lunes, 31 de agosto de 2015

Bocas cerradas: Sobre la propuesta de Jane Lewis

Un primer vistazo – cierto estupor, quizá, pero caemos en cuenta: Frescos romanos  Pompeya  Ostia. Más aún, Renacimiento. Pero hoy.
Con todo, provocación en la temática; porque sí, Jane Lewis pretende incomodar. Es la cuestión.
Un paseo, entonces, a ver si...




De una parte: la técnica tradicional, la disposición de los elementos – los símbolos, además. De otra, a través de las mismas técnica y disposición: lo que está detrás, evidenciado en buena medida por las contundentes señales de contemporaneidad.
Un asunto más allá de indumentarias o de Arquitectura, Etnología. El trabajo de Jane parece validar la vigencia de aquella perspectiva clásica como representación, si bien excéntrica – del Pop.





El modo sirve a los claros propósitos de la artista: una  especie de golpe – pesado, blando – cuya contemplación se extiende por extrañamiento – y tienta a la intuición.

La expectación que provoca la acción suspendida ejerce un poderoso efecto – abre el diálogo  invita a intercambiar miradas – seguir la línea de atención – Captar la intención.
(Secretos de gatos.)


No obstante:
¿Se abre de veras alguna vastedad desde la forma y el color – registro oculto de la voz?
¿En qué consiste verdaderamente el pase a ese – más allá del lienzo?


Provoca. Pero ¿adónde – nos lleva? 
Los destinos nos remiten: a Ítacas
– "Y entonces sabrás qué significan..."



Antes fue dicho (en la entrada sobre el trabajo de Margarita Georgiadis), tratando de perspectiva femenina: el ojo en lo inmediato – plenitud. Asimismo, qué queda por intuir – lo que no se ve.
Ergo, la cuestión se reformula: ¿Hacia dónde trasciende?
Como en el caso de la otra pintora, aunque muy a su manera, fuera del cuadro  a los ojos, las manos y la memoria de quien contempla.
Una emboscada: parece nada más una invitación sensual.




Ante la posibilidad de una actitud determinada de los oyentes dentro de los cuadros, porque – cuidado – los protagonistas no hablan
 ante la que encierra el enigma de la cuestión personal – el drama de estos – nos toca
reconocernos a nosotros mismos, más allá de la disposición
con que abordamos  la obra.


Nos toca decir  ante las máscaras, la ceguera, la mudez.
Poner la voz  y ese impulso nos pierde.



Mil veces, plenitud: abstracción del tiempo de medida mecánica (segundos, minutos, horas) – de la medida racional – de la extensión de nuestro poder para hurgar lógicamente.
De eso, Jane insinúa, tenemos nada más lo bestial – o lo sofisticado, y obscuro.
La actuación – comportamiento premeditado. Cálculo.



Y recuerdo a Marina Tsvietáieva aconsejando a Alexandr Bájraj:
"... No ame los colores – con los ojos, los sonidos – con los oídos, los labios – con los labios, ámelo todo con el alma. El esteta es un sensualista cerebral, un ser despreciable. Sus cinco sentidos son cables que conducen – no al alma, sino al vacío. "Una actitud gustativa" – de eso a la gastronomía no hay más que un paso."



Entonces  decir, pero no hablar.
Seguir viendo.
¿Y quién en el espejo?
Tú, yo, cuántos más, y entre ellos, David Kattán...

viernes, 28 de agosto de 2015

Fuga: Sobre la propuesta de Frédéric Fontenoy

Marcel Proust: "Fue Pirandello quien por primera vez me dio la idea de que una persona no es tal como yo lo había creído, inmóvil y clara ante nosotros, con sus cualidades, sus defectos, sus proyectos y sus intenciones, sino que es una sombra en la que jamás podremos penetrar."
O luz...
Frédéric Fontenoy.



