martes, 8 de septiembre de 2015

El ojo hacia adentro: Sobre el videoclip de End of it, de Anneka

1:53. Minutos, segundos.
Tiempo suficiente. Una prueba, casi – de intensidad. Poder.
Y dice Anekka que concibió el proyecto a partir de sueños recurrentes: pesadillas sobre – el fin.
Una visión que se dilata – en la misma oscuridad
de que la surge la luz, y
se alzan las voces  La voz.




La eternidad reduce a espectro, a menos: asomo de sueño, grano sin peso – cualquier pesar. Pero hay quienes gustan de hablar de cataclismos emocionales (!)...
(Podríamos rastrear a los sujetos – son, cuanto menos tendencias. Hay quienes dirían, inclusive, malos hábitos.)
Mejor, creo  Infierno. Al cabo, refiere al sufrimiento, al horror – Lo humano.
El padecer perpetuo solo puede ser una proyección y  el demonio  uno mismo – vence en cada suposición apenas asoma: la derrota por uno mismo, y saber por anticipado de ella.
Locura.

Anneka apuesta al padecer manifiesto en los signos de los sentidos (al cabo, se registra, se imagina, antes, se hace experiencia – con el cuerpo).
Primero las manos, luego la boca, los ojos...


Contra la normal percepción  la noche. El espacio incalculable que no permite suponer siquiera la menor señal de entendimiento: alguna voz – así es, de hecho, al frío  soplo de la nada – aliento – sin origen.
Sin elemento alguno para el contraste, la oscuridad importaría eternidad física y ante tal, pues, nada cabría decir: la imaginación queda barrida – no es posible proyección alguna. Ante uno – la vastedad – Nula capacidad de los sentidos (a ellos se debe, al cabo, cualquier figuración).
Por tanto: luz, luces... Energía  consonante a la terrible idea: también sin origen..., en apariencia. En realidad, de uno mismo.




Como si fueran descargas, destellos, reflejos: señales de lo que se viene
de nosotros mismos. Una tormenta emocional.

A capella
Oración de anunciación. El Fin  es virgen y madre también.
– Son varias voces pero una – sola – encarnación o, mejor dicho – figuración (!).
Una pesadilla  el infierno de la soledad – espacio vasto que oprime: Y ahí el juego con el foco y la profundidad (técnica): de cerca, el propio rostro.
Sin posibilidad de comprenderse a uno mismo  prisión – prisionero.

La compañía en el horror  nada más es ilusión  la desesperación que absorbe tan siquiera la posibilidad de las lágrimas – a salvo, por tanto,
y lo convierte este en un momento solemne: Y ahí, claro, el ojo quieto fijo. Abstracción.

Los objetos que brillan son ciertamente asomos de afuera, referencias de los sentidos: color a ojos cerrados... (todos hemos jugado a perdernos entre los chispazos tras los párpados  lejos, sin embargo, del sueño.)

Brillos como de objetos colgantes, como reflejos en el agua. De otro lado, la boca: el hoyo devorador – de uno mismo – en silencio: no hay respuestas: quizá en el fondo sabe(mos) – demasiado.
Toda esta ilusión genera paranoia. Uno busca descifrar... Pero intuye.
Crescendo  intensidad  pero nunca  grito.
Quizá eso sea lo peor.


Es una dulce voz, ligeramente metálica. Ella misma, cuando como niña en los coros: fruta madura. Ofrece un asomo suficiente  pretende un vértigo de coros crescendoSe atreve.

Queda, seguramente, lo peor por pensar: se han disuelto los últimos ecos.
Se ha disuelto la posibilidad de comprender: No hay danza. Es – abandono. No hay conciliación, no, es – abandono. En manos de nadie.

Pavor del ojo que ve hacia dentro, dulce, Anneka.

No hay comentarios:

Publicar un comentario