sábado, 19 de septiembre de 2015

El sentido de la ofrenda: En torno a la propuesta de Serge Marshennikov

Vapor. Crema. Y un peso tibio. Decir esto, nada más – asomar.

Decir que Serge Masshennikov hace hiperrealismo  poco más que nada:  mención de enciclopedia – etiqueta sosa – ni siquiera sirve para una adecuada clasificación.
Su obra invita a una contemplación más allá del detalle: va de los sentidos al sentido.


(Esto, aclaro, es una invitación)


Kawabata La casa de las bellas durmientes.
Los sentidos del texto abren campos vastos. Vitalidad que – palpita.
Pero veamos: Pocas obras pictóricas invitan de modo semejante al mismo silencio, lo que se debe a mucho más que coincidencia temática. Las jóvenes (despiertas también) – por forma y color, tono, temperatura  otorgan a la situación comunicativa  la contemplación – peso de auténtica ceremonia.


Deleite de verdadero enamorado..., no precisamente amante.


Pero, ¿estamos acaso ante un ritual que importa también sacrificio?
La indefensión de las jóvenes luminosas tendidas entre sábanas, mantos y cojines  languidez en su pose, cuando de pie, cubiertas parcialmente por suaves sábanas también, su disposición determina en buena medida esta experiencia.





Aún si de espaldas no negación ni rechazo. La carne sana allí mismo, y sus almas (!).
Novias sin más atavíos: al caso, entregadas en la palidez de su natural tipo, mientras el ojo, acude, envuelve – crece. Y es cuando debemos optar por una actitud ante la ofrenda justo antes (siempre, en los cuadros) de tomarlas a ellas.





Mayor el apremio en tanto se distingue  una actitud común de parte de ellas.





La provocación va más allá – misterio de los motivos propios, personales.
Si se trata de culpa, resignación, juego pasional, habría que conocer la historia, contar con su memoria.
Pero aquí, la entrega es plena: no hay más que el momento real de la contemplación acecho (?).






Amar y destruir. Paridad – naturaleza contradictoria del hombre.
Romanticismo.
Como asunto de género: es recíproco cada cual está armado. Y existe variedad de modos: brutalidad, indiferencia, engaño...
En todo caso, tenemos – el reconocimiento de un poder, y con él – el peligro  abuso.




¿Qué enamorado no considera con cierta frecuencia, frágil el equilibrio en que (sobre)vive su amor?
¿Qué enamorado no abriga el miedo, y extraña,
cela,
hiere?


Si solo se desea lo que no se posee..., bien, ya fue dicho*...




La visión es una sola. Por referir nuevamente a la novela del japonés: nosotros somos aquí, a la rusa (!), otro Iguchi
– Estamos comprometidos.
Protagonizamos: – El tiempo ante la obra es – el tiempo de nuestra propia historia con ellas.





El detalle, la vitalidad, entonces, cobra verdadero valor: Ellas – son reales.


En consecuencia, sus rasgos, los mismos escenarios, son universales porque trascienden la introducción a un mundo y una época, a un modo de ver, inclusive, particulares y propios de una cultura determinada (enriquecida a su vez por muchas otras)
– Se nos convoca en la pasión.





... Se nos acoge en el silencio  solo cada quien.
Incapaces todos de ser amantes
Celosos – ¡que son las jóvenes de Serge!
Aquí,
           o sea ahí antes,
                                          o sea – a través de la pintura...





– Deseamos.



* Referencia a la entrada dedicada a la obra de Corwin Prescott.

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