Consciencia. Una característica fundamental.
El escenario, sin embargo, nos brinda la posibilidad del hombre, decía, como un – extraño. Ni siquiera habitante.
Depende de sus modos. Y estos, de la frecuencia y la familiaridad.
Hace buen tiempo ya que... es incapaz de vivir sin accesorios, prolongaciones de sus órganos, proyecciones de sus sentidos. Trasciende así – sobrepasa la limitación material más evidente – y opera afectando el ritmo natural de los eventos propios de su escala. Es capaz de perderse en ellos y encuentra esta capacidad 
– maravillosa.


Suena/se lee como... mérito. Y ahí la manía: calificar de bueno o de malo, de graduar en ambas categorías.
Es curioso; la responsabilidad, por ejemplo, funciona más allá de una concepción de bien – cargar con el peso de las consecuencias; asimismo, nuestra capacidad de adaptación requiere de la de identificar problemas para poder solucionarlos – De modo que una calificación no objetiva, no práctica, digamos, sobra.
Algo similar ocurre ante cualquier fenómeno de veras importante: el discurso solo se puede formar al cabo de la experiencia – durante esta, uno mismo es todo atención – y esta atención se convierte de hecho en la única medida de tiempo.
Magnitud.



Importa ver – y no se hace en un solo sentido. A ojos abiertos juega la memoria y se proyecta, por ejemplo, el terror – Circunstancia en que la supuesta linealidad del tiempo queda expuesta como ilusión: Todo importa.
Ojo – ulteriormente, para algunos, requiere ser tendida en fibra de lenguaje, y ordenarse en un flujo lineal – de sonido y, lógicamente (!), de representación gráfica: símbolo tras símbolo... Más o menos, claro: Palabras – frases – sintagmas – oraciones...
El aprendizaje, la comprensión, son otro asunto – ¡Experiencia!
El ser humano es complejo
– Y la mujer es complicada – y el hombre se complica desde antes y hasta después de ser.




Richard Leakey: "Quizá la especie humana no sea más que un espantoso error biológico que se ha desarrollado hasta traspasar un punto en que ya no puede prosperar en armonía consigo misma ni con el mundo que la rodea". Puede ser. Interesante.
Y nada de visiones cínicas. Simple contraste: hombre versus naturaleza. Y, entonces, de lleno, con el trabajo de Frédéric – con preguntas:
Lo básico: Sobre el lugar, la propiedad – es un decir, importante – Y adónde vamos –, pues en estas imágenes tenemos ante nosotros, claramente, una lucha – búsqueda.
Confusión.






Lanzarse – sin huellas, sin referencias: De pronto, el hombre "nuevo", moderno, lejos de su mundo
– viejo, pero desconocido aún, ignorado: tan lejos llegamos hurgando más allá del mapa, alto, arriba en lo profundo*
– fuera de lugar.
Trata de ubicarse, pero al haber olvidado hacerse él mismo su lugar, a hacer fuego, desespera. Es lógico – y decíamos antes algo de la búsqueda de lo lineal.






Huye – se diluye – en su propio tiempo – trascendencia
– Y el cuerpo, desde el lado menos pensante, ¿acaso es menos gracioso?
Depende de la ocasión, y del ojo, y de la disposición – De donde surge, entonces, la pregunta: ¿Dónde – el maravilloso – mundo interior?
¿En tierra? ¿Arriba, mientras uno entrecierra los ojos, de rabia, de dolor, de gozo?



El vuelo entre las ramas secas, las raíces expuestas – manos/pies – disposición animal – plástica – de sueño que rompe con los relojes (a toda redundancia).
Tendido el deseo – de retorno al agua – como la vuelta de anfibios contra el camino hecho (nada más figura lineal) de los cromosomas, todo, todo – desesperación...



... o, una vez más, ¿gozo?

En todo caso – impulso – fuerza – más allá – antes, en realidad,
de lo racional, de lo lógico.

Adiós al orden...
Adiós a todo – por lo elemental.




Pero, cuidado, ojo – mucho: Hemos probado todos del árbol de la ciencia: – el paraíso se ha perdido – entre otros rasgos de cultura
– Ha dejado saudade – hemos dejado de inventar despiertos, buena parte de mujeres y hombres.
Cuando nos lo enseñan – ese sueño – pues parte de nosotros se pierde,
como ese corredor de Fontenoy, que somos todos – un poco adentro y un poco afuera
del cuadro.



