – seguimos en el juego romántico – por lo que no  ¡no!  debemos olvidar a los héroes... modelos, damas bellas, impetuosos amantes...

– ¡Otro engaño...!
Es poderosa la lente: todas las criaturas se nos presentan – tremendas...
Grotescas.



Semejante pesimismo, planteado en otro lenguaje, podría arrastrarnos hondo en lo oscuro – pero el ruido de este pintor, pues, nos integra – ojo voraz, curioso – en... la fiesta...

Nuestra seguridad radica en que, pues ya estábamos en ella... Vivimos, o bajo el juego de luces casero, o soñando con el campo mientras a nuestras espaldas se sacuden las copas de vidrio (excepcionalmente cristal), o procurando comunicarnos a una velocidad distinta... a través, por ejemplo, hasta de redes sociales (!)...

Ver nada más de prisa estos trabajos, podría importar, en efecto, cierto grado de cinismo, que no desinterés por ocupada objetividad.
Contemplarlos detenidamente – ! –: reconocer niveles de brutalidad que, abrigamos la esperanza, no fecunden más (pues negarlos..., en fin...)...




Queda por preguntarse, además, si las pinturas de Enrico, soportan de veras un hurgar a por causas. Si palpita en la demostración, más bien, de lo ausente,
por – la vanalidad...




En todo caso, compromete a una pregunta sobre nuestra individualidad, y nuestra pertenencia potencial a la tan mentada masa, digamos, en spleen...

La lente imaginaria es poderosa...





¿Qué esperamos?
Salir al campo, quizá...

La vejez es otro asunto – feroz, descarnante...
Devora, sin vértigo, a muchos – las ganas.
Con vértigo, si uno vuelve la mirada atrás y las cuentas en rojo de vitalidad, le derrotan revelando que ya se sabía vencido y lo negaba...

Conviene preguntarnos, además, qué tanto han cambiado las cosas...
Podemos ser jóvenes siempre.
No obstante, el romanticismo es peligroso.


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