lunes, 31 de agosto de 2015

Bocas cerradas: Sobre la propuesta de Jane Lewis

Un primer vistazo – cierto estupor, quizá, pero caemos en cuenta: Frescos romanos  Pompeya  Ostia. Más aún, Renacimiento. Pero hoy.
Con todo, provocación en la temática; porque sí, Jane Lewis pretende incomodar. Es la cuestión.
Un paseo, entonces, a ver si...




De una parte: la técnica tradicional, la disposición de los elementos – los símbolos, además. De otra, a través de las mismas técnica y disposición: lo que está detrás, evidenciado en buena medida por las contundentes señales de contemporaneidad.
Un asunto más allá de indumentarias o de Arquitectura, Etnología. El trabajo de Jane parece validar la vigencia de aquella perspectiva clásica como representación, si bien excéntrica – del Pop.





El modo sirve a los claros propósitos de la artista: una  especie de golpe – pesado, blando – cuya contemplación se extiende por extrañamiento – y tienta a la intuición.

La expectación que provoca la acción suspendida ejerce un poderoso efecto – abre el diálogo  invita a intercambiar miradas – seguir la línea de atención – Captar la intención.
(Secretos de gatos.)


No obstante:
¿Se abre de veras alguna vastedad desde la forma y el color – registro oculto de la voz?
¿En qué consiste verdaderamente el pase a ese – más allá del lienzo?


Provoca. Pero ¿adónde – nos lleva? 
Los destinos nos remiten: a Ítacas
– "Y entonces sabrás qué significan..."



Antes fue dicho (en la entrada sobre el trabajo de Margarita Georgiadis), tratando de perspectiva femenina: el ojo en lo inmediato – plenitud. Asimismo, qué queda por intuir – lo que no se ve.
Ergo, la cuestión se reformula: ¿Hacia dónde trasciende?
Como en el caso de la otra pintora, aunque muy a su manera, fuera del cuadro  a los ojos, las manos y la memoria de quien contempla.
Una emboscada: parece nada más una invitación sensual.




Ante la posibilidad de una actitud determinada de los oyentes dentro de los cuadros, porque – cuidado – los protagonistas no hablan
 ante la que encierra el enigma de la cuestión personal – el drama de estos – nos toca
reconocernos a nosotros mismos, más allá de la disposición
con que abordamos  la obra.


Nos toca decir  ante las máscaras, la ceguera, la mudez.
Poner la voz  y ese impulso nos pierde.



Mil veces, plenitud: abstracción del tiempo de medida mecánica (segundos, minutos, horas) – de la medida racional – de la extensión de nuestro poder para hurgar lógicamente.
De eso, Jane insinúa, tenemos nada más lo bestial – o lo sofisticado, y obscuro.
La actuación – comportamiento premeditado. Cálculo.



Y recuerdo a Marina Tsvietáieva aconsejando a Alexandr Bájraj:
"... No ame los colores – con los ojos, los sonidos – con los oídos, los labios – con los labios, ámelo todo con el alma. El esteta es un sensualista cerebral, un ser despreciable. Sus cinco sentidos son cables que conducen – no al alma, sino al vacío. "Una actitud gustativa" – de eso a la gastronomía no hay más que un paso."



Entonces  decir, pero no hablar.
Seguir viendo.
¿Y quién en el espejo?
Tú, yo, cuántos más, y entre ellos, David Kattán...

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