Nuestra ventana: En la obra.


*Entrada: Arriba en lo profundo: sobre el videoclip de Pstereo, de Emilie Nicolas

domingo, 23 de agosto de 2015

Al margen de la imagen: Diálogo con David Kattán

Café de cada lado; aunque es más bien una suposición: no puedo atribuirle a David Kattán mis propios vicios, sin más.
Imágenes de por medio – palabras, en este caso: Es un gusto conversar contigo, le digo – y resulta, al cabo – veo – que casi tanto como dialogar con ese lado suyo responsable de las imágenes de – las bocas abiertas, en silencio – elocuente.

... Más influencia de la pintura que de la fotografía. Me interesa más. Las relaciones con el color y la luz (no tanto con la forma) me llevan a trabajar... de manera más libre.

Subyace la fotografía, pero más como un pretexto, como un punto de partida que, al cabo, termina siendo cualquier cosa, menos una foto. La carga de verosimilitud de la fotografía me interesa solo en la medida en que me abre paso hacia la deformación onírica de la realidad.

La fotografía, entonces – pretexto – punto de partida. Pero lo onírico con una misma tendencia, con los mismos tópicos o un margen amplio... o al azar, le pregunto – Adónde va...

Por ahora no estoy del todo seguro... En el fotomontaje, la luz es vital para que la escena sea... verosímil. Pero a veces la deformación llega al punto de rozar... el collage. Y entonces encuentro una cierta libertad que me lleva más allá de la lógica propia de la luz.
Hay que saber iluminar una fotografía, pero durante el procesado digital, a veces su importancia...


Cuánto le robamos al silencio en este plan..., tiempo – minutos de contemplación. El ruido, sin embargo, merece también el suyo. Por otro lado, como más o menos decía Borges, el texto es una proyección de la memoria. – Para la imagen y la oscuridad, pues trabaja David:
De algún modo, dices que te dejas llevar... No es difícil reconocer temas recurrentes en tus trabajos – se me vienen a la mente las bocas abiertas como símbolo de algunos de ellos – ¿propones estos, digamos, conscientemente?

En un principio, cuando empecé a utilizar bocas, me interesaba capturar la fuerza invisible del grito, casi obsesivamente. Pero sí, de un momento a otro, si darme cuenta, las bocas empezaron a multiplicarse por todo el cuerpo, los cuerpos..., al punto de convertirse en organismos repletos de anos. Desde luego, hay un flujo inconsciente de por medio.

¿Cómo se acomoda esto a tu trabajo de ilustración? ¿En qué medida percibes tú mismo que la plasticidad de tu propuesta encaja con los discursos – verbales?

Asunto de experimentación. Prueba y error... A veces no encaja nada, y tampoco me interesa decir nada. Pero sí demostrar, hacer visible algo a partir de una sensación: odio, frustración, alegría, etcétera. Otras veces, siento además la necesidad hacer cosas... más lúcidas, racionales.
Como vomitar, pero con la premisa de que algo germine de ello.
Creo, por otra parte, que se trata de crear flujos... y cortarlos para crear nuevos flujos.


Ilustración – diálogo.
Bien, ¿cómo defines tu diálogo con la poesía?

