viernes, 14 de agosto de 2015

Acaso furia: Sobre la propuesta de Margarita Georgiadis

De una parte lo simple, de otra lo sencillo, consistente. Esto último, desde luego, implica complejidad, riqueza; algo bien distinto de la complicación, aparente profundidad; mero exceso.

En la pintura, la contemplación que se prolonga por lo profunda que se va haciendo, conforme descubrimos en su composición, los modos en que se proponen los cuestionamientos...
Es una forma de decirlo. Para una forma de ver.




Hay de todo, sin embargo. El tiempo para la exploración lo otorga uno, según el valor que le atribuye cada quien  según el valor de ciertos "tópicos" en cada uno de nosotros – y según nuestra propia profundidad descubierta y nuestras posibilidades (potencia) de descubrirla –. Según las circunstancias.
Como en la realización de una vocación, bien dijo Naipaul: ... Talento, trabajo, fortuna.

Hay obras que llaman.
Algunas nos gritan.
Otras nos implican... Así, desde un principio, una pregunta que surge con bastante claridad: ¿en qué?

¿Qué es esto, Margarita Georgiadis...?




Causas. Algo más humano: motivos.
Aunque tal rumbo nos lleve quizá a pensar más de la cuenta.
Y lo que tenemos aquí, en estos lienzos es otra cosa. Sí, desde luego, plenitud, pero está también la atmósfera, y una forma diferente de proponernos participar en el diálogo.




Son pocos los elementos: Están ellas, por sobre y ante todo. Pero también está el entorno, que – cosa de la mano al pincel – nos envuelve.
Digamos que ellas en todos los casos padecen y/o meditan... o gritan o se extravían de otro modo en dicho padecer, que es, pues – su circunstancia.
Cabría, entonces, decir que si la mujer con respecto a la sociedad..., o que si no..., pero está bastante claro... Un sentir enunciado como "netamente femenino".
Los símbolos son básicos y contundentes..., me atrevo a señalar...


La textura que envuelve a la figura, esa que sencillamente siente y no parece hacer más; excede los márgenes del lienzo y, por textura y color, se proyecta con facilidad hacia el frente: parte de su propia sustancia filtra o se interpone, según el caso – y/o las condiciones naipaulianas del observador o crítico –, entre las mujeres de los cuadros y el observador.
El mensaje resulta, en todo caso, bastante directo: nosotros, los demás, los de fuera del cuadro, formamos parte o de las circunstancias que provocan el padecer o del género – identidad – ideal que padece. O de ambos, pero en distintos momentos.



La proyección en los trabajos de Margarita es principalmente plástica, de distancia pura y solo en menor medida referente al tiempo.
El momento del padecer resulta más bien como capturado. Aunque se trata una representación concentrada de un determinado sentir – que ocurre, que fluye –, precisamente por el modo en que se apoya en el ya mencionado carácter elemental de la composición, retiene la observación en su particular instante.




Se puede evocar un cambio – desplazamiento – acción – historia por medio de la descripción del camino/sendero, atendiendo en cada momento a los detalles desde una distancia media o variable, pero sin permanecer, digamos, en close up, que nos permita en toda ocasión reconocer el rumbo que se sigue, y recordar el punto de partida y el de destino, o cuanto menos uno de estos...; o, se puede, como la señora Giorgiadis y muchas otras artistas, no solo en Pintura si no también, por ejemplo, en Literatura, llevarnos a rostro sujeto contra la médula del problema, a morder de circunstancias, sin dejarnos alzar la vista en otro sentido.

(De este último estilo, se me vienen a la mente títulos de Joyce Carol Oates, Nadine Gordimer, Herta Müller o Agota Kristof. Por otro lado, lejos, más allá de toda distancia: de Marguerite Yourcenar, Djuna Barnes o Marilynne Robinson...)



Es otra forma de abstracción: dejando al margen las posibilidades, el cálculo, la proyección. Midiéndonos en lid de sentires con la obra.
Claro, podría hacerse la nota al margen: Intrascendente. Y sí, pero, ojo, ¿en qué sentido?
Lo que siempre debe trascender es el cuestionamiento, al que llegamos por la forma, de la que volvemos luego a lo primero, para dar pie a ciclos cada vez más profundos  labrando un camino en el interior de nosotros, hacia adentro y afuera.
El mensaje, la moraleja, eso es...
En fin. Esto es Arte.


Dolor en clave de Carpe Diem (expresión antes empleada, varias veces, en este espacio)
Atávico... Otra palabrita...
Y, bueno, en parte, una lectura de la condena de la primera mujer, la bella pelirroja, que no llevaba vestido a diferencia de las damas de Georgiadis, de ceremonia para su fatal entrega, de blanco..., que significa tanto. Y ojo con el corte de los trajes...
No es necesario decir más...

Mujeres sin rostro...
Margarita pretende, ergo, convocar: He aquí, cualquiera de nosotras..., quizá, aun en toda su variedad, en lo primitivo, La mujer...
Y entonces arranca la de preguntas en sentidos diversos: a favor de la convocatoria, críticos a tremenda pretensión...
Importa dialogar.

3 comentarios:

  1. Muchas gracias, Tati.
    Es un enorme placer contar con tu amistad.
    Y tenemos que seguir conversando.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Tati.
    Es un enorme placer contar con tu amistad.
    Y tenemos que seguir conversando.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar