martes, 11 de agosto de 2015

Arriba en lo profundo: Sobre el videoclip de Pstereo, de Emilie Nicolas

Sueños. Como sumergir la cabeza... a un nuevo cielo. Luego, cuestión de recordar.
Auténticos viajes.
Un juego por lo común bastante serio... Romanticismo, menos todavía, suele ser suficiente para el trance ya despiertos: melancolía desnuda de discurso, ninguna justificación...
Siendo duros: trillada saudade... A todos nos conmueve.
Mejor, sin apresurarse, apelar al Árbol de la vida y proceder con la inmersión:


Es curioso: empezamos en el mar, pero luego es que nos sumergimos de veras...
Visiones que provocan, sin problemas, paralelos: Una playa fría y un horizonte evanescente tras la turbia palidez de la niebla.
Más particularmente...: La ruta, arroyo gris de espuma impostada, vía a lo abisal. Como si bajo la escamosa vitalidad del lomo rodante de nuestro tiempo pudiera uno perderse por adelantado a las revelaciones del último mar...
Estamos, pues, no solo más allá, si no detrás del océano que se oiría romper, bramar y tenderse en luces para lamer la tierra, de no ser... por el sueño.
Detrás.


Maravillosos animales. Si se sabe algo de ellos, apenas la pregunta de si yubartas, jorobadas, boreales...; son azules. A pesar de la distancia, la posible invitación a acariciar las formaciones salino-coralinas que coronan sus cabezas. Ver sus ojos y reconocer en ellos la inmensidad inaprensible de la humilde aceptación con que en silencio contestarían a todas las preguntas.

Nights under the trees
We breathe black hole black hole
Together we are pstereo
Soundless messages without a word
We Share our little secrets
I think we are…

 
Seguir, andar, pensar en ellas; alcanzarlas en la claridad. En la danza, al ritmo, adivinar la melodía de sus cantos, un nivel más allá, por detrás de nuestra voz, de lo inmediato.
Estar pendientes del horizonte, incluso desde los ojos..., en la alerta de los ciervos. Y elevarse.

Do you hear the breeze?
I’m on branches without leaves
I (…)
(…) the once made
We are who we once were


Detrás de la montaña, adonde el aire es más puro... y menos respirable, el camino se prolonga; las apariciones se hacen más significativas e intensas. Uno las espera – sin esperar, de otra parte, comprender a cabalidad el sentido entero de la revelación.
En este caso, la música acompaña al silencio inherente a tal aparición. Refuerza el efecto... o mejor dicho: enriquecida por la imagen, cobra por su parte un tono distinto...: endulza el recuerdo de aquel.
Y uno se pregunta – he aquí, prueba suficiente de calidad del trabajo de Emile Rafael 
 en qué momento surgió el concepto, si antes acaso...

There’s no questions without an answer
The wind, the wingless friends
becomes invisible in broad daylight
in broad daylight
I think we are…


Entonces conviene recordar lo común de las visiones... Y, de inmediato, destacar que el camino a lo abisal 
– lo más profundo, obscuro , aquí, deriva en una nueva claridad, en una nueva perspectiva de la danza.
Y que el camino, felizmente, no acaba... Estamos apenas, a la orilla del mar.
Lo podemos seguir soñando.

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