... El problema del término ilustración...
Ilustrar poesía parece no dialogar con ella, sino representarla. Es un concepto que se atribuye una responsabilidad monógama, y cuyo resultado está destinado a pagar la deuda que tiene con la verdad. En este sentido, el texto no deviene sino en dictador, y la imagen en “imagen y semejanza de Dios”. 
Desde que empecé a experimentar con fotografías y manipulación digital, la poesía ha sido augural en mis trabajos. Durante este proceso, y hasta ahora, sigo cuestionándome sobre las múltiples posibilidades entre texto e imagen.
Cuatro años atrás –fue mi primer proyecto–, tuve la oportunidad de trabajar a partir de Cromosoma, de Juan José Rodríguez. La tarea que yo mismo me había propuesto era la de ilustrar cada uno de los poemas que habíamos seleccionado mediante, diría yo, un proceso de síntesis, el que consistió en tomar los aspectos más generales del texto y traducirlos a un lenguaje más o menos lúdico. La ilustración implica, de manera didáctica, la captura de una consigna a entender que, tras su traslación al lenguaje visual, resulte ilesa.
Pues me quedó la sensación de estar haciendo algo... inútil. En este intento de ilustrar Cromosoma, la separación entre poema e imagen se volvió inminente. Pero creo que, precisamente, de ese vacío surge el auténtico diálogo: La incapacidad de una correspondencia directa me obligó a buscar en los textos algo más que una consigna, a tener lecturas más críticas y reflexivas, y, sobretodo, a dejar esa terrible costumbre de subordinar las imágenes a los textos. Pienso que transducción es un término más adecuado que el de la ilustración, para mi trabajo.
La transducción, en tanto que diagrama, abre una gama de posibilidades a partir del texto, con la premisa de poder salir, regresar, atravesarlo y transformarlo. Es, literalmente, la captura de un tipo de energía y la posibilidad de reinventarla en otra de distinta naturaleza.Reescritura – desde lo visual...

Definitivamente.
Entonces – Literatura de la imagen.

Imposible negar que el diseño tiene grandes creadores o que haya motivado el desarrollo de otro tipo de manifestaciones culturales.
Pienso las grillas de Müller-Brockman –en que vive aún el constructivismo ruso–, o en el diseño deconstructivista de David Carson, por el que el diseño gráfico se apoya en el collage para dialogar con la –excesiva– producción de imágenes de esta época.
No hay que olvidar a Banksy, desde luego, que "transduce" los símbolos de la publicidad y los convierte en humor irónico.


Y que más no olvidar, David, por ejemplo, de poesía – para ti...

La poesía es fundamental en mis imágenes (no así la novela), específicamente porque me ofrece la posibilidad de dar un paseo hacia afuera de lo visual, pero desde dentro. Y es que creo que en los diálogos interdisciplinarios las reescrituras pueden moverse con mayor libertad. De algún modo, el viaje se vuelve más intenso porque hay autores que te “linkean” hacia dos posibilidades: fenómenos de resonancia con otras obras, o, por el contrario, lo ajeno. Siento que la poesía, muchas veces, es más como un baldazo de agua helada que me obliga a reaccionar y a tomar nuevos riesgos.
Cuando trabajé con Rodríguez, lo que más me llamó la atención fueron sus juegos ecfrásticos sobre artes visuales. Fue... una epifanía, puesto que la relación fracturada entre imagen–texto, de algún modo, te arroja al vacío. Es una configuración de intercambios que pone en tensión a dos cuerpos. La energía creadora en esta situación es posible porque la imagen o el texto se vuelven intrusos el uno del otro, volviéndose extraños a sí mismos. Me parece que la influencia literaria es más nutritiva en tanto dependa de este extrañamiento. Las posibilidades de diálogo son muy distintas e intento aprender de ellas. Veamos que sale de todo eso...

¿Y qué va saliendo?
Proyectos...

Para este año, la novela gráfica, reescritura punk de un cuento clásico de la cultura quiteña: María Angula. Trabajo con el narrador Adolfo Macías.
Me entusiasma muchísimo porque puedo aportar con entera libertad, aún cuando tenga que pegarme, digamos, al texto.
Cuando termine eso, dejaré un rato de trabajar en conjunto y me adentraré, al fin, en un proyecto personal...

Que es... – y me interrumpo y le digo no David, no respondas – y me río...: Él entiende bien.


