domingo, 23 de agosto de 2015

Al margen de la imagen: Diálogo con David Kattán

Café de cada lado; aunque es más bien una suposición: no puedo atribuirle a David Kattán mis propios vicios, sin más.
Imágenes de por medio – palabras, en este caso: Es un gusto conversar contigo, le digo – y resulta, al cabo – veo – que casi tanto como dialogar con ese lado suyo responsable de las imágenes de – las bocas abiertas, en silencio – elocuente.

... Más influencia de la pintura que de la fotografía. Me interesa más. Las relaciones con el color y la luz (no tanto con la forma) me llevan a trabajar... de manera más libre.

Subyace la fotografía, pero más como un pretexto, como un punto de partida que, al cabo, termina siendo cualquier cosa, menos una foto. La carga de verosimilitud de la fotografía me interesa solo en la medida en que me abre paso hacia la deformación onírica de la realidad.

La fotografía, entonces – pretexto – punto de partida. Pero lo onírico con una misma tendencia, con los mismos tópicos o un margen amplio... o al azar, le pregunto – Adónde va...

Por ahora no estoy del todo seguro... En el fotomontaje, la luz es vital para que la escena sea... verosímil. Pero a veces la deformación llega al punto de rozar... el collage. Y entonces encuentro una cierta libertad que me lleva más allá de la lógica propia de la luz.
Hay que saber iluminar una fotografía, pero durante el procesado digital, a veces su importancia...


Cuánto le robamos al silencio en este plan..., tiempo – minutos de contemplación. El ruido, sin embargo, merece también el suyo. Por otro lado, como más o menos decía Borges, el texto es una proyección de la memoria. – Para la imagen y la oscuridad, pues trabaja David:
De algún modo, dices que te dejas llevar... No es difícil reconocer temas recurrentes en tus trabajos – se me vienen a la mente las bocas abiertas como símbolo de algunos de ellos – ¿propones estos, digamos, conscientemente?

En un principio, cuando empecé a utilizar bocas, me interesaba capturar la fuerza invisible del grito, casi obsesivamente. Pero sí, de un momento a otro, si darme cuenta, las bocas empezaron a multiplicarse por todo el cuerpo, los cuerpos..., al punto de convertirse en organismos repletos de anos. Desde luego, hay un flujo inconsciente de por medio.

¿Cómo se acomoda esto a tu trabajo de ilustración? ¿En qué medida percibes tú mismo que la plasticidad de tu propuesta encaja con los discursos – verbales?

Asunto de experimentación. Prueba y error... A veces no encaja nada, y tampoco me interesa decir nada. Pero sí demostrar, hacer visible algo a partir de una sensación: odio, frustración, alegría, etcétera. Otras veces, siento además la necesidad hacer cosas... más lúcidas, racionales.
Como vomitar, pero con la premisa de que algo germine de ello.
Creo, por otra parte, que se trata de crear flujos... y cortarlos para crear nuevos flujos.


Ilustración – diálogo.
Bien, ¿cómo defines tu diálogo con la poesía?

... El problema del término ilustración...
Ilustrar poesía parece no dialogar con ella, sino representarla. Es un concepto que se atribuye una responsabilidad monógama, y cuyo resultado está destinado a pagar la deuda que tiene con la verdad. En este sentido, el texto no deviene sino en dictador, y la imagen en “imagen y semejanza de Dios”. 
Desde que empecé a experimentar con fotografías y manipulación digital, la poesía ha sido augural en mis trabajos. Durante este proceso, y hasta ahora, sigo cuestionándome sobre las múltiples posibilidades entre texto e imagen.
Cuatro años atrás –fue mi primer proyecto–, tuve la oportunidad de trabajar a partir de Cromosoma, de Juan José Rodríguez. La tarea que yo mismo me había propuesto era la de ilustrar cada uno de los poemas que habíamos seleccionado mediante, diría yo, un proceso de síntesis, el que consistió en tomar los aspectos más generales del texto y traducirlos a un lenguaje más o menos lúdico. La ilustración implica, de manera didáctica, la captura de una consigna a entender que, tras su traslación al lenguaje visual, resulte ilesa.
Pues me quedó la sensación de estar haciendo algo... inútil. En este intento de ilustrar Cromosoma, la separación entre poema e imagen se volvió inminente. Pero creo que, precisamente, de ese vacío surge el auténtico diálogo: La incapacidad de una correspondencia directa me obligó a buscar en los textos algo más que una consigna, a tener lecturas más críticas y reflexivas, y, sobretodo, a dejar esa terrible costumbre de subordinar las imágenes a los textos. Pienso que transducción es un término más adecuado que el de la ilustración, para mi trabajo.
La transducción, en tanto que diagrama, abre una gama de posibilidades a partir del texto, con la premisa de poder salir, regresar, atravesarlo y transformarlo. Es, literalmente, la captura de un tipo de energía y la posibilidad de reinventarla en otra de distinta naturaleza.Reescritura – desde lo visual...

Definitivamente.
Entonces – Literatura de la imagen.

Imposible negar que el diseño tiene grandes creadores o que haya motivado el desarrollo de otro tipo de manifestaciones culturales.
Pienso las grillas de Müller-Brockman –en que vive aún el constructivismo ruso–, o en el diseño deconstructivista de David Carson, por el que el diseño gráfico se apoya en el collage para dialogar con la –excesiva– producción de imágenes de esta época.
No hay que olvidar a Banksy, desde luego, que "transduce" los símbolos de la publicidad y los convierte en humor irónico.


Y que más no olvidar, David, por ejemplo, de poesía – para ti...

La poesía es fundamental en mis imágenes (no así la novela), específicamente porque me ofrece la posibilidad de dar un paseo hacia afuera de lo visual, pero desde dentro. Y es que creo que en los diálogos interdisciplinarios las reescrituras pueden moverse con mayor libertad. De algún modo, el viaje se vuelve más intenso porque hay autores que te “linkean” hacia dos posibilidades: fenómenos de resonancia con otras obras, o, por el contrario, lo ajeno. Siento que la poesía, muchas veces, es más como un baldazo de agua helada que me obliga a reaccionar y a tomar nuevos riesgos.
Cuando trabajé con Rodríguez, lo que más me llamó la atención fueron sus juegos ecfrásticos sobre artes visuales. Fue... una epifanía, puesto que la relación fracturada entre imagen–texto, de algún modo, te arroja al vacío. Es una configuración de intercambios que pone en tensión a dos cuerpos. La energía creadora en esta situación es posible porque la imagen o el texto se vuelven intrusos el uno del otro, volviéndose extraños a sí mismos. Me parece que la influencia literaria es más nutritiva en tanto dependa de este extrañamiento. Las posibilidades de diálogo son muy distintas e intento aprender de ellas. Veamos que sale de todo eso...

¿Y qué va saliendo?
Proyectos...

Para este año, la novela gráfica, reescritura punk de un cuento clásico de la cultura quiteña: María Angula. Trabajo con el narrador Adolfo Macías.
Me entusiasma muchísimo porque puedo aportar con entera libertad, aún cuando tenga que pegarme, digamos, al texto.
Cuando termine eso, dejaré un rato de trabajar en conjunto y me adentraré, al fin, en un proyecto personal...

Que es... – y me interrumpo y le digo no David, no respondas – y me río...: Él entiende bien.


Creo entenderlo bien a él.
Seguimos con imágenes.
Más palabras, luego.
Siempre es un gusto, David.



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