lunes, 14 de septiembre de 2015

Besar la espuma: Arbitrariedades en torno a la propuesta de Corwin Prescott junto a Nicole Vaunt

La marea, y luego ella...
Resbalo a las notas, estas – seguro, camino del exceso:

El mar – la vida. Fertilidad.
Su obscuridad – el azul, el verde, los brillos y reflejos de plata, rosa – del manto a veces terso, y – la espuma al cabo de las lenguas – a la orilla. Es – de dónde se proviene: cazo de génesis.
Leí de niño, en un libro sobre la formación de la vida en la tierra: caldo químico. En torno, roca. Se hace la vida.
Solo rumores hondos, de vez en cuando, silbidos y el cantar de lo que rueda – nada de voces. No chillan. Está bien llamar a esto también silencio.

Pensar que sabemos menos de sus simas que del espacio en torno a la tierra y nuestro satélite natural (!)...




La violencia manifiesta en sus crestas  leyendas de una caballada constante, a toda marcha, hombro con hombro, sacudiendo las crines, corriendo hasta desvanecerse como un espejismo cerca de la orilla. El revolver de lo que se cuece abajo y, del otro lado, el impacto cuyo eco, a los peñascos – no dice nada que estos ya no sepan.
Todo, donde – no hombres: – Vida. Otra vida.
Aflora, además – ¡cuántas culturas! la palabra Espíritu.




Es sencillo sentirse Señor en el silencio. Paisajes como los de Islandia, capturados por Corwin, provocan quizá más: ese frío contra el que uno solo puede sentirse particularmente vivo y pequeño, también, mas sin juzgar la medida – aquí cabe: es relativo, y
se está en dominio – por poseer acaso la única voz.
Esta soledad eleva, por momentos. Su lengua helada despeja la frente. En los cartílagos, la propia lengua completa el beso: otro idioma.




Ejercicio de limpieza.
En tal circunstancia, no se puede ser si no uno mismo. Esto nada más ocurre ante la mole, un fenómeno... o ante una criatura inocente.




Entonces (adónde me llevan mis notas): De la espuma – luz de espuma. Palidez en contraste con el negro de la roca prendida de primitivas formas – cómplices del silencio mineral,
como sus propios cabellos con lo vivo de algas – pero roca y sombra de peñascos... que lomos de dragones, testas de ballenas.

Ella...




Surge.
¿Nace?
            Despierta.




Si muda más silencio. Lo otro, conviene recordar: queda detrás es solo una ilusión.
Al cabo, nosotros no somos todo. Está lo que no vemos, lo que ya no alcanzamos a ver y tan solo
– creemos haber visto.
Todo ha sido trastocado.
La eternidad no se encuentra a nuestras espaldas no si nos volvemos.
No la podemos ver, hay que aceptarlo. No la podemos imaginar es.




A nuestro alcance, al frente, digamos, la figura. Y simbolizamos.
Sin embargo, está ese misterio que nos llama a todos, en algún momento..., que tiene por motivo impar caso al otro.
Así este, en realidad, no exista...



Tiende a creer, la mayoría, que esa disposición a la entrega o, más bien, esa fuerza que le hace a uno abandonarse, proviene del Cielo. Felizmente, no es parecer unánime y abundan también quienes creen que surge de otros rincones una misma médula más allá de la clasificación y la especie, que garantiza la perpetuidad...



como si fuera la especie un solo cuerpo, que despertara en su pasión el único sueño fijo detrás de su memoria mortal.
Una médula de deseo: otra forma de ver – causa del ADN.


Solo se desea aquello que no se posee.
Otra forma de perpetuar el deseo es provocar a la criatura amada a huir.
Suele ser un acto inconsciente.
Al cabo, estas notas van de eso que tantos gustan celebrar poniéndole nombre, olvidando a menudo que duele, y que se le celebra así, ardiendo – pues en el ideal romántico importa – no la entrega, si no el sacrificio
– a menudo, no propio (!)
Y eso no tiene nombre...




Jaulas.
           El celo.
           El cuidado.




Sano recordar que no es posible ser más cruel que cuando uno está convencido de actuar para bien – No hay límites, y los fines nos brindan de inmediato las respuestas a lo que en evidencia es – no ser.
Uno se pierde si cree – con los ojos hacia adentro: pensando – que da.




Por otro lado – en verdadera entrega, no hay sublevación: no se lleva la cuenta. Es quizá, también, el único caso en que el tiempo discurre por fuera
rozando apenas la piel: Uno suma – todas las edades en un arpegio
que parece más bien – nota única.

Cerramos los ojos para escuchar eso...




Cuando lo perdemos – inevitable – porfiamos en encontrarlo, primero, apretando los párpados, tensando el arco entre la memoria y la piel desde los huesos.




Podemos jugar a lograrlo. Dejarnos engañar.
Bien es sabido: alegría de estar triste.




Eso otro: Saudade.

Pero si nos mantenemos fieles, lo que puede resultar de un accidente, inclusive o simplemente no ocurrir – no queda más que reconocer que la lengua helada de la claridad del paisaje no nos permite mentir ni negar.
El mar es siempre un



Tierra adentro, prados y vallas – podemos inclusive creer que cantan, y cantar, pero
van sucias de nuestros pies – por debajo: es todo – reflejo, de lo seguro. La-primera-persona-universal.

Fue advertido que no es posible ver lo eterno si nos volvemos. Como tampoco si no.
De ahí la falsa canción.
¡Añorar a la madre – su interior!


Es mejor aceptar.
Entre otras cosas, que solo se desea lo que no se posee...




... Que dar, a menudo implica – devolver, ver marchar.
Del lado del yo – el canto que entonces se ahoga: – perder.

Es que en el trance, solemos matar.



Es fácil sentirse Señor en el silencio.




(Nicole Vaunt, la modelo, alude a Rothko de cara al mar – desde la visión de Corwin.
Hay edenes áridos.
No siempre se sacrifica a Lilith:
– Soñamos
Somos tan primitivos.)


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