Creo entenderlo bien a él.
Seguimos con imágenes.
Más palabras, luego.
Siempre es un gusto, David.



jueves, 20 de agosto de 2015

Trazos – magnitudes: Acerca del cortometraje Horizon, de Gianluca Scuderi

Referencia. Medida... Proyección.
Una línea puede decir también: Tiempo. Más que suspensión. Acumulación de carga. Si bien depende de la actitud que mostramos de cara al frente, al horizonte.
Podemos andar obviando este, dejar que rueden los días nada más, o procurarnos a nosotros mismos un momento – que golpea, siempre: Consciencia de nuestra posición – disposición – y rumbo.
Giancula Scuderi nos ofrece una oportunidad – singular:




En términos simples: sucesión. Mucho, mucho más, en realidad.
Mejor darse varias veces, con el mismo grado de atención que requiere un curioso fenómeno de estación en latitudes poco exploradas – no obstante, esta obra refiera a la cotidianidad.
Sí, perderse un poco en el ballet, antes de darse de lleno a comprenderlo.

El film es breve  Concentra  desafía.
La secuencia sencillamente parece no ofrecer descanso... No lo hace.
El sentido se da también en el intenso devenir – Ojo a la línea : como los guiones de Tsvietáieva, que tienden un puente y cubren el vacío, sin interrumpir el sentido, cargando de fuerza la expresión por el propio peso de las palabras que enlazan, así, las imágenes de Horizon, si bien merecerían cada una en pausa, profunda contemplación, revelan un sentido mucho más poderoso en el juego completo para el espectador  por densidad – cuestión de tiempo.



Elementos: el mar, el cielo – inmensidad. Su movimiento – a sus ciclos. Pequeños los detalles de, digamos, lo vivo a nuestra escala: lo orgánico menor – que pulula.
Es una danza, y una danza que surge del mar, que asoma y se recoge, cambiando de color el lomo  no obstante, siempre mineral.
En general, el color, los tonos, cambian con las horas... que vuelan; las variaciones se deben a la intervención de lo menudo – en dos niveles: de uno, en lo objetos capturados como parte del cuadro; del otro, en las formas geométricas que se trazan por sobre la imagen.




Líneas...
Una – principal. Única.
Solemos olvidar que giramos todos de cara a esa ilusión de límite, que se hace y rehace de continuo  que, en tal sentido, importa como referente de nuestra propio andar, de nuestra visión y, en última instancia, de nosotros mismos  Voluntad.
Consecuentemente, el trabajo de edición de las imágenes, aquí, impone: nostalgia, melancolía: carga para el juego, que condiciona drásticamente la percepción de las propias imágenes – Nos dispone como espectadores – a lo menos habitual.
Seducción.




El ritmo con que se producen los cambios en pantalla nos distancia todavía más del rol habitual de hombres de adentro del paisaje y, sobrepasando el de los amaneceres y ocasos, nos ubica al nivel de una consciencia más allá: basada en principios más elementales – de ahí la geometría... y el gusto por la sucesión, tan apartada de nuestro... natural pulso.
Como si pudiéramos gozar, entonces, de la verdadera gracia de los sucesos nada más que como hechos estéticos – lejos del viciar del aire, del pudrirse de la carne –; al cabo, un poco, de la vida.




Matemática – Orden.
En la secuencia – al ritmo apropiado – armonía.
En la ilusión por velocidad, en la forma curva – melodía.

Extraordinario.

viernes, 14 de agosto de 2015

Acaso furia: Sobre la propuesta de Margarita Georgiadis

De una parte lo simple, de otra lo sencillo, consistente. Esto último, desde luego, implica complejidad, riqueza; algo bien distinto de la complicación, aparente profundidad; mero exceso.

En la pintura, la contemplación que se prolonga por lo profunda que se va haciendo, conforme descubrimos en su composición, los modos en que se proponen los cuestionamientos...
Es una forma de decirlo. Para una forma de ver.




Hay de todo, sin embargo. El tiempo para la exploración lo otorga uno, según el valor que le atribuye cada quien  según el valor de ciertos "tópicos" en cada uno de nosotros – y según nuestra propia profundidad descubierta y nuestras posibilidades (potencia) de descubrirla –. Según las circunstancias.
Como en la realización de una vocación, bien dijo Naipaul: ... Talento, trabajo, fortuna.

Hay obras que llaman.
Algunas nos gritan.
Otras nos implican... Así, desde un principio, una pregunta que surge con bastante claridad: ¿en qué?

