miércoles, 7 de octubre de 2015

Ardor, privacidad, y los otros: Sobre la propuesta de Sophie Ebrard

Se hizo noticia. La profundidad de las observaciones, desde luego, varía – que noticia no es  Arte. Antes, teníamos, por ella, una visión; esta encontró en circunstancias especiales, modos para su versión, digamos, magnificada.
En el fondo, Sophie Ebrard nos expuso siempre – soledad.
Conviene detenerse, apearse del tren novedoso y, como corresponde ver.



Un término: esclarecer. Resulta apropiado para este juego a luz – revelación del ámbito personal, privado, digamos, curiosamente, en espacio abierto (!).

Exterior  Espacio – de todos y, valga, por ello: de nadie.
Tránsito y estar; también  dejarse ir – por los mismos rumbos y hasta repetir las rutas; no necesariamente entre otros seres humanos.... Una vez más – espacio de nadie.



Las ocasiones que marcan en este recorrido son, siempre, enfrentamientos. Hay que ver
contra qué... – a qué
– si el duelo forma parte del itinerario,
si hay que atravesar algo, y en el camino – dejar la piel. Si acaso
no es más bien – rodar, medio ciegos, medio sordos,
como – memoria latente, que – nada capta, ni atrapa.
Entonces, eso que algunos llaman alma – está en otra parte
– lo que queda
                              – arde.
Uno, como en pocos otros casos, hace de sí mismo – elemento. Pieza que rueda, a causa de un impulso mayor (fácil es creer que al manejo – de otra voluntad)
– cuestión de escala, de ciclos.




Al resultar en elemento, fácilmente, diríamos cosa.
Existir, nada más. No ser, no hacer para lograrlo; más bien – producirse – para los demás y – significar para ellos, no para uno mismo. Entonces – ser cosa.
Podemos, por otra parte, descartar a la persona en condición de tal: pasar de lado – o podemos – usarla.

La belleza de los objetos y los fenómenos, sin nosotros – ¿qué...?
Siendo la clave – simple comunicación, basta percibir: Por eso la grandiosa naturaleza – no es Arte. Tampoco más ni menos.




El Arte implica Comunicación – como Diálogo; por tanto – intercambio. Cuestionamiento que profundiza a través de los sentidos – la consciencia – el sentido-detrás-y-adentro de cada uno – condicionado por sus circunstancias.
No despierta el instinto. Esto no implicaría respuesta – La imaginación se entumece (!)
si "el material" es explícito...




Y, entonces/aquí (tiempo/espacio) – Sophie Ebrard abre una boca
honda de sentidos – a un cuerpo de
perfumes dolorosos (¡vida!), que – despiertan, con lo que vibra entre las carnes
– pierde las miradas y nos lleva a la abstracción – esa – del mundo detrás y adentro,
pero tan, tan presente (!)
(cómo negarlo, si uno mismo le canta
a la muerte  ojos entornados)...
                                                           Ellas,
                                                                     ellos.




¿Dónde están?
¿Acaso es tan sencillo, si no tiemblan, acusar  frialdad?

– Están las risas: ¿Cabe negar el efecto que estas producen – de años retrocedidos, de culpa volatilizada?
A lo mejor, en ello, también  escándalo, más...


Descubrimiento, exploración  decimos, refiriendo a lo de niños, de púberes, sus juegos – tan serios, por tal – concentración.
Otro lugar común: Redescubrir – enamorados o, simplemente, por haber dado con una pareja con la que "la química" nos lleva más allá en la realización del deseo, mucho más allá de... – lo biológico.
Entonces no hay lenguaje y, por tanto, tampoco  justificación.



Lo que comparten entre sonrisas las – dueñas de esos cuerpos.
aquello que turba – el ruido de sus propias risas (que quizá
hasta traiga plenamente de vuelta, por breves instantes  su yo)...
Eso por una parte, por otra: ¿De dónde son arrancadas
en tales momentos?
Cuestiones a partir de  carne expuesta,
                                                                         y dientes (!) – armas nuestras
                                                                                                                               – y lenguas.
Y más.




Lo cierto es que en el trance de elevación  en gozo – breve muerte: Una carrera en soledad que se funde
y lo funde a uno
                             – a veces, con otro (!).
Entonces, decimos suerte.
Sino, acaso  para fondos de carácter primitivo,
ricos de simpleza  incontestable,
a lo visto de afuera – nos perdemos (!)

La respuesta del exterior: la misma que en los niños – Un extrañamiento que – atención – aproxima (!).

No hemos discutido todavía el término deseo.
Ojo: El deseo – no se discute; a lo más – se pelea.



¿Lo vale?
Todo tiene un propósito. En apariencia, la excepción es solo el vicio, que, sin embargo es – ¡abstracción de la muerte!
Cuando se intuye esta detrás  de vuelta – presente (tan presente) – quedan dos opciones. A menudo tomamos ambas – en sucesión:
                                                                    a) contemplamos  pues al habernos perdido – fuimos, en cierta forma o, más bien, en cierto sentido, parte (?) del mismo no-espacio/no-tiempo...
y/o
       b) Aceptamos – también en silencio.




¡Oh, el enunciado sobra...!
Lo solemne – no es música, solo – más ruido...

Mejor, quizá, suspirar, reír...




Está también el tedioEspecie de síndrome de abstinencia.
Volver a abstraerse conlleva a abandonarse lejos de la culpa; y – esta ¡se nutre de realidad! se alza por – combustión de tiempo perdido
– consume, consume...




Recuerdo un fragmento de Liberación: "... El vicio surge de la erotización de la rabia, la que luego regenera en mil formas: una de ellas, la culpa".





Hay otras respuestas – al hecho:
Parálisis. Que no es lo mismo que quietud.
Y, en verdad, no es más que otro trance.
Ciclos chicos.

Cuando adolescentes – recurrencia. Esa otra abstracción, la de las horas – trastocada: la mente no se aparta de aquello.
No es posible deshacerse del recuerdo, si uno – atisbó.
Son – edenes.
Y uno solo.




Vamos... como a por un ancla para asegurarnos a la realidad que fluye. ¡Es mejor la acción! Y cobra importancia, si uno se siente débil, conservar, cuanto menos, el status, manifestar el estado propio  Existir.
(Ya fue dicho, machacado... ¿Por qué la insistencia?: Somos presa fácil, y Sophie lo advierte una y otra vez.)
Volvemos la vista afuera – a lo profundo...: la mole y el fenómeno: esos ciclos (!).




Reconocemos tal capacidad – vicio – en casi todos, sin distinción de edad. Es más...




..., sabemos que despierta relativamente pronto. Casi siempre a la misma edad. Suele prolongar su función,
pero no pesa – no es ancla. Por tanto – no impide –  volar. Disfrutarlo. Cuestionarnos.
Cualquiera sea el rumbo en que nos embarcamos – nada se nos opone – a ver
y reconocer




No estamos tan solos.



Por definición  Compasión.
Y podemos dialogar, discutir, pelear,
morirnos un poco, digamos, con los ojos bien abiertos.



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