jueves, 20 de agosto de 2015

Trazos – magnitudes: Acerca del cortometraje Horizon, de Gianluca Scuderi

Referencia. Medida... Proyección.
Una línea puede decir también: Tiempo. Más que suspensión. Acumulación de carga. Si bien depende de la actitud que mostramos de cara al frente, al horizonte.
Podemos andar obviando este, dejar que rueden los días nada más, o procurarnos a nosotros mismos un momento – que golpea, siempre: Consciencia de nuestra posición – disposición – y rumbo.
Giancula Scuderi nos ofrece una oportunidad – singular:




En términos simples: sucesión. Mucho, mucho más, en realidad.
Mejor darse varias veces, con el mismo grado de atención que requiere un curioso fenómeno de estación en latitudes poco exploradas – no obstante, esta obra refiera a la cotidianidad.
Sí, perderse un poco en el ballet, antes de darse de lleno a comprenderlo.

El film es breve  Concentra  desafía.
La secuencia sencillamente parece no ofrecer descanso... No lo hace.
El sentido se da también en el intenso devenir – Ojo a la línea : como los guiones de Tsvietáieva, que tienden un puente y cubren el vacío, sin interrumpir el sentido, cargando de fuerza la expresión por el propio peso de las palabras que enlazan, así, las imágenes de Horizon, si bien merecerían cada una en pausa, profunda contemplación, revelan un sentido mucho más poderoso en el juego completo para el espectador  por densidad – cuestión de tiempo.



Elementos: el mar, el cielo – inmensidad. Su movimiento – a sus ciclos. Pequeños los detalles de, digamos, lo vivo a nuestra escala: lo orgánico menor – que pulula.
Es una danza, y una danza que surge del mar, que asoma y se recoge, cambiando de color el lomo  no obstante, siempre mineral.
En general, el color, los tonos, cambian con las horas... que vuelan; las variaciones se deben a la intervención de lo menudo – en dos niveles: de uno, en lo objetos capturados como parte del cuadro; del otro, en las formas geométricas que se trazan por sobre la imagen.




Líneas...
Una – principal. Única.
Solemos olvidar que giramos todos de cara a esa ilusión de límite, que se hace y rehace de continuo  que, en tal sentido, importa como referente de nuestra propio andar, de nuestra visión y, en última instancia, de nosotros mismos  Voluntad.
Consecuentemente, el trabajo de edición de las imágenes, aquí, impone: nostalgia, melancolía: carga para el juego, que condiciona drásticamente la percepción de las propias imágenes – Nos dispone como espectadores – a lo menos habitual.
Seducción.




El ritmo con que se producen los cambios en pantalla nos distancia todavía más del rol habitual de hombres de adentro del paisaje y, sobrepasando el de los amaneceres y ocasos, nos ubica al nivel de una consciencia más allá: basada en principios más elementales – de ahí la geometría... y el gusto por la sucesión, tan apartada de nuestro... natural pulso.
Como si pudiéramos gozar, entonces, de la verdadera gracia de los sucesos nada más que como hechos estéticos – lejos del viciar del aire, del pudrirse de la carne –; al cabo, un poco, de la vida.




Matemática – Orden.
En la secuencia – al ritmo apropiado – armonía.
En la ilusión por velocidad, en la forma curva – melodía.

Extraordinario.

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