¿Qué es esto, Margarita Georgiadis...?




Causas. Algo más humano: motivos.
Aunque tal rumbo nos lleve quizá a pensar más de la cuenta.
Y lo que tenemos aquí, en estos lienzos es otra cosa. Sí, desde luego, plenitud, pero está también la atmósfera, y una forma diferente de proponernos participar en el diálogo.




Son pocos los elementos: Están ellas, por sobre y ante todo. Pero también está el entorno, que – cosa de la mano al pincel – nos envuelve.
Digamos que ellas en todos los casos padecen y/o meditan... o gritan o se extravían de otro modo en dicho padecer, que es, pues – su circunstancia.
Cabría, entonces, decir que si la mujer con respecto a la sociedad..., o que si no..., pero está bastante claro... Un sentir enunciado como "netamente femenino".
Los símbolos son básicos y contundentes..., me atrevo a señalar...


La textura que envuelve a la figura, esa que sencillamente siente y no parece hacer más; excede los márgenes del lienzo y, por textura y color, se proyecta con facilidad hacia el frente: parte de su propia sustancia filtra o se interpone, según el caso – y/o las condiciones naipaulianas del observador o crítico –, entre las mujeres de los cuadros y el observador.
El mensaje resulta, en todo caso, bastante directo: nosotros, los demás, los de fuera del cuadro, formamos parte o de las circunstancias que provocan el padecer o del género – identidad – ideal que padece. O de ambos, pero en distintos momentos.



La proyección en los trabajos de Margarita es principalmente plástica, de distancia pura y solo en menor medida referente al tiempo.
El momento del padecer resulta más bien como capturado. Aunque se trata una representación concentrada de un determinado sentir – que ocurre, que fluye –, precisamente por el modo en que se apoya en el ya mencionado carácter elemental de la composición, retiene la observación en su particular instante.




Se puede evocar un cambio – desplazamiento – acción – historia por medio de la descripción del camino/sendero, atendiendo en cada momento a los detalles desde una distancia media o variable, pero sin permanecer, digamos, en close up, que nos permita en toda ocasión reconocer el rumbo que se sigue, y recordar el punto de partida y el de destino, o cuanto menos uno de estos...; o, se puede, como la señora Giorgiadis y muchas otras artistas, no solo en Pintura si no también, por ejemplo, en Literatura, llevarnos a rostro sujeto contra la médula del problema, a morder de circunstancias, sin dejarnos alzar la vista en otro sentido.

(De este último estilo, se me vienen a la mente títulos de Joyce Carol Oates, Nadine Gordimer, Herta Müller o Agota Kristof. Por otro lado, lejos, más allá de toda distancia: de Marguerite Yourcenar, Djuna Barnes o Marilynne Robinson...)



Es otra forma de abstracción: dejando al margen las posibilidades, el cálculo, la proyección. Midiéndonos en lid de sentires con la obra.
Claro, podría hacerse la nota al margen: Intrascendente. Y sí, pero, ojo, ¿en qué sentido?
Lo que siempre debe trascender es el cuestionamiento, al que llegamos por la forma, de la que volvemos luego a lo primero, para dar pie a ciclos cada vez más profundos  labrando un camino en el interior de nosotros, hacia adentro y afuera.
El mensaje, la moraleja, eso es...
En fin. Esto es Arte.


Dolor en clave de Carpe Diem (expresión antes empleada, varias veces, en este espacio)
Atávico... Otra palabrita...
Y, bueno, en parte, una lectura de la condena de la primera mujer, la bella pelirroja, que no llevaba vestido a diferencia de las damas de Georgiadis, de ceremonia para su fatal entrega, de blanco..., que significa tanto. Y ojo con el corte de los trajes...
No es necesario decir más...

