miércoles, 5 de agosto de 2015

Pecado y abstracción: Sobre la propuesta de Juarez Machado

Para perderse, pero como quien se encuentra. Se trata de momentos ideales, y ojo con esta última palabra, bien lo señala Albert Cohen, sobre todo en Belle du Seigneur, no se trata de amor, y la pasión implica abstracción: mil veces, de la muerte, tan cerca...
Quizá por eso el afán de monumentalizar momentos...
Entonces, Juarez Machado.
Por tanto -y porque sí-, notas:




Clarísima influencia de Tamara de Lempicka. Machado tienta, sin embargo, una aproximación distinta para lograr su propio siempre. No solo es otra la esfera -y, sí, me refiero a lo social, pues una cosa es la nobleza propiamente monumental e histórica, y otra, la jauría de fiesta..., y otra, además, la que se muestra como mezcla de ambas a la vez-; hay más: su época, es decir, la nuestra, resulta más en contraste para la representación de dichas circunstancias en su como, que al cabo, define su arte.
Por otra parte, en realidad, el mundo no ha cambiado en materia de pasiones; la mayoría de nosotros aspira siempre a la cima de la cadena... por la carne.
No hablamos exclusivamente de "Occidente"...





Tenemos, aquí, más allá del porte de cada figura, el fuego entre el ritual de los encuentros, y eso, precisamente eso, como materia de lo imperecedero: lejos de la pose apropiada al retrato, la disposición a la inmortalización, el otro lado: el juego en juego entre ellas y ellos. Seducción.
Desde luego, son distintos los roles que cumple cada cual, pero claramente se aprecia, de nuevo: las mujeres son lo que son, y atraen, mientras los hombres son lo que hacen, y van.






Intención, voluntad, gesto: los varones. La fuerza incomprensible que atrae, devora, y aunque en apariencia sufre "tanto", dispone de cuanto ha de suceder -provoca, se rinde y toma-: las... damas.
Eso de la pasividad resulta absurdo ante estas obras. Claramente, en el color, con la intensidad de los trazos, la fuerza del armado, como por estallar entre los cuatro lados, lo que se desata, desde más atrás, digamos, de la voluntad individual. Instinto.


Bebida, comida. Ocasiones de encuentro. Y encuentro es la clave.
Deleite.
(Van sumándose así, las palabras sueltas, que cierran el comentario, para volver a las imágenes: la boca, mejor para lamer que para hablar [!])


Los buenos modales, el decoro, la etiqueta, el protocolo, pretenden el modo más apropiado para manifestar la confianza, decisión y prudencia del anfitrión o invitado, en cada gesto, determinando el papel que a cada quien corresponde en realidad, estimando el auténtico valor de las mujeres y los hombres...; por supuesto, se mide más la pretensión y la capacidad de disimulo, que también pueden sumar como virtudes.



No hay mucho para al azar, el capricho o la costumbre: en todo caso, se pretende la más completa naturalidad en darle sentido a los distintos pasos del protocolo: cada vez: confianza, temple..., cualidades que distinguen a la gente como dueña de la situación o, como mínimo, ducha navegante entre las circunstancias.
Cuando son varios los personajes, se trata de un cúmulo de fuerzas en plena alza: notas altas, de pronto: la ola a punto de romper...



Las mujeres exigen - su deseo es terrible. Ellos complacen, sirven. Van - dan - andan - hacen...
El paisaje, el escenario, parece un conjunto de elementos también dispuesto por ellas; en el peor de los casos -¿peor, he dicho?-, aprovechado por ellas...: La ocasión es única, su sentido - la plenitud.


Los símbolos al pie, en torno, elevándose: ¡que es Art Deco... y simbólico!, clama la etiqueta...
Resulta curioso: Machado, el brasileño, carga de cálidos un universo que, salvadas las diferencias antes mencionadas, vestía de azules y verdes con de Lempicka.
Y figuran además las carnes y las masas y el agua y los árboles: naturaleza. No pilares ni arcos ni rampas ni pasadizos solamente.



Esta celebración de la vida nos aparta decididamente más aprisa de la quietud sin fin; coquetea con la muerte solo, si bien bastante, desde los ojos de las criaturas.






Cuántos sueños han formado de sus jirones tristes realidades de hogares rotos. Cuántos llantos como eco último de las risas primeras.
Derrotas inconscientes.
La perdición en el Carpe Diem. Y la realización también...
Nunca tan vivos...


 

Provoca decir, sí, como animales, pero hay tanto en torno: las formas... para romperlas...





De un lado, lo solemne: cuanto el hombre inventa para imitar la fuerza misma de la naturaleza, su ritmo implacable. De otro: la pasión repentina, el momento que se alza a partir de la tentación de la mujer.
¡Cuántos pueblos han ardido por esta causa...!



Algo completamente humano. Para compartir.

(Escribí antes, en la entrada acerca de Rondal Partridge, sobre volver de la mano de Lilith...)

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