Mujeres sin rostro...
Margarita pretende, ergo, convocar: He aquí, cualquiera de nosotras..., quizá, aun en toda su variedad, en lo primitivo, La mujer...
Y entonces arranca la de preguntas en sentidos diversos: a favor de la convocatoria, críticos a tremenda pretensión...
Importa dialogar.

martes, 11 de agosto de 2015

Arriba en lo profundo: Sobre el videoclip de Pstereo, de Emilie Nicolas

Sueños. Como sumergir la cabeza... a un nuevo cielo. Luego, cuestión de recordar.
Auténticos viajes.
Un juego por lo común bastante serio... Romanticismo, menos todavía, suele ser suficiente para el trance ya despiertos: melancolía desnuda de discurso, ninguna justificación...
Siendo duros: trillada saudade... A todos nos conmueve.
Mejor, sin apresurarse, apelar al Árbol de la vida y proceder con la inmersión:


Es curioso: empezamos en el mar, pero luego es que nos sumergimos de veras...
Visiones que provocan, sin problemas, paralelos: Una playa fría y un horizonte evanescente tras la turbia palidez de la niebla.
Más particularmente...: La ruta, arroyo gris de espuma impostada, vía a lo abisal. Como si bajo la escamosa vitalidad del lomo rodante de nuestro tiempo pudiera uno perderse por adelantado a las revelaciones del último mar...
Estamos, pues, no solo más allá, si no detrás del océano que se oiría romper, bramar y tenderse en luces para lamer la tierra, de no ser... por el sueño.
Detrás.


Maravillosos animales. Si se sabe algo de ellos, apenas la pregunta de si yubartas, jorobadas, boreales...; son azules. A pesar de la distancia, la posible invitación a acariciar las formaciones salino-coralinas que coronan sus cabezas. Ver sus ojos y reconocer en ellos la inmensidad inaprensible de la humilde aceptación con que en silencio contestarían a todas las preguntas.

Nights under the trees
We breathe black hole black hole
Together we are pstereo
Soundless messages without a word
We Share our little secrets
I think we are…

 
Seguir, andar, pensar en ellas; alcanzarlas en la claridad. En la danza, al ritmo, adivinar la melodía de sus cantos, un nivel más allá, por detrás de nuestra voz, de lo inmediato.
Estar pendientes del horizonte, incluso desde los ojos..., en la alerta de los ciervos. Y elevarse.

Do you hear the breeze?
I’m on branches without leaves
I (…)
(…) the once made
We are who we once were


Detrás de la montaña, adonde el aire es más puro... y menos respirable, el camino se prolonga; las apariciones se hacen más significativas e intensas. Uno las espera – sin esperar, de otra parte, comprender a cabalidad el sentido entero de la revelación.
En este caso, la música acompaña al silencio inherente a tal aparición. Refuerza el efecto... o mejor dicho: enriquecida por la imagen, cobra por su parte un tono distinto...: endulza el recuerdo de aquel.
Y uno se pregunta – he aquí, prueba suficiente de calidad del trabajo de Emile Rafael 
 en qué momento surgió el concepto, si antes acaso...

There’s no questions without an answer
The wind, the wingless friends
becomes invisible in broad daylight
in broad daylight
I think we are…


Entonces conviene recordar lo común de las visiones... Y, de inmediato, destacar que el camino a lo abisal 
– lo más profundo, obscuro , aquí, deriva en una nueva claridad, en una nueva perspectiva de la danza.
Y que el camino, felizmente, no acaba... Estamos apenas, a la orilla del mar.
Lo podemos seguir soñando.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Pecado y abstracción: Sobre la propuesta de Juarez Machado

Para perderse, pero como quien se encuentra. Se trata de momentos ideales, y ojo con esta última palabra, bien lo señala Albert Cohen, sobre todo en Belle du Seigneur, no se trata de amor, y la pasión implica abstracción: mil veces, de la muerte, tan cerca...
Quizá por eso el afán de monumentalizar momentos...
Entonces, Juarez Machado.
Por tanto -y porque sí-, notas:




Clarísima influencia de Tamara de Lempicka. Machado tienta, sin embargo, una aproximación distinta para lograr su propio siempre. No solo es otra la esfera -y, sí, me refiero a lo social, pues una cosa es la nobleza propiamente monumental e histórica, y otra, la jauría de fiesta..., y otra, además, la que se muestra como mezcla de ambas a la vez-; hay más: su época, es decir, la nuestra, resulta más en contraste para la representación de dichas circunstancias en su como, que al cabo, define su arte.
Por otra parte, en realidad, el mundo no ha cambiado en materia de pasiones; la mayoría de nosotros aspira siempre a la cima de la cadena... por la carne.
No hablamos exclusivamente de "Occidente"...





Tenemos, aquí, más allá del porte de cada figura, el fuego entre el ritual de los encuentros, y eso, precisamente eso, como materia de lo imperecedero: lejos de la pose apropiada al retrato, la disposición a la inmortalización, el otro lado: el juego en juego entre ellas y ellos. Seducción.
Desde luego, son distintos los roles que cumple cada cual, pero claramente se aprecia, de nuevo: las mujeres son lo que son, y atraen, mientras los hombres son lo que hacen, y van.






Intención, voluntad, gesto: los varones. La fuerza incomprensible que atrae, devora, y aunque en apariencia sufre "tanto", dispone de cuanto ha de suceder -provoca, se rinde y toma-: las... damas.
Eso de la pasividad resulta absurdo ante estas obras. Claramente, en el color, con la intensidad de los trazos, la fuerza del armado, como por estallar entre los cuatro lados, lo que se desata, desde más atrás, digamos, de la voluntad individual. Instinto.


Bebida, comida. Ocasiones de encuentro. Y encuentro es la clave.
Deleite.
(Van sumándose así, las palabras sueltas, que cierran el comentario, para volver a las imágenes: la boca, mejor para lamer que para hablar [!])


Los buenos modales, el decoro, la etiqueta, el protocolo, pretenden el modo más apropiado para manifestar la confianza, decisión y prudencia del anfitrión o invitado, en cada gesto, determinando el papel que a cada quien corresponde en realidad, estimando el auténtico valor de las mujeres y los hombres...; por supuesto, se mide más la pretensión y la capacidad de disimulo, que también pueden sumar como virtudes.



No hay mucho para al azar, el capricho o la costumbre: en todo caso, se pretende la más completa naturalidad en darle sentido a los distintos pasos del protocolo: cada vez: confianza, temple..., cualidades que distinguen a la gente como dueña de la situación o, como mínimo, ducha navegante entre las circunstancias.
Cuando son varios los personajes, se trata de un cúmulo de fuerzas en plena alza: notas altas, de pronto: la ola a punto de romper...



Las mujeres exigen - su deseo es terrible. Ellos complacen, sirven. Van - dan - andan - hacen...
El paisaje, el escenario, parece un conjunto de elementos también dispuesto por ellas; en el peor de los casos -¿peor, he dicho?-, aprovechado por ellas...: La ocasión es única, su sentido - la plenitud.


Los símbolos al pie, en torno, elevándose: ¡que es Art Deco... y simbólico!, clama la etiqueta...
Resulta curioso: Machado, el brasileño, carga de cálidos un universo que, salvadas las diferencias antes mencionadas, vestía de azules y verdes con de Lempicka.
Y figuran además las carnes y las masas y el agua y los árboles: naturaleza. No pilares ni arcos ni rampas ni pasadizos solamente.



Esta celebración de la vida nos aparta decididamente más aprisa de la quietud sin fin; coquetea con la muerte solo, si bien bastante, desde los ojos de las criaturas.






Cuántos sueños han formado de sus jirones tristes realidades de hogares rotos. Cuántos llantos como eco último de las risas primeras.
Derrotas inconscientes.
La perdición en el Carpe Diem. Y la realización también...
Nunca tan vivos...


 

Provoca decir, sí, como animales, pero hay tanto en torno: las formas... para romperlas...





De un lado, lo solemne: cuanto el hombre inventa para imitar la fuerza misma de la naturaleza, su ritmo implacable. De otro: la pasión repentina, el momento que se alza a partir de la tentación de la mujer.
¡Cuántos pueblos han ardido por esta causa...!



Algo completamente humano. Para compartir.

(Escribí antes, en la entrada acerca de Rondal Partridge, sobre volver de la mano de Lilith...)